Donde la nostalgia y la poca vergüenza se dan la mano.

¡Prepárate para un viaje de contrastes en este nuevo episodio de Zafarrancho Vilima! Arrancamos en nuestra sección La España Barbaciada, donde ponemos rumbo a la provincia de Alicante para descubrir los encantos (y las curiosidades más insólitas) de Tárbena. ¿Qué secretos esconde esta localidad? Nosotros te los contamos con nuestro sello particular. Después, nos ponemos cinematográficos para analizar —o más bien, diseccionar— el clásico "Nacido el 4 de julio". Pasamos la película de Tom Cruise por el filtro del humor y la parodia; una visión que, te aseguramos, Oliver Stone nunca llegó a imaginar. En las Vilimadas, recibimos a un emprendedor con una visión... diferente. Germán Teca nos visita para presentarnos su ambicioso proyecto ecológico: la recogida y reciclaje de las petacas de gasoil que las lanchas de los narcos "olvidan" en el río Guadalquivir. Sostenibilidad y picaresca a partes iguales. Y para cerrar por todo lo alto, en nuestras Grandes Biografías, repasamos la vida y milagros de un icono de la televisión: Manuel Torreiglesias. Contamos su trayectoria "a nuestra manera", con mucho afecto pero sin dejar títere con cabeza. ¡Dale al play y únete al zafarrancho!

Belén Andrade, una simpática oyente se deja seducir por Gonzalo Rivas. ¿Quieres participar en Las Vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail..com

Arrancamos de nuevo el Seat 131 Supermirafiori que dejamos aparcado en Ayna, en Albacete. Gonzalo, el técnico, nos ha puesto una nota en el parabrisas que dice: "Prohibido pisar Andalucía". Se ve que le deben dinero en Despeñaperros o algo. Así que, con el volante bloqueado para no girar hacia el sur, tiramos hacia el sureste. Recorremos unos 90 kilómetros por la CM-3203 y luego la A-30, para adentrarnos en la Región de Murcia, concretamente en el precioso Valle de Ricote. Y tras sortear limoneros y palmeras, llegamos al municipio de Ojós. Ojós, que no "Ojos" sin tilde, ni "Ho-Ho-Hos" como Papá Noel. Ojós. Este municipio cuenta con 522 habitantes según el INE, y su gentilicio es ojeño u ojeña. Un gentilicio que te obliga a estar siempre atento. "Ahí viene un ojeño", y tú te pones a buscar. La etimología de Ojós viene del árabe Oxox, que no es un beso y un abrazo en el Messenger, sino que significa "huertos". Y es que este valle es un vergel. Los romanos estuvieron por aquí, por supuesto, porque donde hay agua y se puede plantar algo, un romano ponía una villa. Pero la verdadera salsa de la historia de Ojós la pusieron los moriscos. El Valle de Ricote fue el último reducto de los moriscos en España. Cuando en 1609 Felipe III (el de la plaza mayor de Madrid) ordenó su expulsión, los moriscos de Ojós y alrededores se hicieron los locos. Aguantaron hasta 1613, siendo literalmente los últimos moriscos de España en ser expulsados. Y muchos volvieron de extranjis porque se habían dejado el huerto a medias. En cuanto a su patrimonio, destaca la Iglesia de San Agustín, que es una iglesia del siglo XVI, construida, cómo no, sobre la antigua mezquita. Tiene un estilo que podríamos definir como "murciano adaptativo". Pero lo verdaderamente flipante de Ojós, el plot twist que nadie se espera en un pueblo de 500 habitantes, es que tienen el Museo de Belenes del Mundo. Sí, amigos. Una colección de más de 700 belenes traídos de los cinco continentes. Belenes peruanos, belenes africanos, belenes de cristal... Si te gusta la Navidad, en Ojós vives en un bucle temporal infinito de villancicos. También hay que ver el Lavadero Público, que era el Twitter de la época, donde las ojeñas iban a lavar la ropa y a actualizar el timeline del pueblo. Sus fiestas patronales son a finales de agosto, en honor a San Agustín y a la Virgen de la Cabeza. Aquí las tradiciones incluyen lanzar pólvora y hacer procesiones donde se suda la gota gorda. Y para reponer fuerzas, la gastronomía de Ojós es canela fina. Literalmente. Tienen un dulce típico llamado "bizcochos borrachos", que son unos bizcochos que han pillado una cogorza de campeonato a base de almíbar y licor. Te comes dos y das positivo en el control de la Guardia Civil.

Hoy recordaremos al hombre que no necesitaba hablar alto porque su mirada ya te estaba juzgando en tres idiomas diferentes; el único tipo capaz de darte un consejo de vida, robarte la cartera y venderte un caballo, todo mientras se toma un café. Hoy hablaremos de Robert Duvall, el hombre que nos enseñó que la mejor forma de ganar un Óscar es parecer que estás pensando en tus tierras mientras los demás actores se dejan el alma gritando. El pequeño Robert nació el 5 de enero de 1931 en San Diego. Su padre era almirante de la Marina y su madre actriz, así que el niño creció con la disciplina de un portaaviones y el drama de una diva. De joven se unió al Ejército, donde aprendió que la mejor forma de mimetizarse con el entorno es poner cara de llevar cuarenta años viviendo en ese cuartel. En la universidad se graduó en drama, que es lo que uno estudia cuando tiene la capacidad de mirar fijamente a una pared y hacer que el público llore. Luego se fue a Nueva York a compartir piso con Dustin Hoffman y Gene Hackman, formando el trío de solteros más peligroso de la Gran Manzana: tres tipos que no tenían dinero para cenar pero sí toneladas de intensidad dramática. En 1962 llegó su gran debut en Matar a un ruiseñor. Interpretaba a Boo Radley, un personaje tan misterioso y callado que Duvall pasó todo el rodaje ensayando el arte de no pestañear. El tío lo hizo tan bien que el público pensaba que venía incluido con los muebles de la casa. Si Robert se quedaba quieto en una esquina, la gente intentaba colgarle el abrigo encima. Su consagración llegó en 1972 con El Padrino. Interpretaba a Tom Hagen, el contable y consejero de la mafia que era tan calmado que hacía que Marlon Brando pareciera un adolescente histérico. Mientras los demás se tiroteaban en los restaurantes, Robert pedía los recibos del almuerzo. Era el único hombre en la historia capaz de amenazar a un productor de Hollywood usando un tono de voz que parecía que estaba leyendo el prospecto de una aspirina. Pero el delirio absoluto llegó en 1979 con Apocalypse Now. Se puso el sombrero de cowboy del Coronel Kilgore y nos regaló la frase definitiva del cine. El tío paseaba por la playa esquivando bombas como quien esquiva charcos en el mercado, argumentando que el olor del napalm por la mañana le recordaba a la victoria. George Peppard desayunaba planes, pero Duvall desayunaba combustible militar. A partir de ahí, su carisma rural se volvió tan cotizado que si una película necesitaba un sheriff, un predicador o un tipo con bigote que supiera arreglar un tractor con la mirada, le llamaban a él. Se casó cuatro veces, demostrando que su pasión por el tango y las mudanzas requerían un ritmo constante que no todo el mundo podía seguir. En 1983 ganó el Óscar por Gracias y favores, interpretando a un cantante de country tan acabado que la estatuilla se la dieron más por compasión con sus botas que por el guion. Incluso al pasar los años, se ha mantenido tan incombustible que los directores jóvenes le llaman solo para que se siente en una mecedora y aporte prestigio al plano. Robert decidió que la jubilación es para los débiles y que un buen vaquero muere con las botas puestas y el sombrero bien encajado. A sus noventa y tantos años, el gran padrino del cine del oeste sigue demostrando que la veteranía no es un grado, es un superpoder. Aunque ustedes siempre podrán recordarlo cada vez que huelan algo quemado por la mañana y sientan la necesidad incontrolable de mirar al horizonte, ponerse un sombrero imaginario y decir con desprecio: "¡Aquí no se hace surf!".

¡MÁS CARRETERA, PEGATINAS Y CINE! | Zafarrancho Vilima ¡Bienvenidos a un nuevo cañonazo de Zafarrancho Vilima! Prepara el equipaje y ajusta el retrovisor, porque el viaje de hoy viene cargadito de nostalgia, curvas y mucha guasa. En este capítulo vas a encontrar: La España Barbaciada – Destino: Ojós (Murcia): Nos adentramos en el Valle de Ricote para descubrir los secretos, la historia y el encanto de uno de los pueblos más singulares de Murcia. ¡Ojós, que no te lo cuenten! El Tema Central – ¿Qué pegatina llevabas en el coche?: Hacemos un viaje en el tiempo a la época dorada de las carreteras españolas. Analizamos la fauna de pegatinas que decoraban las traseras de los coches: desde el mítico toro de Osborne y el indalo, hasta el "Bebé a bordo", Penélope, las marcas de discotecas o aquellos destinos de vacaciones que eran auténticos trofeos familiares. ¿Cuál era la tuya? Las Grandes Biografías – Robert Duvall: Rendimos homenaje a uno de los tipos más duros, carismáticos y camaleónicos de Hollywood. Repasamos la trayectoria del inolvidable Tom Hagen en El Padrino o el teniente coronel Kilgore en Apocalypse Now. Un actor de los que ya no quedan. Las Vilimadas: Cerramos el chiringuito con nuestro desternillante concurso. ¿Quién se llevará la gloria vilimera esta semana y quién morderá el polvo?

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Dejamos atrás las cuestas de Almedina, nos quitamos el polvo de La Mancha de las solapas, y giramos el volante hacia el este. Vamos a hacer unos 90 kilómetros gloriosos, adentrándonos en una de las zonas más sorprendentes y desconocidas de la península: la Sierra del Segura. Cruzamos a la provincia de Albacete y, tras unas cuantas curvas en las que el Supermirafiori casi nos pide la jubilación anticipada, nos asomamos a un abismo espectacular. Bienvenidos a Ayna. Ayna tiene 582 habitantes y sus vecinos responden al orgulloso gentilicio de ayniegos. A este municipio se le conoce con el rimbombante pero acertado apodo de "La Suiza Manchega". El pueblo está literalmente colgado de la pared de un cañón profundísimo excavado por el río Mundo. Las casas están construidas en terrazas, unas encima de otras, y si a un vecino se le cae una maceta del balcón, le aterriza directamente en la sopa al vecino de tres calles más abajo. Pero si Ayna es un lugar de culto en la cultura pop española es por un motivo ineludible: aquí se rodó gran parte de la película "Amanece, que no es poco" del maestro José Luis Cuerda. Pasear por Ayna es pasear por un plató al aire libre del surrealismo rural. Tienen hasta un sidecar plantado en un mirador en homenaje a la película. Es un pueblo donde no te extrañaría que los vecinos brotaran de los bancales como calabazas. Históricamente, los ayniegos llevan aquí desde que el mundo es mundo. Literalmente. A pocos kilómetros del pueblo se encuentra la Cueva del Niño, donde hay pinturas rupestres del Paleolítico. Vamos, que hace 20.000 años ya había gente por aquí pintando cabras y ciervos en la pared mientras se quejaban de la humedad del cañón. Su patrimonio natural es apabullante, destacando el Balcón de los Mayas y el Mirador del Diablo, donde te asomas y sientes que te llama el vacío. Sus fiestas mayores se celebran a principios de septiembre en honor a la Virgen de lo Alto. Y lo más espectacular son sus encierros, porque las reses corren por unas calles tan empinadas y estrechas que el toro no sabe si embestir o pedir un piolet. En la mesa, Ayna ofrece comida de la sierra, contundente y honesta. Su plato estrella es el atascaburras. No os asustéis por el nombre: es un puré rústico hecho con patata cocida, bacalao desalado, ajo, nueces y huevo duro. Un manjar que, como su nombre indica, si comes mucho, te atasca hasta el alma, pero te da una energía que subes el cañón del río Mundo haciendo el pino. También bordan el cordero segureño a la brasa.

Hoy sacaremos los prismáticos para espiar a los vecinos y recordar a Gemma Cuervo, una mujer con tanta clase y tanto señorío que te pedía un vaso de agua y te daban ganas de ponértelo tú mismo en la cabeza para servirle de bandeja. Gemma nació el 22 de julio de 1936 en Barcelona, un año ideal para nacer en España si lo que te gustaba era el riesgo y la aventura. Ya de chica se le veía que tenía madera de artista porque cuando lloraba no hacía berrinches, hacía tragedias griegas con tres actos y descanso para el bocadillo. Empezó la carrera de Filosofía y Letras, que es lo que uno estudia cuando quiere tener muchas conversaciones profundas pero no tiene prisa por comprarse un piso. Menos mal que se apuntó al Teatro Universitario, porque la literatura perdió a una lectora pero España ganó a una señora que sabía mirar por encima del hombro como nadie. En los años 60 se juntó con Fernando Guillén y montaron su propia compañía de teatro. No contentos con trabajar juntos las 24 horas del día, decidieron tener tres hijos, que nacieron ya con el carné de la Unión de Actores debajo del brazo y hablando en verso. Formaron una de las sagas más importantes del país, una familia donde para pedir la sal en la cena había que proyectar la voz y vocalizar como si estuvieras en el Teatro Mérida. Gemma se tiró décadas haciendo obras de esas que duran cuatro horas, donde todo el mundo va vestido de época y al final se muere hasta el apuntador. Trabajó en el mítico programa Estudio 1, haciendo que la televisión en blanco y negro pareciera de alta definición solo con su presencia. El público la respetaba tanto que si salía en la pantalla, la gente se abrochaba el último botón de la camisa por si acaso los estaba viendo. Pero el verdadero subidón de azúcar en su carrera llegó en 2003, cuando se mudó a la calle Desengaño 21 para interpretar a Vicenta Benito en Aquí no hay quien viva. Allí formó la "Radio Patio" junto a Mariví Bilbao y Emma Penella, que eran como las tres mellizas pero con rebeca de punto, un cigarro en la boca y bolsas de cotilleos más grandes que las de la compra. Vicenta era una mujer tan ingenua que pensaba que los canapés de las fiestas los traían los mismos ángeles y que estaba enamorada de Manolo, un novio imaginario que tenía menos papeles que un conejo de campo. Luego se mudó a La que se avecina para seguir haciendo de las suyas, demostrando que con más de 70 años se podía tener más energía que un niño chico jarto de gominolas. Desgraciadamente, nuestra querida cotilla mayor del reino dejó de espiar por la mirilla en marzo de 2026 a los 89 años, aunque ustedes siempre podrán recordarla si ven a tres señoras mayores murmurando en un portal o si conocen a alguien que todavía esté esperando a que Manolo la llame por teléfono.

