Alimento espiritual todas las mañanas desde lunes a viernes.

Vivimos en una época en la que casi todo parece tener un precio, pero existen realidades que ninguna fortuna puede adquirir. A partir del Salmo 49 y otros pasajes de las Escrituras, este devocional revela los límites del poder del dinero: puede ofrecer comodidades y mejores condiciones de vida, pero jamás puede comprar el perdón, redimir el alma, reconciliarnos con Dios ni concedernos la vida eterna. Descubra por qué ningún esfuerzo, buena obra o recurso humano puede pagar nuestra deuda espiritual, y cómo Jesucristo hizo por nosotros lo que jamás habríamos podido hacer, rescatándonos no con oro ni plata, sino con su preciosa sangre. Permita que esta enseñanza le ayude a reconocer dónde está su verdadero tesoro y a depositar toda su confianza en la gracia de Dios.

El corazón humano siempre deposita su confianza en alguien o en algo. A partir del Salmo 49 y otros pasajes de las Escrituras, este devocional nos invita a examinar aquello que nos hace sentir seguros: el dinero, el trabajo, las propiedades, el reconocimiento o nuestros propios recursos. Descubra por qué las riquezas pueden ofrecer comodidad, pero nunca redimir la vida, vencer la muerte ni ocupar el lugar que solo le pertenece a Dios. Permita que esta enseñanza confronte los ídolos ocultos del corazón y fortalezca su decisión de construir la vida sobre la fidelidad, la provisión y el poder del Señor.

El Dios que abrió caminos, sostuvo a su pueblo, derrotó enemigos y manifestó su poder a través de las generaciones sigue siendo el mismo hoy. En este Viernes de Oración, el pastor Carlos Ríos nos invita a acercarnos con confianza a la presencia de Dios y a presentar delante de Él nuestras necesidades, familias, proyectos, salud y finanzas. Permita que este devocional renueve sus fuerzas y le recuerde que no camina solo, porque Dios conoce su nombre, pelea sus batallas, guarda sus pasos y continúa realizando milagros en la vida de quienes ponen su esperanza en Él.

La fe no se hereda automáticamente; se transmite por medio del ejemplo, la enseñanza y el testimonio diario. A partir del Salmo 44, el Salmo 78, el Salmo 105 y el libro de Jueces, este devocional nos confronta con una pregunta profunda: ¿qué conocerán nuestros hijos acerca de Dios por medio de nuestra vida? Descubra por qué una generación puede crecer rodeada de información religiosa y, aun así, no conocer realmente al Señor. Permita que esta reflexión fortalezca su compromiso de formar un legado espiritual que permanezca en su familia por generaciones.

¿Qué conocerán nuestros hijos acerca de la fidelidad de Dios por medio de nosotros? El Salmo 78 y la historia de las doce piedras en Josué 4 muestran que cada milagro, respuesta y etapa recorrida puede convertirse en un testimonio para las nuevas generaciones. Este devocional nos invita a preservar la memoria de lo que Dios ha hecho y a preparar respuestas para cuando nuestros hijos pregunten. Escúchelo y descubra cómo transformar las experiencias de su familia en un legado de fe que permanezca.

La formación espiritual de los hijos no comienza en una iglesia, una escuela o una institución, sino en el hogar y desde sus primeros años. El Salmo 44 y Deuteronomio 6 nos recuerdan que la fe se transmite cuando los padres cuentan las obras de Dios, hablan de sus principios en la vida cotidiana y permiten que sus hijos vean una relación real con Él. En este devocional aprenderemos que enseñar la Palabra no consiste en convertir cada momento en un sermón, sino en aprovechar la casa, el camino, las conversaciones y las experiencias familiares para mostrarles a nuestros hijos quién es Dios, cómo ha sido fiel y por qué vale la pena confiar en Él antes de que otras voces formen su corazón.

La fe de las nuevas generaciones no puede sostenerse únicamente en tradiciones, nombres o instituciones; necesita conocer las obras que Dios ha realizado en la historia de su familia. El Salmo 44 nos recuerda la importancia de contar a nuestros hijos y nietos cómo el Señor nos ha guiado, sostenido, librado y acompañado a lo largo del camino. En este devocional aprenderemos que recordar la fidelidad de Dios fortalece nuestra esperanza en el presente y deja un legado espiritual que ayudará a las próximas generaciones a creer y permanecer cerca de Él.

