Encuentros con el Señor y su Palabra, a través de los cuales seremos desafinados, exhortados, alentados y encaminados a conocer, amar y buscar la gloria del Dios de la Escritura, la cual vive y permanece para siempre.

Cambiar los conceptos equivocados que tenemos sobre Dios y su obrar es necesario para andar en la luz de su verdad.

La intercesión de Cristo es nuestra confianza en medio de nuestra experiencia humana al caminar tras el Señor.

El propósito y voluntad de Dios son inquebrantables, siempre permanecerá en medio de todo porque Él es el Señor.

Escuchar y hacer la voluntad de Dios, es el más grande privilegio y responsabilidad que cómo creyentes tenemos

Los motivos por los cuales Cristo fue puesto en la tumba, manifiestan su control y victoria para nuestro bien y su gloria.

Antes, durante y después de la prueba, Dios es digno de ser nuestra permanente fuente de confianza.

La profesión de fe solo puede ser confirmada por medio de la práctica sincera de las obras a las que Dios nos ha llamado.

Cristo no es Señor porque yo lo coloco en ese lugar, es Señor eternamente, y en esa esfera él opera nuestra salvación.

Tener en poco a nuestro cónyuge es el paso sin retorno de aquellos que caminan en la necedad.

La gran estatua es levantada, pero ante esas circunstancias deben manifestarse las convicciones del corazón.

El riesgo de la falsa enseñanza nos lleva a conducirnos en temor y dependencia del Señor.

El poder y autoridad que Cristo tiene legítimamente, nos llevan a ser transformados en su gloria y semejanza.

Los sueños de Nabucodonosor son explicados mostrando que solo el reino de Dios es digno de confianza.

Entrar por la puerta estrecha nos costará la vida entera, pero es mejor así que vivir sin razón ni propósito verdadero.

Sus perfecciones y vida intachable nos son atribuidas por causa de su sacrificio perfecto.

La revelación de la voluntad y el plan de Dios es el mayor acto de gracia divina, con la cual podemos descansar en que desea relacionarse con nosotros.

Acercarnos en plena certeza de que Dios nos escucha y procura nuestro bien, es nuestro mayor desafío.

Entender que su resurrección nos avala por la eternidad, es una paz indescriptible; solo los hijos de Dios podrán disfrutarla.

Una vida de integridad es el mejor distintivo que autentica la verdadera fe que transforma nuestros pasos.

Evaluar las cosas según los principios de la escritura y no nuestra conveniencia es la medida necesaria a llenar de todo creyente.

Lo logrado por Cristo en su muerte, es el acto más grande de gracia, en la cual; todos potencialmente somos beneficiarios.

La necesidad de un dolor al extremo, era el punto necesario y sin retorno que debía cubrirse para nuestra salvación.

Buscar la obtención d cosas y logros no es malo, pero su motivación si puede serlo, es necesario evaluar el corazón a cada momento.

Nuestra confianza en el Rey, es lo que nos mantiene firmes en la promesa cierta y segura de que él cumplirá cada una de sus palabras.

Lo hecho por Cristo en su sacrificio comenzó mucho antes de ser crucificado, del mismo modo podemos descansar e. ese sufrimiento victorioso que nos ha dado vida eterna

Confesar las ofensas unos a otros es lo que nos faculta a vivir en comunión y crecimiento.

Aquello que atesoramos es lo que dirige nuestra vida, la piedad verdadera y el Señor o nuestros propios deseos, no hay otra opción.

El padre nuestro, más que ser un modelo para ser repetido, es una guía para evaluar nuestro corazón en el momento de acercarnos a Dios en oración.

El proceso de maduración, es la evidencia de que en Cristo se cumplió toda la fase humana hasta llegar a ser muerto por nuestros pecados.

La oración manifiesta nuestra paz y devocion en donde se encuentran en realidad.

La piedad verdadera es la manifestación de una relación genuina con el Señor.

El valor teológico de la encarnación de Cristo es la piedra angular de toda nuestra relación con Dios.

Actuar de forma benevolente, a pesar de la maldad sufrida y de los deseos de venganza justificados; es la manifestación de ser ciudadano del reino.

La veracidad y la realidad sobre los juramentos es expuesta en esta porción donde Cristo nos llama a ser genuinos.

Una verdad fundamental de nuestra fe en Cristo sobre su humanidad y deidad.

El adulterio y el divorcio manifiestan una visión sumamente limitada del sentido real del pecado y la inmoralidad en nuestra vida.

La ira pecaminosa nos encamina a vivir bajo nuestros deseos y no bajo la guía del Señor, por ello podemos descansar en que siguiendo sus principios tendremos victoria.

Tener un Dios hecho hombre nos da total paz y seguridad en su obra y sacrificio en nuestro lugar y a nuestro favor.

Llevar la ley al punto más elevado es lo que verdaderamente pretendía Cristo, no tenemos un Dios menos severo, sino uno que nos lleva a una mayor devoción.

Ser sal y luz, son el aspecto central de nuestra fe, no hay otro diseño para nosotros.

El nacimiento virginal y el anticipo del lugar de nacimiento del Salvador son analizados en su importancia para nuestra fe.

Evitar que se almacenen condiciones y recuerdos dañinos, es la principal meta de caminar juntos como matrimonios.

La bendición del sufrimiento es que nos identificamos con nuestro Señor, quien siendo Dios ha estado dispuesto a sufrir por nosotros.

Hacer la paz es sinonimo de entender que somos súbditos del Rey de paz.

Nos llenamos de asombro y devoción ante un Dios que no tiene ni inicio ni final, en el cual podemos confiar plenamente.

Mirar la misericordia y limpieza de Dios, es lo que nos habilita para poder establecer comunión con Él, por medio de Jesucristo

La mansedumbre y el deseo de madurar es el distintivo de quienes están unidos a Cristo.

Atacar la humanidad o la deidad de Cristo, negándolas o disminuyéndolas; es el comportamiento característico de los falsos maestros de toda la historia de la iglesia.

Primera y segunda bienaventuranza, estar en el ámbito de la humildad y la confesión es el punto de partida de relacionarnos con Cristo.

El sermón del monte nos presenta como debe ser la conducta de todos aquellos que están vinculados a Cristo.

Tener a Dios mismo obrando en beneficio del hombre, nos lleva a considerar las virtudes de quien tomo forma de hombre para revelarnos a Dios