Esta semana en Zafarrancho Vilima nos adentramos en la España vaciada para llamar por teléfono, completamente al azar, a un pequeño pueblo y descubrir cómo se vive lejos del ruido y las prisas… o no. Después hacemos nuestro ya tradicional repaso cinematográfico pasado por el filtro vilimero con la mítica película Thelma & Louise, desmontando escenas, personajes y traumas noventeros con el rigor que nadie ha pedido. Además, vuelve el concurso más impredecible de la podcastfera: Las Vilimadas, donde la dignidad vuelve a quedar en entredicho. Y para terminar, una nueva biografía parodiada dedicada a la maravillosa Gemma Cuervo, repasando su vida y milagros como solo nosotros sabemos hacerlo. Humor, llamadas inesperadas, cine, cultura popular y mucho mamarrachismo en un nuevo episodio de Zafarrancho Vilima.

Rosa Saavedra es una oyente del programa que viene a jugar fuerte y a dejar claro que lo suyo es el humor, la comedia y el buen rollo. ¿Quieres participar en Las Vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Salimos de Uclés con el estómago empachado de morteruelo y el alma encogida por el peso de la historia de la Orden de Santiago. Arrancamos el Seat 131 y ponemos rumbo sur. Nos adentramos de lleno en la llanura manchega, recorriendo unos 140 kilómetros atravesando campos de trigo y molinos, hasta entrar en la provincia de Ciudad Real, en la mismísima comarca del Campo de Montiel. Pero ojo, que nuestro destino rompe las reglas de la física manchega: llegamos a Almedina. Almedina cuenta con 489 habitantes. Su gentilicio es almedinense. Y digo que rompe las reglas porque en medio de una llanura donde puedes ver a un perro escaparse durante tres días, Almedina está construida sobre un cerro escarpado. Sus calles tienen unas cuestas que hacen que los abuelos del pueblo tengan unos gemelos dignos de Roberto Carlos en sus mejores tiempos. El nombre no esconde mucho misterio para los que sepan árabe nivel A1: Al-Madina significa "La Ciudad". Y es que esto fue una plaza fuerte musulmana de primer orden. Pero la verdadera explosión de orgullo patrio de este pueblo tiene nombre y apellidos: Fernando Yáñez de la Almedina. ¿Que no os suena? Pues fue un pintor del Renacimiento español que, agarraos, se fue a Italia y trabajó codo con codo con mismísimo Leonardo da Vinci. Sí, un tío de un pueblo de menos de 500 habitantes pintando frescos en Florencia con el genio más grande de la historia. ¡Chúpate esa, Silicon Valley! El patrimonio de Almedina, además de su entramado urbano de "rompepiernas", incluye una iglesia parroquial preciosa (Santa María Magdalena) construida sobre una antigua mezquita, y un puente romano que demuestra que por aquí, antes de los árabes y de Da Vinci, ya pasaban las legiones haciendo el paso de la oca. Sus fiestas grandes son en octubre, en honor a la Virgen de los Remedios, y destacan también por el antiquísimo "Baile de las Ánimas" en Carnaval, una tradición de esas de capa y sombrero que te ponen los pelos de punta de lo bonitas e históricas que son. Si hablamos de meter algo en la andorga, en Almedina la cosa es seria. Pisto manchego elaborado con los tomates de sus huertas (porque sí, en las faldas del cerro tienen agua y huertas, un oasis en La Mancha), gachas de harina de almortas con sus buenos tropezones de panceta, y un queso manchego curado que te pica en el paladar lo justo para pedir otra copa de vino de Valdepeñas.

Hoy recordaremos al hombre que no necesitaba brújula porque el destino siempre le seguía a él; el único tipo capaz de diseñar un plan en mitad de una persecución y tener tiempo para elegir el color del traje. Hoy hablaremos de George Peppard, el hombre que nos enseñó que si un plan sale bien, es porque él ya lo había decidido así antes de desayunar. El pequeño George nació el 1 de octubre de 1928 en Detroit. Su padre era constructor y su madre cantante de ópera, así que el niño creció con la disciplina de un capataz y la elegancia de un tenor. De joven se unió a los Marines, donde aprendió que la mejor forma de ganar una discusión es quedarse quieto mirando al infinito con mucha superioridad. En la universidad decidió que lo suyo era el arte y se graduó en Bellas Artes, que es lo que uno estudia cuando tiene la elegancia suficiente para que le paguen por mirar cuadros. Luego se fue a Nueva York al Actors Studio, donde aprendió que para ser un gran actor hay que parecer que estás pensando en algo muy profundo, aunque solo estés decidiendo qué cenar. En 1961 llegó su gran momento con Desayuno con diamantes. Interpretaba a Paul Varjak, un escritor tan pulcro y bien peinado que parecía que dormía dentro de un bote de laca. En el rodaje con Audrey Hepburn había tanta elegancia que el set de rodaje subía de categoría solo con que él pasara por allí. El tío iba siempre tan impecable que si se caía en un charco, el charco pedía perdón. A partir de ahí, su caché subió tanto que George empezó a mirar los guiones como si fueran multas de tráfico. Tenía un carácter tan marcado que se decía que los directores, antes de rodar con él, se tomaban una tila para no deslumbrarse con su carisma. Se casó cinco veces, lo cual demuestra que era un hombre de fe: siempre creía que la próxima mudanza sería la última. En los 70 tuvo una época más tranquila, participando en películas de ciencia ficción donde los efectos especiales consistían en ponerle muchas ganas. Pero en 1983 la televisión llamó a su puerta y se convirtió en John "Hannibal" Smith. El papel era perfecto para él: un líder con el pelo color plata, siempre con un puro en la boca y capaz de disfrazarse de Godzilla sin perder la compostura. En El Equipo A, su carisma era tal que mantenía el orden en una furgoneta donde uno estaba loco, otro era un ligón y el otro llevaba más oro que una joyería en rebajas. George era el cerebro del grupo, el hombre que sonreía mientras todo explotaba a su alrededor porque sabía que, al final del capítulo, el traje le seguiría quedando impecable. Incluso cuando tuvo problemas de salud en los 90, los afrontó con la misma tranquilidad con la que Hannibal Smith esperaba a que los villanos cayeran en su trampa. Decidió que era el momento de retirarse a descansar, pero con la satisfacción de haber sido el jefe más carismático de la televisión. Desgraciadamente, el hombre del plan perfecto se marchó el 8 de mayo de 1994 a los 65 años. Aunque ustedes siempre podrán recordarlo cada vez que preparen una estrategia de última hora y sientan la necesidad de decir, con un puro imaginario en la mano: "Me encanta que los planes salgan bien".

Hoy vamos a hablar de ese invento moderno llamado "eSports", el Fortnite, el Roblox y toda esa parafernalia de niños encerrados en sus cuartos con sillas que parecen sacadas de un cohete de la NASA y cascos con micrófonos por los que gritan a gente que vive en Wisconsin. Hoy hablamos de los Gamers de antes.

Con Isabel Martínez que es monitora de pilates y nos explica la diferencia entre esa técnica y otras como el yoga, el paseo matutino o las gallordas. ¿Quieres participar en Las Vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Dejamos atrás las cuestas y los dinosaurios de Alpuente. Metemos las maletas en el maletero del Supermirafiori y ponemos rumbo oeste. Nos esperan unos 165 kilómetros de carretera nacional y autovía A-3, cruzando la frontera hacia Castilla-La Mancha hasta plantarnos en la provincia de Cuenca. Nuestro destino de hoy se ve desde kilómetros antes de llegar, imponente, arrogante. Hablamos de Uclés. Uclés tiene hoy en día la friolera de 219 habitantes según el INE. Su gentilicio es ucleseño y ucleseña. Uno podría pensar que con poco más de doscientas almas esto es un poblado de cabañas, pero no. Uclés tiene un skyline que ríete tú de Manhattan. Aquí se encuentra el Monasterio de Uclés, al que todo el mundo conoce sin exagerar ni un ápice como "El Escorial de La Mancha". Y es que el bicho tiene casi un kilómetro cuadrado de planta. Si a cada vecino le dieran una habitación del monasterio, sobrarían celdas para montar tres hoteles. Históricamente, Uclés fue la sede de la todopoderosa Orden de Santiago. Aquí los monjes no se dedicaban a hacer mermelada y licores de hierbas, no. Eran monjes guerreros, tíos con cota de malla debajo del hábito que te rezaban un padrenuestro y acto seguido te rebanaban el pescuezo en nombre de Dios. De hecho, en 1108 tuvo lugar aquí la Batalla de Uclés, también conocida como el "Desastre de Uclés", donde las tropas almorávides le dieron p'al pelo a los cristianos y murió el infante Sancho, el único hijo varón del rey Alfonso VI. Un drama de proporciones shakesperianas que ríete tú de Juego de Tronos. Además del monasterio, que tiene estilos plateresco, herreriano y churrigueresco (vamos, que no sabían cuándo parar de decorar), quedan restos del antiguo castillo árabe y unas murallas que te recuerdan que aquí, antaño, no entraba cualquiera a pedir sal. En cuanto a las fiestas, destacan las del Cristo de la Humildad en mayo, y en agosto montan un Mercado Medieval que, con el decorado que tienen, no les hace falta ni atrezzo. Te pones un saco de patatas por encima y ya pareces del siglo XII. La gastronomía en Uclés es para estómagos valientes. Estamos en la Mancha conquense. Aquí se viene a comer morteruelo, que es una especie de paté caliente de caza que resucita a un muerto, y los clásicos zarajos, que son intestinos de cordero lechal marinados y asados en un sarmiento. Suena a película gore, pero están de llorar de buenos. Todo regado con un buen resoli para hacer la digestión, un licor digestivo que lleva café, coñac, anís y la fuerza de mil demonios.

Hoy despedimos a la única mujer capaz de olvidar a su hijo en tres países distintos y seguir siendo considerada la madre del año. Hoy recordamos a la dama que no necesitaba efectos especiales porque su cara ya venía de serie con más ángulos que un examen de geometría; la mujer que podía asustar a un fantasma y luego invitarlo a una copa de vino. Hablamos de Catherine Anne O'Hara, la única persona en Hollywood que sabía gritar "¡Kevin!" de una forma que hacía que hasta los niños de los vecinos recogieran el cuarto. La pequeña Catherine nació en Toronto el 4 de marzo de 1954, en una familia tan numerosa que para pasar lista tenían que llamar a un censor del ayuntamiento. Eran siete hermanos, así que Catherine aprendió pronto que, o eras graciosa, o no te llegaban ni las sobras del guiso. De joven tenía ese aire de "niña bien" de Canadá, que es como ser de Valladolid pero con más nieve y pidiendo perdón hasta por si acaso. Empezó en el mundillo del humor con los de Second City, donde se juntó con gente como John Candy, el Juanito el Golosinas de ellos, formando un grupo que hacía que los Monty Python parecieran una reunión de vecinos de una comunidad de bienes. Allí demostró que podía imitar a cualquiera, desde una estrella de cine acabada hasta a tu tía la que se pasa con el anís en Navidad. En los 80 le llegó la fama mundial haciendo de Delia Deetz en Beetlejuice. Allí salía con unos pelos que parecían un nido de cigüeñas electrocutadas y unas esculturas que daban más miedo que una inspección de trabajo. Fue la única capaz de cenar con unos langostinos que cobraban vida y no perder la compostura, demostrando que para ser una artista moderna solo hace falta mucha laca y tener muy poca vergüenza. Pero el papel que la jubiló antes de tiempo en la mente de todos fue el de Kate McCallister en Solo en casa. Catherine se pasó media película corriendo por aeropuertos como si estuviera persiguiendo el último autobús de la noche para volver al pueblo. Logró que medio planeta se sintiera mejor padre, porque por muy mal que lo hicieras, al menos tú no te habías ido a París dejando al niño a merced de dos cacos que parecían salidos de un chiste malo. En esta época ya tenía la mandíbula que parecía un monedero grande donde te caben hasta las llaves y las cejas con vida propia, que se movían más que una menopáusica por la noche. Después de unos años haciendo de todo, se reinventó como Moira Rose en Schitt's Creek, donde llevaba más pelucas que una comparsa del Carnaval de Cádiz. Hablaba con un acento que no existía en ningún mapa y vestía como si hubiera asaltado el armario de una villana de Disney con presupuesto ilimitado. Se convirtió en un icono para los modernos, que no sabían si querían ser ella o que ella les adoptara para heredar sus sombreros. Se casó en 1992 con Bo Welch, un diseñador de producción, lo cual es muy práctico porque así si se aburría de los muebles del salón, el marido le montaba la casa de Psicosis en un momento. Tuvieron dos hijos a los que, según las malas lenguas, nunca se olvidó en ningún vuelo transatlántico, rompiendo así la magia del cine. Desgraciadamente, Catherine nos dejó el pasado 22 de abril de 2026 a los 71 años. Se ha ido dejando un hueco enorme y un montón de actrices jóvenes intentando imitar sus gestos sin que les dé un tirón en la cara, aunque ustedes siempre podrán recordarla cada vez que su tía se pase con el anís en Navidad o vean a una madre al borde del colapso nervioso.

