Escuche cada día la opinión de Francisco Marhuenda en el podcast del director de La Razón.

A estas alturas ya no me imagino a Sánchez y su familia mezclándose con la plebe en una playa o haciendo cola en un chiringuito. Es muy cómodo no preocuparse por las cuestiones domésticas o que te organicen las vacaciones sin pagarlas. La Moncloa cuenta con un montón de gente cuya misión es hacerle la vida muy cómoda.

El fanático sectarismo de los profesores de Derecho al servicio de La Moncloa es asombroso. Me cuesta entender ese servilismo, porque su izquierdismo no debería comportar que permanecieran impasibles ante los constantes atropellos que sufre la Constitución de manos de Sánchez.

La acertada reacción de las primeras ministras de Italia y Dinamarca ante la inmigración irregular pone de manifiesto las auténticas consecuencias internacionales del asalto marroquí a las fronteras españolas. La agresión a la soberanía nacional no es un asunto baladí que se pueda tapar con las habituales mentiras del aparato propagandístico de La Moncloa.

La televisión sanchista, con la clarividencia que le caracteriza, aseguraba que muchos de los marroquíes que invadieron Ceuta eran licenciados, diplomados y homosexuales que huían de su país. Espero sean esos 10.000, la cifra todavía sigue siendo incierta, que se quedaron.

Como era de esperar, la «invasión» de Ceuta ha dejado varios regalos, por cierto, bastante costosos para España. Tras el ridículo de Marlaska, que se ha convertido en una caricatura de sí mismo, y de la Comisión Europea y los ministros de Interior, el desastre se ha saldado con entre 8.000 y 11.000 inmigrantes que se han quedado en la ciudad autónoma. Es, como mínimo, el diez por ciento de la población. Los días pasan y nadie asume ninguna responsabilidad ante una vulneración orquestada de la soberanía nacional.

El sanchismo sigue instalado en su enfermiza obsesión contra Ayuso. A estas alturas es una patología inquietante, porque su perseverancia consigue el efecto contrario. Su armada mediática, encabezada por las televisiones públicas, sigue fielmente las instrucciones monclovitas. El problema es que no conocen Madrid y los madrileños. Sánchez no puede soportar las sucesivas y aplastantes victorias de su enemiga, así como el profundo menosprecio que siente hacia alguien que incumple sistemáticamente la Constitución, es un radical de izquierdas y un populista de manual.

No podemos criticar a Marruecos por chantajear a España, porque no hace más que defender sus intereses. Es lo mismo que sucedió con Gibraltar. A Sánchez no le importa otra cosa que seguir en La Moncloa. Por eso, no le preocupan las derrotas que sufrimos mientras sirvan a sus intereses. Lo de Gibraltar fue uno de los mayores despropósitos de nuestra Historia.

a izquierda ha desatado otra de sus campañas contra la presidenta madrileña con la virulencia a la que nos tiene acostumbrados. Ahora le ha tocado por un ático adquirido por una empresa pública madrileña. En ningún momento se ha dicho que fuera a ser utilizado por ella, pero ya sabemos que ático y Chamberí excita a La Moncloa y sus terminales mediáticas.

Tras la invasión de 72.000 marroquíes y 75 muertos, de momento, el irrelevante comisario de Interior y Migración, Magnus Brunner, considera que la Unión Europea ha superado la prueba, porque «no han podido acceder al espacio Schengen y la seguridad en la frontera se ha resuelto con rapidez»

Una crisis como la que se ha vivido en Ceuta hubiera provocado en cualquier empresa la destitución fulminante del presidente y su equipo directivo. En cambio, en el sanchismo no pasa nada.

Desde que Sánchez empezó a quejarse de la fachosfera y de que la derecha controlaba los medios de comunicación me llamó la atención que extendiera semejante patraña, ya que la izquierda ha siempre mayoritaria en este terreno.

