Reflexiones prácticas para una vida funcional

Siempre me ha llamado la atención caminar por la calle y ver a los que conocemos como “perros callejeros”. Sé que para algunos esto puede sonar duro, pero en muchos lugares la realidad es evidente: hay gente irresponsable que abandona perros en la calle. Algunos son rescatados a tiempo, otros desafortunadamente mueren, y otros logran sobrevivir deambulando por las calles.

En una ocasión compré un pequeño kit de desatornilladores. La persona que me lo vendió me dijo que eran muy exclusivos, diseñados para tornillos raros, especiales, poco comunes. Me pareció interesante, así que lo compré.

En una temporada de mi vida viví en una zona semidesértica. Algunos, en tono de broma, le decían “la tierra de la tierra”, porque había polvo, resequedad y mucho terreno abierto. La propiedad era grande, y de alguna forma había que delimitarla para evitar la intrusión de personas o animales.

Escuché la historia de un grupo de niños que como premio fueron llevados a conocer la playa. Llegaron de noche. No sabían exactamente dónde estaban. Solo sabían que era un viaje especial. Los hospedaron en un hotel con vista al mar… aunque ellos aún no lo sabían.A la mañana siguiente, uno de los pequeños despertó, se acercó a la ventana… y se encontró con algo completamente nuevo. Agua. Muchísima agua. Hasta donde alcanzaba la vista. No tenía referencia. No sabía lo que estaba viendo.

Hay una clase de árboles a los que les llaman “caminantes”.Son árboles costeros, conocidos como mangle rojo.Y aunque parezca increíble… con el tiempo pueden moverse.No es un cambio brusco. No es de un día para otro.

Estaba admirando unos árboles y flores que no son comunes en mi país. Eran diferentes, llamativas, realmente hermosas. Un amigo que vive en esa zona se acerco y me dijo: “Hay cosas que son solo para admirarse”.Y me habló de una en particular. Una flor que le gusta ir a ver al campo, precisamente por su belleza. No la corta. No intenta llevársela. Hace el recorrido solo para verla ahí, en su lugar.

Una persona me contó que una vez iba caminando en el campo.De pronto, al pasar debajo de un árbol, sintió un golpe fuerte en la cabeza.Inmediatamente sintió cómo algo le escurría… en gran cantidad.Se llevó la mano a la cabeza… y sintió líquido. En ese momento pensó lo peor: “Estoy sangrando… ¿qué me pasó?… ¿qué hago?… ¿a dónde voy?, me voy a desangrar”

Hace un tiempo, mi esposa y yo visitamos a unos amigos en una ciudad de playa.Íbamos con una idea muy clara en mente: ver una puesta de sol espectacular.De esas que pintan el cielo de naranja, rosa y dorado.De esas que parecen sacadas de una postal.El primer día… el cielo se nubló.“Bueno”, dijimos, “mañana será mejor”.

Si alguna vez has prendido una fogata o preparado carbón para una carne asada, sabes que hay un pequeño secreto: soplar.Cuando el carbón apenas está encendiendo, un poco de aire ayuda a que la brasa respire. Soplas suavemente… y la llama aparece.

¿Has notado lo fácil que es acostumbrarte al clima?Cuando te mudas a una ciudad nueva, al principio todo te parece extremo: mucho calor, mucho frío, mucha humedad. Pero con el tiempo, tu cuerpo se adapta. Hasta que vuelves a viajar… y entonces recuerdas lo diferente que era.

Estábamos en un convivio familiar, de esos con ruido de platos, risas de fondo y niños corriendo por todos lados. En un momento de descanso me acerqué al pequeño hijo de uno de mis sobrinos —un chiquitín de apenas tres años— y caminamos juntos hacia una fuente que había en el jardín.

Todos hemos pasado por eso.Caminas tranquilo por casa, distraído, quizá pensando en otra cosa… y de pronto —¡zas!— te golpeas el dedo pequeño del pie con la esquina de un mueble.No hay aviso, no hay defensa posible. Solo un dolor punzante, breve pero intenso, que logra lo que pocas cosas consiguen: ¡captar toda tu atención!

