Lectio Divina del Evangelio

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Lectura orante del Evangelio del Domingo y Fiestas de la liturgia católica.

Padre Miguel Martínez

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    No juzgar a otros

    Play Episode Listen Later Jun 22, 2026


    Lunes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 7,1-5 7,1 No juzguen, para no ser juzgados. 7,2 Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. 7,3 ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? 7,4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Deja que te saque la paja de tu ojo', si hay una viga en el tuyo? 7,5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

    No temamos perder la vida del cuerpo

    Play Episode Listen Later Jun 21, 2026


    12° Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A Mt 10,26-33 10,26 No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. 10,27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. 10,28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. 10,29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. 10,30 Ustedes tienen contados todos sus cabellos. 10,31 No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. 10,32 Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. 10,33 Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

    Servir a Dios estándo en el mundo

    Play Episode Listen Later Jun 20, 2026


    Sábado de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 6,24-34 6,24 Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. 6,25 Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? 6,26 Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? 6,27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? 6,28 ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. 6,29 Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. 6,30 Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! 6,31 No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. 6,32 Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. 6,33 Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. 6,34 No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

    Los tesoros que se pierden

    Play Episode Listen Later Jun 19, 2026


    Viernes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mateo 6, 19-23 6,19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 6,20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. 6,21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. 6,22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. 6,23 Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

    ¿Qué pedir en la oración?

    Play Episode Listen Later Jun 18, 2026


    Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 6,7-15 6,7 Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 6,8 No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 6,9 Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, 6,10 que venga tu Reino, que se haga tu voluntad, en la tierra como en el cielo. 6,11 Danos hoy nuestro pan de cada día. 6,12 Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos, a los que nos han ofendido. 6,13 No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. 6,14 Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. 6,15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

    Tu padre, que ve en lo secreto, te premiará

    Play Episode Listen Later Jun 17, 2026


    Miércoles de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 6,1-6.16-18 6,1 Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 6,2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 6,3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 6,4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 6,5 Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 6,6 Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 6,16 Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. 6,17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 6,18 para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

    ¿Cómo perdonar a los que nos hacen daño?

    Play Episode Listen Later Jun 16, 2026


    Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,43-48 5,43 Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 5,44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 5,45 así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. 5,46 Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? 5,47 Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 5,48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

    No hagáis frente al que os agravia

    Play Episode Listen Later Jun 15, 2026


    Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,38-42 5,38 Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 5,39 Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 5,40 Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 5,41 y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 5,42 Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

    «Rueguen que Dios envíe obreros»

    Play Episode Listen Later Jun 14, 2026


    11° Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A Mt 9, 35-10,8 9,35 Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. 9,36 Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. 9,37 Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 9,38 Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha». 10,1 Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. 10,2 Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; 10,3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; 10,4 Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. 10,5 A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. 10,6 Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 10,7 Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. 10,8 Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.

    Inmaculado Corazón de María

    Play Episode Listen Later Jun 13, 2026


    Lc 2, 41-51 2,41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. 2,42 Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, 2,43 y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 2,44 Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 2,45 Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. 2,46 Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 2,47 Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 2,48 Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados». 2,49 Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». 2,50 Ellos no entendieron lo que les decía. 2,51 Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

    El Corazón de Cristo y los sacramentos

    Play Episode Listen Later Jun 12, 2026


    Sagrado Corazón de Jesús - Ciclo A Mt 11,25-30 11,25 En aquel tiempo, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. 11,26 Sí, Padre, porque así lo has querido. 11,27 Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 11,28 Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 11,29 Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. 11,30 Porque mi yugo es suave y mi carga liviana». Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - Ciclo A Evangelio según San Mateo 11, 25-30 En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. *** Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús se celebra el viernes siguiente a la solemnidad del Corpus Christi, casi como para sugerirnos que la Eucaristía no es otra cosa que el Corazón mismo de Jesús, de Aquel que de corazón cuida de nosotros. En esta misma fecha, la Iglesia celebra la Jornada mundial de oración por la Santificación de los Sacerdotes. Precisamente fue un sacerdote, el normando Juan Eudes, quien celebró esta fiesta por primera vez el 20 de octubre de 1672. Pero ya algunas místicas alemanas de la Edad Media —Matilda de Magdeburgo (1212-1283), Matilde de Hackeborn (1241-1298) y  Gertrudis de Helfta (1256-1302)—, así como el dominico Beato Enrique Suso (1295 - 1366), habían cultivado la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. A la difusión del culto contribuyeron las revelaciones privadas recibidas por la religiosa visitandina Margarita María Alacoque (1647-1690). Margarita Alacoque vivía en el convento de Paray-le-Monial (Francia) desde 1671. Tenía ya fama de gran mística cuando el 27 de diciembre de 1673 recibió la primera visita de Jesús, que quiso compartir con ella los sufrimientos de su Corazón rebosante de amor por el Padre y por toda la humanidad, del mismo modo que los compartió con el discípulo Juan durante la Última Cena. "Mi divino corazón está tan apasionado de amor por la humanidad que, incapaz de contener en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, debe difundirlas. Te he elegido para este gran proyecto”, le dice. Al año siguiente, Margarita tuvo otras dos visiones. En la primera apareció el corazón de Jesús en un trono de llamas, más brillante que el sol y más transparente que el cristal, rodeado de una corona de espinas; en la segunda, Margarita contempló a Cristo resplandeciente de gloria, con rayos de luz que salían su pecho y se expandían por todos lados. Jesús le habló de nuevo y le pidió que comulgara cada primer viernes de mes durante nueve meses consecutivos, y que se postrase en tierra en oración durante una hora en la noche entre los jueves y los viernes. Nacieron así las devociones de los nueve viernes y de la hora santa de adoración. En una cuarta visión, Cristo le pidió que se instituyera una fiesta para honrar su Corazón y reparar, mediante la oración, las ofensas que recibe. De parte de Jesús, Margarita también recibió una gran promesa de perdón: quien se acerque dignamente a la Eucaristía y comulgue durante nueve meses consecutivos el primer viernes del mes, con espíritu de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento, amando, honrando y consolando al Corazón de Jesús, recibirá el don de la perseverancia final, es decir, terminará su vida con la gracia de los sacramentos y de la remisión de sus ofensas a Dios y al prójimo. En 1856, Pío IX ordenó que la fiesta del Sagrado Corazón fuera extendida universalmente a toda la Iglesia. En 1995, San Juan Pablo II instituyó en este mismo día la Jornada Mundial de Oración por la Santificación del Clero, para que Jesús custodie el sacerdocio en su corazón.