Marruecos tomó buena nota de que Sánchez está siempre dispuesto a rendirse

Ha sido una decisión acertada. La elección de un buen penalista para defender a Begoña Gómez pone de manifiesto la preocupación de Sánchez. No solo no lo critico, sino que lo entiendo. Una cosa son las tertulias, las entrevistas o las comparecencias parlamentarias y otra muy distinta es afrontar un juicio con jurado.

Desde el primer momento he estado convencido de que piensa agotar la legislatura y que incluso le gustaría alargarla más allá de lo que sus antecesores no hicieron, ya que optaron por no interpretar de forma espuria la Constitución.

Cuando le escucho referirse a la ciencia para justificar las posiciones woke sobre medio ambiente o realizar afirmaciones contundentes parece que se haya graduado como ingeniero experto en incendios forestales por la Universidad de California Berkeley y que hizo un postgrado con gran brillantez en esta materia.

«Ha unido su suerte a Pedro Sánchez, y cuando caiga le arrastrará inexorablemente»

Una de las características de la izquierda es que todo lo utiliza de forma partidista. No hay más que leer los artículos, la orientación de las informaciones y escuchar las declaraciones, por ejemplo, sobre los incendios y sus causas.

He de reconocer que entender a Puente es un misterio insondable. No creo que ni siquiera sea capaz de refrenar su irresponsabilidad dialéctica.

Es cierto que puede resultar increíble, pero Diana Morant es la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades. Se trata de un producto típico del sistema meritocrático del sanchismo, ya que es la mayor pelota del líder. La única experiencia para la cartera que ocupa es que estudió una carrera universitaria y se limitó a ejercer como ingeniera en Telecomunicaciones durante tres años en una empresa privada.

No hay duda de que es una definición muy acertada de Feijóo sobre la triste realidad en que se ha convertido la sede de la presidencia del Gobierno. A pesar de los denodados esfuerzos de la izquierda política y mediática del régimen, la realidad es incuestionable.

Todo se desarrolla dentro de lo que podríamos considerar como previsible en un procedimiento tan complejo y mediático como es el que afecta a Zapatero. El escrito presentado por Julito Martínez, antes de su comparecencia ante el juez instructor, se justifica en su deseo de «colaborar y contribuir al esclarecimiento de los hechos que se investigan».

No me gusta la politización del deporte. Es algo muy antiguo, que encontramos desde la Grecia clásica y Roma, e incluso antes, hasta llegar a nuestros días. Por supuesto, ha sido muy utilizado por los regímenes totalitarios en la Edad Contemporánea. Es muy conocida la frase «pan y circo», que recogía cómo, dando alimentos y entreteniendo a la plebe, tanto los cónsules y dictadores como luego los emperadores podían controlar Roma.

«La pléyade de paniaguados del sanchismo está haciendo su agosto»

No podemos aceptar que el relato promovido por La Moncloa, lleno de mentiras y manipulaciones, cambie la realidad de la amnistía. Hasta los dirigentes de Junts se han dado cuenta de que fueron engañados. Es cierto que negociar con Sánchez siempre comporta este riesgo y la realidad es que la ley fue una chapuza de enormes dimensiones sustentada en una sucesión ininterrumpida de fraudes. La propia sentencia del Tribunal Constitucional es una de las mayores felonías de la Historia del Derecho Español. En cambio, la promulgada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) era, simplemente, previsible y no aporta nada a la fraudulenta constitucionalidad impuesta por el servil Cándido Conde-Pumpido. Los constituyentes fueron muy claros y la descartaron, porque es un instrumento jurídico que no tiene ningún sentido en una democracia.

Es normal que la comisaria política que Sánchez puso al frente de la Guardia Civil se declare inocente. Mercedes González es, sobre todo, una sanchista en primer tiempo de saludo que ha cumplido su misión al servicio del amado líder. No llegará a ministra, aunque con el nivel de mediocridad actual, salvo excepciones, no desentonaría. Es un fiel reflejo de la profesionalización de la política en el peor de los sentidos, aunque es una persona agradable de trato y no un faltón barriobajero como Puente. El aspecto más negativo es que la Guardia Civil ha regresado a los tiempos de Luis Roldán. A Sánchez le gusta rodearse de mamporreros, mediocres y zotes, alguno reúne las tres características, por lo que las consecuencias nunca pueden ser buenas. Hace no demasiado tiempo, la comisaria política se hubiera cuadrado ante el todopoderoso Cerdán, mientras que ahora se considera una víctima de la trama del exsecretario de Organización.