Hoy es Viernes de Oración Maná, un tiempo para detenernos, doblar nuestras rodillas y volver el corazón completamente a Dios. La verdadera fuerza del creyente no nace de sus capacidades, sino de su comunión diaria con el Padre. En este devocional aprenderemos que una cultura de rodillas transforma vidas, fortalece familias y nos enseña a depender completamente del Señor. Acompáñanos a orar, a presentar nuestras cargas delante de Dios y a permitir que su presencia renueve nuestra fe, nuestra esperanza y nuestras fuerzas para enfrentar cada día.

Las grandes obras de Dios nunca comenzaron delante de una multitud; comenzaron en el lugar secreto. Antes de que Moisés levantara la vara, Elías hiciera descender fuego del cielo, Daniel sobreviviera al foso de los leones o los apóstoles transformaran el mundo, hubo una vida de oración constante y una comunión profunda con Dios. Este devocional nos recuerda que el verdadero poder espiritual no nace del talento, la estrategia o los recursos humanos, sino de un corazón rendido que aprende a permanecer de rodillas delante del Señor. Las rodillas que se doblan en lo secreto son las que Dios usa para cambiar la historia.

El Salmo 95 nos hace una invitación poderosa: “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor”. La verdadera adoración no comienza con una canción, sino con un corazón rendido. Una cultura de rodillas no es una práctica religiosa, sino un estilo de vida que reconoce la absoluta soberanía de Dios. Daniel no esperó la crisis para aprender a orar; ya había formado el hábito de buscar a Dios cada día. Este devocional nos desafía a construir una vida de oración constante, donde la dependencia del Señor sea nuestra mayor fortaleza y no una reacción ante las dificultades.

El Salmo 95 nos invita a adorar a Dios con un corazón rendido: “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor”. En una cultura donde cada vez cuesta más rendirse ante alguien, este devocional nos recuerda que arrodillarnos delante de Dios no es un acto de religiosidad, sino una expresión de reverencia, humildad y reconocimiento de su absoluta grandeza. La verdadera adoración comienza cuando el corazón se rinde completamente ante Él.

Los Salmos 95 y 100 nos invitan a entrar en la presencia de Dios con alabanza, gratitud y adoración. Adorar no es solo cantar, es acercarnos con un corazón humilde, reconocer quién es Dios y rendir nuestra vida delante de Él. La verdadera adoración transforma el corazón, ordena nuestras prioridades y nos lleva a vivir como pueblo suyo.

En este Viernes de Oración Maná madrugamos para buscar el rostro de Dios y comenzar el día en Su presencia. Antes de enfrentar nuestras responsabilidades, nos detenemos para rendir nuestro corazón al Señor, presentar nuestras peticiones, agradecer por Su fidelidad e interceder por nuestra familia, la Iglesia y las necesidades de quienes nos rodean.La oración nos fortalece, renueva nuestra esperanza y nos recuerda que cada nuevo día está bajo el cuidado de Dios. Al acercarnos a Él con fe, encontramos dirección, paz y la gracia necesaria para vivir conforme a Su voluntad. Que esta madrugada sea un tiempo para escuchar Su voz, confiar plenamente en Sus promesas y caminar guiados por el Espíritu Santo, sabiendo que quienes buscan al Señor hallan en Él la fortaleza para cada jornada.

El cuarto grupo del Salmo 107 nos muestra a quienes navegan en medio de muchas aguas, enfrentando tormentas que superan toda capacidad humana. Dios no solo calma la tempestad, también guía al puerto deseado: un lugar de restauración, descanso, dirección y renovación para continuar el propósito. Cristo es ese puerto seguro, el camino para los perdidos, el libertador de los cautivos, el sanador de los enfermos y el Señor que trae paz en medio de toda tormenta.

