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(Independencia de la República Dominicana) Hija de Fernando Sánchez e Isidora Ramona, María Trinidad Sánchez formó parte del grupo de Febreristas que lucharon por la Independencia dominicana. Como fiel seguidora de Juan Pablo Duarte, confeccionó la primera bandera nacional junto con Concepción Bona, habiendo participado desde el principio en aquel movimiento independentista que culminó el 27 de febrero de 1844. Esa noche histórica, María Trinidad transportó pólvora en sus propias faldas y elaboró muchos de los cartuchos que utilizaron los trinitarios. Lamentablemente, durante los seis meses siguientes hubo pleitos constantes entre los miembros liberales trinitarios y los miembros conservadores de la Junta Central Gubernativa que se formó. Fue tal la discordia entre los dos bandos que el 22 de agosto la Junta, presidida por el general Pedro Santana, declaró traidores e infieles a la Patria a los tres próceres Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, junto con cinco de sus compañeros, y decretó su destierro a perpetuidad. Acto seguido, María Trinidad Sánchez, tía de Francisco del Rosario, se integró al movimiento que surgió para derrocar al general Santana. En el transcurso de los meses siguientes, ella alojó en su casa a los disidentes y se convirtió en la organizadora y orientadora de la conspiración que tenía el propósito de lograr el regreso de los patriotas. Cuando se descubrió la insurrección, María Trinidad y sus cómplices fueron apresados. Conscientes de que María Trinidad era la única que conocía el escondite de su sobrino debido a que ella misma le llevaba las comunicaciones de parte de los conspiradores, la presionaron a que lo revelara. Pero, tal como lo manifiesta el dictamen del Consejo de Guerra que la condenó a muerte, ella se negó «obstinadamente a delatar a los principales». Prefirió callar y enfrentarse al pelotón de fusilamiento antes que traicionar a sus compañeros de conjura. El 27 de febrero de 1845, María Trinidad Sánchez partió de la fortaleza Ozama hacia el cementerio donde se ejecutaría la sentencia. Al pasar por la Puerta del Conde, exclamó: «¡Dios mío, cúmplase en mí tu voluntad y sálvese la República!» Fue así como, en el primer aniversario de la Independencia nacional, aquella heroica mujer dio su vida por la causa de la soberanía de su patria.1 ¡Qué bueno sería que todos nosotros, al igual que María Trinidad, siguiéramos el ejemplo de Jesucristo, el Hijo de Dios, rogándole a Dios Padre que se cumpla su voluntad en nosotros! Aquella heroína dominicana lo hizo a fin de salvar la república a la que tanto amaba, para que cada uno de sus compatriotas pudiera disfrutar de plena libertad en una patria soberana. En cambio, cuando Jesucristo, en el huerto de Getsemaní la noche en que fue arrestado, pocas horas antes de ser crucificado, le rogó al Padre celestial: «Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu voluntad»,2 Él lo hizo a fin de salvar al mundo pecador al que tanto amaba, para que cada uno de nosotros sus hermanos pudiera ser verdaderamente libre.3 Gracias a Dios, si queremos que se cumpla su voluntad en nosotros, sólo tenemos que clamar: «¡Sálvame, Señor!» para que nos libre de las cadenas del pecado.4 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Frank Moya Pons, Manual de historia dominicana, 13a ed. (Santo Domingo: Editora Corripio, 2002), pp. 278-97; Enciclopedia Virtual Dominicana, s.v. «María Trinidad Sánchez» En línea 24 septiembre 2009. 2 Mt 26:42 3 Jn 3:16; 8:36 4 Sal 6:4,9; Jer 17:14; Ro 5:8; 6:6; Gá 5:1; 1Ti 2:3-4
