Una Mejor Manera de Vivir es un devocional corto presentado por Robert Costa, con el fin de llevarte a la reflexión en medio de un día agitado.

Cuán importantes son las amistades, los hábitos y los ideales que adopta el joven o adolescente.

Jesús es tan indispensable como lo son para nuestra vida el pan, el agua y la luz solar.

La inocente botella, reservada para las mejores ocasiones, puede encerrar un certificado de defunción o de discapacidad por el resto de la vida.

Quien acepta la invitación de amor que nos extiende Dios, se asegura de recibir Su presencia constante y sus abundantes bendiciones.

En el hogar no todo consiste en limpiar y ordenar.

La vida podría ser comparada con una caverna llena de laberintos, entre los cuales es fácil perder el rumbo si no se tiene un guía seguro a quien seguir.

Estamos hechos de tal manera que no podemos soportar una conciencia culpable.

Pidiendo cada día la bendición del Altísimo, el hogar podrá gozar de armonía y felicidad.

No es fácil continuar tratando de hacer lo mejor cuando una no sabe si sus esfuerzos son apreciados o no.

Cuando decimos que creemos en Dios, ¿sabemos por qué creemos o tenemos alguna razón para fundamentar nuestra fe?

Nuestra felicidad personal exige convivir sabiamente con los demás.

¿Para cuándo queremos reservar los elogios hacia nuestros seres amados?

El que mantiene su mente abierta para aprender, descubrirá que la vida nunca se estanca y siempre se renueva.

Hay situaciones donde Dios, en lugar de cambiar las circunstancias, decide trabajar en nosotros.

El muchacho que comprende cuál es el precio del éxito, se esfuerza mientras le dice “sí” a los libros, al deporte y a la fe, y “no” a la pérdida del tiempo.

Practicar una tradición puede parecer correcto, pero si no concuerda con la Biblia, es posible que estemos haciendo algo simplemente por rutina.

¿Esperaremos que primero nos aflijan las pruebas para buscar después la bondad divina?

Creer en Dios va más allá de aceptar lo que otros te hablen de él; hay que experimentarlo.

Basta con recordar apenas una de las muchísimas profecías bíblicas, para reconocer que sólo la mente del Infinito podría predecir con tanto acierto el curso de la historia.

Cuán frecuentemente estamos dispuestos a creer en Dios, a condición de que él nos dé todo lo que ambicionamos.

La confianza en el Altísimo combate el vacío del alma, nos hace hermanos de nuestro prójimo, e hijos y amigos de Dios.

Mientras el incrédulo desespera ante la prueba y el dolor, el corazón del creyente alienta la esperanza de una solución divina.

En el matrimonio, no se trata de ver quién es más capaz, sino cómo cada uno puede ofrecer lo mejor de sí para la felicidad del otro.

A veces tenemos que sufrir verdaderas sacudidas, para despertar a la gran realidad de que Dios puede ayudarnos, y que debemos acudir a él con mayor frecuencia y confianza.

El estar rodeado de personas no implica necesariamente sentirse acompañado.

La genuina prueba del amor conyugal se manifiesta en las acciones, en la actitud comprensiva y en el deseo de agradar al cónyuge.

Todos podemos cambiar si le damos una oportunidad a Dios, y si doblegamos nuestro orgullo.

La actitud más sabia ante las pruebas consiste en aceptar la adversidad tal cual es, sin preguntarnos tanto por qué nos ha venido sino cómo sobrellevarla.

¡Cuántos son los males que podemos evitar y los bienes que podemos recibir, simplemente cultivando el hábito de la oración hecha con fe!

No se trata de evadir el cometer errores, sino aprender de ellos.

¿Quién mantiene en orden perfecto y en movimiento continuo los cuerpos estelares que adornan el firmamento?

Quien ama con pureza y generosidad a su prójimo, no puede dejar de sonreírle, sencillamente porque lo ama.

No hay ser dotado de razón que sea capaz de contemplar la maravillosa estructura de los órganos del cuerpo, sin sentirse movido a reconocer la existencia de un Creador superior.

Mientras que la casa está formada por el techo y las paredes, el hogar se afirma en los corazones tiernos del grupo familiar.

Así como la piña ofrece dulzura y beneficio al que la prueba, somos llamados a ser una bendición para quienes nos rodean.

Una persona reacciona favorablemente cuando se le dispensa bondad y consideración.

Cuando las soluciones humanas se agotan sin resultado, llega la hora de Dios.

Quienes se desentienden de Dios piensan que relacionarse con él implica atarse y perder la libertad individual.

Cuando nuestros propios errores se convierten en motivo de problemas, fracasos y caídas, ¿podemos decir que se trata de un castigo de Dios?

Cuántos que hoy se lamentan por su fracaso, en su momento rechazaron probar algo nuevo que se les proponía.

Cuando se acepta a Dios, se encuentra explicación para muchos de los llamados “misterios de la vida”.

Junto con el amor, la fe juega un papel de primerísima importancia para conservar el deseo de vivir.

A veces estamos tan concentrados en las realizaciones humanas, que atribuimos toda la gloria al hombre y perdemos de vista la sabiduría y el poder del Infinito.

Cuán alentador es saber que ante situaciones limitantes podemos acudir al Altísimo para que él pueda suplir nuestras necesidades.

Tan ciertamente como el sol disipa las tinieblas, Dios puede despejar toda sombra del alma.

Tenemos una invitación abierta para encontrar a Dios en las páginas de su Libro, porque en Jesús, Dios nos ha hablado con voz tan alta, que es difícil de ignorar.

Como hijos de Dios podemos demostrar tangiblemente a los hombres de nuestro entorno que Dios los acepta y considera de máximo valor.

La lujuria es un exceso que desgasta la vida y distorsiona los valores del espíritu.

¿Estás viviendo de tal manera que la segunda venida de Cristo te llene de confianza y no de vergüenza?

Mientras pronunciamos las palabras de Cristo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, ¡cuán a menudo cerramos nuestro corazón a la necesidad de nuestro hermano!

El que confía en la bondad de ese Dios de amor, podrá descansar en paz a pesar de los problemas o las contrariedades que agobien su corazón.