Escuche cada día la opinión de Francisco Marhuenda en el podcast del director de La Razón.

Una nueva victoria de Juanma Moreno será buena para Andalucía, pero también para España. Durante el largo periodo de gobiernos socialistas, la región se asoció a la corrupción, el clientelismo y los chanchullos. Era injusto, pero los escándalos se sucedían con monótona insistencia. El largo tiempo que estuvo dominada por el PSOE creo una cultura política viciada por una serie de prácticas impropias de una democracia transparente y sólida. Esa idea de «colócanos a todos» para conseguir mantenerse en el poder era un caciquismo que nos retrotrae a los tiempos de la Restauración. En cambio, en estos años de gobierno de Moreno no se ha producido ningún escándalo.

Con el Gobierno socialista comunista hay que partir de la base de que su única prioridad es la supervivencia. Es una gestión a golpe de ocurrencias y gestos propagandísticos. Sánchez y sus socios están muy contentos con la regularización de inmigrantes que consideran una «bendición». La realidad es que es una chapuza inmensa y, una vez más, ha decidido hacerlo sin pasar por el Parlamento. Es una nueva muestra de su comportamiento como superhéroe de la paz y la democracia.

A Sánchez ya se le queda pequeña España y ha decidido erigirse en el líder del mundo. Es incapaz de presentar unos Presupuestos Generales del Estado y todo indica que pasará a la Historia por gobernar una legislatura sin conseguirlo. Por supuesto con la sumisa condescendencia de una izquierda política y mediática, así como de unos sindicatos que hubieran incendiado las calles si el gobierno fuera del PP.

He de reconocer que tenía la duda entre utilizar el término casposo o autoritario, ya que los dos encajan muy bien para definir a los participantes en la inútil cumbre anti Trump. Sánchez, desgraciadamente, se siente muy cómodo con los líderes populistas bolivarianos que son tan indocumentados como estrafalarios. No hay más que ver al cretino de Petro, la farsante de Sheinbaum o el caradura de Lula da Silva, que es un ejemplo de un político sobrevalorado. Un efecto indeseado del sistema presidencialista es que favorece a los radicales y populistas de uno u otro signo. Mientras Sánchez se reunía con sujetos de esa catadura, Macron convocaba a los líderes europeos para tratar sobre el conflicto con Irán y sus consecuencias.

Sánchez está muy contento porque reunirá unos pocos progres, algunos del Grupo de Puebla, para hacer frente a la ola derechista. En total son una veintena y su peso en el mundo es más bien escaso. No importa porque venderán la cumbre como si fuera un evento sin precedentes. En La Moncloa están muy satisfechos. Por una parte las huestes sanchistas han salido en tromba para defender a Begoña Gómez y, sobre todo, atacar al juez Peinado. La única Justicia que les gusta es la popular y en la que los jueces sean funcionarios del partido.

Es muy acertado el término utilizado por Feijóo para definir esta disparatada regularización masiva de inmigrantes por motivos estrictamente partidistas y propagandistas. El fenómeno migratorio es uno de los temas más importantes e inquietantes que afectan a la Unión Europea. Una opción es afrontarlo de forma rigurosa, responsable y ordenada. La otra es el desbarajuste que ha organizado Sánchez, ya que le gustan los escenarios caóticos y conflictivos. Uno de los aspectos más característicos de su personalidad es que estamos ante un aventurero que asume el riesgo como algo consustancial a su falta de ética y moral.

«Entiendo que quieran hacer méritos frente al líder, pero hay un exceso de nerviosismo y sobreactuación»

«La inocencia no la determina la izquierda política y mediática, sino el procedimiento judicial»

«Hay un giro en las democracias hacia las formaciones de derechas como se está viendo en España»

«No defiende la democracia, sino un modelo de despotismo en democracia que dinamita el sistema de separación de poderes»

Hace tiempo que abandonó la falsa equidistancia para mostrar su cara más populista, radical y antisemita. Es triste reconocer que ha existido históricamente un odio al pueblo judío en España. Desde la Antigüedad hasta el sanchismo y sus aliados, ha sido un clima alimentado por el odio y la mentira. Los judíos han sido culpados de los crímenes más atroces desde que sufrieron la ocupación romana que acabó con su independencia y se intentó destruirlos. Durante muchos siglos, hasta el nacimiento del moderno Estado de Israel, ocupando un territorio menor del que había sido históricamente, tuvieron que sufrir una terrible diáspora y sobrevivir, muchas veces, en circunstancias muy complejas.