¿Te acuerdas de la canción de Nocilla? Si tienes alguna cana, seguro que este jingle vive en tu cabeza sin pagar alquiler. En este episodio viajamos en el tiempo para descubrir los secretos de la merienda más famosa de España.Analizamos desde su origen en 1967 inspirado en Italia, hasta los sorprendentes artistas que pasaron por sus anuncios: ¡desde Alejandro Sanz y David Bisbal hasta Siniestro Total! Además, te revelamos la historia oculta de su compositor y cómo sonaría la famosa canción si se adaptara a las leyes de etiquetado actuales. ¡Prepárate para un viaje lleno de nostalgia, música y mucho cacao!

Isabel González viene a las vilimadas a demostrar que se puede tener mejor voz que Gonzalo, aunque eso sí, al final termina rendida a los encantos de nuestro seductor rondeño. Muchas risas y mucho buen rollo esta semana en Las Vilimadas. ¿Quieres participar? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Dejamos atrás Valdelinares en la provincia de Teruel , donde por fin nos han dado el diploma por sobrevivir a sus 1692 metros de altitud y nos subimos al Seat 131 Supermirafiori con los labios todavía cortados por la rasca. Para que el motor entre en calor, nos vamos a dejar caer ladera abajo, literalmente. Ponemos rumbo sur, cogemos la A-23 (la famosa Autovía Mudéjar) y, tras unos 110 kilómetros en los que casi quemamos las pastillas de freno, cruzamos la frontera y nos adentramos en la provincia de Valencia, en la comarca de Los Serranos, para llegar a nuestro destino: Alpuente. Alpuente es un municipio que cuenta con 670 habitantes, lo que le da un estatus de metrópoli dentro de la España Barbaciada. Su gentilicio es alpuentino o alpuentina. Pero ojo, que la población tiene truco, porque aquí la gente no vive toda junta. Están diseminados en una galaxia de pedanías y aldeas con nombres que son pura fantasía: Corcolilla, El Collado, Baldovar, La Cuevarruz y, para no calentarse mucho la cabeza, Campo de Arriba y Campo de Abajo. En el siglo XI, cuando el Califato de Córdoba se fue al garete y se rompió en mil pedazos, Alpuente dijo "sujétame el té con hierbabuena" y se constituyó como un reino independiente: la Taifa de Alpuente. Sí, amigos, gobernados por la dinastía de los Banu Qasim, tuvieron su propio rey, sus propias fronteras y acuñaban su propia moneda. Imaginaos a menos de mil tíos gobernando su propio país con casinos y furcias. Por supuesto, como era un punto estratégico, por aquí pasó el Cid Campeador a pedir peaje, hasta que finalmente la zona fue conquistada para la causa cristiana por nuestro ídolo absoluto y protagonista en la sombra de esta sección: Jaume I, el Conqueridor. Pero si nos vamos más atrás en el tiempo, mucho antes de Christopher Lambert, aquí hubo vida a lo grande. Alpuente es famosísimo por sus dinosaurios. Al igual que vimos en otras etapas, aquí se han encontrado fósiles importantísimos del Jurásico y el Cretácico. En la aldea de Corcolilla se pueden visitar icnitas. Para los de la LOGSE, las icnitas son huellas fosilizadas de dinosaurio. Vamos, que hace 140 millones de años un bicho de tres toneladas pisó el barro, y hoy nosotros pagamos entrada para hacerle fotos a la pisada. Su patrimonio histórico es tan contundente como sus cuestas. En lo alto del pueblo están las ruinas del Castillo de Alpuente, construido sobre un peñón de roca espectacular. Durante las Guerras Carlistas, que en esta sección son como la orquesta de las fiestas de prao (inevitables), el castillo fue el cuartel general del general Cabrera, el "Tigre del Maestrazgo". Al final lo bombardearon tanto que lo dejaron para hacer un parking. También destaca el Acueducto de Los Arcos, que todo el forastero que llega dice que es romano, pero los aguafiestas de los arqueólogos insisten en que es medieval. Sus fiestas mayores se celebran en mayo (la Fiesta de las Mozas) y en agosto. Y ojo a la gastronomía: estamos en la serranía valenciana, así que no busquéis paella. Aquí te calzan una olla churra o unas gachas con tajadicas de cerdo, que te tapan las arterias coronarias pero te dan una energía que subes al castillo a la pata coja.

Hoy descubriremos la vida del único hombre al que le gustaba el tofu. Un visionario, un estudioso de los cardo y un experto en alargar la vida a base de infusiones, que esperemos que les haya servido más a sus seguidores de lo que le han servido a él. Hoy recordaremos a Jesús Marí Alfaro Martón, más conocido como Txumari Alfaro, naturópata y más raro que encontrar un níspero del Lidl dursesito. El pequeño Txumari nació con el pelo blanco el 25 de diciembre, fun, fun, fun de 1952 en Navarra. No fue hijo único y su madre se dio cuenta desde que nació que el niño mu normal no era porque en vez de teta le pedía leche de avena. Su infancia fue mu feliz porque en el recreo ni le molestaban las palomas ni le robaban el desayuno porque en vez de un phoskitos o un bocadillo de queso cerdo él prefería llevarse zanahorias crudas, para compensar la pérdida de visión provocada por mirar eclipses con las gafas 3D que regalaban los doritos y por intentar hacer fuego frotando el palo. Una noche estando de camping libre y lavándose la güebada en un abrevadero de cabras la naturaleza le habló en forma de arbolito de Romero ardiendo y le dijo que si quería encontrar trabajo que estudiara cosas que no estuvieran demostradas por la ciencia que eso no lo estudiaba nadie y no le iba a faltar trabajo. Pero desgraciadamente su padre murió siendo él un adolescente y tuvo que dejar los estudios para trabajar de aprendiz de tornero. Desgraciadamente para el padre y afortunadamente para los médicos, PERO Txumari, que era más pesao que un terraplanista intentando demostrar que es imbécil, no se dio por vencido y se puso a estudiar por la noche, diplomándose en 1976 en Quiropraxia, que es como la Fisioterapia, pero crujiéndote el cuello mal el 76% de las veces. Txumari, seguro de haber encontrado su verdadera vocación, siguió estudiando y se tituló en 1984 en Naturopatía y Homeopatía en la Universidad Internacional de Medicinas Alternativas, cuyo temario se basaba en el recetario de una abuela de un pueblo de la Sierra de Gredos. Viendo la facilidad con la que estas disciplinas daban los títulos, que parecían los centros médicos de al lao de la DGT, Txumari se doctoró en 1985 en la Universidad de Montreal en Iridología que es el arte de saber si estás malito mirándote a los ojos con excepción de la miopía que para eso necesitas ir a un médico de verdad. Y como abrió su centro de Naturopatía en 1988 y veía la pared un poco vacía, cerró su formación doctorándose en 1989 en Acupuntura en la Universidad de Pekín, pa quitarte el lumbago pinchándote agujas como si fueras un muñequito Vudú. Y como él ya le daba al Té Matcha para tener mucha energía antes de que se pusiera de moda, durante los 80s también colaboraba con la TV vasca dando consejitos pa que no te dolieran los ojo gallos. Ahí fue cuando uno de TVE lo descubrió y en 1996 le dieron el programa La Botica de la Abuela, que fue cuando lo descubrimos nosotros. En esta época Txumari ya estaba casado, tenía dos hijas, poquito pelo y la cara que los porteros de discotecas no sabían si pedirle el carnet para confirmar que era mayor de edad o llamar al geriatrico para avisar que se les había escapado un abuelo. Después de su éxito en televisión española se fue a la cadena de los que madrugan, trabajando con Ana Rosa Quintana y consiguiendo reabrir la botica, que ahora era de Txumari; Y como una cosa lleva a otra terminó en Intereconomía con el programa Los Consejos de Txumari, recomendando beber orina en ayunas, ponerse edemas de café y cortarse las uñas los días que no contengan “R” como remedio de los padrastros. Desgraciadamente, se ve que Txumari consejos vendía pero para él no tenía y el 18 de abril de 2026, a los 73 años, este doctor del saber popular se convirtió en árbol como David, el gnomo, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cuando se coman un níspero dursesito o se laven la cococha en un abrevadero de cabras.

¡Qué tiempos aquellos en los que para entretenerse no hacía falta Wi-Fi, sino paciencia infinita y, probablemente, pegamento en los dedos! Hoy vemos a un chaval de 15 años y su hobby es "ser streamer". En mis tiempos, nuestro hobby era no perder una pieza del puzzle de 2.000 elementos durante seis meses. 1. La Marquetería: Carpintería para masoquistas La marquetería era ese arte de cortar maderas finas con un pelo de sierra que se rompía solo con mirarlo. El drama: Estar terminando el contorno de un castillo y ¡pum!, se rompe la sierra. Tenías que comprar pelos de sierra como quien compra pipas. El chiste: "¿Sabes por qué los que hacían marquetería siempre estaban tranquilos? Porque después de pasar tres horas lijando un servilletero con forma de cisne, ya nada en la vida puede alterarte". La realidad: Todo el mundo tenía en casa un estante torcido que tu padre juraba que era "estilo rústico". 2. Coleccionismo de llaveros: El peso del metal Hubo una época en la que el éxito de una persona se medía por el peso de su manojo de llaves. El despliegue: Llaveros de la bota de vino, el de la moneda para el carro del súper, y el clásico: el delfín de metacrilato con arena de Mallorca. El chiste: "Tenía tantos llaveros que no encontraba la llave de casa, pero si me atacaba un ladrón, le pegaba un bolsazo con las llaves y lo mandaba directo a la UCI". El recuerdo: Ese ruido de "clink-clink" al caminar que te hacía parecer el fantasma de las Navidades pasadas. 3. El coleccionismo de pegatinas (y el álbum de cromos) Antes de los "likes", nuestra moneda social eran las pegatinas. El tesoro: Las de relieve (que daban gustito tocar) y las que olían a frutas. El conflicto: "Te cambio dos de los Fruitis por una brillante de Oliver y Benji". Eso era Wallapop en el patio del colegio. El chiste: "¿Sabes cuál es el colmo de un coleccionista de pegatinas? Que se quede pegado a su hobby". (Vale, es malo, pero en los 80 nos reíamos con menos). 4. Puzzles: La tortura del cielo azul Hacer un puzzle era un evento familiar que ocupaba la mesa del comedor durante semanas. Se comía en el sofá porque en la mesa estaba "El Guernica" a medio hacer. La pesadilla: Las 400 piezas que eran solo cielo azul. Todas iguales. El momento cumbre: Cuando faltaba una pieza y acusabas al perro, al gato o a tu hermano de habérsela comido. El chiste: "He terminado este puzzle en solo dos semanas. Y en la caja ponía 'de 2 a 4 años'". 5. Los Autodefinidos y Crucigramas El hobby de los que querían demostrar que sabían lo que era una "isla del mar Egeo de tres letras". La técnica: Empezar con bolígrafo para ir de chulo y terminar con la hoja llena de tachones que parecían un código secreto de la CIA. El chiste: "Cariño, ¿una palabra de siete letras que signifique 'estado de felicidad absoluta e interrumpida'?" - "¡SOLTERO!". El clásico: Siempre aprendías palabras que jamás usarías en la vida real, como "Anea", "Áloe" o "Yatagán". 6. Las Maquetas de Barcos y Aviones (El olor a pegamento) Era el nivel experto de la marquetería. Cientos de piezas de plástico diminutas que debías pegar sin que tus dedos quedaran unidos para siempre. El drama: Pegar el ala de un Spitfire y darte cuenta de que habías dejado una huella dactilar gigante en el pegamento fresco. Adiós realismo. El chiste: "¿Cuál es el animal que más sabe de maquetas? El pegamento, porque siempre está pegado a los detalles". La realidad: Tu habitación olía tanto a disolvente que a los 10 minutos de montar el Titanic ya estabas viendo a los músicos tocar en la cubierta. 7. Coleccionar Sobres de Azúcar Hubo un tiempo en el que la gente no iba a las cafeterías por el cafeína, sino por el envoltorio del azúcar. Había álbumes enteros dedicados a esto. La logística: Tenías que vaciar el azúcar con un cuidado de cirujano para no romper el sobre. El resultado: botes de cristal llenos de azúcar a granel en casa. El chiste: "Mi abuelo era tan fanático de los sobres de azúcar que cuando murió no nos dejó dinero, nos dejó una diabetes de papel". El clásico: El sobre de "Signos del Zodíaco" o el de "Monumentos de España". Si tenías la Giralda de Sevilla, eras el rey del barrio. 8. Punto de Cruz y Ganchillo (Croché) No solo era cosa de abuelas; hubo una fiebre por bordar cuadros con ciervos o frases de "Bienvenido a mi hogar". El riesgo: El punto de cruz era el "Minecraft" de los 80. Un píxel mal puesto y el ciervo terminaba pareciendo un alienígena. El chiste: "¿Por qué las que hacen ganchillo nunca se pierden? Porque siempre van siguiendo el hilo de la conversación". La decoración: El horror de tener todos los aparatos electrónicos de la casa tapados con un tapete de ganchillo (la tele, el vídeo, la encimera...). 9. La Filatelia (Coleccionar Sellos) El hobby más serio del mundo. Se usaban pinzas y lupas. Parecía que estabas operando a corazón abierto, pero solo estabas mirando un sello de correos. El sacrilegio: Que alguien usara un sello de tu colección para enviar una carta de verdad. ¡Eso era motivo de desheredar a un hijo! El chiste: "Un coleccionista de sellos le dice a otro: 'He encontrado un sello único de 1850'. El otro responde: '¿Y qué tal está?'. 'Bien, pero el pegamento ya no pega una mierda'". 10. Pintar por Números Para los que queríamos ser Picasso pero no sabíamos ni dibujar un círculo con un compás. El reto: El número 4 era verde, el 5 era azul... y tú, por supuesto, te salías de la raya en todos. Terminabas con un cuadro que de lejos era un paisaje y de cerca una mancha de humedad. La frase: "Yo no pinto, yo relleno formularios con colores". 11. El Radioaficionado (El Skype de los 70) Gente encerrada en una habitación llena de cables diciendo "Breaker, breaker" y "Cambio y corto". El misterio: Hablar con un señor de Cuenca que se hacía llamar "Lobo Solitario" para preguntarle qué tiempo hacía allí. El chiste: "Papá, ¿por qué hablas con desconocidos por la radio? —Calla hijo, que estoy haciendo networking analógico".