El cuarto grupo del Salmo 107 nos muestra a hombres en altamar, sacudidos por una tormenta que no pueden controlar. Esta imagen revela una vida sin ancla, dominada por el miedo, la inseguridad, las emociones y las circunstancias cambiantes. El salmo nos recuerda que el ser humano no tiene control absoluto sobre la vida y que toda seguridad fuera de Dios puede derrumbarse. Solo Cristo es el ancla firme del alma, la verdadera estabilidad en medio de cualquier tormenta.

El tercer grupo del Salmo 107 clama a Dios desde la enfermedad y la aflicción, pero la respuesta divina sorprende: “Envió su palabra y los sanó”. Dios no comienza transformando las circunstancias; comienza transformando el corazón y la mente. La verdadera enfermedad del ser humano no siempre es física, sino espiritual, porque toda conducta pecaminosa nace primero de una mentira que reemplazó la verdad de Dios. Por eso la verdadera sanidad comienza cuando la Palabra de Dios reemplaza las mentiras que han gobernado nuestra vida durante años. En este devocional descubriremos que Cristo no vino solamente a aliviar síntomas, sino a restaurar completamente al hombre, librándolo de la ruina y conduciéndolo a una vida nueva por medio de Su verdad.

El tercer grupo del Salmo 107 presenta a personas consumidas por la enfermedad, el sufrimiento y la pérdida de toda esperanza. Sin embargo, la Escritura revela que su condición no apareció por casualidad, sino como consecuencia de un camino de rebelión y de apartarse del consejo de Dios. En este devocional reflexionamos sobre cómo muchas de las enfermedades espirituales, emocionales e incluso muchas de las crisis que vivimos comienzan cuando ignoramos los principios establecidos por nuestro Creador. El pecado no solo extravía o esclaviza; también enferma el alma y termina afectando toda la vida. Dios no desea nuestra destrucción, sino que comprendamos el origen de nuestra condición para llevarnos al verdadero camino de restauración. Mañana veremos la maravillosa respuesta de Dios para quienes claman a Él en medio de su enfermedad y aflicción.

Cuando las noticias traen incertidumbre y el dolor toca a las naciones, la oración sigue siendo una respuesta de fe. En este Devocional Maná en vivo tendremos un viernes de oración, clamando por el mundo y dedicando un tiempo especial de intercesión por Venezuela tras el reciente acontecimiento. Acompáñanos en este espacio de reflexión, esperanza y búsqueda de Dios, creyendo que Él escucha el clamor de su pueblo y obra con poder en medio de cualquier circunstancia.

El segundo grupo del Salmo 107 describe a personas que viven en prisión, bajo cadenas, aflicción y oscuridad. Su condición no comenzó con una caída repentina, sino con una rebelión progresiva contra la Palabra y el consejo de Dios. El resultado fue una vida cada vez más pesada: más esfuerzo, más trabajo, más desgaste, pero sin verdadera libertad ni respuestas. El pecado promete independencia, pero termina esclavizando. En este devocional descubrimos cómo la rebeldía endurece el corazón, debilita la voluntad y conduce a una vida de cansancio y frustración. Pero también contemplamos la extraordinaria respuesta de Dios: Él escucha el clamor de los cautivos, los libra de sus aflicciones, los saca de las tinieblas y rompe las cadenas que los mantenían presos. Cristo vino a entrar en nuestro pantano, cargar nuestras culpas y abrir las puertas de la verdadera libertad.

El Salmo 107 describe a un grupo de personas que viven en tinieblas, sombra de muerte y cadenas. Más que una prisión física, esta es una poderosa imagen de la esclavitud espiritual que produce el pecado cuando el ser humano se rebela contra Dios y rechaza su consejo. En este devocional reflexionamos sobre las cadenas invisibles que gobiernan el corazón: el orgullo, la ira, la envidia, el temor, la amargura y todo aquello que domina la vida lejos de Cristo. Descubriremos que la verdadera libertad no consiste en hacer lo que queremos, sino en ser liberados por Aquel que venció el pecado, la muerte y las tinieblas en la cruz. Dios sigue escuchando el clamor de los cautivos y tiene poder para romper toda prisión.