    El Evangelio supera todo legalismo

    Play Episode Listen Later Jun 11, 2026


    Jueves de la 10ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,20-26 5,20 Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. 5,21 Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal. 5,22 Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego. 5,23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, 5,24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 5,25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. 5,26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

    Cómo comprender nuestra vida a la luz de Cristo

    Play Episode Listen Later Jun 10, 2026


    Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,17-19 5,17 No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 5,18 Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 5,19 El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

    El mismo David llama Señor al Mesías

    Play Episode Listen Later Jun 5, 2026


    Viernes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mc 12,35-37 12,35 Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? 12,36 El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos, debajo de tus pies. 12,37 Si el mismo David lo llama 'Señor', ¿cómo puede ser hijo suyo?». La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

    Jesús es alimento para la peregrinación

    Play Episode Listen Later Jun 4, 2026


    Corpus Christi - Ciclo A Jn 6,51-58 6,51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré, es mi carne para la Vida del mundo». 6,52 Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». 6,53 Jesús les respondió: «Les aseguro, que si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. 6,54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 6,55 Porque mi carne es la verdadera comida, y mi sangre, la verdadera bebida. 6,56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 6,57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come, vivirá por mí. 6,58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente». Solemnidad de Corpus Christi - Ciclo A Evangelio según san Juan 6, 51-58 En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida". Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre".

    San Carlos Lwanga y compañeros, Mártires

    Play Episode Listen Later Jun 3, 2026


    San Carlos Lwanga y compañeros Mt 5,1-12 5,1 Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. 5,2 Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: 5,3 «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 5,4 Felices los afligidos, porque serán consolados. 5,5 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. 5,6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 5,7 Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. 5,8 Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. 5,9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 5,10 Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 5,11 Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. 5,12 Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. Evangelio según San Mateo 5, 1-12 Al ver estas multitudes, subió a la montaña, y habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos. Entonces, abrió su boca, y se puso a enseñarles así: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados. Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia. Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”. *** San Carlos Lwanga y compañeros, mártires Carlos Lwanga, uno de los 22 mártires de Uganda, es el patrón de la juventud y la acción católica en la mayor parte de África tropical. Protegió a sus compañeros pajes, de 13 a 30 años, de las demandas homosexuales del gobernante de Bagandan, Mwanga, y los animó e instruyó en la fe católica durante su encarcelamiento por rechazar las demandas del gobernante. Carlos se enteró por primera vez de las enseñanzas de Cristo a través de dos vasallos de la corte del jefe Mawulugungu. Mientras era catecúmeno, ingresó a la casa real como asistente de Joseph Mukaso, jefe de los pajes de la corte. En la noche del martirio de Mukaso por animar a los jóvenes africanos a resistir a Mwanga, Carlos pidió y recibió el Bautismo. Encarcelado con sus amigos, el coraje y la fe en Dios de Charles los inspiraron a permanecer castos y fieles. Por su propia falta de voluntad para someterse a los actos inmorales y sus esfuerzos por salvaguardar la fe de sus amigos, Carlos fue quemado vivo en Namugongo el 3 de junio de 1886 por orden de Mwanga. Cuando el Papa Pablo VI canonizó a estos 22 mártires el 18 de octubre de 1964, también hizo referencia a los pajes anglicanos martirizados por la misma razón. Tomado de VitaeSanctorum.com

    Fiesta de la Visitación de la Virgen María

    Play Episode Listen Later Jun 1, 2026


    Visitación de la Virgen María Lc 1,39-56 1,39 En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. 1,40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 1,41 Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, 1,42 exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! 1,43 ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 1,44 Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. 1,45 Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor». 1,46 María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, 1,47 y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, 1,48 porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, 1,49 porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! 1,50 Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. 1,51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. 1,52 Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. 1,53 Colmó de bienes a los hambrientosy despidió a los ricos con las manos vacías. 1,54 Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, 1,55 como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre». 1,56 María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. Evangelio según san Lucas 1, 39-56 En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa. *** Fiesta de la Visitación de la Virgen María En el relato de la Visitación, San Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a la Santísima Virgen, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres, oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo. «En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: “Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo saltó de gozo el niño en mi seno” (Lc 1, 44). La intervención de María produce, junto con el don del Espíritu Santo, como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, esta destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina»Juan Pablo II.

    Dios nos reveló su vida íntima para vivir en nosotros

    Play Episode Listen Later May 31, 2026


    (Juan 3, 16-18) «Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único»

    San Felipe Neri, Presbítero

    Play Episode Listen Later May 26, 2026


    San Felipe Neri, Presbítero Jn 17,20-26 17,20 No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. 17,21 Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea, que tú me enviaste. 17,22 Yo les he dado la gloria, que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno 17,23 -yo en ellos y tú en mí-, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca, que tú me has enviado, y que los has amado a ellos, como me amaste a mí. 17,24 Padre, quiero que los que tú me diste, estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas, antes de la creación del mundo. 17,25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron, que tú me enviaste. 17,26 Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste, esté en ellos, y yo también esté en ellos». Evangelio según san Juan 17, 20-26 “Mas no ruego sólo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mí, a fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, a fin de que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste. Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno: Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno, y para que el mundo sepa que eres Tú quien me enviaste y los amaste a ellos como me amaste a Mí. Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo. Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y éstos han conocido que eres Tú el que me enviaste, y Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer para que el amor con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos”. Memoria de San Felipe Neri Memoria de san Felipe Neri, presbítero, que, consagrándose a la labor de salvar a los jóvenes del maligno, fundó el Oratorio en Roma, en el cual se practicaban constantemente las lecturas espirituales, el canto y las obras de caridad, y resplandeció por el amor al prójimo, la sencillez evangélica y su espíritu de alegría, el sumo celo y el servicio ferviente de Dios. Llamado «el apóstol de Roma». San Felipe nació en Florencia, Italia, en 1515. Su padre se llamaba Francisco Neri. Desde pequeño demostraba tal alegría y tan grande bondad, que la gente lo llamaba «Felipín el bueno». En su juventud dejó fama de amabilidad y alegría entre sus compañeros y amigos. Habiendo quedado huérfano de madre, lo envió su padre a casa de un tío muy rico, el cual planeaba dejarlo heredero de todos sus bienes. Pero allá Felipe se dio cuenta de que las riquezas le podían impedir el dedicarse a Dios, y un día tuvo lo que él llamó su primera «conversión». Y consistió en que se alejó de la casa del riquísimo tío y se fue para Roma llevando únicamente la ropa que llevaba puesta. En adelante quería confiar solamente en Dios y no en riquezas o familiares pudientes. Felipe había recibido de Dios el don de la alegría y de amabilidad. Como era tan simpático en su modo de tratar a la gente, fácilmente se hacía amigo de obreros, de empleados, de vendedores y niños de la calle y empezaba a hablarles del alma, de Dios y de la salvación. Una de sus preguntas más frecuentes era esta: «amigo ¿y cuándo vamos a empezar a volvernos mejores?». Si la persona le demostraba buena voluntad, le explicaba los modos más fáciles para llegar a ser más piadosos y para comenzar a portarse como Dios quiere. A aquellas personas que le demostraban mayores deseos de progresar en santidad, las llevaba de vez en cuando a atender enfermos en hospitales de caridad, que en ese tiempo eran pobrísimos y muy abandonados y necesitados de todo. Otra de sus prácticas era llevar a las personas que deseaban empezar una vida nueva, a visitar en devota procesión los siete templos principales de Roma y en cada uno dedicarse un buen rato a orar y meditar. Y así con la caridad para los pobres y con la oración lograba transformar a muchísima gente. San Felipe quería irse de misionero al Asia pero su director espiritual le dijo que debía dedicarse a misionar en Roma. Entonces se reunió con un grupo de sacerdotes y formó una asociación llamada el «Oratorio», porque hacían sonar una campana para llamar a las gentes a que llegaran a orar. El santo les redactó a sus sacerdotes un sencillo reglamento y así nació la comunidad religiosa llamada de Padres Oratorianos o Filipenses. Esta congregación fue aprobada por el Papa en 1575 y ayudada por San Carlos Borromeo. El 25 de mayo de 1595 su médico lo vio tan extraordinariamente contento que le dijo: «Padre, jamás lo había encontrado tan alegre», y él le respondió: «Me alegré cuando me dijeron: vayamos a la casa del Señor». A la media noche le dio un ataque y levantando la mano para bendecir a sus sacerdotes que lo rodeaban, expiró dulcemente. Tenía 80 años. Fue declarado santo en el año 1622 y en Roma lo consideraron como a su mejor catequista y director espiritual. Es patrono de Roma y de Italia. Tomado de Santopedia