Por años se ha creído —y en una versión moderna se intenta imponer— la idea de que la ciencia y la fe están en conflicto. Que hay que elegir entre creer en Dios o confiar en la razón, entre tener fe o aceptar la evidencia. Pero en realidad, no es así. Sirva este episodio para verlo desde otra perspectiva.

En casa tenemos una mascota.Se supone que es mía, aunque, siendo sinceros, mi esposa es quien más la atiende, le da de comer y se preocupa por su bienestar. Llegó a nosotros de una forma interesante. Una noche de lluvia, al regresar a casa, lo encontramos ahí, justo en la puerta. Pequeño, callado, pensé que buscaba refugio.

Salí a correr un día como parte de mi entrenamiento. Era un circuito largo, de varios kilómetros, y esa mañana todo parecía fluir bien. Llevaba un ritmo constante, respiraba sin esfuerzo, mis piernas respondían y mi mente iba enfocada. Esa sensación de ir bien, de sentirte ligero y avanzar sin detenerte, es difícil de describir.

En más de una ocasión me ha pasado algo curioso en un restaurante. Tal vez a ti también: pides una limonada y el mesero pregunta si la quieres con agua natural o con agua mineral. Lo que quizá no recordamos es que muchas de esas bebidas no se endulzan directamente con azúcar, sino con un jarabe: azúcar previamente disuelta en agua caliente.

¿Alguna vez pensaste en lo genial que es la bicicleta?De verdad… es uno de los inventos más simples y más brillantes que tenemos. Dos ruedas, un par de pedales, y listo: puedes ir mucho más rápido que caminando. No necesita gasolina ni grandes motores, pero potencia lo que ya tenemos: nuestras piernas, nuestro equilibrio, nuestra capacidad de movernos.

Escuché la historia de una mujer cuya infancia estuvo marcada por la pérdida y la necesidad. Cuando era pequeña, su madre murió, y su padre, abrumado o indiferente, prácticamente se olvidó de ella y de su hermano menor. En medio de esa situación precaria, ella tomó una decisión admirable: quería que su hermano tuviera una oportunidad. Así que, siendo apenas una niña dos años mayor que él, lo inscribió en la escuela y se aseguró de que asistiera cada día.

Caminando por la calle, observé a un hombre que avanzaba con dificultad. Su cuerpo y sus piernas estaban torcidos, cada paso parecía un reto, pero seguía caminando. Lo llamativo no era solo su andar, sino que arrastraba detrás de sí un cajón de plástico amarrado con una cuerda. El cajón no tenía ruedas y se notaba el esfuerzo que le costaba moverlo. Dentro llevaba algunas pocas pertenencias.

Hace poco escuché una de esas canciones de desamor que ponen en palabras lo que muchos sienten y no saben expresar. Había una frase que me atrapó: “¿Qué hago con todo lo que no te di, con lo que no te entregué?” El cantante no hablaba de regalos costosos, sino de lo más simple y valioso: atención, cariño, amor que nunca expresó. Y pensé: ese vacío no solo lo sienten quienes pierden una relación; también lo vivimos en otras áreas de la vida. Lo que no damos, termina pesando.

En mi ciudad hay unas instalaciones deportivas a las que voy de vez en cuando para correr. Un día, al entrar al baño, noté algo fuera de lo común. Mientras me lavaba las manos, todo el lugar estaba impregnado de un fuerte olor a perfume. No era el típico desodorante ambiental que suelen poner en espacios públicos; era perfume de hombre recién aplicado, intenso y persistente, imposible no notarlo.