Patricia Jiménez es una joven paraguaya que vive en Sevilla desde hace un año. Le encanta pasear, descubrir los monumentos de la ciudad y hace frotografías. Tuvo un incidente un poco desagradable recientemente que ha querido contar en nuestro programa. Si quieres participar en Las Vilimadas escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Dejamos atrás Calatañazor, bajamos del cerro con cuidado de no llevarnos por delante a ningún turista despistado, y ponemos rumbo sureste. Cogemos la SO-100, luego la N-234 y nos metemos en la A-23 dirección Teruel. Tras unos 170 kilómetros, llegamos a Valdelinares, en la provincia de Teruel, que como todos sabéis, existe… aunque a veces cueste encontrarla. Valdelinares tiene unos 90 habitantes, y ostenta un título que ya quisieran muchos: es el pueblo más alto de España, a más de 1.600 metros de altitud. Vamos, que aquí subes andando y te dan un diploma y un Aquarius de limón, que para que todo el mundo lo sepa es el normal. Es decir, que hay Aquarius de naranja y el otro, y el otro no es de limón. Stop bulos! Ojo, hay núcleos de población más altos como Pradollano en Granada pero municipio con ayuntamiento, este es el más alto. Barbaciado y alto. En la web del ayuntamiento se puede bajar un certificado de altitud, par cuando vayas a Valdelinares quede constancia de que has estado en el municipio mas alto de España. Su gentilicio es Valdelinarense. Está situado en la comarca de Gúdar-Javalambre,que tiene nombre de enfermedad de los frutales. Es una zona donde el frío no es una estación, es una forma de vida. Aquí el invierno dura ocho meses y los otros cuatro… también hace fresco. Los vecinos no dicen “hace frío”, dicen “hoy no hace tanto”. Es un pueblo que no es el típico pueblo donde estuvieron los Romanos, los visigodos y los de la Edad del Bronce. Sus primeras referencias parecen en la Edad media, allá por 1260. En torno a 1900 llegaron a 825 habitantes que es casi 10 veces mas de gente probablemente con 10 veces menos de casas. Su patrimonio es humilde pero con encanto. Destaca la iglesia de la Virgen de las Nieves, que ya el nombre te avisa de lo que te vas a encontrar. Y no es casualidad, porque Valdelinares tiene una estación de esquí. Sí amigos, un pueblo de 90 habitantes con pistas de esquí. Esto es como si en tu bloque de vecinos montáis un aeropuerto. La economía gira en torno al turismo de nieve y al veraneo, porque en verano la gente huye del calor y se refugia aquí. Es el único sitio donde en agosto puedes dormir con manta sin que te juzguen. Antes la economía giraba en torno a la ganadería por los grandes pastos, pero desde que se abrió la estación de esquí se ha cambiado la vaca por el forfait y el teleférico. Por lo que sea en Wikipedia hablan mucho de la población de aves, y a mi me gustaria conocer al que le pone los nombres a los pájaros: El mirlo capiblanco, el zorzal charlo, el lúgano, el verderón serrano, el acentor común, el reyezuelo sencillo, el reyezuelo listado, el Carbonero garrapinos, la totovía, el mosquitero común, la chova piquirroja, el búho real, el cárabo común, pito real ibérico, el azor y gavilanes entre otros. La vida cotidiana es sencilla. Aquí el bar es el centro neurálgico, el parlamento y el Netflix todo en uno. Y como en todos estos pueblos, todo el mundo se conoce. De hecho, si llega alguien nuevo, no preguntan “¿quién es?”, preguntan “¿de quién es?”. Sus fiestas son en honor a San Cristóbal, Santa Bárbara y San Roque, históricamente los días 10, 11 y 12 de Julio, pero ahora lo hacen todo la tercera semana de julio, así, a destiempo. Por supuesto como en toda esta zona, la noble tradición de mierda del Toro Embolao Valdelinares es uno de esos lugares donde el aire es puro, el cielo está lleno de estrellas y el silencio es tan grande que hasta tus pensamientos hacen eco. Y eso, en los tiempos que corren, es casi un lujo.

Hoy descubriremos a una de las últimas figuras importantes del boom latinoamericano, mezcla entre un aristócrata de sangre azul y el tío que se queda dormido en la barra de un bar donde solo hay paraos y prejubilaos con una copita de coñac hablando de la mejor carná pa pescar lisas mohoneras. El pequeño Alfredo nació el 19 de febrero de 1939 en Lima. Hijo y nieto de banquero, su familia era tan rica que en vez de pañales le ponían fundas de cojines de Zara Home y en vez de chupar teta, la madre le echaba la leche en una taza para que se la bebiera levantando el meñique. Alfredo era el típico niño de la alta alcurnia peruana que creció rodeado de jardineros, mayordomos y gente que le hacía la cama antes de que él se levantara. Estudió en colegios ingleses donde aprendió que la vida es una tragedia, pero que si te ríes fuerte parece una comedia de enredo y puedes vivir de hacer monólogos. En 1957, con 18 años, se mete en la universidad a estudiar lo que le gustaba a su madre, derecho, licenciándose en 1963, para orgullo de su progenitora y de la tía Menchu, soltera, sin hijos y en edad de hacer testamento. En 1964, como su padre no le dejaba ser hippie de pantalones acampanaos con margaritas, se fue a París a experimentar la vida bohemia, escribiendo en servilletas de papel pa que la gente se creyera que no tenía ni pa folios. Eso sí, se graduó en Literatura Francesa en la Sorbona pa que su padre no sospechara que lo que estaba haciendo en verdá era gastarse su dinero y ducharse poco. Allí nació su obra cumbre: "Un mundo para Julius", un libro donde cuenta cómo es ser un niño rico rodeado de sirvientes pero más solo que un extranjero en una mudanza. Como tuvo tanto éxito, aprovechó y se sacó el doctorado en Letras en 1977, que eso engorda mucho el CV y le iba a hacer falta trabajá, porque en 1968, el general Juan Velasco Alvarado nacionalizó el Banco Internacional de Perú y el padre de Alfredo se quedó en paro a dos años de jubilarse. Viendo el percal, Alfredo se buscó un trabajito de profesor de español en París hasta que en 1980 se mudó a España y se dedicó a vivir de la escritura y de lo de la tía Menchu. Sus libros son como ese primo que se enrolla en las bodas y te cuenta su vida dando tantas vueltas que te deja mareao perdío pero al que acabas invitando a otro cubata. Se inventó el término de la "antimemoria", que básicamente es decir: "Te cuento mi vida, pero como tengo menos memoria que un disquete de 3.1/2, me invento la mitad pa darle chicha". En esta época ya Alfredo era una mezcla entre esa señora de pueblo que baldea las aceras y Shin-Chan y había probado más marcas de vodkas que un veterenao de guerra ruso, porque Alfredo se bebía hasta el alcohol de los choricitos al infierno. En 1999 volvió a Perú pero ante el clima político reinante hizo como el padre de Homer Simpson que entra, se quita el sombrero, lo cuelga, lo coge otra vez y se va. En 2009 le cayó una multa de 57.000 dólares por contratar de ayudante al mismo que contrató Ana Rosa Quintana. Se casó 3 veces y se lió con una modelo 32 años más joven, con esa cara que tenía, y en 2019, harto de que le preguntaran cuándo iba a sacar un nuevo libro anunció que se jubilaba y que en mayo se iba con el Imserso a Roquetas de Mar. Desgraciadamente, este prolífico escritor peruano hizo baja en el sistema de pensiones el 10 de marzo de 2026 a los 87 años, aunque ustedes siempre podrán recordarlo si alguna vez compran una funda de cojín Zara Home o ven a un bohemio escribiendo un poema en una servilleta.

Hoy vamos a hablar de ese invento moderno llamado Vinted, que nos han vendido como la última revolución ecológica... ¡venga ya, hombre! ¡Si eso lo inventaron nuestras madres con una bolsa de basura y tres metros de cuerda! Lo que hoy llaman 'economía circular', en mi barrio se llamaba 'el fardo de la tía abuela'. Ese paquete que llegaba a casa y que, al abrirlo, soltaba una nube de naftalina que te dejaba anestesiado hasta el miércoles. ¡Eso sí que era un algoritmo de búsqueda y no el de Google! Mi madre te miraba y decía: 'Póntelo, que te viene niquelado'. Y ahí ibas tú, con un abrigo que pesaba tres kilos y unas solapas que, si soplaba el viento de levante, acababas aterrizando en Huelva. ¡Y qué me decís del empaquetado! En Vinted te mandan la ropa con papel de seda y una pegatina de agradecimiento. ¡Venga, hombre! El 'Vinted' de antes te lo daban en una bolsa del Simago con las asas pegadas con celo, y dentro iba un jersey que picaba tanto que, si te lo ponías sin camiseta, te salían chispas por las orejas. ¡Aquello no era ropa, era un tratamiento de exfoliación radical! Hoy en el Zafarrancho recordamos la era del 'remiendo estratégico' y la ropa con memoria. ¿A quién le heredaste tú ese chándal de táctel que todavía brilla en el fondo del trastero? ¡Arrancamos!" "La Ropa no se tira, se transforma" En la era pre-Vinted, no se vendía nada porque todo tenía una séptima vida. No existía el "valor de reventa", existía el "valor de supervivencia". La ropa no era una mercancía, era una herencia genética que mutaba con el tiempo. La Jerarquía de la Reutilización (El Ciclo de la Vida Textil) El Estirón del Primogénito: Todo empezaba con una prenda nueva (generalmente comprada dos tallas más grande "para que le durara"). Cuando el hermano mayor pegaba el estirón, se activaba el protocolo. Si el pantalón se quedaba corto, no se vendía: se le sacaba el dobladillo. Aquella marca de color distinto en el bajo del pantalón era el "sello de calidad" de la clase media. El Sistema de Herencia Vertical (Los Primos): Antes de los envíos por Correos, existían las bolsas de basura industriales llenas de ropa que viajaban de una casa a otra en el maletero de un coche. El chiste: Recibir la bolsa de un primo que medía dos metros siendo tú un retaco era como heredar las túnicas de un profeta. Te ponías el jersey y las mangas te servían de sacos de dormir. La Mutación en "Ropa de Trote": Cuando una prenda ya tenía un "tomate" (agujero) que ni la tía más mañosa podía zurcir, no iba a la basura. Pasaba a ser ropa de campo, de pintar o de hacer la matanza. El ejemplo: Ese chándal de táctel que brillaba en la oscuridad y que terminaba con manchas de cal de cuando tu padre pintó el patio en el 92. La Ingeniería de las Rodilleras y Coderas: Eran los "parches de seguridad" de la época. Si rompías el pantalón por la rodilla, tu madre le pegaba una rodillera de polipiel con la plancha. El detalle: A veces las rodilleras eran tan rígidas que el niño no podía doblar la pierna y caminaba por el recreo como un Legionario de la Guerra de las Galaxias. El Destino Final: El Trapo del Polvo: Este es el Vinted definitivo. Cuando la camiseta ya no servía ni para dormir, se le cortaban las costuras y los botones (que se guardaban en la mítica caja de galletas danesas) y se convertía en trapo. El chiste: El drama existencial de estar limpiando los cristales y darte cuenta de que el trapo que tienes en la mano es la camiseta de Naranjito que tanto amabas. El "Vinted" de los Mercadillos y el Trueque de Barrio La figura de la "Apañada": Esa vecina que te cambiaba un abrigo que le quedaba chico a su hijo por una caja de mantecados o un favor. El algoritmo de Vinted era la señora del cuarto derecha que sabía perfectamente qué talla usaba cada niño del bloque. La ropa "de los domingos": Esa que se guardaba en papel de seda y que, tras diez años y tres dueños, seguía oliendo a naftalina. Era la única que podía aspirar a ser regalada a alguien "de fuera" de la familia como si fuera nueva.

