Escuche cada día la opinión de Francisco Marhuenda en el podcast del director de La Razón.

Hay que tener mucha paciencia para escuchar a Patxi López. Uno de los mayores errores que ha cometido el PP desde su nacimiento fue hacerle lendakari. No tardó en demostrar que era un político desleal, inconsistente y arribista. He de reconocer que hubo un momento que me generaba simpatía, pero no tardé en desengañarme. Es lo que parece. No hay que darle más vueltas. Un político profesional capaz de hacer cualquier cosa para sobrevivir. No tiene ningún principio, ni bueno ni malo, porque solo le interesa mantener el sueldo y los privilegios del cargo. Patxi es un mercenario perfecto al servicio de Sánchez.

No hay duda de que María Jesús Montero tiene un alto concepto de sí misma. Por fin hemos conocido a la mujer más importante de la política española. Y, además, se sacrifica para ser candidata a la presidencia andaluza. He de reconocer que si fuera andaluz lloraría de la emoción. En la rueda de prensa habló de sí misma, que es el tema que mejor conoce, y, sobre todo, contó que tiene una oposición, como muchos millones de españoles. Por lo visto, su llegada a la sanidad pública fue algo excepcional en la Historia de España.

«Lo más probable es que no se atrevan a votar en contra, aunque Sánchez nunca se lo agradecerá»

Es uno de los aspectos más llamativos de este periodo. El líder del PSOE ha decidido instalar a nuestro país dentro de la esfera de la izquierda radical iberoamericana que es profundamente antiestadounidense y populista. No es sorprendente que prefiera los regímenes autoritarios, porque se siente cómodo con ellos. No es lo que interesa a España. La encuesta que publicamos este domingo es muy clarificadora.

La crisis que se vivió en el Gobierno socialista-comunista este viernes es una nueva confirmación de la descomposición del sanchismo. Estamos asistiendo a un proceso irreversible en diferido, como se ha visto en las tres últimas elecciones, del sanchismo. El siguiente desastre será en las elecciones andaluzas. Todo indica que el PP logrará una nueva victoria, donde la única duda será comprobar si mantiene o no la mayoría absoluta, aunque con la impagable ayuda del inútil de Óscar Puente y el desprecio gubernamental por Andalucía, como se está viendo con la crisis de los ferrocarriles, parece bastante probable que se mantenga.

Sánchez no debería creer que los españoles somos tontos. Lo sucedido este viernes en el Consejo de Ministros es la enésima confirmación de que la legislatura está agotada, aunque pretenda llegar al 2027. Al final, es una agonía interminable, porque no tiene una mayoría parlamentaria, salvo para asuntos poco relevantes, y sus socios y aliados se dan cuenta de que es un material tóxico. El desastre de Sumar y Podemos en Castilla y León debería provocar que la primera saliera del Gobierno, pero los ministros y altos cargos comunistas están muy apegados a las poltronas.

Entre las cosas estrafalarias que se viven en la política española está el soez asalto a Indra, donde el sanchismo pretende aplicar el capitalismo de amiguetes que caracteriza esta etapa. No es un caso aislado, sino una constante muy inquietante que confirma el ejercicio del poder de una forma despótica. Es algo que sería impensable en cualquier país de la UE. Es coherente, también, con el persistente asalto al Estado de Derecho o el no presentar el proyecto de Presupuestos porque no les da la gana.

Es como le definió este miércoles el líder del PP. No le falta razón, aunque también es cierto que, a pesar de sufrir derrota tras derrota, consigue mantenerse en La Moncloa. Desde que Feijóo llegó a la presidencia del PP, ha conseguido liderar un partido ganador. Es algo muy mortificante para Sánchez, que se pasea por el mundo dando la imagen de que es un gran campeón. La realidad es que su partido se arrastra en cada convocatoria electoral, mostrando que cerca del 60 por ciento de los españoles votan al centro-derecha.