(Antevíspera del Aniversario de la Batalla de Cúcuta) En los anales históricos de la Batalla de Cúcuta él no figura como uno de los héroes, tales como el coronel Bolívar, el teniente José Concha, el capitán Vigil, el mayor Juan Salvador Narváez y el coronel José Félix Rivas. Pasa, más bien, casi desapercibido, tal vez porque no era más que un muchacho de veinte años y, hasta el día de hoy, no se conocen los nombres de sus padres ni de sus hermanos. Ni siquiera se conoce el nombre de su burra, con la que día tras día recorría la ciudad de arriba abajo, cargando agua para vender o cambiar por un plato de comida. Y sin embargo la función que cumplía de abastecer de ese «precioso líquido» a la comunidad era tan importante que dio paso a que Eugenio Sosa y su burra llegaran a formar parte de la galería de héroes de nuestra independencia. Es que ese domingo 28 de febrero de 1813 alguien le informó al joven que había visto pasar a soldados realistas, camuflados y armados hasta los dientes, en la colina donde acampaba el coronel Bolívar, que posteriormente se conocería como la Loma de Bolívar. Así que Eugenio subió a la loma y, junto con su burra, prestó sus servicios a los patriotas. Bajo un bravo sol mañanero, comenzó a repartir agua en jícaras, diciendo: «Agüita para mis soldados.» No había soldado patriota a quien no le ofreciera agua, cualquiera que fuera su rango. Una y otra vez subía y bajaba, vaciando los calabazos y volviendo para llenarlos. Después de ganada la batalla, Sosa se unió a las filas de los patriotas... sin la burra, por supuesto. Desafortunadamente los historiadores no vuelven a mencionar al joven recluta, ni mucho menos a su valiosa burra.1 Así como los soldados que lucharon por nuestra independencia ese día en aquella loma, también nosotros tenemos que librar una batalla, no sólo por la vida colectiva sino también por la vida privada. Y al igual que ellos, en esa lucha individual tenemos que poner todo nuestro empeño en conservar tanto la salud física como la salud espiritual. Lamentablemente, aun con todos los adelantos de la ciencia médica del siglo veintiuno comparada con la del siglo diecinueve, para conservar la salud física no tenemos ninguna garantía, como tampoco la tuvieron ellos. Pero, gracias a Dios, sí tenemos un recurso a nuestra disposición para mantenernos abastecidos de agua, así como lo tuvieron ellos, no para una sola batalla sino para toda la vida y para siempre. Ese recurso que nos ofrece Dios se lo ofreció su Hijo Jesucristo a una mujer de Samaria a la que Él le había pedido que le sacara agua de un pozo. Ese caluroso día Jesús le dio a entender a ella que, si reconocemos a Dios como una fuente de agua inagotable, no tenemos que hacer más que pedírsela para recibirla. Pero no se trata de agua cualquiera, que sacia la sed temporalmente, sino de agua que da vida abundante y se convierte en un manantial del que brota vida eterna. Más vale entonces que, así como aquella mujer, le pidamos: «Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed.»2 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Gustavo Gómez Ardila, «Sol, agua y burra», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) En línea 28 agosto 2019. 2 Jn 4:4-15; 10:10
(28 de febrero: Aniversario de la Batalla de Cúcuta) «Las peleas entre miembros de una misma familia suceden muchas veces. Hermanos que no se hablan. Suegras que detestan a los yernos. Cuñados a punto de matarse. Padres que desheredan a algunos hijos. Primos que ni se miran. Y sucede con más frecuencia de lo que uno se imagina», escribe el historiador colombiano Gustavo Gómez Ardila en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia). «En política también sucede. Sé de hermanos que militan en grupos políticos diferentes.... Y por lo menos durante el tiempo de campaña, las relaciones fraternales se marchitan. »Simón Bolívar y Ramón Correa, respectivos comandantes de los ejércitos patriota y español, que se enfrentaron en la Batalla de Cúcuta, eran hermanos de leche. Habían [sido amamantados por la misma nodriza].... Eso dicen. Otros dicen que eran cuñados. Hermanos políticos. Que la mujer de Correa era la que había [sido amamantada por la misma nodriza] que Bolívar. »Por aquellas cosas del destino, resultaron en bandos contrarios, pero consta que no eran enemigos personales. De modo que no es raro que la noche del 27 de febrero se hubieran llamado por celular para saludarse y desearse suerte al otro día», dice jocosamente Gómez Ardila. «“Nos vemos en la Loma mañana, hermano”», debió decirle el uno al otro.... «... Lo cierto es que los ejércitos se enfrentaron