Ala izquierda de Sánchez, el presidente más radical desde la Segunda República, no hay más que un erial compuesto por formaciones que están a su servicio. No hay que darle más vueltas. El objetivo de Maíllo, Rufián, Montero, Belarra, Yolanda, Urtasun… es que siga en La Moncloa y tener buenos chollos para ellos, sus formaciones y sus dirigentes. Ahora están entretenidos con el proyecto de Rufián de montar una alianza de perdedores que sea útil al frente popular sanchista. Por supuesto, bajo su liderazgo, aunque la dirección de ERC encabezada por Junqueras se niega.

Apesar de que Carlos Cuerpo podría estar en el PP en lugar de en el PSOE, como es consustancial a algunos altos funcionarios del Estado faltos de cualquier ideología, no se le puede responsabilizar de la pésima política económica del Gobierno socialista comunista. No es más que la marioneta que mueve el inquilino de La Moncloa a su antojo, ya que ha optado por el despilfarro, la mala gestión y el endeudamiento.

La primera sesión del juicio del caso mascarillas en el Tribunal Supremo ha puesto de manifiesto, una vez más, la miseria moral del sanchismo. Era un auténtico circo de los miserables. La sordidez es sobrecogedora y eso que se trata solo del primer día, por lo que cabe esperar que los próximos nos deparen más noticias del comportamiento de esos políticos dispuestos a cualquier cosa con tal de conseguir beneficios ilícitos.

La vida está llena de coincidencias y casualidades. El caso Kitchen es un tema antiguo que se tendría que haber juzgado hace mucho tiempo. La dilación de los procedimientos es un grave problema que afecta a la Justicia, ya que su lentitud hace que muchas veces sea injusta. No es culpa de los jueces, los fiscales y los letrados, sino de un Gobierno socialista comunista que no le dota de los medios humanos y materiales que necesita.

El carácter excéntrico del presidente de Estados Unidos no deja de sorprender. La reacción fácil es considerarlo un chiflado. Lo que sabemos seguro es que es una persona grosera, prepotente y maleducada. Y estoy convencido de que se siente muy cómodo comportándose de esa forma. Es su forma de negociar, aunque en los negocios privados quizá llama menos la atención. En sus declaraciones a Fox News ha mostrado ese carácter refinado que le caracteriza al referirse a Irán: «Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno».

El problema de utilizar electoralmente el «no a la guerra» es que tiene una fecha de caducidad. En pocas semanas veremos si le es útil o no a Sánchez. A Trump le encanta la retórica belicista y los excesos verbales. Es algo, como estamos viendo, consustancial a su carácter y su peculiar forma de ver la política. No es un empresario tradicional, sino un negociante y un especulador acostumbrado a vivir inmerso en una permanente montaña rusa. Es algo que aplica ahora a su gestión al frente de Estados Unidos. Hay que partir de la base de que solo le importa ganar y que es capaz de hacer lo que sea para conseguirlo. No hay que ser un gran analista para ver los paralelismos con el líder del PSOE. No tienen ningún escrúpulo y no les importa mentir con tal de conseguir el poder y mantenerse en él a cualquier precio. Y coinciden en su falta de empatía, que es tanto su mayor fuerza como su mayor debilidad. Esto hace que puedan pactar con cualquiera, decir una cosa y la contraria y ser a la vez enormemente simpáticos o antipáticos.

«Trump ya ha comprobado que no puede contar con sus aliados de la OTAN»

«No es posible el apaciguamiento frente a los regímenes criminales que buscan expandir el terror»

«Hace tiempo que está en cuestión el sistema surgido de la Segunda Guerra Mundial»

«No creo que esté en riesgo la continuidad de las bases estadounidenses en nuestro país, pero no hay que descartar nada»

Con tanto pelota a su lado no me sorprende que la ministra Redondo quiera hacer méritos y considere que Amado Líder es el superhéroe de la paz, la democracia, la dignidad y el feminismo.

Es curioso ver con qué poco se anima la izquierda política y mediática. En este caso se trata de un cambio en el gobierno socialista comunista que entraba dentro de lo previsible. Sánchez no se ha sacado ningún conejo de la chistera.

El ascenso de Carlos Cuerpo es muy clarificador sobre el futuro de Sánchez. A estas alturas creo que todo el mundo es consciente de que agotará la legislatura y no hay nada que se lo pueda impedir. La moción de censura no es viable y maneja a los socios y aliados con gran habilidad.