    Santa María, Madre de la Iglesia

    Play Episode Listen Later May 25, 2026


    Jn 19,25-27 19,25 Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 19,26 Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». 19,27 Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Memoria de María Madre de la Iglesia El lunes siguiente a Pentecostés, la Iglesia Católica celebra la memoria de «la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia». Por decisión del Papa Francisco, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha ordenado la inscripción de la memoria de la «Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia» en el Calendario Romano General, con decreto del día 11 de febrero de 2018, ciento sesenta aniversario de la primera aparición de la Virgen en Lourdes. Se adjuntan al decreto los respectivos textos litúrgicos, en latín, para la Misa, el Oficio Divino y el Martirologio Romano. Las Conferencias Episcopales tendrán que aprobar la traducción de los textos necesarios y, después de ser confirmados, publicarlos en los libros litúrgicos de su jurisdicción. El motivo de la celebración es descrito brevemente en el mismo decreto, que recuerda la madurada veneración litúrgica a María tras una mejor comprensión de su presencia «en el misterio de Cristo y de la Iglesia», como ha explicado el capítulo viii de la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. De hecho, el beato Pablo VI, al promulgar esta constitución conciliar el 21 de noviembre de 1964, quiso conceder solemnemente a María el título de «Madre de la Iglesia». El sentir del pueblo cristiano, en los dos mil años de historia, había acogido, de diverso modo, el vínculo filial que une estrechamente a los discípulos de Cristo con su Santísima Madre. De tal vínculo da testimonio explícito el evangelista Juan, cuando habla del testamento de Jesús muriendo en la cruz (cf. Juan 19, 26-27). Después de haber entregado su Madre a los discípulos y éstos a la Madre, «sabiendo que ya estaba todo cumplido», al morir Jesús «entregó su espíritu» para la vida de la Iglesia, su cuerpo místico: pues, «del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (Sacrosanctum Concilium, n. 5). El agua y la sangre que brotaron del corazón de Cristo en la cruz, signo de la totalidad de su ofrenda redentora, continúan sacramentalmente dando vida a la Iglesia mediante el Bautismo y la Eucaristía. María Santísima tiene que realizar su misión materna en esta admirable comunión, que se ha de potenciar siempre entre el Redentor y los redimidos. El Papa Francisco, considerando la importancia del misterio de la maternidad espiritual de María, que desde la espera del Espíritu en Pentecostés (cf. Hechos 1,14) no ha dejado jamás de cuidar maternalmente de la Iglesia, peregrina en el tiempo, ha establecido que, el lunes después de Pentecostés, la memoria de María Madre de la Iglesia sea obligatoria para toda la Iglesia de Rito Romano. Es evidente el nexo entre la vitalidad de la Iglesia de Pentecostés y la solicitud materna de María hacia ella. En los textos de la Misa y del Oficio, el texto de Hechos 1, 12-14 ilumina la celebración litúrgica, como también Génesis 3, 9-15.20, leído a la luz de la tipología de la nueva Eva, constituida «Mater omnium viventium» junto a la cruz del Hijo, Redentor del mundo. Esperamos que esta celebración, extendida a toda la Iglesia, recuerde a todos los discípulos de Cristo que, si queremos crecer y llenarnos del amor de Dios, es necesario fundamentar nuestra vida en tres realidades: la Cruz, la Hostia y la Virgen–Crux, Hostia et Virgo. Estos son los tres misterios que Dios ha dado al mundo para ordenar, fecundar, santificar nuestra vida interior y para conducirnos hacia Jesucristo. Son tres misterios para contemplar en silencio (R. Sarah, La fuerza del silencio, n. 57). Robert Card. Sarah Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

    Solemnidad de Pentecostés

    Play Episode Listen Later May 24, 2026


    Pentecostés - Ciclo A Jn 20,19-23 20,19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20,20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 20,21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!,Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». 20,22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. 20,23 Los pecados serán perdonados, a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos, a los que ustedes se los retengan». Hoy la Iglesia celebra la Solemnidad de Pentecostés, en la cual se conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, a los cincuenta días después de la Resurrección de Cristo. La venida del Espíritu Santo, Solemnidad de Pentecostés, es una de las grandes fiestas para la Iglesia Católica, debido a que en este día, el Espíritu Santo vino sobre la Iglesia de una forma muy especial, trayendo una esperanza renovada y fuerza para el anuncio del Evangelio. «Espíritu Santo, fuente inagotable de todo lo que existe, hoy quiero darte gracias. Gracias ante todo por la vida, porque respiro, me muevo, siento cosas, mi cuerpo funciona, mi corazón late. Hay vida en mí. Gracias porque a través de mi piel y mis sentidos puedo tomar contacto con los seres que has creado. Porque el aire roza mi piel, siento el calor y el frío, percibo el contacto con las cosas que toco. Gracias porque mi pequeño mundo está repleto de pequeñas maravillas que no alcanzo a descubrir. La Promesa del Espíritu Santo Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17). Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26). Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,… muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,… y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14). En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés. Explicación de la fiesta: Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban. Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal. Oración al Espíritu Santo Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; envía Señor tu Espíritu Creador y se renovará la faz de la tierra. OH Dios, que quisiste ilustrar los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos de tu consuelo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Tomado de MisionerosDigitales.com

    «Tú, sígueme»

    Play Episode Listen Later May 23, 2026


    Sábado de la 7ª semana de Pascua Jn 21,20-25 21,20 Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». 21,21 Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?». 21,22 Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme». 21,23 Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «Él no morirá», sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?». 21,24 Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. 21,25 Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

    ¿Me amas?