ese domingo, 28 de febrero. Correa estaba en Cúcuta y Bolívar venía de Urimaco. El zafarrancho se armó desde temprano, pues Correa le salió al paso a Bolívar que, en silencio y sin prender ni un fósforo, había llegado la noche anterior a una de las lomas del occidente de la ciudad. Un poco más de dos horas duró el combate. Los realistas comenzaron ganando, pero, como sucede en los partidos de fútbol, no siempre el que abre el marcador es el vencedor final. Vino el empate y, sin necesidad de meterle tiempo adicional ni de ir a tiros penales, Bolívar se alzó con la victoria cuando ordenó atacar por los flancos a bayoneta calada.»1 ¡Qué graciosa esa imagen anacrónica de los comandantes contrarios hablando por teléfono móvil la que nos pinta el escritor colombiano! ¿Qué tal si, como Gómez Ardila, le damos alas a nuestra imaginación, y nos imaginamos a Dios mismo hablando por teléfono, primero con el uno, y después con el otro? ¿Qué pudo haberles dicho Dios? ¿Les habría preguntado si estaban listos para encontrarse con Él cara a cara como su Creador, ya que ninguno de los dos tenía la certeza de que saldría con vida de la batalla que iba a librar el día siguiente? (Ese día murieron dos soldados patriotas y veinte soldados españoles.2) ¿Les habría recordado que envió al mundo a su Hijo Jesucristo para morir por los pecados de ellos, de modo que pudieran disfrutar de vida plena y eterna? Lo cierto es que Dios habría tenido muy presente ese sacrificio supremo que hizo por cada comandante y cada soldado raso, a fin de que todos pudieran llegar a ser hijos adoptivos suyos y, por consiguiente, verdaderos hermanos de Jesucristo.3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Gustavo Gómez Ardila, «Nos hacemos pasito», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) En línea 27 agosto 2019. 2 Ibíd. 3 Jn 1:12-13; 3:16; Ro 8:14-19,29; 9:26; 2Co 6:18; Gá 3:26; 4:4-7; Ef 1:5; 1Jn 3:1-2
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Somos una familia de cinco hermanos y mi padre y mi madre. Ella ha sido una buena madre.... Hace como mes y medio, mi padre empezó a beber licor. Como consecuencia, lo golpearon y casi lo matan, y ahora tiene mucha ira. Maltrata a mi mamá y dice que nosotros, como hijos, no servimos. »Nosotros hemos pagado deudas contraídas por mi padre, y siempre le hemos ayudado.... Durante nuestra niñez, nos maltrató.... ¿Está mal si, cuando él maltrata a mi mamá, le decimos que lo que hace está mal? ... ¿Qué nos dice la Biblia respecto a honrar a los padres?» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »¡Cuánto sentimos la manera como su padre los ha estado maltratando a usted, a su mamá y a sus hermanos, tanto ahora como cuando usted era niño! Todos ustedes han sido víctimas de su padre a pesar de haberlo tratado bien a él y de haberse esforzado por honrarlo. »Siempre es difícil saber cómo proceder cuando hay más de una enseñanza bíblica que pudiera aplicarse a determinada situación. Usted quiere saber lo que dice la Biblia acerca de honrar a nuestros padres. Uno de los Diez Mandamientos que Dios le dio a Moisés nos ordena que honremos a padre y madre,1 pero el honrar a su padre no quiere decir que usted tiene que estar de acuerdo con sus palabras o sus acciones, o que usted debe permitir que él los maltrate a usted y a su mamá. Ni quiere decir que usted tiene que aprobar las decisiones de su padre o proporcionarle dinero para librarlo de las consecuencias naturales de sus acciones. »Otra enseñanza bíblica que se aplica a su situación la dio el apóstol Pablo. Él enseñó que “el amor debe hacernos decir siempre la verdad, para que en todo lo que hagamos nos parezcamos cada vez más a Cristo, que es quien gobierna la iglesia”.2 Con eso San Pablo estaba diciendo que la manera de llegar a ser más como Jesucristo es seguir su ejemplo de decir la verdad con amor. Por lo tanto, nuestra respuesta a su primera pregunta es sí, usted debe, con todo respeto, decirle a su padre que lo que él está haciendo está mal. Por supuesto, él no lo va a aceptar ni lo va a admitir, pero no deje que eso impida que usted le diga la verdad