El presidente del Gobierno ha decidido ascender al ministro de Economía convirtiéndolo en vicepresidente primero y, por tanto, su mano derecha. Es significativo que no haya optado por un perfil más político, como era el caso de María Jesús Montero, que no pasará a la Historia como una buena ministra de Hacienda. Ha elegido a un técnico que sea un tapón ante posibles aspirantes a la sucesión. En cambio, los anteriores inquilinos de La Moncloa tuvieron un vicepresidente político.

Hay que tener mucha paciencia para escuchar a Patxi López. Uno de los mayores errores que ha cometido el PP desde su nacimiento fue hacerle lendakari. No tardó en demostrar que era un político desleal, inconsistente y arribista. He de reconocer que hubo un momento que me generaba simpatía, pero no tardé en desengañarme. Es lo que parece. No hay que darle más vueltas. Un político profesional capaz de hacer cualquier cosa para sobrevivir. No tiene ningún principio, ni bueno ni malo, porque solo le interesa mantener el sueldo y los privilegios del cargo. Patxi es un mercenario perfecto al servicio de Sánchez.

No hay duda de que María Jesús Montero tiene un alto concepto de sí misma. Por fin hemos conocido a la mujer más importante de la política española. Y, además, se sacrifica para ser candidata a la presidencia andaluza. He de reconocer que si fuera andaluz lloraría de la emoción. En la rueda de prensa habló de sí misma, que es el tema que mejor conoce, y, sobre todo, contó que tiene una oposición, como muchos millones de españoles. Por lo visto, su llegada a la sanidad pública fue algo excepcional en la Historia de España.

«Lo más probable es que no se atrevan a votar en contra, aunque Sánchez nunca se lo agradecerá»

Es uno de los aspectos más llamativos de este periodo. El líder del PSOE ha decidido instalar a nuestro país dentro de la esfera de la izquierda radical iberoamericana que es profundamente antiestadounidense y populista. No es sorprendente que prefiera los regímenes autoritarios, porque se siente cómodo con ellos. No es lo que interesa a España. La encuesta que publicamos este domingo es muy clarificadora.

La crisis que se vivió en el Gobierno socialista-comunista este viernes es una nueva confirmación de la descomposición del sanchismo. Estamos asistiendo a un proceso irreversible en diferido, como se ha visto en las tres últimas elecciones, del sanchismo. El siguiente desastre será en las elecciones andaluzas. Todo indica que el PP logrará una nueva victoria, donde la única duda será comprobar si mantiene o no la mayoría absoluta, aunque con la impagable ayuda del inútil de Óscar Puente y el desprecio gubernamental por Andalucía, como se está viendo con la crisis de los ferrocarriles, parece bastante probable que se mantenga.

Sánchez no debería creer que los españoles somos tontos. Lo sucedido este viernes en el Consejo de Ministros es la enésima confirmación de que la legislatura está agotada, aunque pretenda llegar al 2027. Al final, es una agonía interminable, porque no tiene una mayoría parlamentaria, salvo para asuntos poco relevantes, y sus socios y aliados se dan cuenta de que es un material tóxico. El desastre de Sumar y Podemos en Castilla y León debería provocar que la primera saliera del Gobierno, pero los ministros y altos cargos comunistas están muy apegados a las poltronas.

Entre las cosas estrafalarias que se viven en la política española está el soez asalto a Indra, donde el sanchismo pretende aplicar el capitalismo de amiguetes que caracteriza esta etapa. No es un caso aislado, sino una constante muy inquietante que confirma el ejercicio del poder de una forma despótica. Es algo que sería impensable en cualquier país de la UE. Es coherente, también, con el persistente asalto al Estado de Derecho o el no presentar el proyecto de Presupuestos porque no les da la gana.

Es como le definió este miércoles el líder del PP. No le falta razón, aunque también es cierto que, a pesar de sufrir derrota tras derrota, consigue mantenerse en La Moncloa. Desde que Feijóo llegó a la presidencia del PP, ha conseguido liderar un partido ganador. Es algo muy mortificante para Sánchez, que se pasea por el mundo dando la imagen de que es un gran campeón. La realidad es que su partido se arrastra en cada convocatoria electoral, mostrando que cerca del 60 por ciento de los españoles votan al centro-derecha.