Juande Ibáñez es un pedazo de escritor y taco de buena gente y gracioso. Ha venido, sobre todo a dejarse seducir por Gonzalo Rivas y ha presentar el pedazo de libro que ha escrito que se llama Las Tortugas no Vuelan. Parece que se pasó un poco con el Flor de Utrera ¿Vosotr@s qué pensáis? Si quieres participar en Las Vilimadas escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Salimos de Sasamón, provincia de Burgos, con nuestro Seat 131 Supermirafiori, que ya tiene más kilómetros que el baúl de la Piquer, y ponemos rumbo sureste. Cogemos la BU-404, enlazamos con la A-231 y posteriormente con la A-15 dirección Soria. Tras aproximadamente 150 kilómetros, lo justo para que te dé tiempo a discutir con el copiloto, llegamos a Calatañazor, un municipio con unos 43 habitantes. Es el típico pueblo en el que cuando en verano van los hijos con los nietos , se llega fácilmente a 200. Calatañazor es uno de esos pueblos que parecen un decorado de película medieval, pero sin figurantes, solo protagonistas, porque no hay gente para figurar. Aparte de la gran urbe, tiene dos núcleos poblacionales más: Abioncillo de Calatañazor y Aldehuela de Calatañazor. En cuanto a la etimología de su nombre hay dos corrientes de pensamiento, como los terraplanistas y los otros. Opción 1, proviene de Qal'at an-Nusur (castillo de las águilas). Opción 2, proviene de Qal'at an-Nazur (castillo de la torre) Su gentilicio es Villano o Villana, como Lex Luthor o el Joker. Históricamente lo importante pasó, muy pronto, en el verano de 1002 (se ve que no quisieron ajustar más la fecha). Aquí tuvo lugar la famosa batalla de Calatañazor, donde “”Almanzor perdió su tambor”, ya que fue su primera derrota en una batalla. Además de Almanzor, por aquí pasaron Alfonso X, Sancho IV y Maria de Padilla. De hecho los Padilla fueron los señores de todo esto mucho tiempo hasta que pasó a los duques de Medinaceli, y finalmente acabó en manos del marqués de Feria. No confundir con el duque de Feria. Al marqués de Feria no le gustaban las niñas, esa es la diferencia. El pueblo está en lo alto de un cerro, con calles empedradas, casas de madera y adobe, y un silencio que da miedo. Su castillo, en ruinas pero con mucha presencia, domina el paisaje. Es de esos sitios donde uno se imagina a los soldados vigilando el horizonte… o echando la siesta, porque con 50 habitantes no hay mucho que vigilar. También destaca la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, que es románica, gótica, o lo que haya tocado ese día, porque ya sabéis que estas etiquetas son un poco “café para todos”. En cuanto a naturaleza, el entorno es espectacular. Está cerca del sabinar de Calatañazor, uno de los más importantes de Europa. Yo se que todos lo sabéis, pero una sabina es el arbol Juniperus thurifera. La vida en el pueblo es tranquila. Demasiado tranquila El cotilleo debe ser aqui deporte olimpico, Sus fiestas son las típicas: procesión, verbena y ese momento mágico en el que alguien saca una guitarra y se cree Paco de Lucia. Pero lo bonito de Calatañazor es eso, que mantiene la esencia de la España más auténtica, esa donde el tiempo se paró… y nadie ha venido a darle al play. Nos vamos de Calatañazor con la sensación de haber estado en un sitio donde la historia pesa más que los habitantes. Y eso, amigos, no es fácil.

Hoy recordaremos al hombre que le daba miedo al miedo, que de chico era él quién se reñía a sí mismo cuando no se comía las verduras; El único hombre capaz de aguantar la mirada furiosa de una madre, hoy hablaremos de Carlos Ray Norris, más conocido como Chuck Norris, el único pelirrojo respetado y temido a partes iguales. El pequeño Carlos nació el 10 de marzo de 1940 en Oklahoma. Era una cosa rara, como Aznar sin bigote, era medio irlandés y medio cherokee, vamos que tenía todas las papeletas de beberse hasta el Listerine. Carlos era además el mayor de 3 niños, pero pa la madre era como si sólo hubiera tenido uno porque los tres tenían la misma cara y sólo le tenía que comprar ropa al primero. Ya de chico se le veía que tenía madera porque cuando entraba en clase el que se ponía de pie era el profesor. Que un día le entró un siroco y rompió el cristal de una puerta y expulsaron del colegio 2 semanas a la puerta. En 1956 sus padres se divorciaron pero no tuvieron que gastarse dinero en la procuradora ni ná porque como Carlos ya tenía 16 años, con su firma ya valía. Al poco tiempo se mudó con su madre y sus hermanos a Kansas y al poquito a California, que se mudaban tanto que parecía que los estaba persiguiendo el cartero con una carta certificá de Hacienda. Dos años después, con 18 años, se casó con Dianne y se unió a las Fuerza Aéreas de los Estados Unidos como policía militar, siendo el primer recluta al que le permitieron dejarse la barba porque nadie tenía cohone de decirle que se afeitara. Al poco fue enviado a la base de Corea del Sur donde sus compañeros le pusieron el mote de Chuck. Nacía una leyenda. En Corea fue donde comenzó su aprendizaje de las artes marciales y tocó casi tó los palos, Taekwondo, Tang Soo Do (que es el “camino de la mano china”, lo que viene siendo una guantá fuerte), Judo japonés, Hapkido (que es “el camino de la unión con la energía universal”, vamos alinerale los chakras a alguien de un trompazo). Na más que le faltó la Seguiriya y la Bulería. Volvió a Estados Unidos, a la base de California, y en 1962 se licenció y nacieron su hijo Mike, de su mujé, y su hija Dina de una novia a la que le dijo que ya se estaba separando. 30 años tardó en separarse. Pa desestresarse empezó a practicar boxeo, karate y jiu-jitsu, que parece el nombre de un aire acondicionado pero no, es como el Sumo pero pa canijos. Chuck tenía más cinturones negros que un adolescente gótico y fue campeón mundial de karate desde el 1968 al 1974. El tío creó hasta su propia arte marcial, el Chun Kuk Do, que era como lo del camino de la mano china de la guantá, pero con la mano cerrá. En esta época llevaba la barba de un color óxido de picadura de un cuchillo y el pelo que no era melena pero lo llevaba despeinao y abierto como la fregona de una peña. En 1972 debutó en el cine como antagonista de Bruce Lee en El Furor del Dragón, donde ambos se enfrentan en un combate final sin efectos especiales a lo Street Fighter en el Coliseo de Roma, ganando Bruce Lee, que pa eso llegó antes a Hollywood. Luego siguió haciendo películas de tiros y de 1993 a 2001 se convirtió en un Ranger de Texas llamado Collder Walker, que defendía los buenos valores, la ley y la justicia, sin ser él nada de eso, que él escuchaba a Carlos Herrera. En 1998 se casó con una modelo 23 años más joven que él, con quien tuvo a sus mellizas y que ahora se habrá quedao tela de a gusto sola, joven y con tó la herencia. En 2017 sufrió dos infartos que se curó él mismo con paracetamol y mucha agua. Desgraciadamente, el inmortal de Chuck Norris dejó de dar cates el 19 de marzo de 2026 a los 86 años, aunque ustedes siempre podrán recordarlo si alguna vez necesitan de una procuradora o ven a alguien utilizar la técnica del “camino de la mano china”.

El primer beso es ese hito histórico que recordamos con una mezcla de cariño y vergüenza ajena. Hoy abrimos el baúl de los recuerdos del Zafarrancho para hablar de esos romances que duraban lo mismo que un capítulo de Oliver y Benji. Queremos saber tu historia: ¿Fue en un portal? ¿Había "guardia pretoriana" de amigos vigilando? ♂️ ¿A qué sabía: a chicle de fresa o a mortadela del recreo? ¡Deja tu anécdota abajo y que corra el carmín (o la babilla)!

Paco Torres es un oyente que nos mandó un correo muy cariñoso a zafarranchovilima@gmail.com en el que se deshacía en elogios con el programa y el equipo. Por supuesto, sabemos que fue una forma de pasarse la cola de oyentes que esperan para ser atendidos en el concurso, pero accedimos a su chantaje emocional ;-D

Para terminar nuestra aventura de hoy, bajamos de la montaña palentina y nos adentramos en la inmensidad de la meseta burgalesa por la A-67 y la A-231, recorriendo unos 102 kilómetros de horizonte rectilíneo hasta llegar a la villa de Sasamón. Aquí el paisaje se estira como un chicle y el color ocre del cereal domina la vista. Sasamón tiene 934 habitantes, rozando el límite de nuestra sección, pero su importancia histórica es tan descomunal que el SuperMirafiori se detiene por puro respeto institucional. Su gentilicio es sasamonense (o segisamonense, si quieren dárselas de intelectuales con su cuñado en la cena de Navidad). Y es que Sasamón fue la antigua Segisama, el lugar donde el mismísimo emperador Augusto instaló su campamento base durante las Guerras Cántabras en el siglo I a.C. Imagínense al hombre más poderoso del planeta, con sus legiones y sus águilas doradas, decidiendo que este era el sitio estratégico para dar "pal pelo" a los rebeldes del norte. Sasamón era un nudo de comunicaciones vital en la Vía Romana de Italia a Hispania, y de esa época gloriosa aún quedan vestigios de calzadas y puentes como el de Trisla sobre el río Brullés, que ha visto pasar más sandalias romanas que una tienda de disfraces en carnavales. La villa conserva esa planta medieval de calles circulares que invitan a perderse mientras imaginas el ruido de los carros cargados de grano. Para profundizar en su legado, debemos mencionar que Sasamón no solo fue un hito romano, sino un centro neurálgico en la Baja Edad Media. La villa fue sede episcopal hasta que la sede se trasladó a Burgos, lo que explica la magnificencia de sus templos. De hecho, en el siglo XV, Sasamón fue testigo de la firma del polémico Tratado de Sasamón, y su nombre aparece vinculado a las grandes familias castellanas que buscaban el favor de la monarquía. Su muralla, de la que aún se conservan lienzos y puertas monumentales, protegía una ciudad que llegó a tener un mercado de gran relevancia regional. Históricamente, también destaca su papel durante la Guerra de las Comunidades, donde la villa mantuvo una postura que mezclaba la lealtad a la corona con la defensa de sus propios fueros comerciales. Es esa mezcla de ciudad imperial romana y burgo medieval orgulloso lo que le otorga su carácter único en la provincia burgalesa, siendo un testimonio de piedra del paso de los siglos por el Camino de Santiago. Caminar por las calles de Sasamón es tropezar con la grandeza a cada paso. La Colegiata de Santa María la Real, del siglo XIII, es una "mini-catedral" gótica que te deja con el cuello torcido de mirar hacia arriba. Su portada de San Miguel es una joya que se mira de tú a tú con la Catedral de Burgos, con una decoración que parece encaje de bolillos hecho en piedra. Pero Sasamón también tiene un lado fascinante y un poco loco que nos encanta: la Casa de Salaguti. Carlos Salazar, un artista local apodado Salaguti, ha convertido su casa-estudio en una obra de arte surrealista que parece el hijo ilegítimo de una obra de Gaudí y una película de Dalí. Es una construcción orgánica, con rostros gigantes y formas oníricas que te vigilan con ojos de piedra. Y por supuesto, no se pueden marchar de aquí sin pasar por el Museo del Queso. El queso de Sasamón es tan famoso que debería ser moneda de curso legal. Es el final perfecto para nuestra ruta: un lugar donde la Roma imperial, el gótico más purista, las murallas medievales y el surrealismo moderno se dan la mano mientras se comen una cuña de queso de oveja de esa que pica un poquito. De las legiones de Augusto a los gigantes de piedra de Salaguti, Sasamón es el broche de oro de la Castilla más auténtica y profunda.

