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La misión de la Iglesia y del cristiano nace del poder recibido de Dios, vivido en obediencia y humildad. Reconocer nuestra necesidad permite que Él obre a través de nosotros.
Confiar solo en nuestras fuerzas es apartar la fe de Dios y olvidar que nuestros actos afectan a otros. Pidamos al Señor vivir apoyados genuinamente en Él.
Cristo es plenamente sensible porque nuestra vida le importa profundamente. Confiados en ese amor, estamos llamados a ser sensibles al dolor de los demás y del mundo.
FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR La obediencia toma a Dios en serio, la pobreza nos une a Cristo que conoce nuestras carencias, y la consagración recuerda que hemos sido elegidos para servirle.
DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDNARIO, CICLO A Las Bienaventuranzas son el resultado del profundo aprendizaje que nos lleva a saber en Quién hay que poner la esperanza y dónde está la verdadera alegría que trasciende esta vida.
MEMORIA DE SAN JUAN BOSCO, PRESBÍTERO San Juan Bosco enseña a unir creatividad, alegría y fidelidad al Evangelio. Con paciencia y sabiduría práctica, respetó el ritmo de Dios en cada persona.
Las verdaderas soluciones no comienzan en lo externo ni en los discursos, sino en lo oculto y pequeño del corazón rendido a Dios. Allí ocurren los cambios más profundos que transforman verdaderamente la vida.
Jesús nos llama a no esconder la fe ni la obra que ha hecho en nosotros, sino a vivirla con coherencia y servicio. Al recibir su Luz, estamos llamados a compartir ese amor para que llegue a muchos más.
MEMORIA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, PRESBÍTERO Y DOCTOR DE LA IGLESIA De Santo Tomás aprendemos no solo la riqueza de su sabiduría, sino también su método: confrontar ideas, discernir la verdad y acogerla venga de donde venga.
Poner las prioridades en orden es dar el primer lugar al amor de Dios y a la vida nueva en el Espíritu. El Evangelio nos recuerda que este Amor, del cual hemos renacido, está por encima de cualquier otro.
MEMORIA DE LOS SANTOS TIMOTEO Y TITO, OBISPOS La memoria agradecida, la fidelidad a la sana doctrina y la actitud para dar buen combate por las almas y la gloria de Dios nos hacen verdaderos discípulos.
DOMINGO III DEL TIEMPO ORDNARIO, CICLO A Todos tenemos zonas oscuras en nuestra vida. Pidamos a Nuestro Señor que ilumine esas tinieblas personales, familiares y sociales con su gracia y Evangelio.
Purificar el corazón permite vivir la sexualidad con respeto, superando la cosificación y promoviendo la auténtica amistad y el amor.
Vencemos el rencor y la venganza cuando reconocemos la dignidad del otro como imagen de Dios: al volver a conectar a las personas con Dios, los sentimientos se ordenan y la venganza pierde fuerza.
La verdadera amistad se funda en el amor a Dios, se sostiene en el respeto a la dignidad del otro y busca siempre su bien, incluso cuando exige decir verdades difíciles.
Repasar nuestra historia nos permite reconocer la acción de Dios y aprender de lo que Él ya ha hecho en nosotros, encontrando luz para el futuro.
Nuestras decisiones deben pasar por una mirada educada y un corazón humilde de discípulos, buscando con sinceridad la voluntad de Dios para elegir correctamente.
Aprendamos lo que significa amar y servir, comprendiendo que la verdadera obediencia es obedecer a la Verdad y al Amor, es decir, a quien más nos ama: Dios, nuestro Señor.
DOMINGO II DEL TIEMPO ORDNARIO, CICLO A El poder del sacrificio de Cristo y de su sangre es capaz de liberar y rescatar mi vida de la esclavitud del pecado. Jesús es quien me trae la verdadera libertad.
Cristo ofrece esperanza a quien reconoce su pecado y su necesidad de cambio. Solo desde esa humildad se acoge el Evangelio y se encuentra la verdadera felicidad.
Nuestros amigos influyen en lo que somos y en el rumbo de nuestro futuro. Estamos llamados a guiarnos mutuamente hacia el bien, para que Dios sea glorificado en nuestras amistades.
Cristo, Santo y cercano, nos atrae con su bondad y nos llama a la perfección sin dejar de comprender nuestras fragilidades. Él, siendo Dios y Hombre, se muestra grande y a la vez compasivo y cercano.
El amor de Jesús sana y restaura integralmente, devolviendo dignidad y vida. Es un amor universal, eficaz y en movimiento, que transforma y nos impulsa a crecer buscando siempre el bien.
Necesitamos líderes con autoridad nacida de la coherencia, la verdad, la sabiduría, la fortaleza y la generosidad, capaces de conducir de nuevo a Dios los corazones que se han alejado del Evangelio.