«El ministro Puente sigue sin aprender y se aleja cada vez más de la posibilidad de ser respetado como abogado»

Lo que Sánchez entiende como éxitos son siempre grandes fracasos para España. No me sorprende que el ministro principal de Gibraltar estuviera contento ante la humillante derrota de España. Los millonarios gibraltareños seguirán disponiendo de mano de obra española y gozarán de sus lujosas mansiones en las zonas más caras de la costa andaluza.

«La sentencia es prudente e impecable, alejada de cualquier politización»

Nunca hay que pensar que Sánchez toma una decisión sin buscar un beneficio político. La ingeniería social es el principal instrumento de la izquierda radical. Hace mucho tiempo que el PSOE dejó de ser socialdemócrata, para convertirse en una máquina de colocación. Las dos lamentables leyes de memoria expresan muy bien esta estrategia de manipulación de la sociedad por motivos estrictamente partidistas. No voy a entrar en que la «memoria» no es una fuente histórica rigurosa o eficaz.

A la servil izquierda mediática le molesta que se llame déspota o autoritario a Sánchez. Su única obsesión es atacar y menospreciar a Feijóo, el PP y sus dirigentes. Todo funciona a golpe de argumentario monclovita. No deja de ser divertido verlos pontificar en columnas o tertulias sobre aquello que desconocen. Es casi entrañable, sino fuera por la grave crisis institucional que vive nuestro país. No entiendo por qué les gusta chapotear en el lodazal, aunque estén muy bien pagados gracias al despilfarro gubernamental en los medios de comunicación afines, así como en las televisiones y radios públicas que actúan como voceras del régimen sanchista. Me gusta ser preciso y esta palabra define muy bien lo que ha organizado y está organizando el líder del PSOE. Es cierto que tenemos la suerte de vivir en la Unión Europea, por lo que su deriva autoritaria le impide seguir los pasos de golfos y corruptos como Chávez, Ortega o Castro. No es una casualidad que sea un referente para el Grupo de Puebla y otros indeseables a lo largo del planeta. Por supuesto, la brigada sincronizada se enfada cuando le criticamos e incluso considera que cosificamos a su amado líder.

Al margen de las desesperadas actuaciones del aparato propagandístico al servicio de La Moncloa, la realidad es que la intensidad de la corrupción está desbordando cualquier previsión. Es un auténtico tsunami con efectos devastadores. La tragedia es que tenemos un presidente al frente del Gobierno que es inmune a cualquier crítica, imputación o condena. El ruido es tan grande que hace que una noticia tape a la siguiente. Con menos del diez por ciento de lo que estamos viviendo, cualquier presidente hubiera presentado la dimisión o convocado elecciones.

El magistrado que instruye el caso de las cloacas del sanchismo ha decidido imputar a Juan Manuel Serrano, ex jefe de Gabinete de Sánchez y expresidente de Correos. La UCO le atribuye una «participación preeminente» en el amaño de contratos públicos de la SEPI y en las maniobras de las cloacas para desestabilizar las causas judiciales que afectan al Gobierno socialista comunista, al PSOE y a la familia presidencial.

No hay que fiarse mucho de lo que digan los políticos, pero en el caso de Sánchez en ningún caso hay que cometer ese error porque forma parte de su naturaleza. Es capaz de decir una cosa y la contraria sin ruborizarse. Su trayectoria política está jalonada de mentiras. Hay que aclarar que en este caso no es ningún ofensa o ataque, sino la mera descripción de una realidad tan objetiva como inapelable. No es necesario acudir a lo que decía y luego hizo con la amnistía.

