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Hace unos días, paseando por el campo, me detuve a disfrutar del paisaje. Ante mis ojos se ofrecía la tierra desnuda, salpicada en algunos puntos por el reflejo del agua de un riachuelo y las montañas lejanas. Elevé la vista y, más arriba, las nubes formaban una cubierta gris que se alejaba también hasta juntarse con la tierra, allá en el horizonte. Entre ambas, una extensa región de aire transparente separaba la tierra y del mar de nubes. Tierra, aire y nubes, un sándwich natural al que estamos acostumbrados. Pero ¿por qué es así? ¿qué razón obliga a las nubes a estar allí a lo alto, desplegadas como un inmenso paraguas? Una nube puede contener mucha agua, si es así, ¿por qué no cae por su propio peso? ¿cuánta agua puede contener una nube? Hoy respondemos a estas preguntas en “La Ciencia Nuestra de Cada Día”.
Si os habéis parado a mirar la Luna durante varias noches y días, habréis visto que, independientemente de la porción iluminada por el Sol, que da lugar a las fases lunares, nuestro satélite siempre muestra la misma superficie. Observada con unos prismáticos o con un telescopio, están siempre a la vista los mismos cráteres, los mismos mares lunares, incluso, si la miramos a simple vista, nos muestra siempre “la misma cara”. No obstante, esa observación no es del todo exacta, la Luna, debido a un conjunto de fenómenos ligados a sus movimientos de rotación y traslación alrededor de la Tierra, denominados “libraciones”, nos ofrecen la oportunidad de ver más de la mitad de su superficie, concretamente el 59%. Angel Rodríguez Lozano explica el porqué en este episodio de La Ciencia Nuestra de Cada Día
Solemos pensar que el bostezo es un signo inequívoco de cansancio, sueño o aburrimiento, sin embargo se ha comprobado que muchas personas bostezan cuando se encuentran ante una situación de estrés: bostezan los atletas momentos antes de entrar en competición, los oradores antes de dar su charla y los músicos en los momentos previos a un concierto. Si a lo dicho añadimos el hecho comprobado de que el bostezo en grupo es contagioso, no es de extrañar que la causa sea objeto de activa investigación desde tiempos remotos. Hoy les contamos por qué bostezamos y las razones de su contagio.
El arcoíris nace del juego entre tres actores principales: el Sol, las gotas de agua y nuestros ojos. No existe un único arcoíris sino tantos como personas lo observan porque, aunque todos estemos aparentemente mirando al mismo, cada uno de nosotros ve un arcoíris diferente. Al observar detenidamiente el arcoíris podemos descubrir multitud de facetas en él, como ya hemos comentado en otros programas de La Ciencia Nuestra de Cada Día: el arco secundario, la zona oscura de Alejandro o los arcos supernumerarios. Hoy explicamos los aspectos más primarios del fenómeno: ¿Por qué el arcoíris es un arco? ¿Podemos verlo en forma de circunferencia completa? ¿Se puede generar el arcoíris sin nubes que aparentemente proporcionen las gotas de agua de lluvia?
Somos organismos complejos, formados por decenas de billones de células que, obviamente, no todas nacieron el mismo día que figura en nuestra partida de nacimiento. Basta con comparar nuestro peso corporal con el que teníamos al nacer para darnos cuenta de que muchas de nuestras células son más jóvenes que nosotros. Lo sorprendente es que, para saber la edad de nuestras células, los científicos utilizan métodos que conectan la biología con, pásmense, la explosión de bombas atómicas durante los años de la Guerra Fría. La Ciencia es una caja de sorpresas.