Muchos creen que el reposo de Dios consiste simplemente en dejar de trabajar, pero la Biblia revela algo mucho más profundo. En este devocional estudiamos el significado del Shabat, el descanso que Dios estableció desde la creación, y descubrimos cómo Jesús se presenta como el verdadero reposo para el alma cansada. Si vives agotado, acelerado o atrapado en la presión constante de producir, este mensaje te ayudará a entender que el descanso de Dios no es solo un día en el calendario, sino una invitación a confiar plenamente en Cristo y encontrar en Él la paz que el mundo no puede dar.

El Salmo 107 presenta a personas perdidas en el desierto, buscando una ciudad donde habitar. Su experiencia refleja la realidad de muchos corazones que intentan encontrar propósito, identidad y satisfacción lejos de Dios. Aunque vivimos rodeados de información, tecnología y oportunidades, el vacío del alma solo puede ser llenado por Aquel que nos creó. Este devocional nos invita a reflexionar sobre nuestra búsqueda y a descubrir que la verdadera respuesta se encuentra en Dios, quien escucha el clamor de los que le buscan y los guía al lugar donde encuentran descanso y plenitud.

Cuando Israel quiso adorar a Dios, Faraón respondió aumentando su carga de trabajo. Hoy ocurre algo similar: las ocupaciones, el cansancio y las múltiples responsabilidades buscan alejarnos de la presencia de Dios. Este devocional nos recuerda que buscar a Dios no es una pérdida de tiempo, sino una necesidad vital para vivir con propósito, sabiduría y dirección.

Un devocional que nos enseña que el reposo de Dios no es simple recuperación del cansancio, sino una decisión espiritual de parar, confiar y recordar que nuestro valor no depende de lo que producimos. En Jesús encontramos el verdadero descanso para el alma.

Un devocional que nos muestra cómo el enemigo usa la ocupación, el cansancio y las distracciones para alejarnos de la oración y de la presencia de Dios. A través de Éxodo 5, somos llamados a discernir nuestras prioridades y a entender que buscar a Dios no es pérdida de tiempo, sino una necesidad vital para vivir con propósito.

Un devocional que nos llama a revisar qué ocupa el centro de nuestra vida. A la luz del Salmo 90 y Eclesiastés, somos invitados a vivir con sabiduría, ordenar nuestras prioridades y recordar que solo Dios y su Palabra pueden darle verdadero propósito, dirección y descanso a nuestro corazón.

Un devocional que nos invita a revisar si nuestra vida está llena de ocupaciones, pero vacía de propósito. A la luz de los Salmos, somos llamados a detenernos, ordenar nuestras prioridades y vivir conforme al plan de Dios, recordando que estar ocupados no siempre significa estar haciendo la voluntad del Señor.

Un tiempo de oración para acercarnos a Dios con fe, arrepentimiento y confianza. En este Viernes de Oración Maná, somos llamados a abrir el corazón delante del Padre, entregar cargas, confesar pecados, recibir fortaleza espiritual y consagrar nuestra vida, dones y talentos al servicio del Señor.

El Salmo 89 nos muestra que Dios llamó a David cuando aún cuidaba ovejas, recordándonos que el llamado de Dios no comienza con experiencias extraordinarias, sino con corazones dispuestos. Muchas veces esperamos señales espectaculares, pero Dios suele hablar mientras somos fieles en lo cotidiano. En este devocional reflexionamos sobre cómo descubrir nuestro llamado: una carga que Dios pone en el corazón, dones y habilidades que Él mismo desarrolla, y la confirmación que llega a través de otros creyentes maduros. Dios sigue llamando personas comunes para cumplir propósitos extraordinarios. La pregunta no es si Dios habla, sino si estamos dispuestos a escuchar y obedecer. El llamado de Dios siempre nos lleva a glorificarle, servir a otros y cumplir el propósito para el cual fuimos creados.

El Salmo 89 nos recuerda que la escogencia de Dios no depende de méritos, capacidades o logros humanos, sino de Su soberanía y gracia. Dios escogió a David cuando cuidaba ovejas, llamó a Abraham cuando aún no lo buscaba, levantó a Moisés para liberar a Israel y apartó a muchos hombres y mujeres para cumplir Sus propósitos eternos. En este devocional reflexionamos sobre una verdad fundamental: no somos nosotros quienes escogemos a Dios, sino Dios quien nos llama y nos aparta para Su obra. La verdadera pregunta no es si hemos sido escogidos, sino si estamos respondiendo al llamado de Aquel que nos eligió. Conocer a Dios y descubrir el propósito para el cual nos llamó transforma por completo la manera en que vivimos, servimos y caminamos cada día.