Los votantes se han expresado con claridad en Extremadura, Aragón y Castilla y León, dando una victoria clara al PP, pero sin mayorías absolutas. Por su parte, Vox ha logrado muy buenos resultados. Como es normal en cualquier campaña, las dos formaciones se han criticado duramente, porque compiten por un mismo espacio electoral. Es bueno que no se hagan los ofendidos. A nadie en el PP le gusta que le califiquen como la derechita cobarde y una larga lista de descalificaciones que utilizan los dirigentes y candidatos de Abascal.

El escuchar o leer a los medios de comunicación del movimiento sanchista puede conducir a la idea errónea de que las elecciones en Castilla y León le fueron muy bien. No existía ninguna razón que sustentara que se podía producir un cataclismo como en Extremadura o Aragón, que es lo que sí les ha sucedido a IU y Podemos. Es cierto que resulta asombroso que el PSOE se mantenga en un 30% con los escándalos que afectan al Gobierno socialista-comunista, al PSOE y a la familia presidencial. Hay un bloque de votantes socialistas que son tan fieles que votarían sin titubear a mi perra Lolita si fuera candidata.

El resultado muestra una clara victoria de Mañueco, que ha subido en votos y escaños, y un gran éxito para el centro derecha, aunque Vox se queda estancado en el 18,9 % de los votos y sube un escaño, mientras que para la izquierda es un desastre, aunque el candidato sanchista haya subido dos procuradores. Podemos e IU se han quedado fuera de las Cortes. Hay que aclarar que Por Ávila es una formación de derechas, así como que UPL y Soria Ya no son, precisamente, sanchistas. Por tanto, el único partido claramente de izquierdas es el PSOE con 30 diputados de 82. Lo más divertido era escuchar a la armada mediática del movimiento glosar el éxito de Sánchez y los problemas que tendrá el PP para gobernar con Vox. No sé qué sucederá, pero sería bueno que no fueran tan optimistas. Otro dato relevante es que el centro derecha consigue casi el 55% de los votos frente al 30,78 del PSOE. En el caso de sumarle los votos de IU y Podemos sería un 33,75. No hay duda de que es un gran fracaso del Gobierno socialista comunista que preside Sánchez.

«Es repugnante que un grupo terrorista felicite las decisiones del presidente del Gobierno»

Los castellanoleoneses tendrán que elegir este domingo si quieren apoyar al sanchismo y sus socios, que quieren acabar con España, o al PP que defiende su unidad y el Estado de Derecho. Mi abuela paterna y mi abuelo materno eran castellanos y creo que no hubieran dudado en este dilema. La Corona de Castilla ha luchado siempre por la unidad, la grandeza y el crecimiento de España. No siempre ha estado tratada como se merecía y nunca en la medida del esfuerzo histórico que hizo. A pesar de ello, la lealtad de sus hombres y mujeres al proyecto común siempre ha sido ejemplar. El candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, ha sido un gran presidente al que le ha tocado lidiar en tiempos muy difíciles, pero el desarrollo de la comunidad es su mejor aval.

Una de las consecuencias de la Guerra en Irán ha sido que se haya prestado poca atención a las elecciones en Castilla y León. Es una lástima, porque son relevantes tanto para la comunidad autónoma como para consolidar el ciclo de contundentes derrotas que está sufriendo el sanchismo en las elecciones autonómicas. Alfonso Fernández Mañueco representa muy bien el carácter castellano-leones de seriedad, honradez y eficacia. A Sánchez le convenía que la convocatoria se viera eclipsada por cualquier acontecimiento, porque el panorama es bastante malo, afortunadamente, para su candidato que no lo conoce nadie.

«En el conflicto con Irán hay que preguntarse cuáles son las normas en las que se ha basado este país desde hace décadas»

Es una de las características más relevantes del movimiento sanchista. El cuerpo ideológico actual es la izquierda radical y populista, siguiendo la estela del decadente modelo de sus partidos amigos en Iberoamérica. El sórdido escándalo protagonizado por Ábalos, Koldo, Aldama y Cerdán, los cuatro mosqueteros de las cloacas, es solo la punta del iceberg de la sistemática colocación de amigos y dirigentes del partido. El exministro y su compinche fueron más allá, incluyendo a las prostitutas a las que estaban aficionados.