Hoy os contaremos la historia de la mejor nany de Hollywood, que daba igual que fuera mágica o la niñera de 7 gremlins, siempre la llamaban Mary, porque quién conoce una niñera que se llame Cayetana. Hoy hablaremos de Julia Elizabeth Wells. La pequeña Julie nació el 1 de octubre de 1935 en un pueblecito de Inglaterra a las orillas del río Támesis. Su madre era Bárbara Ward, una pianista profesional de gran talento, poca paciencia y más oscura que el castillo de Drácula. Su padre era un maestro respetuoso y amable llamado Edward Charles Wells, al que su mujé llamaba “Ted” y nosotros “Ted1” Ted1 cuidaba de Julie, le enseñaba literatura y la llevaba al parque mientras que Bárbara se iba de gira con el cantante canadiense, Ted Andrews, “Ted2” que le venía muy bien porque así no se equivocaba con los nombres. En una de esas giras, Bárbara sufrió una aparatosa caída sobre Ted2 que la dejó 9 meses con naúseas, vómitos y 15 kilos de más. Julie se quedó con su padre, Ted1, hasta los 8 años porque en 1943 nació Donald, de “Ted2” y sus padres se divorciaron. La madre aprovechó el libro de familia, tachó el Wells de Ted1 y puso el Andrews del Ted2. Y por eso Julie pasó a llamarse Julie Andrews. Juilie era muy tímida y torpe pero capaz de cantar notas que sólo los perros podían oír, lo malo era que nadie le aplaudía porque la niña movía los labios pero parecía que se estaba quemando el cielo de la boca con un buñuelo. Ted2 se dio cuenta de la excepcionalidad de su voz y la enseñó a cantar mientras los bombardeos caían sobre Londres. De hecho, Ted2 bajaba con su guitarra al metro para tranquilizar a los aterrados londinenses que se escondían de las bombas. Julie dejó el colegio y con sólo 10 años empezó a actuar en las giras de su madre y el bueno de Ted2. A los 13 años ya mantenía a su familia y se exigía más que un recién divorciado en un gimnasio. Era 1948 y se convertía en la artista más joven en actuar para el rey Jorge VI, la reina Isabel I y sus hijas, las princesas Isabel y Margarita. Julie tenía 14 años y echaba de menos a Ted1. Mientras tanto el alcohólico de Ted2 entraba por la noche en la habitación de la niña con las mismas intenciones que Sánchez Dragó en Tailandia. Y como su madre le hacía menos caso que Ferreras a sus colaboradores, Julie se lo dijo a su tía, que mandó a su tío al día siguiente para ponerle un pestillo en la puerta. Y como Julie era más pesa con Ted1 que Feijoó con que ganó las elecciones, su madre la llevó a una fiesta dónde la niña no se encontró con Ted1 pero conoció a un tío más guapo que el alcalde de Rota. La madre con la borrachera dijo que quería a todo el mundo y que el guapo con la cara del alcalde de Rota era su padre biológico, Ted3. En 1954, con 19 años debutó en Broadway y en 1956 en el teatro con My Fair Lady que tuvo tanto éxito que contrataron a Audrey Hepburn para protagonizar la película en 1964. Pero a ella le dio igual porque la llamaron para hacer Mary Poppins y se llevó el Óscar. Ya en esta época tenía la cara de no chupar la cabeza de la gamba, de usar sólo dos deditos y de soltar antes porque no quería mancharse, pero lo compensaba diciendo palabrotas. Al año siguiente, en 1965, con 30 años, protagonizó Sonrisas y Lágrimas, otro éxito por el que casi le dan otro Óscar. Después de desarrollar su carrera en Hollywood volvió a Broadway 35 años después para protagonizar el musical Victor/Victoria pero duró menos que Fernando Alonso en una carrera y la tuvo que sustituir Liza Minelli porque forzó la voz más que Pablo Motos un chiste. A Julie le operaron la laringe, con tan mala suerte que pasó de tener voz de soprano de coloratura de 5 octavas a tener la voz de Terele Pávez, aunque con una indemnización de 25 millones de euros. Julie se casó 2 veces y tuvo una hija con quien después de pasar una pena mu profunda por hablar como Marge Simpson se dedicó a escribir cuentos infantiles y, contra todo pronóstico y después de 4 operaciones más, ser la voz en off de Los Bridgerton. Afortunadamente, nuestra protagonista tiene 90 años y vive en Beverly Hills, como los de Sensación de Vivir. Y ustedes podrán recordarla cada vez que conozcan a alguien que no chupe la cabeza de la gamba o Fernando Alonso no pueda acabar una carrera.

¿Herencia en vida? Sí, pero no la que esperas. Olvida las escrituras del piso; antes te va a caer el televisor de 40 kilos que "aún se ve de lujo" y la mítica vajilla de Duralex incompleta. Hoy en Zafarrancho Vilima analizamos el 'Plan Prever Familiar': ese arte de nuestros padres de vaciar su trastero usando nuestro salón como punto limpio. ¿Es amor o es que no quieren bajar ellos al contenedor? Dale al play y descubre si a ti también te han endosado una chaqueta de ante "moderna".

Se llama Manu Fernández y es un fenómeno en redes sociales desde su cuenta semilleriabenacazon Simpático y divertido, nos alegra con sus bailes imposibles desde su negocio en el Aljarafe sevillano. En esta ocasión, fue él quien sedujo a Gonzalo ¿o no? Yo que sé, mejor lo escuchas. ¿Quieres participar en las vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail..com

Abandonamos el mar y el desfiladero para subir hacia las nubes palentinas. Tomamos la CA-282 y la CL-627, cruzando el mítico puerto de Piedrasluengas en un viaje de 115 kilómetros que nos deja con los oídos taponados y el alma en un vilo. Bienvenidos a Brañosera, un pueblo de 252 habitantes que no es un pueblo cualquiera: es, oficialmente, el Primer Ayuntamiento de España. Aquí el orgullo se mide en siglos, concretamente en doce, que se dice pronto. Si ven a un vecino por la calle, háganle una reverencia, que están ante la aristocracia del municipalismo europeo. Su gentilicio es brañoserano y brañoserana. El brañoserano tiene el honor de vivir en la cuna de nuestra organización civil. En el año 824, el conde Munio Núñez y su esposa Argilo concedieron la Carta Puebla a cinco familias. Les dijeron: "Si aguantáis aquí este frío que pela, a los lobos que aúllan de hambre y a los sarracenos que asoman por el horizonte, esta tierra es vuestra y os gobernaréis vosotros mismos". Y así nació el primer fuero de España. El documento original se custodia como oro en paño en el Monasterio de Silos, pero en Brañosera la historia se palpa en el Monumento a los Fueros y en la piedra oscura y resistente de sus fachadas, que parecen diseñadas para aguantar un bombardeo o un invierno palentino de los de antes, de esos que dejaban el pueblo incomunicado durante semanas. Para entender la magnitud de este lugar, hay que recordar que su nombre deriva de "Brannia-Oseria", que en romance antiguo significaba "braña de osos", reflejando lo salvaje de estas tierras cuando el Conde Munio Núñez decidió asentarse aquí. Según las crónicas, la concesión del fuero no fue solo un acto de generosidad, sino una estrategia militar de la Reconquista para crear una barrera humana en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica. La importancia de Brañosera fue tal que, siglos después, en el año 968, los habitantes de la villa confirmaron sus fueros ante el nieto del fundador, Fernán González, el primer Conde independiente de Castilla. Incluso durante la Guerra de la Independencia, el valor de sus gentes fue clave en la resistencia contra las tropas napoleónicas que intentaban controlar los pasos de montaña. Este pasado guerrero y administrativo se funde con la tradición ganadera, donde la trashumancia marcó durante siglos el ritmo de una sociedad que sabía que el derecho a la tierra se ganaba con el sudor y la ley escrita. La altitud (casi 1.200 metros) hace que aquí el invierno no sea una estación, sino un estado mental que dura ocho meses. Pero el brañoserano no se achanta; de hecho, durante gran parte del siglo XX vivieron de la minería del carbón, una industria durísima que forjó un carácter de acero y una solidaridad que ya quisiéramos en las grandes ciudades. En cuanto al patrimonio, no se pueden perder la Iglesia de Santa Eulalia, con un ábside románico que es pura poesía en piedra, o la pequeña ermita de San Roque que vigila el pueblo. Brañosera es además territorio del oso pardo y del urogallo, aunque lo más probable es que vean más ciervos que osos. Pasear por el bosque de la Pedrosa es como entrar en un decorado de El Señor de los Anillos, con acebos centenarios y una luz que parece filtrada por un estudio de cine. Y hablando de comer, aquí el chuletón de ternera de la Montaña Palentina se sirve en raciones que te dan energía para refundar la nación tú solo. Es un lugar de silencio absoluto, de campanas que suenan a historia vieja y de una paz que solo se encuentra cuando sabes que tus antepasados ya firmaban actas municipales cuando el resto del mundo todavía no sabía ni lo que era un concejal.

Hoy recordaremos las hazañas del guionista Luis Peñafiel aunque era más conocido como director de cine fantástico y de terror o realizador de entretenidos programas televisivos. Hoy hablaremos de Narciso Ibáñez Serrador. El pequeño Chicho nació el 4 de julio de 1935 en Montevideo. Hijo único del director teatral, Narciso Ibánez Menta, y la actriz, Pepita Serrador, que era guapa de cartel de clínica privada pero más seca que julio en Sevilla. Sus abuelos paternos eran españoles y los dueños de una compañía de teatro que emigraron a Argentina en 1920 por eso Chicho dio más vueltas por Latinoamérica que Fernando Esteso persiguiendo una Sueca. Chicho padecía de Púrpura Hemorrágica, que es como la hemofilia pero pa los pobres. Esta condición hizo que, por seguridad, pasara sus primeros años alejado de sus padres cuando se iban de gira, sin poder jugar con otros niños ni practicar deporte, porque si se hacía un rasguño convertía el patio del colegio en una escena de holocausto caníbal. Cuando cumplió 5 años sus padres se separaron y Chicho se quedó con su madre que mu buena, mu santa pero más estricta que el padre de Michael Jackson. Su primer papel en la industria audiovisual fue en 1943 en la película de Walt Disney Bambi, con tan sólo 8 años, siendo para toda hispanoamérica la voz de Tambor, el conejito que parecía que iba siempre hasta arriba de Colacao. En 1947, con 12 años, se mudó a España con su madre. Como el niño había estado aburrido tanto tiempo se había leído hasta el manuscrito Voynich; el niño era más culto que el mayordomo de Batman así que la madre lo metió en el instituto de La Salle. Pero para ella eso no era suficiente, así que se lo llevaba al teatro y hacía como Amancio con la hija, lo ponía de acomodador, de taquillero, de árbol, antes de llegar a realizador. A principios de la década de los 50 le dijo a la madre que se comprara un poto que él se iba a Egipto detrás de una chavalita, que no se preocupara, que el comía de tó. Su carrera profesional empezó cuando volvió a Argentina a finales de los 50, aprovechando su talento como escritor de guiones y que su padre ya era como el Estiven Espilber de allí. En 1960 destacó con su primera serie de terror Obras Maestras de Terror pero la tele Argentina no le gustaba porque tenía menos calidad que los efectos especiales de Flash Gordon. Así que a los 28 años regresó a España y se apuntó al INEM. A la semana lo llamaron y dijeron que había un puesto de trabajo en TVE y ya no lo vieron más ni por el SAE ni por el SEPE. Empezó adaptando el teatro a la TV con Estudio3 y siguió escribiendo series de terror y reciclando algunas de las que hizo en Argentina porque en 1965 a ver quién se iba a dar cuenta en España de que iba a cobrar dos veces por lo mismo. En 1966 fue cuando dio el salto al éxito con una serie que daba más miedo que la dictadura, Historias para no dormir, aunque su consagración llegaría en 1972 no con el teatro, ni como guionista sino como creador de un espacio televisivo capaz de no chocar con la censura. Nacía el Un, Dos, Tres. Pero como su padre confiaba menos en el proyecto que James Cameron en Titanic, Chicho no puso al principio su nombre en los créditos, por lo que pudiera pasar. Cuando se afianzó el éxito del programa añadió un “Y si algo falla el responsable es…Narciso Ibáñez Serrador, porque a toro pasao hasta el aguador es torero. En esta época ya tenía papada pa 3 tortillas y las gafas de pasta gorda de quien se ha leído el manuscrito Voynich que luego cambiaría por unas finitas doradas, un fular y un puro. Chicho siguió triunfando con otros programas como Waku, Waku, Hablemos de Sexo o el Semáforo aunque también es verdad que tampoco había mucho más en la tele para elegir. Se casó, se rejuntó, se divorció, se separó y tuvo hijos con unas pocas, aunque a lo mejor no en el orden más respetuoso para sus parejas. En 2012 le sacaron una foto que han puesto en Wikipedia que parece Papá Noel cuando le dicen lo que tiene que pagar ese trimestre de IVA. Desgraciadamente, nuestro protagonista dejó de crear sueños el 7 de enero de 2019, a los 83 años, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cada vez que conozcan a alguien que coma de tó o cuando alguien confíen menos en ustedes que James Cameron en Titanic.