Devocional | ¿A Quién Escoge Dios? Vivimos en una época donde la apariencia, el éxito y los recursos parecen determinar el valor de las personas. Sin embargo, Dios no mira lo que el hombre mira. En este devocional reflexionamos sobre la mentalidad de escasez y la provisión divina, recordando que Dios no escoge a quienes tienen más, sino a quienes confían en Él. A través de ejemplos bíblicos, descubrimos que la verdadera abundancia nace de una fe renovada, una mente transformada y una vida que descansa en la fidelidad de Jehová Jireh. Cuando dejamos de vivir dominados por el miedo y comenzamos a confiar en el cuidado de Dios, aprendemos que la provisión más importante no es material, sino espiritual.

Comenzamos este tiempo especial de Devocional Maná junto a toda la familia Maná, reunidos de manera presencial y virtual para buscar el corazón de Dios a través de Su Palabra. En medio de este encuentro, recordamos que cada nuevo día es una oportunidad para escuchar Su voz, renovar nuestras fuerzas y recibir dirección para caminar conforme a Su propósito.Bajo el lema "Ven y ayúdanos", reflexionamos sobre el llamado de Dios a participar activamente en Su obra, entendiendo que cada creyente tiene un papel importante dentro de Su plan. Este tiempo devocional nos invita a responder con fe, disposición y compromiso, permitiendo que el Señor nos use para impactar vidas y extender Su Reino donde Él nos ha puesto.

En este Viernes de Oración Maná somos invitados a apartarnos del ruido del mundo para entrar en la presencia de Dios. A través de la oración, el creyente reconoce su necesidad del Padre, pide la ayuda del Espíritu Santo, entrega su corazón, su familia y sus cargas, y renueva su compromiso de vivir guiado por la Palabra de Dios. Este tiempo de oración nos recuerda que Cristo vive en nosotros, que la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento y que nuestra verdadera fortaleza proviene de permanecer bajo la dirección y el gobierno del Señor.

Vivimos en una sociedad donde la imagen, la personalidad y la apariencia parecen tener más valor que el carácter. En este devocional, basado en los Salmos 15, 26 y 101, reflexionamos sobre una pregunta crucial: ¿estamos dejando la integridad como legado a las nuevas generaciones? La Palabra de Dios nos recuerda que el carácter vale más que la reputación, que la verdad vale más que la apariencia y que Dios sigue buscando hombres y mujeres íntegros. La integridad no es perfección, sino coherencia entre lo que creemos, hablamos y vivimos. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Qué clase de legado espiritual estamos dejando?

Esta semana estudiamos los Salmos 15, 26 y 101 para descubrir el valor de la integridad delante de Dios. La integridad no significa perfección, sino vivir con coherencia entre lo que creemos, hablamos y hacemos. Dios busca hombres y mujeres que amen la verdad, rechacen la hipocresía y decidan caminar en obediencia aun cuando nadie los observa. La integridad comienza en el corazón, se refleja en nuestras relaciones, decisiones y palabras, y nos permite disfrutar de una comunión más profunda con Dios. ¿Está nuestra vida reflejando el carácter de Cristo o simplemente una apariencia espiritual?

A través de las vidas de José y Daniel, este devocional muestra que la integridad no depende de las circunstancias, la presión social o la conveniencia personal. Una persona íntegra permanece fiel a Dios aun cuando nadie la observa, cuando obedecer tiene un costo y cuando hacer lo correcto implica perder privilegios o enfrentar oposición. La verdadera integridad nace de un carácter formado por la Palabra de Dios, sustentado por la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

A través de los Salmos 15, 26 y 101, este devocional nos confronta sobre la integridad del corazón. La falta de verdad, justicia y coherencia revela una confianza debilitada en Dios. Ser íntegros no significa ser perfectos, sino vivir sin doblez, permitiendo que Dios examine nuestro corazón y forme en nosotros una vida transparente delante de Él y de los demás.