El actual presidente del Tribunal Constitucional ha sido durante décadas uno de los operadores del Derecho más sobrevalorados, aunque el PSOE le ha gratificado con una enorme generosidad por los servicios prestados. Ahora está a la espera del último pago, que es convertirse en consejero permanente del Consejo de Estado cuando abandone su actual cargo. Su adscripción a la izquierda y, sobre todo, a la concepción del uso alternativo del Derecho al servicio del poder político le ha permitido escalar en la carrera hasta ser magistrado del Tribunal Supremo, fiscal general del Estado y presidente del Tribunal Constitucional.

Una de las principales características del sanchismo es el desbordante peloteo al líder. Es cierto que a nuestro pintoresco Líder Supremo le gusta mucho. Hasta ahora, mis favoritos eran el besucón Marlaska, con quien tiene conversaciones profundas sobre la dieta del ayuno intermitente que siguen ambos, y Diana Morant, la sonrisa del régimen, que le anima diciéndole qué haría España sin él. He de reconocer que me resultaría incómodo tener un Marlaska en mi vida que me plantara dos besos en la mejilla cada vez que me viera, pero Sánchez se siente muy complacido ante las muestras de fervor del incompetente ministro del Interior. En este terreno solo es superado por Óscar Puente. Ha conseguido que los españoles podamos conocer cómo son las estaciones de ferrocarril africanas acudiendo a la de Chamartín. El otro día quedé asombrado viendo el caos que me rodeaba, los cables colgando del techo y la insufrible sensación de suciedad, aunque reconozco que faltaba la parte pintoresca de los hornillos para cocinar bichos extraños y el colorido de las túnicas tribales.

La empanada mental del sanchismo es ciertamente monumental. No recuerdo algo igual en la política europea. Es posible que la encontremos en países poco avanzados en el terreno democrático o en regímenes autoritarios. Sánchez ha convertido España en un modelo híbrido, porque se comporta como un auténtico déspota que desprecia a las Cortes Generales, el Poder Judicial y, en definitiva, al Estado de Derecho. Al igual que no quiere presentar el proyecto de Presupuestos con la peregrina excusa de que la economía va muy bien, le gustaría hacer lo mismo con la convocatoria electoral.

No es ninguna novedad constatar que considera que no hay nada como una buena guerra para intentar animar a una izquierda que está desmovilizada. La maquinaria propagandística de La Moncloa, que nos cuesta centenares de millones de euros a los españoles, es muy eficaz y se ha puesto en marcha con el lema del «no a la guerra».

La capacidad de Sánchez a la hora de provocar conflictos es ilimitada. Todo gira alrededor de sus intereses personales y su prioridad es seguir en La Moncloa. Uno de los argumentos que utiliza para justificar su continuidad a cualquier precio es su lucha contra Trump. Es lo que genéricamente se denomina parar a la ultraderecha en España y en el mundo. Cuando los diferentes líderes de la socialdemocracia europea caigan, allí estará el hombre providencial que, por lo visto, es el único dotado de esa clarividencia que le conduce a enfrentarse a Estados Unidos, Israel y sus aliados. El

No deja de sorprenderme la capacidad de Sánchez a la hora de situarse en el lado equivocado de la política internacional. La acción de Estados Unidos e Israel contra la dictadura iraní es tan acertada como lo fue la detención de Maduro, que era el líder de una narcodictadura, para ponerlo a disposición de la Justicia.

El conflicto abierto en Oriente Próximo no es un episodio aislado o una mera escalada coyuntural. Para comprender la actuación de Estados Unidos e Israel es imprescindible atender a la naturaleza del régimen iraní, a su comportamiento durante décadas, a su sistemática vulneración de los derechos humanos y las libertades políticas.