Una de las ventajas de ser niño es que, si a uno le gusta experimentar, no duda en hacerlo. Eso me sucedió a mí, a los 12 años, en la casa de mis padres. Yo estaba sentado al calor del brasero que ardía bajo la mesa-camilla cuando mi gato, Serafín, saltó hábilmente a mi regazo, como hacía siempre, y comenzó a ronronear. Yo había oído decir que los gatos siempre caen de pie y decidí aprovechar la ocasión para comprobarlo. Con caricias conseguí que se pusiera panza arriba, luego, con mucho cuidado, lo levanté sujetándolo por las patas delanteras y traseras con ambas manos, me puse de pie y lo solté desde lo alto. Fue una fracción de segundo lo que tardó en llegar al suelo pero, cuando lo hizo, se había dado la vuelta en el aire y aterrizó, seguro, sobre sus patas. Un físico eminente me comentó una vez que eso podría violar un principio fundamental de la física: La conservación del momento angular. Hoy demostramos que no, con la ayuda de Serafín, de una patinadora y de un ratón.
Todo empezó una mañana, poco después de levantarme, y por casualidad, como suelen suceder las cosas divertidas. El día anterior, haciendo la compra con mis hijas, había visto una oferta de tazas de desayuno de distintos colores, muy baratas, y había comprado media docena. Aquella mañana, el levantarme, escogí una de un color verde oscuro, la llené de leche y café soluble y la puse en el horno de microondas. Pasado el minuto de rigor, abrí la puerta del microondas y cogí decidido la taza por el asa. No pude reprimir un grito de dolor ¡el asa estaba ardiendo! ¿Por qué? La búsqueda de la respuesta nos lleva a comprender el fenómeno, aprender algo de historia y conocer nuevos materiales susceptores para microondas.
¿La Tierra puede engordar o adelgazar como una persona? En el programa anterior analizamos las distintas formas por las que la Tierra gana masa y hoy describimos aquellas en las que pierde materia. Nuestro planeta fundamentalmente pierde gases. En las capas más altas de la atmósfera, los átomos más ligeros, hidrógeno y helio principalmente, escapan al exterior. Otra manera de perder masa consiste en transformarla en energía mediante los procesos radiactivos que tienen lugar en el interior de la Tierra. Un tercer factor de pérdida de masa, esta vez en estado sólido, tiene que ver con las actividades humanas. Desde los años 50 estamos lanzando satélites y naves al espacio exterior, aquellas que escapan a la gravedad terrestre son una pérdida de masa para nuestro planeta.
Adelgazar o ganar peso, tanto para la Tierra como para nosotros, es el resultado del balance entre lo que comemos y lo que expulsamos en un periodo de tiempo dado. Hoy damos un repaso al menú que va proporcionando materia a nuestro planeta, un menú cuyo plato principal es una ensalada de meteoritos, polvo cósmico y partículas. A ese primer plato hay que añadir lo que gana debido al calentamiento global y, de postre, discutimos el efecto que tiene el aumento de la población de las criaturas que vivimos en él. En un próximo programa de la Ciencia Nuestra de Cada Día analizaremos lo que la Tierra “excreta” para determinar si nuestro planeta está engordando o adelgazando.
Cuando nos sentamos sobre una silla con la superficie del asiento plano y duro, en poco tiempo, tenemos una sensación de incomodidad que nos obliga a cambiar de postura, en cambio, basta un cojín para calmar el malestar y permitirnos aguantar cómodamente sentados mucho más tiempo ¿A qué se debe esa diferencia? Estos hechos tienen causa común con otras situaciones aparentemente inconexas, como son: el cuchillo que se clava sobre la madera, las úlceras que sufren los enfermos que tienen que guardar cama durante largos periodos de tiempo, el curioso diseño de los asientos de los astronautas o la dolorosa pisada de una cabra.
La pregunta de hoy tiene relación con varias historias que se entrecruzan. Amigas que pasan tiempo juntas y, como consecuencia, su periodo menstrual se sincroniza. La investigadora Martha McClintock quien, gracias a hacer esa observación ante un grupo de biólogos dedica su vida a investigar la respuesta. Dos experimentos, uno realizado en 1971 entre las mujeres de una residencia de estudiantes y otro, en 1998 que demostraron que los seres humanos, como sucede a muchas otras especies animales, emitimos y respondemos a ciertas sustancias químicas, llamadas feromonas, que tienen el poder de modificar ciertos aspectos de nuestro comportamiento.