    Play Episode Listen Later May 22, 2026


    Viernes de la 7ª semana de Pascua Jn 21,15-19 21,15 Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». 21,16 Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». 21,17 Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. 21,18 Te aseguro, que cuando eras joven, tú mismo te vestías, e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará, y te llevará a donde no quieras». 21,19 De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

    El Espíritu Santo es unión con Dios

    Play Episode Listen Later May 21, 2026


    Jueves de la 7ª semana de Pascua Jn 17,1.20-26 17,1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, 17,20 No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. 17,21 Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea, que tú me enviaste. 17,22 Yo les he dado la gloria, que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno 17,23 -yo en ellos y tú en mí-, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca, que tú me has enviado, y que los has amado a ellos, como me amaste a mí. 17,24 Padre, quiero que los que tú me diste, estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas, antes de la creación del mundo. 17,25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron, que tú me enviaste. 17,26 Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste, esté en ellos, y yo también esté en ellos».

    No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal

    Play Episode Listen Later May 20, 2026


    Miércoles de la 7ª semana de Pascua Jn 17,1.11-19 17,1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, 17,11 Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuídalos en tu Nombre,-el Nombre que tú me diste-, para que sean uno, como nosotros. 17,12 Mientras estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre,-el Nombre que tú me diste-, yo los protegía, y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. 17,13 Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos, y su gozo sea perfecto. 17,14 Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17,15 No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. 17,16 Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17,17 Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. 17,18 Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. 17,19 Por ellos me consagro, para que también ellos, sean consagrados en la verdad.

    Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, Jesucristo

    Play Episode Listen Later May 19, 2026


    Martes de la 7ª semana de Pascua Jn 17,1-11 17,1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, 17,2 ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna, a todos los que tú le has dado. 17,3 Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. 17,4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra, que me encomendaste. 17,5 Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo, antes que el mundo existiera. 17,6 Manifesté tu Nombre, a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. 17,7 Ahora saben, que todo lo que me has dado viene de ti, 17,8 porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente, que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 17,9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. 17,10 Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. 17,11 Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuídalos en tu Nombre,-el Nombre que tú me diste-, para que sean uno, como nosotros.

    Tened valor, yo he vencido al mundo

    Play Episode Listen Later May 18, 2026


    Lunes de la 7ª semana de Pascua Jn 16,29-33 16,29 Sus discípulos le dijeron: «Por fin hablas claro y sin parábolas. 16,30 Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios». 16,31 Jesús les respondió: «¿Ahora creen? 16,32 Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 16,33 Les digo esto, para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo».

    Solemnidad de la Ascensión del Señor

    Play Episode Listen Later May 17, 2026


    Ascensión del Señor (Trasladada) - Ciclo A Mt 28,16-20 28,16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. 28,17 Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. 28,18 Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. 28,19 Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 28,20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo».

    El Padre os quiere, porque vosotros me queréis y creéis

    Play Episode Listen Later May 16, 2026


    Sábado de la 6ª semana de Pascua Jn 16,23-28 16,23 Aquel día, no me harán más preguntas. Les aseguro, que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. 16,24 Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. 16,25 Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora, en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. 16,26 Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, 16,27 ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman, y han creído que yo vengo de Dios. 16,28 Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre».

    Nadie os quitará vuestra alegría

    Play Episode Listen Later May 15, 2026


    Viernes de la 6ª semana de Pascua Jn 16,20-23 16,20 Les aseguro, que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. 16,21 La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente, al ver que ha venido un hombre al mundo. 16,22 También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría, que nadie les podrá quitar. 16,23 Aquel día, no me harán más preguntas. Les aseguro, que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.

    Solemnidad de la Ascensión del Señor

    Play Episode Listen Later May 14, 2026


    Ascensión del Señor - Ciclo A Mt 28,16-20 28,16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. 28,17 Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. 28,18 Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. 28,19 Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 28,20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo». Hermanos, dice san León Magno en una homilía para esta solemnidad: «Hoy no sólo hemos sido constituidos poseedores del paraíso, sino que con Cristo hemos ascendido, mística pero realmente, a lo más alto de los cielos, y conseguido por Cristo una gracia más inefable que la que habíamos perdido».[1] La Ascensión del Señor fortalece y alienta nuestra esperanza en el cielo. Nos impulsa a levantar el corazón y a buscar las cosas de arriba. Nuestra esperanza es grande, porque Cristo mismo ha ido a prepararnos una morada. Y, como exhorta san Agustín, «hoy nuestro Señor Jesucristo subió al cielo; suba también con Él nuestro corazón».[2] El Señor está en el cielo con su cuerpo glorificado. Nunca dejó de estar junto al Padre; pero ahora su humanidad santísima, glorificada, está sentada a su derecha. Y está allí llevando en su cuerpo las señales de su sacrificio: las huellas de los clavos, las marcas de la Pasión, las heridas de su amor. Esas llagas hablan de redención y claman por la salvación del mundo. Por eso santo Tomás enseña que la Ascensión de Cristo es causa de nuestra salvación, porque nos abrió el camino para subir al cielo.[3] Cristo, que entregó su vida por cada uno de nosotros, nos espera en el cielo. Por eso puede decir san Pablo que nuestra ciudadanía está en los cielos (cf. Flp 3, 20). Seguimos caminando en esta tierra, en medio de dificultades, sufrimientos, dolores e incomprensiones; pero también avanzamos con alegría, con serenidad y con esperanza, porque sabemos que somos amados por Dios y que nuestra patria definitiva no está aquí. Y si alguna vez la perspectiva del cielo se nos oscurece, o si el corazón se nos llena de tristeza, conviene acudir a María, como lo hicieron los apóstoles después de la Ascensión. Ellos perseveraban en la oración junto con la Madre de Jesús (cf. Hch 1, 14). En esa espera aprendieron a comprender mejor lo que el Señor estaba realizando y a dejarse llenar por la esperanza. La contemplación de Cristo glorioso transformó a los apóstoles. Lo que antes les producía temor se convirtió en gozo. Entendieron que las promesas del Señor se cumplirían con toda certeza. Aquel que había caminado con ellos, que les había hablado, corregido y consolado, estaba ahora en el cielo, vivo, glorioso, escuchando sus oraciones y aguardándolos. De ahí nacieron su valentía, su fortaleza y su audacia. Ya no tenían el corazón puesto en las cosas pasajeras de este mundo. Su deseo más hondo era volver a ver a Jesucristo, volver a encontrarse con su Señor. También nosotros, al celebrar esta fiesta, hemos de pedir la gracia de elevar el corazón al cielo y de desprender nuestros deseos de lo que pasa. Entonces podremos afrontar las pruebas y también las alegrías de esta vida con una esperanza nueva, porque sabemos que el Señor nos prepara un lugar y que nada de lo vivido por amor a Él se pierde. Qué grande es ser cristiano. Qué inmensa esperanza nos ha sido dada. Pase lo que pase, en lo bueno y en lo malo, todo puede ser vivido con sentido, todo puede ser ofrecido, todo puede ser soportado, si al final de este camino es Jesús quien nos espera ______ 1. San León Magno, Sermón 73 (sobre la Ascensión del Señor), 4. 2. San Agustín, Sermón 263, 1. 3. Santo Tomás de Aquino, Suma de Teología, III, q. 57, a. 6, corpus.