Aestas alturas es un disparate monumental que el rey Juan Carlos no regrese a España. Es un «exilio» autoimpuesto para ayudar a su hijo en el desempeño de sus funciones, que ha sido ejemplar, y que a estas alturas debería finalizar. Hay que establecer las condiciones para que ese regreso le resulte cómodo y, sobre todo, que sea el colofón a las funciones que desempeñó durante décadas. Ha pagado los errores que cometió en su vida personal que nada tienen que ver con la labor institucional que realizó y los grandes servicios que prestó a nuestro país.

La desclasificación de la documentación relativa al intento de golpe de Estado del 23 de febrero lo ha confirmado. Más allá de las fabulaciones de algunos historiadores poco rigurosos o aficionados, así como de novelistas y cineastas, la realidad es tan contundente ahora como lo fue siempre. Es cierto que se ha intentado cuestionar el momento más importante de su reinado sin que importara la existencia de una sentencia que clarifica todos los extremos del proceso golpista.

«El papel del Rey Juan Carlos fue acertado y ajustado a la Constitución. No hay duda de que paró el golpe de Estado»

El feminismo fue una de las banderas que levantó Sánchez para su presidencia. La verdad es que ha quedado hecha jirones. Su amigo Ábalos la trituró con la ayuda de su compinche Koldo. No contentos con los prostíbulos, saunas gay y prostitutas a cargo de los Presupuestos, ahora tenemos al favorito de Marlaska, el que era el todopoderoso director adjunto operativo de la Policía Nacional, acusado de violación por una inspectora. Era un fiel sanchista que pudo mantener el cargo porque cambiaron la ley por la puerta de atrás para que no se tuviera que jubilar.

Conforme pasa el tiempo, más convencido estoy de que existe un virus en La Moncloa que trastorna el juicio de sus ocupantes hasta el extremo de creerse invencibles. La realidad es que ninguno ha tenido un superpoder y todos han acabado políticamente muy mal. Zapatero tuvo la lucidez de apartarse, para que la derrota correspondiera a Rubalcaba.

La estrategia de defensa del cesado director adjunto operativo de la Policía parece que podría basarse en lo que hemos visto en ocasiones similares. Nunca me ha parecido muy creíble, porque la acusación no es solo de acoso sexual o laboral, sino de violación. Lo hace una inspectora enfrentándose al que era el hombre más poderoso de la Policía. Por ello, vincular la denuncia a la negativa a cambiar de puesto a la víctima significaría que todo es falso.

En cualquier democracia, Marlaska tendría que dimitir. Hasta la irrupción del sanchismo es lo que hubiera sucedido, porque ningún presidente del Gobierno hubiera permitido la continuidad del responsable del nombramiento de un director adjunto operativo de la Policía que está acusado de un delito tan grave como es una violación. Estoy dispuesto a aceptar que no lo sabía, hasta el momento no hay pruebas que establezcan lo contrario, pero me cuesta creer que el ministro sea un sujeto carente de ética y principios. Hasta puedo entender que le resulte doloroso abandonar el Ministerio, pero no podemos vivir en una sociedad donde no se asumen responsabilidades políticas.

Tras tantos años en el cargo y una precipitada reforma para que no se tuviera que jubilar a la edad establecida, hicieron que esta fuera la forma con que se veía al cesado director adjunto operativo. Era una persona de la máxima confianza tanto de Marlaska como del director general de la Policía, Francisco Pardo, que es un político. Hay que aclarar que para las decenas de miles de policías era el auténtico número uno y no el dos como formalmente está establecido. Es comprensible el shock que se produjo al saber que había sido acusado de violación por una compañera.

Este martes celebrábamos las II Reflexiones desde la Justicia dedicadas en esta ocasión a las «Mujeres protagonistas en el sistema judicial». Las fotos y la calidad de los asistentes muestran el éxito del encuentro. Las cuatro ponentes fueron juristas de gran prestigio como Consuelo Madrigal, fiscal de sala del Supremo y exfiscal general del Estado; Laura Díez, magistrada del Constitucional; Gema Espinosa, magistrada y vocal del CGPJ, y Victoria Ortega, expresidenta del Consejo General de la Abogacía Española.