Europa ha vivido muy bien mientras Estados Unidos se hacía cargo de su protección. Con la Segunda Guerra Mundial, una gran parte quedó devastada y hubo millones de muertos y heridos. Los viejos imperios vivieron un proceso de descolonización y fue imposible avanzar en una defensa europea. Nuestra gran riqueza, que es la diversidad e historia, ha sido un factor que ha dificultado lograr una unidad de acción en temas militares o de política exterior. El interés de cada Estado ha acabado primando por encima de otras consideraciones.

Es una pregunta recurrente, aunque nadie tiene la respuesta. Ni siquiera Sánchez. Hay que partir de la base de que su comportamiento político rompe cualquier esquema previo. Las razones para disolver las Cortes Generales son evidentes y no son el resultado de tener o no simpatía por este Gobierno. En cualquier democracia, el perder el apoyo del Parlamento comporta la renuncia del primer ministro o la convocatoria de elecciones. Hay tantos ejemplos en España y en el resto de los países de la Unión Europea que no merece ningún otro comentario.

Una de las mentiras más comúnmente difundidas por los sanchistas y sus aliados mediáticos es que la Justicia está politizada. En este sentido, utilizan el término «lawfare», que se inscribe en el tradicional papanatismo de algunos políticos y periodistas que acuden a palabras inglesas para parecer más cultos. La realidad es que siguen siendo igual de ignorantes sobre el Derecho, sin importar si las utilizan o no. He de reconocer que prefiero utilizar el idioma español, salvo que sea imprescindible acudir al inglés. Por cierto, muchos de los que lo hacen resulta que no saben hablarlo. El objetivo de deslegitimar a uno de los poderes del Estado de derecho es algo típico del comunismo y la izquierda radical. Por supuesto, siempre hay tontos que se apuntan sin calibrar las consecuencias de ese proceso de demolición del Estado de derecho. Es curioso, que esa politización no exista cuando los casos afectan al PP. Es bueno recordar la doble vara de medir de una izquierda política y mediática sometida al sanchismo.

«La realidad es que Sánchez es un fracasado, por más que intenten mostrarlo como un líder mundial»

«La estigmatización de Vox forma parte de la sucia estrategia de quienes no han sentido ninguna vergüenza a la hora de apoyarse en los comunistas, los independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA»

«Las dos leyes de la memoria no solo eran innecesarias, sino que perseguían la ruptura de la sociedad y el frentismo político»

Nada de lo que sucede es casual y mucho menos bienintencionado. Ni le preocupan ni le dejan de preocupar los inmigrantes, simplemente depende de su utilidad electoral. Lo mismo sucede con la denominada ley de nietos, que nunca ha tenido un objetivo reparador. Lo que se trata es de aplicar ingeniería electoral y ver si se puede aprovechar una escandalosa mutación en el censo ante las elecciones.

No hay día sin sorpresa. La agenda judicial del sanchismo es terrorífica por méritos propios. Es el problema de no tener las ideas claras y unos valores éticos, así como de rodearse de una colección de zopencos. Ni la ley de nietos, una chapuza escandalosa que pretende modificar el censo electoral, ni la falsa euforia de Sánchez en el Gran Consejo del Sanchismo pueden cambiar la realidad desastrosa a la que se enfrenta en las urnas. Este lunes tuvimos dos noticias demoledoras.

Apesar de la falsa euforia que se intentó transmitir en el Gran Consejo del Sanchismo, la realidad es que Sánchez tiene menos opciones para repetir como presidente que mi perra Lolita. Es una opción tan inverosímil que resulta disparatada.

No creo que nadie se pueda sorprender ante lo sucedido en la reunión celebrada este sábado. Hace tiempo que desapareció cualquier atisbo de pensamiento crítico en el PSOE. Se ha convertido en una menguante agencia de colocación basada en la fidelidad al líder.