Hoy les invito a un viaje hasta el centro de nuestro planeta. No es un viaje fácil, para realizarlo hemos tenido que estirar nuestra imaginación hasta construir un túnel que atraviesa la Tierra de lado a lado. Nuestro objetivo es conocer cómo varía el peso de una persona a medida que nos acercamos al núcleo y, una vez allí, cumplir un sueño de juventud: ver las estrellas desde Nueva Zelanda, en las antípodas de Madrid, lugar en el que elaboramos La Ciencia Nuestra de Cada Día.
Antes de responder a esta pregunta debemos ser conscientes de la realidad que nos rodea, una realidad difícil de comprender porque estamos condicionados por las limitaciones de nuestros sentidos. Sólo gracias a un esfuerzo de imaginación logramos comprender del vacío inmenso que habitan los átomos, las estrellas o las galaxias.
Las malas noticias corren que es una barbaridad, siento decírselo así, sin darles tiempo a prepararse mentalmente, según algunas fuentes poco de fiar ¡el Mundo se va a acabar en el 2012! Es mas, han identificado al culpable del “Día del Juicio Final”: El campo magnético terrestre. Ésta es la pregunta de hoy: He leído en Internet que en el 2012 se van a invertir los polos magnéticos de la Tierra y se va a acabar el mundo ¿Hay algo de verdad en esa historia?
La guerra está presente en vida del ser humano desde el principio de los tiempos y en estos momentos es más sofisticada que nunca, la pasada contienda en Libia lo demuestra. Allí se utilizó tecnología militar de última generación y la pregunta de hoy tiene relación con ciertos proyectiles antiblindado que utilizan un tipo especial de uranio.
La pregunta original que nos proponen hoy es la siguiente: Cuando dejo el pan al aire de un día para otro se pone duro como una piedra, sin embargo, al ponerlo en el horno vuelve a parecer fresco y crujiente ¿por qué?. Es necesario comprender los procesos físicos y químicos que tienen lugar durante la formación del pan para responder a esta pregunta. Les invitamos a escuchar la respuesta.
El origen de lo que llamamos flatulencias (siendo finos) o de los pedos, peos o cuescos (que, siendo menos finos, son algunos de los nombres de guerra que le aplican en distintos lugares) está, en parte, en el aire que ingerimos al tragar saliva, alimentos o bebidas, en los gases que se generan durante la digestión y, fundamentalmente, porque las bacterias que abundan en el interior de nuestros intestinos nos pagan con gases abundantes y, a veces, poco recomendables para olfatos delicados.
Dicen que el laboratorio científico más antiguo que existe es la cocina, un laboratorio que se ha llenado con multitud de modernos artilugios que hacen las más variadas faenas. Pero todo tiene un precio y también los nuevos electrodomésticos tienen su lado oscuro. El horno de microondas, por ejemplo, además de calentar los alimentos por arte de ciencia – que no de magia – puede darnos un susto de infarto, si no nos andamos con cuidado. Especialmente al calentar un simple vaso de agua.
Al abrir una lata de bebida carbónica o una botella de cava se escucha el sonido del gas al escapar. Sin embargo, cuando previamente agitamos el recipiente con fuerza, al abrirlo se produce una verdadera explosión de espuma. El secreto radica en la coexistencia del gas y el líquido en el interior del recipiente.
Durante mucho tiempo se pensó que el color verde de los mocos era debido a la existencia de dos tipos de bacterias en el mucus nasal, una, llamada Estafilococus aureus, es de color amarillo-oro – de ahí su nombre- y otra, denominada Pseudomonas Pyocyanea, tiene coloración azul. Todo el mundo sabe que juntando el amarillo y el azul se obtiene el color verde. Esa es la explicación clásica, pero actualmente se piensa que el color es debido a una causa más general que curiosamente es provocada por nuestras propias células de defensa.