Me cuesta mucho entender por qué Tezanos, catedrático emérito de Sociología de la Complutense, es capaz de publicar una encuesta que sitúa al PSOE por encima del PP en 10,7 puntos. Es algo tan disparatado que parece salido de una película de Torrente. Es tan bochornoso que produce vergüenza ajena. No hay más que ver el resultado de las elecciones de Extremadura y Aragón para llegar a la conclusión de que los autores de la encuesta son unos chapuceros o unos inexpertos. No hay otra interpretación posible. El centro derecha está ganando elección tras elección superando el cincuenta por ciento de los votos. No es algo interpretativo, sino objetivo y todo indica que se repetirá en Castilla y León y Andalucía.

«La realidad es que el proyecto sanchista está agotado y hay, claramente, un cambio de ciclo»

Óscar López refleja muy bien el estilo barriobajero que caracteriza al sanchismo. Es algo que se comprueba diariamente con la campaña del PSOE y Más Madrid contra Ayuso. Han convertido la política madrileña en un lodazal. La desesperación sanchista no se circunscribe a sus ataques al PP y a todos aquellos que critican al líder, sino que afecta, también, a los dirigentes socialistas que consideran desafectos al movimiento. El nivel de bajeza se había mantenido en los ataques a los vivos, pero López ha decidido extender los límites incluyendo a los muertos. Ahora sabemos que considera que la responsabilidad del desastre en Aragón no es de Sánchez y el Gobierno socialista comunista.

Uno de los tópicos de la propaganda gubernamental es pretender que creamos que el inquilino de La Moncloa tiene prestigio e influencia en el mundo. Cuando se refieren a su continuidad le presentan como si fuera un moderno Titán que se enfrenta a la ultraderecha y a Trump. Es lo que dice a sus colaboradores como razón para no abandonar. No creo que el presidente de Estados Unidos sienta respeto o temor por el líder socialista. Es evidente que lo considera irrelevante.

Los españoles no nos enteramos. La realidad es que somos tontos, muy tontos. Y Sánchez nos lo ha tenido que recordar. No sabíamos que la red ferroviaria es segura y que la falta de inversión es «una mentira colosal». No es más que una invención de la fachosfera que le odia y se dedica a la desinformación. La única verdad es la que decide La Moncloa. El resto es periodismo basura. Por supuesto, no tiene que asumir ninguna responsabilidad por los 46 muertos provocados en el accidente ferroviario de Adamuz. La red funciona de maravilla y somos la envidia del mundo.

Al sanchismo le interesa el ruido y la crispación. No solo en sus relaciones con el PP, sino en todos los ámbitos de la política española. Es una estrategia que comenzó el PSOE en los últimos años de Aznar. Un buen ejercicio es analizar cuál es su estilo de oposición, las mentiras que utilizan y las descalificaciones que aplican contra sus rivales, incluso remontándonos a los años de UCD. La realidad resulta muy clarificadora. Es cierto que ha ido empeorando a lo largo del tiempo conforme también lo han hecho los currículums de los dirigentes socialistas. Ahora están muy contentos con el crecimiento de Vox, porque creen que perjudica al PP.

«Con un porcentaje del 52,14% es evidente que se trata de una gran victoria del centroderecha»

Ala hora de votar este domingo, los aragoneses deberían recordar que no tienen nada que agradecer al PSOE que gobierna en España y en Cataluña. No tienen que olvidar el expolio de los murales de Sijena que desde hace décadas intentan que regresen a casa mientras los gobiernos catalanes hacen todo lo posible para impedirlo. Illa es un presidente socialista que no hace que se cumplan las sentencias judiciales que han establecido con meridiana claridad que esos murales han sido siempre aragoneses.

Las encuestas señalan que el PSOE sufrirá una contundente derrota en Aragón. Es lo que explica que utilice, una vez más, la mentira como herramienta política. Es algo reprobable, pero se ha convertido en la marca de fábrica del sanchismo. En esta ocasión, utilizan a Marcelino Iglesias, expresidente aragonés, para asustar a las personas mayores. Se trata de llamadas telefónicas grabadas en las que asegura que el PP de Azcón ha votado en contra de que suban las pensiones a los abuelos.