    El Espíritu de la Verdad os guiará

    Play Episode Listen Later May 13, 2026


    Miércoles de la 6ª semana de Pascua Jn 16,12-15 16,12 Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. 16,13 Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído, y les anunciará lo que irá sucediendo. 16,14 Él me glorificará, porque recibirá de lo mío, y se lo anunciará a ustedes. 16,15 Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío, y se lo anunciará a ustedes'.

    El Espíritu Santo y la presencia de Cristo

    Play Episode Listen Later May 12, 2026


    Martes de la 6ª semana de Pascua Jn 16,5-11 16,5 Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?'. 16,6 Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. 16,7 Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré. 16,8 Y cuando él venga, probará al mundo, dónde está el pecado, dónde está la justicia, y cuál es el juicio. 16,9 El pecado está en no haber creído en mí. 16,10 La justicia, en que yo me voy al Padre, y ustedes ya no me verán. 16,11 Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo, ya ha sido condenado.

    Las virtudes y dones del Espíritu Santo

    Play Episode Listen Later May 11, 2026


    Lunes de la 6ª semana de Pascua Jn 15,26-16,4 15,26 Cuando venga el Paráclito, que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. 15,27 Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. 16,1 Les he dicho esto para que no se escandalicen. 16,2 Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora, en que los mismos que les den muerte, pensarán que tributan culto a Dios. 16,3 Y los tratarán así, porque no han conocido ni al Padre ni a mí. 16,4 Les he advertido esto, para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho. No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes.

    La Esperanza del cielo

    Play Episode Listen Later May 10, 2026


    VI Domingo de Pascua - Ciclo A Jn 14,15-21 14,15 Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. 14,16 Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes: 14,17 el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. 14,18 No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. 14,19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. 14,20 Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. 14,21 El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él». En estos días que van de la Pascua a la Ascensión, la liturgia de la Iglesia nos invita a poner los ojos y el corazón en el cielo, que es nuestra patria definitiva. Como dice san Agustín, «nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».[1] Y esta llamada se vuelve más apremiante a medida que se acerca el momento en que el Señor sube al Padre con su humanidad gloriosa. El Hijo nunca ha dejado de estar con el Padre, pero ahora entra en su gloria también como hombre, abriéndonos el camino. Jesús había prometido a sus discípulos que, dentro de poco, el mundo ya no lo vería, pero ellos sí lo verían, y que se manifestaría a los suyos (cf. Jn 14, 19-21). Esa promesa se cumple y sigue cumpliéndose. Su presencia junto a los suyos no se interrumpe con la Ascensión. Por su Pasión y por su muerte nos ha preparado un lugar en la casa del Padre, donde hay muchas moradas (cf. Jn 14, 2). Y hacia esa casa caminamos ya desde ahora. Santo Tomás enseña que la Ascensión de Cristo es causa de nuestra salvación porque «por la Ascensión nuestras almas se elevan hacia Él».[2] Por eso dice el Señor: «Vendré de nuevo y los llevaré conmigo, para que donde yo estoy estén también ustedes» (cf. Jn 14, 3). Los apóstoles estaban tristes. Habían comenzado a experimentar su propia fragilidad, y la predicción de las negaciones de Pedro les mostraba hasta qué punto era débil su amor. Sin embargo, Jesús no los deja encerrados en esa tristeza, sino que los consuela con la esperanza del cielo. Esta venida del Señor incluye, ciertamente, su retorno glorioso al fin de los tiempos, cuando la historia llegue a su consumación. Pero también se refiere al encuentro que cada alma tendrá con Cristo al término de su vida. La muerte será, en definitiva, eso: el encuentro con Él. Será el momento en que nos lleve a la plenitud de la gloria, al encuentro del Padre celestial, que es también nuestro Padre, en ese lugar que Jesucristo mismo nos ha preparado. Y, sin embargo, aquel a quien esperamos encontrar entonces no está lejos de nosotros ahora. Está presente en el alma por la gracia santificante. En la oración se dialoga con Él no como con alguien ausente, sino como con quien habita dentro de nosotros. «Yo estoy en ustedes» (cf. Jn 14, 20). Santo Tomás, al hablar de la inhabitación divina, afirma que Dios habita en la criatura racional «como en su templo», y que el Espíritu Santo «mora en el hombre en el mismo don de la gracia santificante».[3] De ese trato habitual con Jesús nace el deseo de encontrarse con Él plenamente. Si se quiere llegar a amar de verdad ese encuentro, hay que aprender a tratar con Cristo cada día. Así la fe va suavizando la dureza con que muchas veces se mira la muerte. Se la teme porque suele pensarse en ella solo como separación de las cosas de este mundo, y no como encuentro con Aquel a quien se ama. Pero cuando hay trato perseverante con Jesús en la oración, la muerte empieza a aparecer bajo otra luz: ya no solo como ruptura, sino como paso; no solo como pérdida, sino como puerta abierta al encuentro definitivo con Él. El amor a Cristo cambia por completo el sentido de ese momento final. Será el momento de encontrarse con Aquel a quien se ha buscado, amado y servido. Por eso pensar en el cielo, pensar en las cosas de arriba, pensar en Jesús, ayuda a vivir con mayor libertad frente a los bienes de este mundo. No son malos, pero no son el fin último. Hay que usarlos rectamente, sin dejar que el corazón quede atado a ellos. Es muy agradable a Dios que se fomente esta esperanza. No se trata de una expectativa humana, como la de que las cosas salgan bien. Se trata de la esperanza teologal, que tiene a Dios por objeto. Es la esperanza de estar con Él. Santo Tomás la define diciendo que su objeto es «un bien futuro, arduo, pero posible de alcanzar», y que, en su forma más alta, esa esperanza se apoya en la ayuda divina y tiende a Dios mismo.[4] Por eso está íntimamente unida a la fe y al amor: si se cree en Cristo y se lo ama, se espera también estar con Él para siempre. ¡Cuánto se necesita esta esperanza en la hora de la tentación, en la tribulación, en el sufrimiento! Allí la esperanza cristiana sostiene el alma y le da fortaleza para perseverar. La meditación del cielo, del término hacia el cual caminamos y al que Jesús se nos ha adelantado, ha de movernos a una mayor generosidad en la lucha diaria. Vale la pena luchar por el cielo. Vale la pena ser fieles. Vale la pena perseverar, porque el Señor ha preparado una morada para quienes viven y combaten por Él en esta vida. Pensar en ese encuentro definitivo de amor al que hemos sido llamados ayuda a vivir vigilantes, perseverantes y magnánimos; ayuda a cuidar las cosas grandes y las pequeñas, procurando que todo quede hecho por amor de Dios. Así el alma permanece dispuesta para encontrarse con el Señor cuando Él quiera. Y si fuera pronto, mejor. ______ [1] San Agustín, Confesiones, I, 1 [2] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q. 57, a. 6, corpus. [3] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 43, a. 3, corpus. [4] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 17, a. 1, corpus; con remisión a I-II, q. 40, a. 1.