con amor. »Sin embargo, si su padre está maltratando a su mamá, entonces lo correcto también es que usted la proteja a ella físicamente de ese maltrato. Recuerde que el amor nunca protege el pecado; protege más bien a las personas. Así que usted debe proteger a su mamá con amor, aunque su padre no esté de acuerdo y esté enojado con todos ustedes. Es probable que él diga todo tipo de cosas malas que se le ocurran a fin de manipularlos y de justificar su propio comportamiento. Pero recuerde que Dios está de parte de ustedes y que, según el salmista David, “El Señor es un refugio para los oprimidos, un lugar seguro en tiempos difíciles”.3» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 883. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Éx 20:12 2 Ef 4:15 (TLA) 3 Sal 9:9 (NTV)
(28 de febrero: Aniversario de la Batalla de Cúcuta) «Desde 1940 se venía hablando de que la ciudad [de Cúcuta, Colombia,] debía levantarle una estatua al Libertador —escribe Gustavo Gómez Ardila, miembro de la Academia de Historia de Norte de Santander y de la Sociedad Bolivariana de San José de Cúcuta en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia)—. Las autoridades destinaron, entonces, para tal fin, la plazuela... conocida como el parque de la Bola... pero oficialmente llamada Plazuela del Libertador. »El presidente Eduardo Santos vino, ese año (1940), a poner la primera piedra. Pero no hubo segunda piedra, ni tercera, ni cuarta, ni monumento, ni estatua, ni nada. ¡Qué piedra!... »[Cuatro décadas después,] alguien dijo que Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, con un nombre tan largo y tanta gloria encima, merecía para su estatua un sitio más amplio.... Por fortuna existía el parque Bolívar, en el barrio Colsag, que llenaba las especificaciones requeridas: amplio, sombreado, con jardines y lejos del centro para que no se llenara de vendedores ambulantes, ni de culebreros ni de estatuas humanas.... El trabajo [de la estatua ecuestre] se lo encargaron al escultor Martín Toledo [de la hermana República de Venezuela] que, en Caracas, hizo jinete y caballo. »Por fin, el 28 de febrero de 1982 Cúcuta tuvo estatua del Padre de la Patria.... »Los que miran con detenimiento a Bolívar a caballo deben recordar aquel poema de María Mercedes Carranza:1 Allí, sentado, de pie, a caballo, en bronce, en mármol, llovido por las gracias de las palomas y llovido también por la lluvia, en cada pueblo, en toda plaza, cabildo y alcaldía estás tú. Marchas militares con coroneles que llevan y traen flores. Discursos, poemas, y en tus retratos el porte de un general que, más que charreteras, lucías un callo en cada nalga de tanto cabalgar por estas tierras.... Los niños te imitan con el caballo de madera y la espada de mentira.... Te han vuelto estatua, medalla, estampilla y hasta billete de banco.»2 En realidad, no exagera la autora bogotana María Mercedes Carranza, en este poema suyo titulado «De Boyacá en los campos», al dar a entender que se han erigido un asombroso número de estatuas de Bolívar en las ciudades y los parques de una nación tras otra. Eso lo hemos constatado quienes hemos tenido la oportunidad de viajar a lo largo y ancho de Iberoamérica. De modo que no debiera asombrarnos que se pensara que hacía falta una estatua más en Cúcuta, donde en 1813 el Libertador venció las tropas invasoras españolas. Tampoco debiera extrañarnos que, con esa multitud de estatuas, bustos y monumentos de su figura heroica, Carranza haga hincapié en que los niños lo imitan. Quiera Dios que, así como muchos imitamos de niños al Padre de la Patria, que obviamente no era perfecto, nos empeñemos en imitar, con mayor razón, al Padre del cielo. Pues nuestro Padre celestial sí es perfecto, así como es perfecto el amor con que nos ama como hijos suyos.3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Gustavo Gómez Ardila, Cúcuta para reírla (Escenas de su historia), «Un callo en cada nalga» En línea 22 mayo 2019. 2 María Mercedes Carranza, «De Boyacá en los campos», citado por Gómez Ardila. 3 Mt 5:48; Ef 5:1
