Reflexiones sobre espiritualidad, psicología y consciencia. Aprendizajes traídos de las historias bíblicas y un curso de milagros. Un Podcast para despertarnos el pensamiento espiritual y acelerar la sanación de las relaciones con el otro.

Ante Dios no necesitamos méritos. Solo reconocernos como hijos suyos y amados desde antes de existir

Dios es el Fundamento de la existencia. La vida espiritual no es un proceso de auto afirmación sino de Presencia y entrega

Reconocer la presencia de Dios en nuestra vida nos quita el oso de cargar solos con nuestro destino

El descanso profundo aparece cuando dejamos el afán de controlarlo todo, planearlo todo y permitimos que la vida sea

La oración invita a consentir la presencia de Dios en nosotros

El sufrimiento interior revela que nos estamos esforzando en tomar un lugar que no es el nuestro

El silencio nos sostiene y fecunda la vida cuando entramos en el desde la confianza

Renunciar a las identidades que hemos sostenido da temor. Pero es el camino hacia la verdad. Mientas más humildes, despojados de las falsas imágenes, más verdaderos

Dejar de luchar contra la oscuridad por la que atraviesa el alma y empezar a habitarla es el camino para vivir en la presencia de Dios sin respuestas y consuelos

En la noche, la mayor tentación no es abandonar la fe. Aparece el afán de buscar caminos alternos que nos devuelvan la sensación de seguridad perdida

En la noche oscura caen las damas imágenes de Dios que el Yo creó para su supervivencia

Cuando hay sequedad, el yo se desconcierta porque está acostumbrado a apoyarse en la experiencia. El alma desconcertada puede volverse sobre lo que ha perdido

El yo espiritual es el último refugio de la autosuficiencia. El alma sabe que este derrumbe es necesario para alcanzar claridad

La noche del espíritu es el despojo que sufre el alma del Adán de hacer méritos para conquistar a Dios

Lo que no se nombra gobierna en silencio. Nombrar lo invisible hace que deje de controlarnos

Cuando el yo toma el control nos pasamos evaluando la vida. La oración deja de ser encuentro para convertirse en exigencia

El Yo cuando se ve obligado a garantizar su valor, se vuelve rígido

En muchas ocasiones, nuestra relación con Dios está más orientada a mantener la imagen que a vivir un encuentro con El

Donde hay ansiedad aparece la señal de que estamos queriendo controlar la vida. Al parecer, la identificación con el logro nos predispone a volver nos ansiosos

El afán de ganarnos un lugar no solo impregna nuestras relaciones familiares e interpersonales. También permea la espiritualidad

Muchas veces ignoramos el verdadero lugar desde el que enfrentamos la vida

La oscuridad no es abandono, es el sendero por el que Dios viene a nuestro encuentro

Hay estados del alma que no elegimos, que son consecuencia inevitable de la vida. Todo está al servicio de nuestra permanencia en el centro

Podemos llegar a identificarnos con el dolor. Hay que recordar que en el interior siempre hay un núcleo que permanece intacto. Estamos invitados a vivir desde ese núcleo o centro porque de ahí brota el amor

La supervivencia no equivale a transformación del alma. Si el alma no se habita, la unión con Dios no se realiza

Cuando el alma se siente indigna se esconde, se minimiza, se calla. La vergüenza suele vivirse en silencio. Benedicto XVI nos recuerda que el hombre es querido por Dios por sí mismo

A medida que avanzamos en el conocimiento interior, nos vamos haciendo conscientes de que no somos de una pieza. Cada piezas tiene una historia y una función. De ahí, la necesidad de unidad interior

El amor se lastima cuando quiso entregarse y no fue recibido. El alma se protege para evitar ser herido nuevamente

El alma no logra apropiarse de sí, de sus dones, talentos, capacidades no como producto del pecado sino del dolor que siente al verse desvalorizada y sin lugar

Cuando alma se siente abandonada busca refugio. Es conveniente preguntarse: Dónde busco refugio cuando me siento abandonado?

La noche aparece cuando lo externo empieza a evidenciarse fragilidad y la máscara cae

El éxito puede tiranizarnos de tal manera que desplaza al alma y se convierte en nuestro centro

El yo, formado por creencias, expectativas, ideales y mecanismos de defensa, suele revestirse de buenas intenciones como el esfuerzo, la responsabilidad, el compromiso y el mérito, creyendo que a través de ellos alcanzará la plenitud. Sin embargo, en ese afán, termina por desplazar al alma de su centro, alejándola de su verdad más profunda.

A veces, nos movemos por motivaciones aparentemente espirituales y religiosas y, en realidad, detrás de ellas hay un enorme vacío

El alma se empeña en trabajar sobre sí misma convencida de que el crecimiento es el resultado de su esfuerzo

San Juan de la Cruz nos enseña que el alma cuando vive fuera de su centro se dispersa en muchas cosas. No descansa porque no sabe dónde habitar

El exilio interior no hace ruido, sucede en silencio. De repente, nos damos cuenta que el alma está desorientada, no por pecado ni por rechazo, sino por dolor

Estamos huyendo cuando cambia nuestro centro interior, cuando la vida comienza a reorganizarse desde lo que nos protege y abandonamos lo que nos da vida, nos permite crecer y expandirnos

Cuando el alma deja de conducir la vida porque perdió su centro, su lugar es tomado por el Yo o por el Ego. Así, productividad o rendimiento y herida se convierten en la luz que nos guían hasta que el alma vuelve en sí

La vida se desordena cuando pone todas sus expectativas y energías en el mundo exterior

Muchos buscan afuera la verdad que solo se encuentra adentro. Crecemos en la medida que caminamos en la verdad

Cuando el alma no puede quedarse el Yo toma el mando. Quien estaba para servir, termina gobernando

El alma que vive fuera de sí anda a oscuras

Un espacio para que el alma regrese a sí misma, a lo profundo, a lo que llena de sentido la vida

La atención es el signo visible de un alma reconciliada consigo misma, con los demás y con Dios

El trabajo hecho con atención no solo embellece lo que tocamos; embellece al que trabaja

Cuando prestamos atención al otro participamos de la vida de Dios