Jesucristo no solo hace el bien, sino que nos llama a compartirlo. Cuando no damos testimonio, detenemos su difusión; por eso, es tiempo de recibir el bien y comunicarlo a los demás.
FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR, CICLO A Para llevar una vida conforme al Evangelio, una vida digna de él, necesitamos la gracia del Espíritu Santo: ser transformados por su acción y ungidos por su presencia.
Es necesario orar antes de hacer el bien porque la oración purifica la intención, sostiene más allá de las propias fuerzas y nos coloca en la mirada de Dios, que ve más allá de lo inmediato.
El Espíritu Santo da testimonio enseñando desde el interior. El Espíritu transforma el corazón al inscribir la ley de Dios en él, haciéndolo un verdadero cristiano.
El verdadero amor al prójimo tiene su fundamento en Dios, pues cada persona es creación e imagen Suya. Amar al otro es desear que la victoria del Señor también se realice en su vida.
Hay dos formas de temor: uno que es mundano, que solo teme al castigo; y el otro, el santo temor de Dios, que nace del amor y la gratitud y ordena la vida y las acciones para agradar a Dios y no ofenderlo.
El conocimiento profundo de Dios nace de tener la experiencia de Su la bondad y Su poder que nos lleva a vivir con Él, en Él y de Él.
Examinemos nuestro corazón y pidamos permanecer firmes en la fe verdadera. Recuerda que si niegas la Encarnación haces parte de la batalla contra Cristo.
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Los Sabios de Oriente trascendieron y encontraron a Jesús, en Quien se cumplen todos los trascendentales: la verdad, el bien, la unidad, el ser y la belleza. Quien busca ir más allá, encuentra a Cristo.
Dios nos dio a Cristo, el Cordero ofrecido en sacrificio. Vuelve a Jesús en esta Navidad para que Su sangre no sea inútil al llevar una vida de vicios y pecado, sino fuente de salvación.
Vivamos este tiempo de Navidad acogiendo la gracia que Dios nos concede porque en medio de nosotros está Aquel que merece todo reconocimiento, gloria y honor.
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS Todo en María proviene de ser Madre de Dios: su santidad, su unión única a la redención y su maternidad espiritual. Ella nos ama como hijos en la gracia y nos conduce a vivir del mismo amor que la hizo santa.
La Encarnación elimina toda distancia y excusa: Dios se hizo Hombre, nos mostró su gloria, se hizo semejante a nosotros para que pudiéramos seguir su camino con su ayuda.
Servir a Dios cuando nadie mira ni reconoce es signo de verdadera santidad. Hacer el bien por amor a Dios, con humildad y discreción, confiando en que Él lo ve todo.
El Espíritu Santo guía a Jesús hacia nosotros y nos guía a nosotros hacia Jesús.
FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ, CICLO A No te resignes a cualquier amor; vuelve la mirada al plan de Dios. El verdadero amor se refleja en la Sagrada Familia, con María y José, donde Jesús es el centro, la unión, la roca.
FIESTA DE SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA La Virgen María, en los Evangelios, particularmente en el de san Juan, es la Mujer y la Intercesora, aquella que abre camino a la gracia en nuestras vidas con suavidad y poder.
FIESTA DE SAN ESTABAN, PROTOMÁRTIR La Navidad no es solo una fiesta, es un llamado a un amor radical que puede llegar al martirio. San Esteban y los mártires de todos los tiempos nos recuerdan que ser cristiano tiene un precio.
SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Jesús viene para rescatarnos del pecado y la confusión, y esta es nuestra gran alegría. Él nos llama a todos a dejar las idolatrías y caminar hacia Belén, donde están el Amor, la gracia y la paz.
En Jesús se encuentra la misericordia que consuela y a la vez la fuerza que libera: Él es tan cercano y tierno, y a la vez poderoso para vencer el pecado y devolvernos la libertad.
Necesitamos el silencio para escuchar a Dios y dejar nacer su voz en nuestro corazón. Solo desde el silencio nuestras palabras se vuelven verdaderas, profundas y capaces de tocar los corazones.
Siguiendo el ejemplo de Santa María, el cristiano vive agradecido por los dones recibidos, humilde al reconocerse creatura y pecador, y en constante alabanza, dando a Dios la gloria que le corresponde.
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO A El Mesías viene desde la eternidad, se humilló por amor para ganar tu corazón. Vino a buscarte para liberarte del pecado y darte vida nueva.
Las anunciaciones traen esperanza al mostrar que Dios está cerca y actuando. También revelan su respeto por nuestra inteligencia y voluntad, invitándonos a responder con un “sí”.
Incluso quienes viven bien y siguen a Dios pueden cargar heridas que afectan su fe. Revisa tu vida porque tus heridas pueden llegar a ser el gran obstáculo para acoger las promesas de Dios.
La anunciación a San José revela su relación única con Jesús como padre virginal. Así como Cristo llega a la pureza de Santa María, también es un regalo del amor de Dios a la pureza de San José y a su amor por la Virgen.