En este tiempo especial de oración levantaremos un clamor por Colombia, en un momento decisivo para el futuro de la nación. En vísperas de las elecciones presidenciales del 2026, nos unimos como iglesia para interceder por el país, por sus gobernantes, por el pueblo y por las decisiones que marcarán el rumbo de las próximas generaciones. Más allá de posiciones o preferencias humanas, creemos en el poder de la oración para traer dirección, sabiduría y paz sobre Colombia, confiando en que Dios sigue teniendo el control y llamando a Su pueblo a ponerse en la brecha por la nación.

El Salmo 55 no solo revela el dolor del traicionado, también confronta el corazón del que hiere, engaña o manipula. Este devocional nos invita a examinarnos a la luz de la Palabra, reconocer nuestras fallas, arrepentirnos y permitir que Dios transforme nuestro corazón para no convertirnos en instrumentos de división, amargura o traición.

La traición duele, pero Dios no quiere que vivamos atrapados en lo que nos hicieron. Este devocional nos invita a soltar la carga, sanar el corazón y volver a confiar en el Señor, entendiendo que aun las heridas más profundas pueden convertirse en instrumentos de madurez, libertad y propósito.

El Salmo 55 nos lleva a mirar de frente las raíces de la traición: la envidia, la ambición, las heridas no sanadas y la doble vida del corazón. Este devocional nos ayuda a entender por qué muchas heridas nacen en relaciones cercanas y cómo pedirle a Dios sabiduría para discernir, sanar y no permitir que la amargura gobierne nuestras decisiones.

El Salmo 55 nos muestra una de las heridas más profundas del corazón humano: la traición de alguien cercano. No duele igual un enemigo lejano que un amigo íntimo, un familiar o alguien con quien compartimos la vida y la fe. Este devocional nos ayudará a entender cómo enfrentar el dolor de la traición sin perder la fe, aprendiendo a poner nuestras cargas delante de Dios y encontrando en Él refugio, dirección y restauración para el alma herida.

Hoy no es un en vivo más… es un llamado a unirnos en oración

A veces sentimos que estamos atrapados en un pozo de desesperación, luchando solos contra el cansancio, el dolor y la incertidumbre. Pero el Salmo 40 nos recuerda una verdad poderosa: Dios se inclina hacia quienes claman a Él. Este devocional te ayudará a entender que la espera no es abandono, y que incluso en medio del lodo cenagoso, el Señor sigue obrando en tu vida.

Dios no desperdicia tus lágrimas. Aun cuando sembramos con dolor, Él puede transformar el quebranto en fruto, restauración y gozo.

Esperar en Dios no es perder el tiempo: es permitir que Él forme el corazón, fortalezca la fe y convierta las lágrimas en fruto.

Cuando el alma se siente hundida, Dios no observa desde lejos: se acerca, escucha el clamor y nos levanta del pozo para afirmar nuestros pasos en Él.

En medio de cualquier temor, crisis o amenaza, este devocional nos invita a rendir nuestra vida a Dios, vivir bajo su voluntad y confiar en que Él guarda a los que le pertenecen.

Cuando el miedo aparece, podemos correr hacia la superstición o refugiarnos en Dios. Este devocional te invita a revisar dónde estás poniendo tu confianza y a recordar que la verdadera protección no viene de rituales, objetos o prácticas humanas, sino de vivir bajo el cuidado del Señor.

Cuando nuestra vida está bajo el cuidado de Dios, no caminamos dominados por el miedo, sino sostenidos por una promesa: el Señor guarda nuestra entrada, nuestra salida y todos nuestros caminos. Este devocional te invita a descansar en la seguridad de saber que Dios cuida, protege y sostiene a los que confían en Él.

El Salmo 91 no es un amuleto, es una invitación a vivir bajo el abrigo de Dios. En este devocional descubrirás cuáles son esos peligros espirituales que intentan destruir, desviar y hacer caer al creyente, y por qué nuestra verdadera protección está en permanecer bajo la sombra del Altísimo.