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Vivamos este tiempo de Navidad acogiendo la gracia que Dios nos concede porque en medio de nosotros está Aquel que merece todo reconocimiento, gloria y honor.
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS Todo en María proviene de ser Madre de Dios: su santidad, su unión única a la redención y su maternidad espiritual. Ella nos ama como hijos en la gracia y nos conduce a vivir del mismo amor que la hizo santa.
La Encarnación elimina toda distancia y excusa: Dios se hizo Hombre, nos mostró su gloria, se hizo semejante a nosotros para que pudiéramos seguir su camino con su ayuda.
Servir a Dios cuando nadie mira ni reconoce es signo de verdadera santidad. Hacer el bien por amor a Dios, con humildad y discreción, confiando en que Él lo ve todo.
El Espíritu Santo guía a Jesús hacia nosotros y nos guía a nosotros hacia Jesús.
FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ, CICLO A No te resignes a cualquier amor; vuelve la mirada al plan de Dios. El verdadero amor se refleja en la Sagrada Familia, con María y José, donde Jesús es el centro, la unión, la roca.
FIESTA DE SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA La Virgen María, en los Evangelios, particularmente en el de san Juan, es la Mujer y la Intercesora, aquella que abre camino a la gracia en nuestras vidas con suavidad y poder.
FIESTA DE SAN ESTABAN, PROTOMÁRTIR La Navidad no es solo una fiesta, es un llamado a un amor radical que puede llegar al martirio. San Esteban y los mártires de todos los tiempos nos recuerdan que ser cristiano tiene un precio.
SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Jesús viene para rescatarnos del pecado y la confusión, y esta es nuestra gran alegría. Él nos llama a todos a dejar las idolatrías y caminar hacia Belén, donde están el Amor, la gracia y la paz.
En Jesús se encuentra la misericordia que consuela y a la vez la fuerza que libera: Él es tan cercano y tierno, y a la vez poderoso para vencer el pecado y devolvernos la libertad.
Necesitamos el silencio para escuchar a Dios y dejar nacer su voz en nuestro corazón. Solo desde el silencio nuestras palabras se vuelven verdaderas, profundas y capaces de tocar los corazones.
Siguiendo el ejemplo de Santa María, el cristiano vive agradecido por los dones recibidos, humilde al reconocerse creatura y pecador, y en constante alabanza, dando a Dios la gloria que le corresponde.
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO A El Mesías viene desde la eternidad, se humilló por amor para ganar tu corazón. Vino a buscarte para liberarte del pecado y darte vida nueva.
Las anunciaciones traen esperanza al mostrar que Dios está cerca y actuando. También revelan su respeto por nuestra inteligencia y voluntad, invitándonos a responder con un “sí”.
Incluso quienes viven bien y siguen a Dios pueden cargar heridas que afectan su fe. Revisa tu vida porque tus heridas pueden llegar a ser el gran obstáculo para acoger las promesas de Dios.
La anunciación a San José revela su relación única con Jesús como padre virginal. Así como Cristo llega a la pureza de Santa María, también es un regalo del amor de Dios a la pureza de San José y a su amor por la Virgen.
La genealogía de Jesús nos recuerda las etapas esenciales de la historia de la salvación para mostrarnos que Él es el cumplimiento de las promesas.
El pobre de Yahvé pone a Dios primero y reconoce que lo terrenal pasa y puede engañar. Lo mismo el Adviento, que nos llama a vivir sin apegos y a confiar únicamente en el Señor.
Si no entendemos lo que es el arrepentimiento, lo que es poner a Dios en primer lugar, nunca podremos comprender quien es Jesús, lo que Él hace, de dónde vienen su poder, sus palabras y sus obras.
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO A El auténtico Adviento nace cuando encendemos de nuevo el deseo profundo por el Mesías y recuperamos el hambre por Él. Solo al reavivar ese anhelo interior podemos entregarlo todo por Jesús y vivir su presencia.
Elías y Juan Bautista defendieron los derechos y la gloria debida a Dios; también hoy el Señor nos habla por nuevos “Elías” para ser sensibles a su llamado y volver a Él con arrepentimiento y conversión.
FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE Recibimos a María con humildad, piedad, caridad y discipulado; con un corazón sencillo y hambriento de la verdad divina, seguimos el camino de San Juan Diego para que la Virgen nos lleve a la gloria de Cristo.
Juan Bautista es libre de los poderes del mundo y centrado solo en Cristo; su vida invita a revisar qué nos ata y a vivir un Adviento con un corazón verdaderamente libre y totalmente entregado a Jesús.
Reconocer el cansancio nos recuerda que no somos infinitos ni debemos controlarlo todo; se vale cansarse para ser reales y humildes ante Dios, no como excusa para la pereza, sino para vivir auténticamente en Cristo.
Dios nos invita a reconocernos pequeños y a pedir su abrazo, para recibir su consuelo y amor; al abrirnos a su corazón de Padre, aprendemos también a abrir nuestro corazón de hijos.
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA María Santísima nos enseña a empezar el Adviento libres del pecado y disponibles para Dios, y nos recuerda que la perseverancia y la fidelidad siempre valen la pena porque culminan en el abrazo amoroso de Jesús.
