Podcast Rezandovoy

En tiempos de tiranías de todos los colores y opresiones a la carta nos convidas tu identidad más honda: servidor

Que mi palabra sea eco de la tuya. Que mi canto cuente tu evangelio. Que mis acciones apunten en tu dirección.

Imagina, por un momento, el dolor, la tristeza, la decepción de un Dios que lo único que quiere es un poco de amor para este mundo.

Amar, compadecerme y ser humilde. ¿Es acaso esta la única prueba de amor?

Le pido al Señor que venga y me salve, me libere, me sane.

Desentenderse del otro jamás podrá ser mandamiento de Dios

¿Qué grito quiero hacer llegar a Jesús, desde mis tormentas?

Piensa en las diferencias que forman parte de tu comunidad, de tu familia, de tu Iglesia, y recíbelas como un don, no como un problema.

Allí donde está Dios, el ser humano se levanta. Se levanta y vive.

Si quieres puedes incendiarme por dentro con pasión y evangelio

Tú me dices que, desde lo pequeño también yo puedo ser luz.

Cuántas oportunidades perdidas por no darse cuenta de la bendición que uno tiene delante

¡Con qué facilidad se repara en los defectos ajenos, y qué grande es la lupa con que se miran!

No tengo miedo, Señor, si te pongo a ti en el centro de mi vida

Es tan fácil que me construya ídolos... ¿Será que Dios no me basta, y por eso busco otros apoyos?

¿Cuál es mi tesoro en la tierra? ¿dónde pongo mi seguridad y mi identidad para no sentirme pobre y vulnerable?

Que venga tu Reino, Señor, y vendrá el pan para todos, el perdón que nos levanta y la libertad de lo que nos esclaviza

Condúceme a lo secreto, allí donde habitaremos juntos

Jesús no me habla de la perfección de hombres y mujeres intachables. Me habla de la perfección del que se equivoca pero no deja de amar.

¿Qué despierta en mí hoy escuchar al Señor con una exigencia tan radical, responder al mal con el bien?

Atesoras con afecto las vivencias con Jesús, y dejas que vayan creciendo en tu corazón

Frente a furia, mansedumbre. Frente a soberbia, humildad. Frente a indiferencia, compasión.

Tu ley no es un manual interminable de preceptos imposibles. Tu ley es el amor, radical, primero, cierto.

¿Cómo entender esta lógica tuya donde la debilidad se hace fuerte?

¿Qué enseñanzas de Jesús podrías decir que te han marcado?

Con todo mi corazón. Con toda mi mente. Con todas mis fuerzas.

Me presento ante ti, como siempre, para ser tu instrumento, si es que así lo deseas

¿En qué lado de la viña estás ahora, con los viñadores que rechazan la verdad, o con los enviados del Señor?

Es tan fácil pervertir la voluntad de Dios, y manipularla para que encaje con las propias convicciones

Señor, que te me hagas tan habitual como respirar, comer, hablar...

La que siempre ha estado presente. De un modo discreto. Sin protagonismos. Sin estridencias. Sin huidas. Ella, la madre del «Hágase».

La comparación y la mirada de envidia también pueden acomodarse en mi corazón