Sentados cómodamente en nuestro sillón favorito nos parece estar inmóviles porque medimos nuestra velocidad respecto a las paredes y objetos cercanos. La realidad es muy distinta, nuestra velocidad varía dependiendo del punto de referencia que escojamos. Estamos sobre la superficie de la Tierra y ésta gira sobre su eje de rotación obligándonos a describir circunferencias enormes en 24 horas, la Tierra se mueve alrededor del Sol, el Sol gira en torno al centro de la Vía Láctea, la Vía Láctea se mueve entre el Grupo Local y éste se mueve por el espacio hacia un ente gravitatorio enorme que los científicos denominan el Gran Atractor. Este conjunto de movimientos nos obligan a viajar por el Universo a velocidades vertiginosas.
El proceso mediante el cual nos hace llorar una cebolla fue descubierto hace pocos años, en el 2002 para ser exactos. El investigador japonés Shinsuke Imai logró desentrañar la cascada de reacciones químicas que tienen lugar al cortar una cebolla. Cuando la cebolla está entera no hay ningún problema pero, al cortarla, el cuchillo rompe multitud de células, los fluidos del interior de las células se derraman y entran en contacto con el aire. Esos fluidos celulares están cargados de sustancias químicas, entre ellas, Imai descubrió una enzima a la que llamó “factor lacrimal sintasa” que es la culpable de las lágrimas.
El proceso mediante el cual nos hace llorar una cebolla fue descubierto hace pocos años, en el 2002 para ser exactos. El investigador japonés Shinsuke Imai logró desentrañar la cascada de reacciones químicas que tienen lugar al cortar una cebolla. Cuando la cebolla está entera no hay ningún problema pero, al cortarla, el cuchillo rompe multitud de células, los fluidos del interior de las células se derraman y entran en contacto con el aire. Esos fluidos celulares están cargados de sustancias químicas, entre ellas, Imai descubrió una enzima a la que llamó “factor lacrimal sintasa” que es la culpable de las lágrimas.
Una pompa o una burbuja es un recipiente formado por una película muy delgada de líquido que encierra aire en el interior. Para obtener una burbuja duradera hacen falta dos ingredientes fundamentales: agua y jabón. El agua puede formar burbujas por sí sóla pero son inestables y se destruyen con facilidad, el jabón aporta tensioactivos que, en contra de lo que se cree, no refuerza la pared de la burbuja sino todo lo contrario, la debilita. En este espacio encontrarán ustedes la respuesta a éste contrasentido. Más información en http://cienciaes.com.
Una pompa o una burbuja es un recipiente formado por una película muy delgada de líquido que encierra aire en el interior. Para obtener una burbuja duradera hacen falta dos ingredientes fundamentales: agua y jabón. El agua puede formar burbujas por sí sóla pero son inestables y se destruyen con facilidad, el jabón aporta tensioactivos que, en contra de lo que se cree, no refuerza la pared de la burbuja sino todo lo contrario, la debilita. En este espacio encontrarán ustedes la respuesta a éste contrasentido. Más información en http://cienciaes.com.
Noticias de Ciencia: Qué sucede cuando la policía desaparece... entre macacos. Un nuevo planeta extrasolar. Un consejo: Consuman verduras y tendrán menos posibilidades de sufrir un infarto de miocardio. Cartas de Ulises Cuando una enfermedad contagiosa se propaga por el mundo, lo hace de una forma muy similar a otra forma de propagación: La del dinero. Entrevista: D. Manuel Sanjurjo Rivo, Ingeniero Aeronáutico. La Ciencia Nuestra de Cada Día ¿Por qué se hacen girar los alimentos en el interior del horno de microondas?.