¡Prepara las sandalias y el gladius! ️⚔️ En este nuevo episodio de Zafarrancho Vilima, nos ponemos la toga para analizar un pilar del cine: "Espartaco" (1960). ¿Es la obra maestra definitiva de Kubrick o un dolor de cabeza de sandalias y sudor? Hablamos de la mítica escena de "Yo soy Espartaco", los líos de Kirk Douglas, la censura de la época y por qué, décadas después, esta rebelión de esclavos sigue dándonos de qué hablar (con nuestro toque vilimero de siempre, claro). En este vídeo encontrarás: ✅ Curiosidades que no sabías del rodaje. ✅ El análisis "marca de la casa" de los personajes. ✅ ¿Aguanta bien el paso del tiempo o necesita una restauración urgente? Dale al play, suscríbete y dinos en los comentarios: ¿Quién es para ti el auténtico Espartaco? #ZafarranchoVilima #Espartaco #CineClasico #KirkDouglas #StanleyKubrick #HumorYHistoria

Hoy en las vilimadas hacemos una conexión telefónica de más de once mil kilómetros para hablar con Javier Serrano, un sevillano que vive desde hace un viaje de tiempo en Japón y que a ver como vamos a mandarle a este hombre la camiseta y la botella de Flor de Utrera. Nos cuenta cosas taco de interesantes sobre el país nipón y por supuesto se deja seducir por Gonzalo Rivas. ¿Quieres participar en Las Vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Cruzamos la frontera invisible que separa el cachopo del cocido montañés y nos internamos en tierras cántabras por la A-8, para luego desviarnos por la N-621 en un trayecto de unos 122 kilómetros que nos lleva directos al Desfiladero de la Hermida. Si ustedes sufren de vértigo o claustrofobia, mejor cierren los ojos y recen lo que sepan, porque las paredes de roca caliza se elevan más de 600 metros sobre sus cabezas. Hemos llegado a Peñarrubia, un municipio de apenas 317 habitantes cuya capital es Linares, un pueblo que parece estar suspendido de un hilo de seda sobre el abismo y donde las nubes a veces entran por la ventana de la cocina para saludar. Su gentilicio es peñarrubusco o peñarrubusca. El peñarrubusco es una persona de otra pasta, acostumbrada a que el horizonte siempre tenga forma de pared vertical. La historia de Peñarrubia está ligada a las Asturias de Santillana y a los linajes de la nobleza montañesa que se partían la cara por cada palmo de tierra. En Linares destaca la imponente Torre del Pontón, una estructura defensiva del siglo XIV que controlaba el paso por el valle. Imagínense a los soldados de la casa de los Manrique asomados a esas almenas, vigilando que ningún despistado pasara sin pagar el portazgo o, peor aún, que no vinieran con malas intenciones desde la meseta. La torre es gótica, robusta y con unos muros que harían que un arquitecto moderno se echara a llorar de pura envidia técnica. No es solo una torre, es el símbolo de un tiempo donde la piedra era la única seguridad frente al mundo exterior. Pero Peñarrubia tiene un secreto que nos encanta en este programa: el Mirador de Santa Catalina. Está situado sobre las ruinas de una fortaleza altomedieval llamada la Bolera de los Moros. Desde allí, el vacío te saluda y puedes ver el río Deva allá abajo, pareciendo un hilillo de plata que serpentea entre las rocas. Dicen que desde este mirador se pueden ver hasta los pecados que cometiste en el instituto si miras con suficiente atención. Y para bajar la adrenalina, nada como el barrio de La Hermida. Aquí el agua brota de la tierra a 60 grados centígrados, como si el mismísimo diablo estuviera haciendo una sopa en el sótano. Los romanos, que eran muy de ponerse en remojo y sabían vivir como reyes, ya conocían estas fuentes termales. En el siglo XIX se construyó el balneario actual, que fue refugio de la burguesía que venía a "tomar las aguas" con sus sombreros y sus bastones de mando. Es el contraste perfecto: la dureza de la piedra del desfiladero y el calor relajante del agua medicinal que cura desde el reuma hasta las penas del alma. Además, el municipio cuenta con pequeñas iglesias como la de San Andrés que guardan retablos que son auténticas joyas ocultas del barroco rural.

Hoy descubriremos el lado más desconocido de un hombre que tenía una caja con más papeles que Bárcenas y una agenda que parecía la lista de asistentes a una cumbre del G20. Hoy hablaremos de Jeffrey Edward Epstein, “Esa persona de la que usted me habla”. Jeffrey nació en Brooklyn el 20 de enero de 1953. Su familia era judía askenazí, que son los judíos que se asentaron en Europa, bueno, los que quedaron. Su madre, Pauline, era ama de casa y su padre, Seymour, era jardinero del Ayuntamiento, que el hombre intentó meter a Jeffrey y a su hermano de ordenanzas, pero Jeffrey dejó de escuchar en el “meté”. Cuando cumplió 5 años, el niño le pidió a la madre una pelota en forma de teta que le había visto a un amiguito, pero la madre lo apuntó mejó a piano pa que tocara algo. Asistió a los colegios públicos de allí, que tienen menos nivel que la Juan Carlos I, porque los judíos son muy buenos haciendo dinero pero dicen que gastan menos que Perluigi Collina en Champú. Epstein terminó COU en 1969, con 16 años, saltándose 2 cursos, porque eso sí, era más listo que el primero que cobró “gastos de gestión”. Se matriculó en 1970 en la Cooper Unión hasta que el padre se dio cuenta que era una universidad privada y lo mandó en el 71 a la facultad de matemáticas de Puerto Real. De allí se fue en 1974, con 21 años pero sin terminar, sin título y sin ponerse ni un día una camiseta blanca de mangas largas debajo de una oscura de mangas cortas. Esa misma tarde, antes de que se dieran cuenta en la facultad que no iba a volver a pisarla ni pa ir a la cafetería a jugar al mus, Jeffrey echó el currículum en un Instituto de Manhattan donde pa trabajar el único título que pedían era el de una canción, así que antes de acabar el curso estaba de profesor de física y matemáticas rodeado de adolescentes y más contento que Garamendi dando de comer a una familia. Pero viendo que cobraba poco y que el instituto tenía cámaras de vigilancia, Epstein decidió meterse en la banca y abrir su propia asesoría. Eso sí, él no asesoraba a “Carpas Quitasol”, él asesoraba a Leslie Wexner, el fundador de Victoria´s Secret, que tenía todo lo que a él le gustaba, mucho dinero y abridores de botellines en forma de totete. A Epstein le fue tan bien que se compró el Lolita Express, un avión en el que se montó hasta Stephen Hawking pero por el catering y porque se estaba fresquito. También se compró una isla en las “Islas Vírgenes” donde siempre había más gente que delante de la Gioconda. Vamos, que Epstein iba dejando más pistas que Hansel y Gretel. En 1992 se echó de novia a Ghislaine Maxwell, que es como la Infanta Cristina de ellos. En esta época Epstein ya tenía el pelo blanco, la cara alargaita como un suso de crema y amistad con Trump, Clinton, la princesa Mete Mary y Anita Obregón, que es como un mueble de IKEA, está en tós laos. Además, Epstein era tan buen anfitrión que les hacía foto-recuerdos a sus invitados como cuando tú te montas en la montaña rusa de Isla Mágica y sale con la cara que parece que te acaba de llegá la factura de la luz. En 2008 le pillaron por primera vez mirando raro un dibujo de Candy, Candy. Pero como tenía mejores abogados que un malo de James Bond, le cayó una condena que parecía un campamento de verano: salía de la cárcel 12 horas al día para ir a la oficina. El 6 de julio de 2019 ya le pillaron por segunda vez, pero con el dibujo de Candy, Candy de los que si tú le dabas con salivita y desaparecía la ropa. Lo metieron en una cárcel de Nueva York mientras llegaba el juicio, en una celda sin ventanas, sin compañero, sin guardas, sin cámaras de seguridad, con una viga, una silla y una sábana muy larga. Así que el 10 de agosto de 2019, con 66 años, Epstein se fue al patio los callaos sin ser juizgado, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cuando vean a alguien con muchos papeles o le saquen una foto inesperada en una montaña rusa.

Aquí tenemos al muy ínclito, muy hispano y muy cliente de Vitaldent Manolo Escobar, charlando constructivamente con su compañera de vida acerca de ciertos desajustes en su relación. A los que os suene un poco carca esta actitud de Manuel García Escobar, os tenemos que recordar que data de los tiempos más cavernosos del franquismo, concretamente de 1971. Que tres años antes Massiel hubiera ganado Eurovisión llevando una minifalda no parece impresionar a Manolo, que se apresura a aleccionar a su novia. --------------------------------------------------------------------------------------- Disfruta del programa en vídeo en nuestro canal de Youtube: https://www.youtube.com/@ZafarranchoVilima Escúchanos también en el podcast de la Cadena SER: https://play.cadenaser.com/programa/zafarrancho_vilima/ En Spotify: https://open.spotify.com/show/4U9YnP0b9cxdD0Uhr91Oq5?si=2ztFVbmER6SToIdYUPLrzA En Itunes: https://podcasts.apple.com/es/podcast/zafarrancho-vilima/id1073084453 --------------------------------------------------------------------------------------- Conoce nuestra web: zafarranchovilima.com Y síguenos en nuestras redes sociales: Twitter: https://twitter.com/Vilimadas Facebook: https://www.facebook.com/zafarranchovilima Instagram: https://www.instagram.com/zafarranchovilima/ Email: zafarranchovilima@gmail.com

Ana Jiménez es una concursante de las vilimadas que se deja seducir por Gonzalo tras salir del gimnasio. ¿Quieres participar en Las Vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Después de sacudirnos las escamas del salmón en San Tirso de Abres y comprobar que no nos hemos dejado ningún dedo probando el filo de las navajas locales, ponemos rumbo al este. Enfilamos la N-634 y luego la A-63, recorriendo unos 138 kilómetros de curvas asturianas que harían palidecer a un piloto de rallies, hasta que nuestro Seat 131 SuperMirafiori pide un respiro en el concejo de Santo Adriano. Este rincón es la definición gráfica de "pequeño pero matón", con apenas 286 habitantes según el último censo. Su capital es Villanueva, un nombre que tiene mucha guasa porque aquí lo más "nuevo" se construyó probablemente antes de que se inventara el concepto de tiempo. Su gentilicio es adrianense, y hay que decir que el adrianense nace con un máster en paciencia y pulmones de acero. Viven en un desfiladero tan estrecho que, si quieres cambiar de opinión, tienes que salirte al concejo de al lado para poder dar la vuelta con el coche. Pero no se dejen engañar por su tamaño; históricamente, Santo Adriano es un titán. La joya de la corona es la Iglesia de San Adriano de Tuñón, consagrada en el año 891. ¡Escuchen bien, vilimeros! Mil cien años antes de que llegara el primer módem a España, aquí ya tenían una fundación real de Alfonso III el Magno y la reina Jimena. Estamos hablando de un prerrománico de pata negra, con una planta basilical de tres naves que ha aguantado invasiones, guerras, humedades y el paso de los siglos sin despeinarse. Entrar allí es como meterse en una cápsula del tiempo donde el aire todavía huele a cera de abeja del siglo IX y a una historia que no cabe en un libro de texto convencional. Sus frescos originales son de los pocos que se conservan de la época, mostrando un colorido que desafía a la física tras más de un milenio de inviernos astures. Pero si por algo es famoso hoy Santo Adriano es por ser la puerta de la Senda del Oso. Lo que antaño fue un trazado de ferrocarril minero para sacar el carbón de los valles, hoy es una pista donde los turistas se cansan mientras los adrianenses los miran con curiosidad desde sus huertos. Lo mejor es el cercado osero: aquí viven Paca y Tola (y ahora la joven Molina), las osas más famosas del país. Los paisanos custodian este tesoro natural en un entorno de desfiladeros calizos que te quitan el hipo. Además, el municipio cuenta con el Abrigo de Tuñón, con pinturas rupestres que demuestran que aquí ya se hacía arte cuando el concepto de "pintura" era una idea revolucionaria del paleolítico. Es un lugar donde el río Trubia marca el compás de la siesta y donde los puentes medievales, como el de Villanueva, parecen puestos ahí por un decorador de cine con muy buen gusto. La arquitectura civil también destaca con sus hórreos y paneras que parecen flotar sobre pegoyos de piedra, recordándonos que aquí el grano se guarda a salvo de la humedad y de los roedores con una ingeniería que ya quisieran en la NASA.

Hoy os relataremos la crónica de un hombre que se creía la reencarnación de un gato, un samurái y un satisfayer espiritual. Un buscador de la iluminación a través del Gin Tonic y de la eyaculación retrógrada; Hoy recordaremos al Gran Chamán de Soria, Fernando Sánchez Dragó. El pequeño Fernando nació en el Barrio de Salamanca de Madrid el 2 de octubre de 1936, que estaba España que parecía una mascletá. Fue el único hijo de un importante periodista al que solo le dio tiempo de ir al registro a inscribir al niño porque poquito después los sublevados del bando nacional lo mandaron a hacer un recao. En casa lo llamaban Nano y de chico se pasaba las tardes hablando con su ángel de la guarda, llamado Jai, pero la madre no lo llevó al pediatra niná porque pensó que se le pasaría y de mayor sería una persona normal. En 1942, cuando tenía 6 años, su madre lo llevó a ver El Mago de Oz, quedando totalmente fascinado por los Munchkins, los hombrecillos que acosaban a la joven Dorothy. Como buena familia de bien, a Fernando le hicieron creer que a su padre lo habían matao los republicanos, pero aún así él, hombre de valores férreos, se metió en su época universitaria en el Partido Comunista porque en las celdas de Carabanchel se ligaba mucho más que en las bibliotecas de la Complutense. Luego en 1956, estando detenido por unas protestas universitarias, un comisario le dijo sin darle un abrazo ni ná, que a su padre lo habían matao los de Franco y en ese momento las únicas neuronas sanas que tenía colapsaron y se volvió anarcoindividualista de los que recomiendan votar a José María Aznar, Mire usté, y que escriben libros para partidos de ultraderecha contra la memoria histórica. En 1958, estando preso en Carabanchel, se casó con Elvira, su 1ª novia y con quien tuvo su primer hijo, pero el matrimonio duró menos que el mío. En 1959 se licenció en Filología Románica, en el 62 en Lenguas modernas y obtuvo su doctorado con una tesis de Valle-Inclán. Tó lo que los profesores de los institutos públicos recomiendan que no estudies si quieres trabajar en el futuro. En 1964, cuando tenía 28 años, estando de arresto domiciliario, cogió una mochila Kelme y una cantimplora verde y se fue a descubrir el mundo. En Italia conoció a su segunda mujer y tuvo su segunda hija y así sucesivamente. En 1967 estuvo en Japón y aprendió la disciplina y el sigilo de los samuráis. También aprendió que si con 31 años haces cosas feas con dos niñas, no se pueden contar hasta que prescriba el delito en 2010. En 1970 volvió a España de su exilio, diciendo “perdón, no volverá a ocurrir” En la década de los 80 y los 90 se dedicó a presentar programas de televisión rodeado de libros que nadie había leído y de señores con barba que hablaban de la Atlántida como si hubieran veraneado allí con una sombrilla de Mahou. Ya en esta época tenía la cara como el cachorro de un Shapei, un fular que tenía que oler a taquilla de futbolista y se metía 70 pastillas diarias de antioxidantes, magnesio, polen de abeja ninja y semen de toro de lidia para que a los 80 su palo mayor siguiera más firme que el de El Cano. En 2003 le mordió en Etiopía un perro rabioso pero consiguió, después de hablar con el embajador de España, que le administraran una de las 4 vacunas que había en el país y que estaban en la nevera de la embajada de Estados Unidos. Y menos mal que estaba en Etiopía, porque si llega a estar aquí y tiene que pedir una cita a su médico de cabecera, lo mismo ni lo cuenta. Sus últimos años los pasó en Castilfrío de la Sierra, un pueblo con 35 habitantes y donde hace tanto frío que se ponen chaquetón hasta los 2 chavales que hay pa ir al instituto. Allí vivía con su última conquista, 57 años más joven, su gato Nanuk y un ejemplar de Gárgoris y Habidis calzando un sofá. Pero el 10 de abril de 2023, con 86 años y después de comerse una gomita de omega-3 para la salud cardiovascular, a Sánchez Dragó le dio una punsaíta en el corazón, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cuando algún parao les diga que ha estudiado una Filología o tengan que pedir una cita a su médico de cabecera.