Estamos rodeados de cosas, sucesos, fenómenos, acciones, personas SENCILLAMENTE GRANDIOSAS en este episodio quiero animarte a pensar en algunas de ellas y valorarlas, piensa en una lista o en algo en particular que sea “sencillamente grandioso”, no te adelantes te daré 30 segundos reales para que lo pienses, no me voy sigo aquí, no te vayas sigue aquí. Piensa ¿qué cosas hay en tu vida que son sencillamente grandiosas? Corre tiempo

En algunos poblados cerca de Carrara, Italia, hay algo que llama la atención de quienes caminan por sus calles. Hay zonas donde, las banquetas están delimitadas por guarniciones hechas… ¡de mármol! Sí, ese material que en muchas partes del mundo se considera lujoso, exclusivo y costoso, ahí es parte del paisaje cotidiano. Se usa como simple contención, como si fuera concreto común.

Si alguna vez has trabajado o prestado atención en un restaurante, sabrás que hay muchos tipos de personal involucrado en que tengas una buena experiencia. Al entrar, los más visibles y elegantes suelen ser las anfitrionas, también llamadas "hostess". Ellas te reciben con una sonrisa, te preguntan cuántos son, y te acompañan hasta una mesa disponible. Su labor es crear una buena primera impresión.

Hace años, un famoso cantante brasileño escribió una canción con un deseo peculiar: quería tener "un millón de amigos". La canción se volvió famosa en toda Latinoamérica, cantada con alegría en fiestas y reuniones. Sonaba como un sueño bonito, casi imposible. ¿Quién puede tener un millón de amigos?

Haz la prueba. En tu próxima reunión de amigos o amigas, saca el tema de las cicatrices. No tardará en encenderse la conversación. Verás lo que sucede: uno recordará cómo se cayó de la bicicleta, otra contará con nostalgia cómo fue su primera cirugía, alguien más relatará una pelea, una operación o una caída accidental. Las cicatrices activan historias. Algunas se cuentan con orgullo, otras con vergüenza, algunas con humor y otras con un nudo en la garganta.

Teléfonos inteligentes, autos, computadoras… todos ellos salen de fábrica listos para cumplir su función. Tienen todo lo necesario desde el inicio. Pero vivimos en un mundo que adora los accesorios: fundas, protectores, apps extra, gadgets, cobertores, adaptadores. Una industria multimillonaria gira en torno a lo que le puedes agregar a lo que ya era funcional.

Para mí, la cebolla es uno de los vegetales más misteriosos que existen. Todos tenemos alguna experiencia con ella en una sopa, en una carne asada con los amigos, en una hamburguesa o lo más lejos que se pueda. Hay quienes la aman y la comen en cualquier forma: cruda, cocida, asada. Otros no la soportan ni aunque se las sirvan con los ojos cerrados. Tiene esa dualidad extraña: tan cotidiana, pero tan polarizante.

Cuando era niño, mi padre solía llevarnos en vacaciones a un pequeño poblado entre las montañas, donde él mismo vivió su niñez. Era un lugar sencillo, rodeado de naturaleza, con un aire limpio y una sensación de libertad difícil de explicar. Lo más imponente del paisaje era una montaña lejana llamada El Fraile. Mis hermanos mayores, siempre curiosos, soñaban con alcanzarla.

Tengo un amigo que me está ayudando a entrenar para una carrera de larga distancia. Sería un gusto enorme poder correr con él, compartir las rutas y aprender de su experiencia en persona. Pero hay un pequeño detalle: vivimos a más de 4,000 kilómetros de distancia. Así que toda nuestra relación de entrenamiento ocurre por mensajes de texto.

Hace poco nos reencontramos con una pareja de amigos a quienes no veíamos desde hacía más de cinco años. Fue un encuentro lleno de risas, recuerdos y largas conversaciones. Hablamos de la familia, del trabajo, de los cambios en nuestras vidas y también de los sueños que aún están en proceso. En medio de una charla, surgió el tema de la Torre de Pisa.

Hace poco mi esposa y yo visitamos a una increíble pareja de amigos, que tiene una panadería y cafetería muy querida e influyente en su comunidad. Llegamos a las 9 de la mañana, sintiéndonos tempraneros, el olor del pan recién hecho se colaba por todas partes. Era imposible no sentirse atraído por las vitrinas repletas de croissants brillantes, bollos rellenos, las solicitadas chapatas, y los deliciosos pastelillos mil hojas, Una fiesta para los sentidos en la gran variedad de mas de veinte diferentes tipos de pan

Hace un tiempo, una amiga decidió hacer un experimento. Se propuso pasar un día entero enfocándose únicamente en lo bueno que tenía en su vida, sin quejarse de nada. Lo llamaba "El reto de la gratitud."