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO A La penitencia y la conversión son necesarias porque el pecado nos vuelve sordos a la voz de Dios, y solo al abandonar el camino del pecado podemos romper su poder y volver al plan del Señor para nosotros.
La fe crece cuando se experimenta personalmente el amor de Dios al ser perdonado, enseñado, sanado o liberado; pues estas vivencias despiertan la confianza que sostiene la obediencia y la esperanza.
Descubro que estoy espiritualmente ciego si: recuerdo que alguna vez tuve una fe viva; descubro en otros tienen algo que yo no tengo; o al reconocer mis constantes tropiezos.
Las palabras de Jesús son la expresión plena y perfecta de la voluntad del Padre; por su unión consustancial, seguir el camino de Cristo y hacer la voluntad del Padre es lo mismo.
MEMORIA DE SAN FRANCISCO JAVIER, PRESBÍTERO El llamado a ir más allá de los propios límites incluye reconocer a los excluidos. Así actuó San Francisco Javier, movido por la preocupación de que muchos no conocieran a Cristo ni el Evangelio que salva.
La esencia del Mesías es su unción: Dios lo elige y lo capacita de modo incomparable. Con esa fuerza divina, Cristo transforma, libera y vence, y por eso en Adviento esperamos al Ungido.
El Adviento recuerda que Cristo cumple plenamente las promesas de Dios y todo lo anunciado en el Antiguo Testamento. Es un tiempo para renovar la esperanza y retomar la búsqueda de Cristo con confianza.
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO A El mundo anhela que haya sensatez, paz y diálogo; pero el cristiano vive una esperanza activa que siembra auténtico bien y construye una realidad que trasciende este mundo.
El cristiano debe mantenerse alerta, pero no confiar en sus propias fuerzas, sino pedir y recibir la fortaleza que proviene de unirse a Cristo, para perseverar con fidelidad en toda circunstancia.
El gran propósito del maligno es dañar tu corazón, llenarlo de rebeldía, incredulidad y soberbia frente a Dios; pero el cristiano resiste con fe, fidelidad y fortaleza interior sabiendo que Cristo reina en él.
La literatura apocalíptica bíblica no pretende darnos fechas, sino orientar la vida, mostrar la lucha entre el bien y el mal de modo que nuestra vida siga la dirección del triunfo de Cristo.
A los cristianos nos odian, persiguen y excluyen en el fondo porque nuestra vida y mensaje daña negocios sucios del imperio de las tinieblas y saca de la falsa tranquilidad al despertar conciencias.
La destrucción del templo tiene un significado dentro de la historia de la salvación porque nos advierte contra la falsa seguridad y el orgullo, y nos invita a reconocer lo esencial: la gloria de Dios y a Cristo como verdadero Templo.
La verdadera integridad es hacer el bien incluso cuando nadie te ve, confiando en que Dios sí lo mira y lo valora. Perseverar en lo correcto tiene sentido, aunque no haya reconocimiento humano.
SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO, CICLO C Nuestro Señor Jesucristo reina sirviendo y buscando el bien de los demás, a diferencia del poder mundano centrado en la propia ventaja; seguir al Señor implica imitar su humildad y servicio.
Dios no es de muertos, sino de vivos. Si seguimos al Dios que venció la muerte, tendremos vida eterna; pero si seguimos lo que está muerto, acabaremos en la muerte.
MEMORIA DE LA PRESENTACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA Desde su infancia, María Santísima vivió totalmente para Dios, diciendo siempre “sí” a Su voluntad. Ella nos invita a seguir su ejemplo, dando también nuestro sí, que pasa por la cruz pero conduce a la gloria.
El llanto de Jesús revela su amor por quienes no lo reconocen. Dios quiere habitar en nosotros y guiarnos a la paz; por eso debemos reconocer sus visitas y mirar si nuestra vida va hacia Él o se aleja de Él.
Lo que Dios nos da debe ponerse al servicio de los demás y de Su gloria. La verdadera generosidad consiste en hacer fructificar los dones o permitir que otros los aprovechen, nunca guardarlos sin propósito.
Jesús busca a quien vive en la apariencia del éxito, para liberarlo de la mentira y traer el cambio verdadero que solo Dios puede realizar en su vida.
La misericordia revela que todo en la vida es un regalo, no un mérito. Al reconocer nuestra necesidad de Dios y pedir Su ayuda, descubrimos la verdadera luz: depender de Su gracia, amor, perdón y guía.
DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C Al reconocer que Cristo es la Roca y Quien permanece, nos mantenemos firmes en la fe a pesar de las malas noticias, la confusión y el engaño. Aunque todo cambie, debemos quedarnos con Aquel que no cambia: Jesucristo.
MEMORIA DE SAN ALBERTO MAGNO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA San Alberto Magno entendió que la ciencia afianza la fe y la fe ilumina la ciencia. Puso los dones que Dios le dio al servicio de Él y de la Iglesia, siendo ejemplo de sabiduría y generosa entrega.
La oposición entre ciencia y fe es reciente y artificial; fruto de actores políticos, culturales y sociales. Dios es la fuente de la sabiduría, por ello no hay conflicto entre conocer y creer, entre ciencia y fe.