Hoy pasamos revista a los líderes que marcaron nuestra EGB. De la laca de Margaret Thatcher al bigote de Saddam, repasamos la geopolítica con más guasa que un mitin en un chiringuito. ¿Te acuerdas de Noriega o de Mandela? Pues nosotros te los contamos con la poca vergüenza habitual. ¿Cuál era tu cromo favorito de la Guerra Fría? --------------------------------------------------------------------------------------- Disfruta del programa en vídeo en nuestro canal de Youtube: https://www.youtube.com/@ZafarranchoVilima Escúchanos también en el podcast de la Cadena SER: https://play.cadenaser.com/programa/zafarrancho_vilima/ En Spotify: https://open.spotify.com/show/4U9YnP0b9cxdD0Uhr91Oq5?si=2ztFVbmER6SToIdYUPLrzA En Itunes: https://podcasts.apple.com/es/podcast/zafarrancho-vilima/id1073084453 --------------------------------------------------------------------------------------- Conoce nuestra web: zafarranchovilima.com Y síguenos en nuestras redes sociales: Twitter: https://twitter.com/Vilimadas Facebook: https://www.facebook.com/zafarranchovilima Instagram: https://www.instagram.com/zafarranchovilima/ Email: zafarranchovilima@gmail.com

Paco Izquierdo y Jaime Pérez son el director y el protagonista de la película ¿Quién llorará por mí? un film sobre la discapacidad y la incertidumbre de los padres de hijos con necesidades especiales de qué pasará con ellos una vez que los progenitores falten. En esta ocasión es Gonzalo el seducido. ¿Quieres participar en las vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Seguimos en Asturias, y para nuestra última etapa de hoy le vamos a meter un poco de alegría al 131 Supermirafiori. Cogemos la carretera AS-12 hacia el norte, bajando suavemente hacia la costa pero sin llegar a tocar el mar, atravesando valles verdes que parecen pintados con el filtro "saturación" de Instagram. Tras unos 45 kilómetros de disfrute visual, llegamos al concejo de San Tirso de Abres. Este municipio tiene 408 habitantes y su gentilicio es santirseño o santirseña. Geográficamente, San Tirso es una rareza, una anomalía, un "bicho raro". Es el municipio más occidental de Asturias, pero está tan metido en la provincia de Lugo que es casi una península asturiana rodeada de Galicia por tres lados. Aquí la frontera es difusa: se habla gallego-asturiano (o eonaviego), se come pulpo y se bebe sidra. Tienen lo mejor de los dos mundos, o una crisis de identidad galopante, según se mire. En el año 2011 les tocó la lotería moral: les dieron el premio al Pueblo Ejemplar de Asturias. Ya sabéis, ese premio que otorga la Fundación Princesa de Asturias, donde los Reyes van al pueblo, se pasean bajo la lluvia, comen bollos preñados y saludan a señoras mayores que lloran de emoción. Desde entonces, el pueblo está impoluto. Tienen las calles más limpias que el salón de mi casa. No se os ocurra tirar un papel al suelo porque os miran mal tres generaciones de santirseños. El pueblo vive totalmente de cara al río Eo, que es su arteria vital. El río Eo es famoso mundialmente (bueno, en el mundo de la pesca) por la pesca del Salmón. Aquí, pescar un salmón es como ganar la Champions League. El "Campanu" (el primer salmón de la temporada en los ríos asturianos) se paga a precio de oro, y a veces a precio de riñón. Los pescadores se pasan horas, días, quietos en el río, esperando a que pique el rey del río. Paciencia asturiana en estado puro. En cuanto al patrimonio, destacan varias cosas curiosas. Tienen el Palacio del Condado de Altamira, que suena muy rimbombante y nobiliario, pero en realidad es una casona rural con torreón defensivo del siglo XVI, muy bonita. También veréis por el paisaje los llamados "cortinos", que son construcciones circulares de piedra seca en el monte. ¿Para qué sirven? Pues para proteger las colmenas de miel. ¿De quién? De los osos. Sí, amigos, aquí hay osos, y como a Winnie the Pooh, les encanta la miel. Así que los paisanos tuvieron que inventar fortificaciones para las abejas. También tienen una industria artesana tradicional muy potente: las navajas. No las de Albacete, ojo, sino navajas de Taramundi y de San Tirso. Son navajas hechas a mano, con mango de madera y hoja de acero que corta el aire. Tener una en el bolsillo es casi obligatorio si quieres ser un paisano de provecho. Y para los amantes del senderismo, por aquí pasaba un antiguo tren minero que iba desde las minas hasta el puerto de Ribadeo. Hoy día es una Vía Verde preciosa para caminar llano y sin cansarse mucho.

Hoy recordaremos a un famosísimo actor, reconocido en todo el mundo por su trabajo pero que no hizo una actuación buena ni en la extraescolar de teatro. Hoy hablaremos de Coy Luther Perry III, que tiene nombre de Coñac del Club del Gourmet del Hipercor pero que no es otro que Luke Perry. Luke nació el 11 de octubre de 1966 en Ohio. Su madre era ama de casa y su padre trabajaba en Acerinox. Para introducir un poquito de drama a su vida, Luke se ponía a ver con su madre después de comer Abigail mientras se comían un mostachón de Utrera. Sus primeros pinitos como actor fueron en su ciudad, Fredericktown, haciendo de Freddy, la mascota del Instituto, que se llamaba Fredericktown High School. Son los típicos pueblos de la USA profunda en la que el colmado se llama Fredericktown Store, la Iglesia Fredericktown First Presbyterian Church, pero el puticlub se llama “Open-Core” porque está al lado de una gasolinera y el dueño es de Albacete. En 1982, con 16 años y después de acabar la secundaria, sus padres habían hablao pa que el niño aprendiera a plantar soja y a engordá cochino pa venderlos en el Fredericktown Farmer's Market, pero el niño dijo que no, que si no podía continuar su carrera de actor en Ohio después de lo de Freddy, que se iba a Hollywood. Entre tanto trabajó en una empresa pavimentadora y consiguió algunos papeles de fondo, vamos el que sostiene una taza de café en la máquina del fondo. Hasta que alguien le tuvo que deber 6000 pesetas en güisqui y en 1986 lo llevaron a la audición del que sería su primer trabajo como actor profesional, el cortometraje Twisted Sister: Come Out and Play donde Alice Cooper hace de Alice cooper y Luke Perry hace de Luke Perry. Se ve que tuvo que gustarle a alguien porque en 1990 lo llamaron al fijo para integrarse en el elenco original de la serie juvenil Beverly Hills 90210, encarnando a Dylan McKay. Eso sí, en cuanto entró tó los eneros era el que se cogía el primero las vacaciones porque no se perdía ningún año el Fredericktown Tomato Show, que es la Tomatina de Ohio. En esta época a Luke Perry ya le medía la frente más el tupé 7 pulgadas que en cm serían 2 campos de fútbol y se compró una oferta de 3x2 en camisas de cuadros de leñador en el Carrefour que sólo quitó una vez pa ponerse en el hospital una batita con el culo fuera. Cómo el representante lo llamaba pa trabajá menos que el Sepe a un parao, Luke se metió también a hacer doblajes participando en Mortal Combat, Hulk, Padre de Familia o Los Simpsons. En 1993 se casó con Rachel Sharp, du-duru-du-du-du, y tuvieron 2 hijos, pero se separaron en 2003 porque dicen las malas lenguas que Luke era más aburrío que un acuario de almejas. Inesperadamente, en 2017, Luke recibió por fin una llamada para participar en la serie de adolescentes “Riverdale”, pero como cuando se ponía en calzoncillos se le salía un güebete por el lado decidieron darle el papel del padre del protagonista. Desgraciadamente, el 4 de marzo de 2019, con 52 años, Luke tuvo un dolar de cabeza mu grande y todavía está buscando una aspirina, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cuando se coman un mostachón de Utrera o tengan que ponerse en el hospital una batita con el culo fuera.

Hoy os traemos una película que pese a haber sido rodada, su argumento, que no su trama está más de moda que nunca. Un film dirigido por john milius, que ya dirigiera conan el bárbaro y protagonizada por patrick swayze, charlie sheen y lea thompson entre otros bellos jóvenes norteamericanos. Hoy en los estrenos de antes… Amanecer Rojo --------------------------------------------------------------------------------------- Disfruta del programa en vídeo en nuestro canal de Youtube: https://www.youtube.com/@ZafarranchoVilima Escúchanos también en el podcast de la Cadena SER: https://play.cadenaser.com/programa/zafarrancho_vilima/ En Spotify: https://open.spotify.com/show/4U9YnP0b9cxdD0Uhr91Oq5?si=2ztFVbmER6SToIdYUPLrzA En Itunes: https://podcasts.apple.com/es/podcast/zafarrancho-vilima/id1073084453 --------------------------------------------------------------------------------------- Conoce nuestra web: zafarranchovilima.com Y síguenos en nuestras redes sociales: Twitter: https://twitter.com/Vilimadas Facebook: https://www.facebook.com/zafarranchovilima Instagram: https://www.instagram.com/zafarranchovilima/ Email: zafarranchovilima@gmail.com

Sandra Romero es una artista gráfica y dibujante que ha descubierto Zafarrancho Vilima y está consumiendo episodios de manera compulsiva. Por supuesto se deja seducir por Gonzalo Rivas. ¿Quieres participar en las Vilimadas? Escríbenos a zafarranchovilima@gmail.com

Abandonamos la comuna, el vino heroico y el aislamiento de Negueira de Muñiz. Cruzamos el puente sobre el embalse (rezando un poco porque impone respeto mirar hacia abajo) y entramos triunfalmente en el Principado de Asturias. Solo tenemos que recorrer unos 30 kilómetros bordeando el agua, disfrutando de unas vistas espectaculares, para llegar a Grandas de Salime. Esta localidad cuenta con 774 habitantes, lo que comparado con los 228 de Negueira, nos parece una metrópolis cosmopolita. Su gentilicio es grandalés o grandalesa. Grandas de Salime es un punto clave, estratégico y vital en el mapa: es la última gran parada del Camino Primitivo de Santiago en Asturias antes de entrar en Galicia. Esto significa que el pueblo tiene una vida flotante de peregrinos. Si te sientas en un banco de la plaza, en cinco minutos verás pasar a un alemán con calcetines y sandalias, dos coreanos con sombreros técnicos y un señor de Cuenca con un palo y cara de sufrimiento existencial. Todos arrastrando los pies y buscando desesperadamente un albergue y una cerveza fría. El Camino le da una vidilla al pueblo que ya quisieran muchos. La historia reciente de Grandas está marcada, otra vez, por el Embalse de Salime, ese monstruo de hormigón que vimos en la etapa anterior. Se inauguró en 1954 y es una obra de ingeniería brutal. Pero lo más curioso de este embalse no es la presa en sí, sino el arte. La central eléctrica tiene unos murales gigantescos diseñados por el arquitecto y pintor Joaquín Vaquero Palacios. Son murales de estilo "realismo socialista" pero a la asturiana, que representan la electricidad y el trabajo. Es brutalismo industrial convertido en museo al aire libre. Una auténtica joya desconocida del arte español del siglo XX. Pero si hay algo que tenéis que ver sí o sí, Gonzalo, apúntalo en rojo, es el Museo Etnográfico de Grandas de Salime. Y ojo, que cuando digo museo etnográfico no me refiero a una sala polvorienta con cuatro aperos oxidados colgados de la pared. Estamos hablando de uno de los mejores museos de su género en toda Europa. Fue fundado por Pepe el Ferreiro, un hombre que se dedicó a recopilar la historia rural de la zona antes de que desapareciera. Tienen recreada una casa rectoral completa, una tienda de ultramarinos antigua con sus botes de la época, una barbería que da un poco de yuyu, un molino, una escuela... Entras ahí y hueles a siglo XIX. Es como viajar en el tiempo sin necesidad de Delorean. También tienen historia antigua de la buena: el Castro de Chao Samartín. Es un asentamiento castreño fundado en la Edad del Bronce que llegó a ser una ciudad importante y rica, llena de oro, hasta que un terremoto (sí, amigos, un terremoto en Asturias en el siglo II) se lo cargó todo. Los arqueólogos siguen excavando y sacando joyas de allí. Es nuestro Pompeya particular, pero con más lluvia y menos turistas italianos. Y para comer, aquí se estila el buen comer asturiano. Pote, fabada y ternera. Comida de la que te hace falta una siesta de dos horas para procesar.