Una Mejor Manera de Vivir es un devocional corto presentado por Robert Costa, con el fin de llevarte a la reflexión en medio de un día agitado.

El amor se goza viendo las virtudes, y no señalando los defectos.

Quien cultiva sanos hábitos de vida, goza más de su existencia y prolonga su período útil de actividad.

Con frecuencia convivimos a sabiendas con el mal, pretendiendo que no nos afecta.

Sin fe es muy fácil iniciar el camino descendente que lleva al fracaso y a la ruina.

Toda realización grande es un conjunto de pequeñas realizaciones.

Mientras que el orgulloso no tiene lugar para Dios en su corazón, el humilde, en cambio, reconoce sus limitaciones.

Al elegir alimentos que nutren nuestro cuerpo, honramos a nuestro Creador y cuidamos del templo que Él nos ha confiado.

La fe nos ayuda a cuidar y desarrollar mejor las riquezas de la vida y la salud, del amor y el servicio, del hogar y la familia, y aun de las posesiones materiales.

Los contratiempos de la vida son inevitables, pero la actitud con la que los enfrentamos puede servir como testimonio de nuestra confianza en Dios.

La auténtica alegría de la vida no se consigue con dinero, con renombre o con cualquier otra ventaja exterior, sino cuando el corazón se llena de amor.

Dios no desea que las personas sufran, pero a veces su plan implica dejar que el mundo coseche las consecuencias de su rebelión lo suficiente como para salvarlos sin forzarlos.

¡De cuántas otras cosas se desprende una madre a lo largo de su vida, por amor a sus hijos!

Si estamos confiando más en la persona de Dios que en lo que podemos obtener de su depósito de bendiciones, nunca perderemos la esperanza.

Si la pérdida de un objeto material de mayor o menor valor puede crearnos tanta preocupación, ¿podemos imaginar lo que significa para el alma la pérdida de un bien espiritual?

Las consecuencias de una vida ociosa pueden ser tan graves que den origen al engaño, al robo y a la descomposición de la mente y la conducta.

Así como la fruta refresca y fortalece el cuerpo, la presencia de Dios renueva nuestra fe y nuestro ánimo.

Dios diseñó la tierra con alimentos que nutren y sostienen la vida.

Quedamos a mitad de camino si en lugar de confiar en Dios dependemos apenas de nuestras débiles fuerzas humanas.

Si tratamos a los demás con rudeza, con descortesía, o con indiferencia, así nos tratarán ellos a nosotros.

El amor posee la extraña propiedad curativa de una medicina.

El que ama será amado, será valorado, será bien visto, y tarde o temprano será mejor pagado.

¡No existe mayor riqueza que la riqueza de la fe!

¿Puede necesariamente la herencia atarnos, disminuirnos y derrotarnos?

Una vida llena de confianza en Dios nos hace descansar de toda ansiedad.

Pídele a Dios equilibrio emocional y paz interior. Esto redundará en bienestar para ti y tranquilidad para tus allegados.

Al elegir alimentos que fortalecen el cuerpo, reconocemos que nuestro cuerpo es un regalo y una responsabilidad.

Las malas acciones son consecuencia de los tesoros malignos que alojamos en nuestra mente y corazón.

Quien pierde la fe, pierde también la felicidad. De ahí la importancia de mantener esta virtud, o de recuperarla cuando se la pierde.

Quien solamente cree en el hombre está colocando su fe en un ser imperfecto, que en cualquier momento lo puede desilusionar y abandonar.

Cada vez que enfrentamos un problema en la vida, sin importar cuán serio sea, podemos decidir qué queremos ver.

Se nos insta a no poner la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.

Cuando marido y mujer confían en Dios y ruegan su ayuda divina, pueden lograr armonía y entendimiento.

A veces, por ser demasiado vacilantes en nuestras decisiones, perdemos oportunidades y cosechamos resultados penosos.

Si todas las ventajas materiales no van acompañadas por la seguridad de que somos amados, ¿qué valor tienen para darnos un poco de felicidad?

La templanza y la moderación son cualidades accesibles a toda persona normal.

Nuestra vida espiritual solo puede dar fruto cuando permanecemos conectados a Dios.

Antes de ascender a los cielos, Jesús no sólo dijo que volvería, sino que además mencionó señales anunciadoras de su venida.

Basta con cuatro palabras para reconciliar un matrimonio desunido.

Porque Jesús es plenamente Dios y plenamente humano a la vez, está calificado de manera especial para responder algunas de las preguntas más difíciles de la vida.

Cuando alguien le presta atención a las necesidades de los demás, Dios lo tiene en cuenta.

La historia de Williamina Fleming refleja cómo nuestras vidas pueden parecer insignificantes desde nuestra perspectiva, pero están entrelazadas en el plan perfecto de Dios.

¿Qué poder hay en Jesús, que, el solo recuerdo de su persona todavía puede ayudar tanto al corazón humano?

A nadie se le niega la cumbre si está dispuesto o dispuesta a sudar durante largas jornadas.

El divino Artista suple nuestras deficiencias e imperfecciones, a fin de dar lustre a la obra de nuestras manos.

La envidia distorsiona el corazón y hace que suframos innecesariamente. Quien ama de verdad a Dios y a su prójimo no permitirá que la envidia tenga lugar en su vida.

Así como un grano de frijol fortalece el cuerpo, la fe y la confianza en Dios nutren nuestra vida espiritual. Lo esencial, aunque pequeño, puede sostenernos de maneras que no imaginamos.

Solemos pedirle a Dios migajas de bendiciones, cuando en realidad, Él está planeando darnos muchísimo más.

Si tienes en cuenta que todas las promesas de Dios han demostrado ser veraces, puedes enfrentar tu vida con plena confianza, sabiendo cómo terminará todo.

Hay un “hilo” invisible que nos mantiene unidos al Creador.

Esta conmovedora historia nos recuerda que el amor verdadero siempre está dispuesto a perdonar y recibir de nuevo a quien regresa.

Cuando sentimos que la vida comienza a perder su encanto, es bueno recordar el valor de dar antes que recibir.