    El odio del mundo

    Play Episode Listen Later May 9, 2026


    Sábado de la 5ª semana de Pascua Jn 15,18-21 15,18 Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. 15,19 Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. 15,20 Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. 15,21 Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió. Evangelio según San Juan 15, 18-21 «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a Mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como vosotros no sois del mundo –porque Yo os he entresacado del mundo– el mundo os odia. Acordaos de esta palabra que os dije: No es el siervo más grande que su Señor. Si me persiguieron a Mí, también os perseguirán a vosotros; si observaron mi palabra, observarán también la vuestra. Pero os harán todo esto a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

    La amistad es dar la vida

    Play Episode Listen Later May 8, 2026


    Viernes de la 5ª semana de Pascua Jn 15,12-17 15,12 Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. 15,13 No hay amor más grande, que dar la vida por los amigos. 15,14 Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15,15 Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer, todo lo que oí de mi Padre. 15,16 No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. 15,17 Lo que yo les mando, es que se amen los unos a los otros.

    Amor a Dios y mandamientos

    Play Episode Listen Later May 7, 2026


    Jueves de la 5ª semana de Pascua Jn 15,9-11 15,9 Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 15,10 Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 15,11 Les he dicho esto, para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

    La Gracia y la Vida Eterna

    Play Episode Listen Later May 6, 2026


    Miércoles de la 5ª semana de Pascua Jn 15,1-8 15,1 Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. 15,2 Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. 15,3 Ustedes ya están limpios, por la palabra que yo les anuncié. 15,4 Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto, si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. 15,5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. 15,6 Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. 15,7 Si ustedes permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y lo obtendrán. 15,8 La gloria de mi Padre consiste, en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos. El Señor se presenta hoy con una imagen de gran hondura espiritual: Él es la vid verdadera, y nosotros, los sarmientos (cf. Jn 15, 1.5). Con esta comparación, nos enseña que la vida cristiana no consiste simplemente en una pertenencia exterior, sino en estar verdaderamente unidos a Él, recibiendo de su plenitud la vida misma de Dios. Como explica san Agustín, el sarmiento no le aporta vida a la vid, sino que la recibe de ella; separado de la raíz, no puede vivir.[1] Ya en las Escrituras, el pueblo elegido había sido comparado con una viña. Se esperaba de ella buen fruto, pero muchas veces respondió con ingratitud e infidelidad. Ahora, en cambio, Cristo da a esta imagen un sentido nuevo y definitivo: Él mismo es la vid verdadera que comunica su savia a los sarmientos. Esa savia es la gracia, la vida divina que brota de Cristo y llega a los miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia. Santo Tomás enseña que la gracia es «una participación de la naturaleza divina», y que por eso supera toda capacidad de la pura naturaleza creada.[2] Separados de Cristo no podemos dar fruto alguno (cf. Jn 15, 5). Sin esa vida que viene de Él, el alma se seca. Toda fecundidad sobrenatural nace de esta unión viva con el Señor. San Agustín lo dice con gran fuerza al comentar este pasaje: el Señor no dijo «sin mí podéis hacer poco», sino «sin mí no podéis hacer nada».[1] Y esa vida tiene un precio inmenso: Cristo la ha querido para nosotros hasta derramar por ella toda su sangre. Todo lo que el Señor ha dicho y hecho, sus palabras, sus milagros, su entrega, nos introduce en esta vida nueva. Nos enseña cómo nace en el alma, cómo crece, cómo puede perderse y cómo puede ser recuperada por la misericordia de Dios. Por eso dice también: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Permanecer en Cristo es vivir unidos a su amor. La gracia no nos convierte en simples adherentes ni en miembros externos de una institución. Nos hace partícipes de la vida de Dios. En este sentido, santo Tomás afirma que lo principal de la Ley Nueva es precisamente «la gracia del Espíritu Santo», dada a los que creen en Cristo.[3] En el bautismo, el hombre es transformado en lo más profundo de su ser. Comienza en él una vida nueva. Se convierte en hijo de Dios, hermano de Cristo, miembro vivo de la Iglesia. No se trata de un cambio superficial, sino de un verdadero nacimiento sobrenatural. Santo Tomás llama al bautismo «regeneración espiritual», porque por este sacramento el hombre recibe una vida nueva.[4] Por eso san León Magno exhorta: «Cristiano, reconoce tu dignidad», y añade que hemos llegado a ser «partícipes de la naturaleza divina»; de ahí que no debamos volver, por una vida indigna, a la antigua miseria.[5] Y esta vida que recibimos no es pasajera. Es vida eterna. Si no se la pierde por el pecado mortal, permanece en el alma para siempre. La muerte ya no tiene dominio definitivo sobre quien vive de esta vida, porque aun muriendo, vivirá (cf. Jn 11, 25). Está llamado a morar un día para siempre en el cielo. Cristo quiere comunicar a los suyos aquello que Él posee en plenitud: la vida eterna. Por eso san Juan puede decir: «Os escribo esto para que sepáis que tenéis vida eterna» (1 Jn 5, 13). No perdamos, entonces, por el pecado, un don tan grande. Antes bien, conservemos esta vida divina con vigilancia, gratitud y fidelidad, hasta el día en que podamos ver al Señor cara a cara. ___ [1] San Agustín, In Ioannis Evangelium Tractatus 81, 1–3. [2] Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, I-II, q. 112, a. 1. [3] Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, I-II, q. 106, a. 1. [4] Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, III, q. 69, a. 1. [5] San León Magno, Sermón 21, 3.