Hace unos años, tenía una computadora vieja que me había acompañado por mucho tiempo. Conocía exactamente cómo funcionaba, dónde estaban los programas, cómo manejar su lentitud y hasta cómo solucionar sus fallos. En varias ocasiones un amigo se ofreció a repararla y funcionaba por unas semanas y volvía a fallar.

Desde pequeños nos enseñan a ser amables, a decir "sí" cuando alguien nos pide ayuda, a evitar conflictos. Crecemos creyendo que aceptar todo nos hace mejores personas. Pero con el tiempo, descubrimos que decir "sí" siempre, sin límites, puede costarnos demasiado.

Hace algunos años, tuve una conversación con un amigo que estaba pasando por un momento difícil. Nos sentamos en una cafetería, y aunque normalmente hablábamos sin parar, esa vez fue distinto.

A lo largo de la historia, los seres humanos hemos demostrado una increíble capacidad para domesticar la naturaleza. Descubrimos cómo encender y controlar el fuego, canalizamos el poder de los ríos para generar energía, logramos dominar la electricidad y domesticar animales salvajes hasta convertirlos en compañeros de hogar.

Si lo pensamos bien, casi todos creemos que somos los mejores conductores. Nosotros respetamos los señalamientos, somos prudentes, atentos, responsables. Pero cuando otro conductor se nos cruza sin poner su direccional, lo etiquetamos como imprudente. Si un coche va lento en nuestro camino, pensamos que no sabe manejar.

Todos seguimos rutinas, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Nos despertamos a la misma hora, seguimos los mismos caminos, hacemos las mismas tareas. La repetición puede parecer aburrida, pero en realidad, tiene un propósito.

La vida no está diseñada para el aislamiento. Dios nos creó para vivir en comunidad, para servir, para compartir el peso de la existencia. Pero eso requiere esfuerzo: requiere mirar más allá de nuestra rutina, más allá de nuestro círculo cercano.No se trata de cambiar el mundo en un solo día, pero sí de empezar con pequeñas acciones. Conocer el nombre del vecino. Preguntar cómo están los que nos rodean. Detenernos en lugar de pasar de largo. La vida se enriquece cuando dejamos de vivirla solo para nosotros mismos

No necesitas fingir para ser aceptado. No necesitas cambiar para que Dios te ame. Su amor tiene el poder de cambiarte para bien.Así que deja de ocultarte. Descansa en la certeza de que ya eres amado, ya eres visto, Cristo es suficiente.

Ese día, mientras el sol se alzaba en el horizonte, contuve aspire el aire fresco de la mañana y simplemente agradecí. Porque la vida no es perfecta, pero sigue siendo un regalo. Porque a pesar de los problemas, Dios sigue enviando luz después de cada noche oscura.Nunca dejemos de ver lo cotidiano como milagroso.

Iba manejando por la ciudad cuando un espectacular captó mi atención. Estaba justo al lado de una funeraria y decía en letras grandes: "Maneja con precaución, no queremos verte pronto aquí."DEBIDO A QUE NADIE TIENE GARANTIZADOS LOS DÍAS, NADIE DEBERÍA DERROCHARLOS

En las ruinas es mejor buscar esperanza que buscar culpables

Las dificultades nos presionan al aislamiento, en estos casos debemos deliberadamente buscar la seguridad del grupo

Las dinámicas inevitables le dan contención a lo agradable

Nuestra libertad debería ser usada principalmente para escoger lo que nos conviene

Somos un poco genios, pero solo tomamos de lo que Dios ha dispuesto para ello

El tiempo y la práctica hacen que dejemos de percibir las incomodidades y los riesgos de nuestros hábitos

Las personas y las circunstancias son instrumentos para hacernos más funcionales

Somos el efecto de una causa no causada