Los votantes se han expresado con claridad en Extremadura, Aragón y Castilla y León, dando una victoria clara al PP, pero sin mayorías absolutas. Por su parte, Vox ha logrado muy buenos resultados. Como es normal en cualquier campaña, las dos formaciones se han criticado duramente, porque compiten por un mismo espacio electoral. Es bueno que no se hagan los ofendidos. A nadie en el PP le gusta que le califiquen como la derechita cobarde y una larga lista de descalificaciones que utilizan los dirigentes y candidatos de Abascal.

El escuchar o leer a los medios de comunicación del movimiento sanchista puede conducir a la idea errónea de que las elecciones en Castilla y León le fueron muy bien. No existía ninguna razón que sustentara que se podía producir un cataclismo como en Extremadura o Aragón, que es lo que sí les ha sucedido a IU y Podemos. Es cierto que resulta asombroso que el PSOE se mantenga en un 30% con los escándalos que afectan al Gobierno socialista-comunista, al PSOE y a la familia presidencial. Hay un bloque de votantes socialistas que son tan fieles que votarían sin titubear a mi perra Lolita si fuera candidata.

El resultado muestra una clara victoria de Mañueco, que ha subido en votos y escaños, y un gran éxito para el centro derecha, aunque Vox se queda estancado en el 18,9 % de los votos y sube un escaño, mientras que para la izquierda es un desastre, aunque el candidato sanchista haya subido dos procuradores. Podemos e IU se han quedado fuera de las Cortes. Hay que aclarar que Por Ávila es una formación de derechas, así como que UPL y Soria Ya no son, precisamente, sanchistas. Por tanto, el único partido claramente de izquierdas es el PSOE con 30 diputados de 82. Lo más divertido era escuchar a la armada mediática del movimiento glosar el éxito de Sánchez y los problemas que tendrá el PP para gobernar con Vox. No sé qué sucederá, pero sería bueno que no fueran tan optimistas. Otro dato relevante es que el centro derecha consigue casi el 55% de los votos frente al 30,78 del PSOE. En el caso de sumarle los votos de IU y Podemos sería un 33,75. No hay duda de que es un gran fracaso del Gobierno socialista comunista que preside Sánchez.

«Es repugnante que un grupo terrorista felicite las decisiones del presidente del Gobierno»

Los castellanoleoneses tendrán que elegir este domingo si quieren apoyar al sanchismo y sus socios, que quieren acabar con España, o al PP que defiende su unidad y el Estado de Derecho. Mi abuela paterna y mi abuelo materno eran castellanos y creo que no hubieran dudado en este dilema. La Corona de Castilla ha luchado siempre por la unidad, la grandeza y el crecimiento de España. No siempre ha estado tratada como se merecía y nunca en la medida del esfuerzo histórico que hizo. A pesar de ello, la lealtad de sus hombres y mujeres al proyecto común siempre ha sido ejemplar. El candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, ha sido un gran presidente al que le ha tocado lidiar en tiempos muy difíciles, pero el desarrollo de la comunidad es su mejor aval.

Una de las consecuencias de la Guerra en Irán ha sido que se haya prestado poca atención a las elecciones en Castilla y León. Es una lástima, porque son relevantes tanto para la comunidad autónoma como para consolidar el ciclo de contundentes derrotas que está sufriendo el sanchismo en las elecciones autonómicas. Alfonso Fernández Mañueco representa muy bien el carácter castellano-leones de seriedad, honradez y eficacia. A Sánchez le convenía que la convocatoria se viera eclipsada por cualquier acontecimiento, porque el panorama es bastante malo, afortunadamente, para su candidato que no lo conoce nadie.

«En el conflicto con Irán hay que preguntarse cuáles son las normas en las que se ha basado este país desde hace décadas»

Es una de las características más relevantes del movimiento sanchista. El cuerpo ideológico actual es la izquierda radical y populista, siguiendo la estela del decadente modelo de sus partidos amigos en Iberoamérica. El sórdido escándalo protagonizado por Ábalos, Koldo, Aldama y Cerdán, los cuatro mosqueteros de las cloacas, es solo la punta del iceberg de la sistemática colocación de amigos y dirigentes del partido. El exministro y su compinche fueron más allá, incluyendo a las prostitutas a las que estaban aficionados.

El actual presidente del Tribunal Constitucional ha sido durante décadas uno de los operadores del Derecho más sobrevalorados, aunque el PSOE le ha gratificado con una enorme generosidad por los servicios prestados. Ahora está a la espera del último pago, que es convertirse en consejero permanente del Consejo de Estado cuando abandone su actual cargo. Su adscripción a la izquierda y, sobre todo, a la concepción del uso alternativo del Derecho al servicio del poder político le ha permitido escalar en la carrera hasta ser magistrado del Tribunal Supremo, fiscal general del Estado y presidente del Tribunal Constitucional.