Este sábado se reúne con ellos para que le aplaudan con gran fervor, cuanto más intensos y duraderos sean mejores serán los cargos y las retribuciones a las que podrán aspirar. Se trata de mostrar la adhesión al «amado líder» y, sobre todo, a su esposa. No sé si repartirán unas camisetas con el lema «Yo también soy Begoña». Hay que descartar el «I love Begoña», porque la adoración a la primera dama del sanchismo no puede expresarse con ese concepto tan mundano.

«La situación es insólita, pero coherente con la falta de principios democráticos del presidente»

Al final todo se reduce a un presidente del Gobierno que quiere resistir a cualquier precio y un coro de mariachis políticos y mediáticos que le apoyan con una ciega lealtad que pagamos todos los españoles. Desde luego, lo peor no es Sánchez, que necesita seguir en La Moncloa para mantener los resortes del poder, sino los medios públicos y privados del régimen que han abandonado cualquier atisbo de independencia y capacidad crítica para servir al sanchismo. Lo que se pudo constatar es que Sánchez está cada vez más solo y no tiene margen para aprobar ninguna iniciativa. A los diputados socialistas solo les importa el aplausómetro para complacer al líder.

Es vergonzoso que ministros y políticos que han prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución tengan la desvergüenza de atrincherarse tras la tesis del «golpismo judicial» para cuestionar la actuación de jueces y fiscales. En algunos casos ni siquiera tienen formación jurídica y en otros, como Óscar Puente, se consideran juristas, porque hicieron la carrera de Derecho. En su caso, es más lacerante al tratarse de una sobreactuación para ganarse el aplauso de los sectores más radicales del sanchismo. Ni siquiera el lenguaraz ministro, hermano de una brillante fiscal y exmarido de una magistrada, puede tomarse en serio un argumento que parece salido de una película o serie mediocre. Hace tiempo que no lo tomo en serio, porque tengo claro que es un farsante político que tiene una estrategia para situarse en la sucesión a Sánchez. Esa defensa numantina siempre me ha parecido un error y debería tener presente que «la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero». No existe ningún golpismo judicial, porque los magistrados y los fiscales no hacen otra cosa que cumplir la Constitución.

Hay que reconocer que la respuesta es excesivamente sencilla a la vez que clarificadora de sus intenciones. Durante tres años no ha hecho el más mínimo esfuerzo y se ha situado, en todo momento, en el terreno de la propaganda que tan grato le resulta. Todo han sido gestos retóricos. Nunca quiso presentarlos y sabía que podía aguantar con las prórrogas sin ningún problema. Es un comportamiento tan insólito como carente de valores democráticos, pero Sánchez es así.

Todo el mundo tenía grandes expectativas ante la declaración del expresidente del Gobierno ante el magistrado Calama. He de reconocer que no tenía ninguna, más allá de ver cómo comienza un proceso que será necesariamente largo y cuya conclusión resulta incierta en estos momentos. Unos hubieran querido que su salida coincidiera con su exoneración e incluso entre aplausos de la gente que estaba en la calle. Otros querían su ingreso en prisión provisional.

Nunca hubiera imaginado que sería tan fácil verse con la directora de la Guardia Civil. Por lo visto, para Leire Díez bastaba con mandar un mensaje o hacer una llamada. En teoría, era una simple militante que había estado enchufada en Correos y que no había ocupado ningún cargo orgánico. Espero que los miles de militantes socialistas no tengan la ocurrencia de pedirle tomar un café. La realidad es que ahora sabemos que era el brazo armado de Santos Cerdán y que había sido colocada para organizar una operación para destruir a jueces, fiscales, periodistas, policías, guardias civiles y empresarios.

No me sorprende. Tras ser preguntado por la semana judicial que afronta su Gobierno, su familia y el PSOE ha dejado claro que lo fundamental es que la selección gane partidos. Me recuerda el viejo aforismo de «Pan y Circo» que caracterizó la vida política y social tanto de la República como del Imperio Romano. El concepto «pan» hoy lo podemos traducir en subvenciones, paguitas y otras sinecuras para comprar voluntades.