Tras el demoledor fracaso del PSOE en Extremadura, los aragoneses tienen este domingo la oportunidad de votar por la continuidad de un gobierno eficaz y, también, de mostrar la puerta de salida a Sánchez. No importa que quiera continuar a cualquier precio y que esté convencido de que España le necesita, aunque los españoles no le quieran. Los dirigentes y militantes socialistas se enfrentan a la realidad objetiva de que el centro-derecha obtiene victorias contundentes. Se tendrán que preguntar qué ha sucedido para que su partido se resigne a cosechar fracaso tras fracaso.

Entiendo que Sánchez le tenga cariño, porque es un personaje atrabiliario y pintoresco. Le cuesta desprenderse de él, pero a estas alturas no debería tener ninguna duda de su inutilidad. Hace tiempo que llegó a su nivel de incompetencia y ahora chapotea feliz en el barro de la mediocridad y la estulticia. Estos días anda muy satisfecho, porque ha conseguido una gran notoriedad pública con sus comparecencias mediáticas. En cualquier momento se hace ingeniero por la universidad de Ganímedes, ya que no parece que el Derecho, a pesar de ser licenciado, sea un terreno en el que se maneje con soltura.

Es una de las comunidades más maltratadas por Sánchez, aunque no importa porque la buena gestión de Azcón ha compensado y compensará esta situación. En cualquier caso, el líder del PSOE camina con paso firme al desastre electoral en todas las convocatorias hasta las generales.

Hasta el momento está acreditado, con pruebas abrumadoras, la corrupción en el PSOE en la etapa sanchista. La duda, aunque me parece irrelevante, es si una parte iba o no al funcionamiento del partido.

«Está encantado de haberse conocido. Y es, además, un cobarde que no se atrevió a dar el pésame a las familias»

Tras escucharle, me reafirmo en que es el ministro de Transportes, en cualquiera de sus denominaciones, más inútil desde que existe esta cartera, aunque entiendo por qué Sánchez lo mantiene. Tras admitir que falta inversión en mantenimiento ferroviario considera que «no se puede pedir más inversión y a la vez querer pagar menos impuestos». Por eso considero que es un indolente que no se entera de los datos económicos que ofrece su gobierno. Me imagino que debe pasarse las reuniones del consejo de ministros dedicado a profundizar en su futura profesión de influencer.

«La euforia del sanchismo es un claro indicador de la estrategia que subyace en esta inquietante iniciativa»

«Podrán insistir en las mentiras, pero siguen siéndolo por más que se empeñen en culpar a los demás de sus errores»

Es una pregunta tan habitual como transversal. La sociedad asiste asombrada o resignada, no estoy seguro en qué estadio estamos, a la desfachatez de Óscar Puente. Hemos llegado a un punto en que en cualquier momento nos piden que le demos las gracias por sus desvelos y, sobre todo, porque no nos insulte, como es habitual, a los que discrepamos de sus mentiras y manipulaciones. La duda es quién será utilizado como víctima propiciatoria para justificar que se asumen responsabilidades. No queda tan lejano en el tiempo lo que sucedió con la Dana. Desde el primer momento, la izquierda política y mediática decidió proteger a Sánchez y su Gobierno, con la inestimable ayuda de la juez instructora, que coincidieron en el objetivo de destruir a Mazón. En la remodelación fue apartada la consejera Salomé Prada, pero era insuficiente p

Lo bueno de Sánchez es que siempre es capaz de superarse en sus aspectos negativos. Desde luego, no le importa la opinión pública y su idea de la resistencia se ha convertido en un esperpento. Su estándar ético no existe desde el momento en que ensalza la gestión de un inútil como Óscar Puente. Tras una trágica catástrofe ferroviaria, unos servicios de cercanías que no funcionan y una red llena de incidencias desde hace muchos meses, ahora resulta que tiene «todo mi reconocimiento».