Una de las principales características del sanchismo es el desbordante peloteo al líder. Es cierto que a nuestro pintoresco Líder Supremo le gusta mucho. Hasta ahora, mis favoritos eran el besucón Marlaska, con quien tiene conversaciones profundas sobre la dieta del ayuno intermitente que siguen ambos, y Diana Morant, la sonrisa del régimen, que le anima diciéndole qué haría España sin él. He de reconocer que me resultaría incómodo tener un Marlaska en mi vida que me plantara dos besos en la mejilla cada vez que me viera, pero Sánchez se siente muy complacido ante las muestras de fervor del incompetente ministro del Interior. En este terreno solo es superado por Óscar Puente. Ha conseguido que los españoles podamos conocer cómo son las estaciones de ferrocarril africanas acudiendo a la de Chamartín. El otro día quedé asombrado viendo el caos que me rodeaba, los cables colgando del techo y la insufrible sensación de suciedad, aunque reconozco que faltaba la parte pintoresca de los hornillos para cocinar bichos extraños y el colorido de las túnicas tribales.

La empanada mental del sanchismo es ciertamente monumental. No recuerdo algo igual en la política europea. Es posible que la encontremos en países poco avanzados en el terreno democrático o en regímenes autoritarios. Sánchez ha convertido España en un modelo híbrido, porque se comporta como un auténtico déspota que desprecia a las Cortes Generales, el Poder Judicial y, en definitiva, al Estado de Derecho. Al igual que no quiere presentar el proyecto de Presupuestos con la peregrina excusa de que la economía va muy bien, le gustaría hacer lo mismo con la convocatoria electoral.

No es ninguna novedad constatar que considera que no hay nada como una buena guerra para intentar animar a una izquierda que está desmovilizada. La maquinaria propagandística de La Moncloa, que nos cuesta centenares de millones de euros a los españoles, es muy eficaz y se ha puesto en marcha con el lema del «no a la guerra».

La capacidad de Sánchez a la hora de provocar conflictos es ilimitada. Todo gira alrededor de sus intereses personales y su prioridad es seguir en La Moncloa. Uno de los argumentos que utiliza para justificar su continuidad a cualquier precio es su lucha contra Trump. Es lo que genéricamente se denomina parar a la ultraderecha en España y en el mundo. Cuando los diferentes líderes de la socialdemocracia europea caigan, allí estará el hombre providencial que, por lo visto, es el único dotado de esa clarividencia que le conduce a enfrentarse a Estados Unidos, Israel y sus aliados. El

No deja de sorprenderme la capacidad de Sánchez a la hora de situarse en el lado equivocado de la política internacional. La acción de Estados Unidos e Israel contra la dictadura iraní es tan acertada como lo fue la detención de Maduro, que era el líder de una narcodictadura, para ponerlo a disposición de la Justicia.

El conflicto abierto en Oriente Próximo no es un episodio aislado o una mera escalada coyuntural. Para comprender la actuación de Estados Unidos e Israel es imprescindible atender a la naturaleza del régimen iraní, a su comportamiento durante décadas, a su sistemática vulneración de los derechos humanos y las libertades políticas.

Aestas alturas es un disparate monumental que el rey Juan Carlos no regrese a España. Es un «exilio» autoimpuesto para ayudar a su hijo en el desempeño de sus funciones, que ha sido ejemplar, y que a estas alturas debería finalizar. Hay que establecer las condiciones para que ese regreso le resulte cómodo y, sobre todo, que sea el colofón a las funciones que desempeñó durante décadas. Ha pagado los errores que cometió en su vida personal que nada tienen que ver con la labor institucional que realizó y los grandes servicios que prestó a nuestro país.

La desclasificación de la documentación relativa al intento de golpe de Estado del 23 de febrero lo ha confirmado. Más allá de las fabulaciones de algunos historiadores poco rigurosos o aficionados, así como de novelistas y cineastas, la realidad es tan contundente ahora como lo fue siempre. Es cierto que se ha intentado cuestionar el momento más importante de su reinado sin que importara la existencia de una sentencia que clarifica todos los extremos del proceso golpista.

«El papel del Rey Juan Carlos fue acertado y ajustado a la Constitución. No hay duda de que paró el golpe de Estado»