    El saludo cristiano

    Play Episode Listen Later May 5, 2026


    Martes de la 5ª semana de Pascua Jn 14,27-31 14,27 Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! 14,28 Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. 14,29 Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. 14,30 Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, 14,31 pero es necesario que el mundo sepa, que yo amo al Padre, y obro como él me ha ordenado. Levántense, salgamos de aquí. El Señor, en la intimidad de la última cena, dejó a sus discípulos una de sus promesas más consoladoras: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo» (cf. Jn 14, 27). Y añadió también: «En el mundo tendrán tribulación, pero confíen: yo he vencido al mundo». No se trata, por tanto, de una paz superficial o meramente exterior, sino de un don que brota de su victoria y de su unión con el Padre. Después de la resurrección, cuando Jesús se presenta ante los suyos, sus primeras palabras son precisamente un saludo de paz: «La paz sea con ustedes» (Jn 20, 19). Ese saludo no es una fórmula vacía. En él se disipan los temores, se cura la vergüenza de la traición, y se restaura la amistad. Cristo no reprocha; ofrece su paz. Y con ella, recrea el vínculo con sus discípulos. En el mundo bíblico, desear la paz era el modo habitual de saludo. No era una simple cortesía, sino una invocación cargada de sentido espiritual. Los apóstoles continuaron esta práctica, como vemos en sus cartas, y la Iglesia la ha conservado en su liturgia. Antes de la comunión, por ejemplo, el sacerdote desea a los fieles la paz del Señor, como disposición para participar dignamente en la Eucaristía. A lo largo de los siglos, los cristianos supieron impregnar sus saludos de un profundo sentido sobrenatural. No eran meras palabras, sino expresiones de fe, signos visibles de un corazón vuelto hacia Dios. Sin embargo, en nuestro tiempo, ese sentido cristiano se ha ido debilitando. Las fórmulas habituales han perdido, en gran medida, su referencia a Dios. Por eso, conviene recuperar —con sencillez y sin afectación— el valor espiritual del saludo. No se trata de adoptar fórmulas extrañas, sino de redescubrir que también en los gestos cotidianos puede manifestarse la fe. Un saludo puede ser ocasión para elevar el alma, para reconocer en el otro a un hermano, para invocar sobre él la bendición de Dios. No siempre resulta fácil. A veces pesa la costumbre; otras, cierta vergüenza. Pero esa vergüenza no debería tener lugar en quien sabe que está del lado de Cristo, vencedor del mundo. Si vivimos con mayor conciencia de la presencia de Dios —esa certeza de que Él está siempre con nosotros—, nuestro trato con los demás se verá naturalmente transformado. Decía san Gregorio Nacianceno que debería avergonzarnos prescindir del saludo de paz que el Señor nos dejó. Y, en efecto, cada encuentro humano puede convertirse en una ocasión de gracia. Somos hermanos en la fe, bautizados en una misma agua, redimidos por un mismo Señor, llamados a participar de una misma mesa. El Evangelio nos ofrece una imagen elocuente: cuando María saluda a Isabel, el niño salta de alegría en su seno (cf. Lc 1, 44). Ese sobresalto de gozo revela la fuerza espiritual que puede contener un simple saludo cuando nace de un corazón lleno de Dios. Cuántas veces una palabra amable, una sonrisa sincera, un gesto de cercanía pueden disipar la oscuridad de la soledad, del sufrimiento o de la tentación. No subestimemos el bien que puede hacer un saludo auténticamente cristiano. Puede ser, para quien lo recibe, un rayo de luz en medio de la oscuridad. Que el Señor nos conceda vivir con esa paz que Él nos da, y saber comunicarla también en lo pequeño, en lo cotidiano, en el encuentro sencillo con los demás.

    Somos Templo de Dios

    Play Episode Listen Later May 4, 2026


    Lunes de la 5ª semana de Pascua Jn 14,21-26 14,21 El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él». 14,22 Judas -no el Iscariote- le dijo: «Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?». 14,23 Jesús le respondió: «El que me ama, será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él, y habitaremos en él. 14,24 El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. 14,25 Yo les digo estas cosas, mientras permanezco con ustedes. 14,26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo, y les recordará lo que les he dicho.

    Donde Jesús está sus discipulos quieren estar

    Play Episode Listen Later May 3, 2026


    5° Domingo de Pascua - Ciclo A Jn 14,1-12 14,1 «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. 14,2 En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. 14,3 Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. 14,4 Ya conocen el camino del lugar adonde voy». 14,5 Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?». 14,6 Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. 14,7 Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto». 14,8 Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». 14,9 Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?,El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: 'Muéstranos al Padre'? 14,10 ¿No crees, que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?,Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. 14,11 Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. 14,12 Les aseguro, que el que cree en mí, hará también las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. V Domingo de Pascua – Ciclo A Evangelio según san Juan 14 , 1-12 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy". Entonces Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". Le dijo Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le replicó: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre".

    San Atanasio, Obispo y Doctor

    Play Episode Listen Later May 2, 2026


    San Atanasio Mt 10,22-25 10,22 Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. 10,23 Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre. 10,24 El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. 10,25 Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa! Evangelio según San Mateo 10, 22-25 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, ese será salvo. Cuando os persiguieren en una ciudad, huid a otra. En verdad, os digo, no acabaréis (de predicar en) las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre”. “El discípulo no es mejor que su maestro, ni el siervo mejor que su amo. Basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo ser como su amo. Si al dueño de casa llamaron Beelzebul, ¿Cuánto más a los de su casa? *** San Atanasio Martirologio Romano: San Atanasio, Obispo y Doctor de la Iglesia, el cual, preclaro por su santidad y doctrina, en Alejandría de Egipto defendió con valentía la fe católica desde el tiempo del emperador Constantino hasta Valente, por lo cual tuvo que soportar numerosas asechanzas por parte de los arrianos y ser desterrado en varias ocasiones. Finalmente, regresó a la Iglesia que se le había confiado, donde, después de haber luchado y sufrido mucho con heroica paciencia, descansó en la paz de Cristo en el cuadragésimo sexto aniversario de su ordenación episcopal († 373).

    Fiesta de San José Obrero

    Play Episode Listen Later May 1, 2026


    San José Obrero Mt 13,54-58 13,54 y, al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en su sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. «¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? 13,55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? 13,56 ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?». 13,57 Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia». 13,58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente. San José, Obrero Martirologio Romano: San José Obrero, el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en el día de hoy, en que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo. La fiesta de San José Obrero La fiesta de San José Obrero fue establecida oficialmente por Pío XII el Primero de mayo de 1955 para ayudar a los trabajadores a no perder el sentido cristiano del trabajo. Precedentemente, (el 8 de diciembre de 1870), Pío IX ya había reconocido de alguna manera la importancia de San José como trabajador cuando lo proclamó Patrono de la Iglesia universal (Hace más de150 años). Pío XII quiso también que el Custodio de la Sagrada Familia "sea, para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para la tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo". El principio del trabajo como medio de salvación eterna fue también retomado por Juan Pablo II en su Encíclica Laborem Exercens, en la que lo llamó "el Evangelio del trabajo". Oración a San José Obrero Oh glorioso Patriarca San José, humilde y justo obrero de Nazaret, que has hado a todos los cristianos, pero especialmente a nosotros, el ejemplo de una vida perfecta vivida en el trabajo constante y en la admirable unión con María y Jesús, asístenos en nuestro trabajo diario, a fin de que también nosotros, obreros católicos, podamos encontrar en él el medio eficaz de glorificar al Señor, de santificarnos y de ser útiles a la sociedad en la que vivimos, ideales supremos de todas nuestras acciones. Alcánzanos de Nuestro Señor, ¡oh amadísimo protector nuestro!, humildad y sencillez de corazón, amor al trabajo y compasión y benevolencia hacia nuestros compañeros de labor, conformidad a la divina voluntad en las penas inevitables de esta vida y alegría para soportarlas, conciencia de nuestra misión social particular y sentido de nuestra responsabilidad, espíritu de disciplina y de oración, docilidad y respeto hacia nuestros superiores, fraternidad hacia los iguales y caridad e indulgencia con nuestros subordinados. Acompáñanos en los momentos prósperos, cuando todo nos invita a gustar honestamente de los frutos de nuestras fatigas; pero sostennos en las horas tristes, cuando parezca que el cielo se cierra sobre nosotros e incluso los instrumentos de trabajo parecen rebelarse en nuestras manos. Haz que, a imitación tuya, siempre tengamos la mirada fija en nuestra Madre María, tu dulcísima esposa, que, en un rincón de tu modesto taller, hilaba silenciosamente, mostrando en sus labios la más suave y gentil de las sonrisas; haz también que no alejemos la mirada de Jesús, que se afanaba contigo en tu taller de capintería, a fin de que podamos llevar sobre la tierra una vida pacífica y santa, preludio de aquella otra vida eternamente feliz que nos espera en el cielo, por los siglos de los siglos. Así sea. Oración escrita por el Papa Pío XII en 1958. .

    Amor con obras

    Play Episode Listen Later Apr 30, 2026


    Jueves de la 4ª semana de Pascua Jn 3,16-21 3,16 Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 3,17 Porque Dios no envió a su Hijo, para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 3,18 El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído, en el nombre del Hijo único de Dios. 3,19 En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron, las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 3,20 Todo el que obra mal, odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. 3,21 En cambio, el que obra conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto, que sus obras han sido hechas en Dios». Evangelio según San Juan 3, 16-21 Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo por Él sea salvo. Quien cree en, Él, no es juzgado, mas quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Y éste es el juicio: que la luz ha venido al mundo, y los hombres han amado más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo el que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. Al contrario, el que pone en práctica la verdad, viene a la luz, para que se vea que sus obras están hechas en Dios.

    El que oye a Jesús oye a Dios

    Play Episode Listen Later Apr 29, 2026


    Miércoles de la 4ª semana de Pascua Jn 12,44-50 12,44 Jesús exclamó: «El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. 12,45 Y el que me ve, ve al que me envió. 12,46 Yo soy la luz, y he venido al mundo, para que todo el que crea en mí, no permanezca en las tinieblas. 12,47 Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 12,48 El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado, es la que lo juzgará en el último día. 12,49 Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado, me ordenó lo que debía decir y anunciar; 12,50 y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó». Evangelio según san Juan 12, 44-50 Y Jesús clamó diciendo: “El que cree en Mí, no cree en Mí, sino en Aquel que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo la luz, he venido al mundo para que todo el que cree en Mí no quede en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y nos las observa, Yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo. El que me rechaza y no acepta mi palabra, va tiene quien lo juzgará: la palabra que Yo he hablado, ella será la que lo condenará, en el último día. Porque Yo no he hablado por Mí mismo, sino que el Padre, que me envió, me prescribió lo que debo decir y enseñar; y sé que su precepto es vida eterna. Lo que Yo digo, pues, lo digo como el Padre me lo ha dicho”.

    Creemos en Jesús por el simple hecho de que Él lo ha dicho

    Play Episode Listen Later Apr 28, 2026


    Martes de la 4ª semana de Pascua Jn 10,22-30 10,22 Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, 10,23 y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. 10,24 Los judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente». 10,25 Jesús les respondió: «Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre, dan testimonio de mí, 10,26 pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. 10,27 Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 10,28 Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mis manos. 10,29 Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatar nada, de las manos de mi Padre. 10,30 El Padre y yo somos una sola cosa». Evangelio según San Juan 10, 22-30 Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente". Jesús les respondió: "Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno".

    Yo soy la Puerta de las ovejas

    Play Episode Listen Later Apr 26, 2026


    IV Domingo de Pascua - Ciclo A Jn 10,1-10 10,1 «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante. 10,2 El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. 10,3 El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. 10,4 Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. 10,5 Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz». 10,6 Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. 10,7 Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro, que yo soy la puerta de las ovejas. 10,8 Todos aquellos que han venido antes de mí, son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. 10,9 Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. 10,10 El ladrón no viene, sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido, para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia. IV Domingo de Pascua – Ciclo A Evangelio según san Juan 10, 1-10 En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños". Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

    Preparación para la Comunión Eucarística

    Play Episode Listen Later Apr 24, 2026


    Viernes de la 3ª semana de Pascua Mt 22,1-14 22,1 Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: 22,2 «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. 22,3 Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. 22,4 De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'. 22,5 Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; 22,6 y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. 22,7 Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. 22,8 Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. 22,9 Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'. 22,10 Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. 22,11 Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 22,12 'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio. 22,13 Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. 22,14 Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos».

    No acusemos pecados ajenos sin estar arrepentidos de los nuestros

    Play Episode Listen Later Mar 23, 2026 5:15


    (Juan 8, 1-11) «Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella»

    «Este es mi Hijo, escúchenlo»

    Play Episode Listen Later Mar 1, 2026 8:43


    (Mateo 17, 1-9) Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».

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