En este mensaje tratamos de manera anónima el caso que nos contó un hombre en las siguientes palabras: «Tengo dieciocho años de edad... y una novia.... Los dos estudiamos en la universidad.... Yo quiero que nuestro noviazgo tenga un propósito: llegar al matrimonio. No quiero jugar con ella, pero tampoco quiero que caigamos en la inmoralidad. Mi inquietud es: ¿Qué debiera hacer yo como varón? ... ¿Cómo logro evitar toda tentación que nos llegue a hacer pecar? »Estuvimos hablando sobre vernos en un lugar sin nadie más... y nos estuvimos mandando fotos desnudos.... No nos vimos así, ni tuvimos actividad sexual físicamente... pero si no hago algo, podría suceder lo peor.... No sé cómo decirle que estas cosas me ponen mal porque nos alejan de Dios....» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »Lo felicitamos por el deseo que tiene de seguir a Dios y de hacer lo que le agrada a Él.... Estamos de acuerdo en que debe tomar medidas preventivas ahora antes de cometer un error que lamentará por el resto de su vida. »Usted y su novia ya han intercambiado fotos al desnudo. Lamentablemente, esa es una señal de que están enfocados en el aspecto físico en vez del aspecto emocional. Bien pudiera negar que esto sea cierto, ya que siente una fuerte sensación sentimental cuando ve las fotos de su novia. Sin embargo, esa clase de emoción no es más que lujuria. No es amor, ni incrementa el amor mutuo que sienten. Al contrario, es dañino para su noviazgo. »Los novios que invierten tiempo hablando y llegando a conocer el trasfondo, las prioridades, las preferencias y las metas del otro están progresando en sus respectivos noviazgos. En cambio, los que cultivan una relación sexual pasan el tiempo enfocados en experimentar el placer físico en vez de profundizar la conexión sentimental. Están trazando su rumbo con miras a un noviazgo superficial e insatisfactorio. »Las películas y los libros se concentran en la interacción física entre los novios. A quienes leen o ven esas historias se les lleva a creer que la atracción física es la confirmación del amor verdadero. »Lamentablemente, ese mito ha causado más divorcios y corazones quebrantados que lo que podemos imaginarnos.... Las personas que tienen un noviazgo que está cimentado en una atracción física tienen muy pocas probabilidades de disfrutar juntos de una vida larga y dichosa.... »Si usted cree que de veras ama a su novia, aún es posible que salve su noviazgo. Niéguese a llevarla a sitios donde puedan pasar tiempo a solas. Dígale que respeta su pureza y que no la despojará de eso. Niéguese a sacarse fotos indecentes, y pídale a ella que no le envíe semejantes fotos a usted.... Lo más importante es que le diga con toda franqueza el deseo que usted tiene de edificar su noviazgo conforme al diseño divino.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 763. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
(Víspera del Día Internacional del Idioma Materno) Ocurrió en el siglo veinte, cuando aún no había correo electrónico ni fax, sino sólo correo aéreo y telegramas. En la sucursal número 15 del correo capitalino de Santiago de Chile, el anciano encargado de la limpieza se distrajo por un instante. Al llenar los tinteros que usaba el público para escribir telegramas, en vez de poner tinta, los llenó de creolina, un líquido negro que usaba para desinfectar los baños y los pisos. El público que durante toda una mañana llegó a la oficina para enviar telegramas notó un olor particular en la «tinta» de los tinteros; sin embargo, como de todos modos servía para escribir, nadie dijo nada. Por fin un empleado que atendía en la ventanilla descubrió el error, y se limpiaron los tinteros y se volvieron a llenar de tinta. El empleado, con aire de filósofo, hizo este gracioso comentario: «Bueno, después de todo hemos estado enviando mensajes desinfectados toda la mañana.» ¡Qué bueno sería que «desinfectáramos» todos los mensajes que transmitimos! Lo cierto es que, como sociedad, vamos de mal en peor en cuanto a la cantidad de palabras sucias que escribimos y pronunciamos. Nuestra lengua y nuestra pluma parecen estar cada vez más cargadas de veneno. Usamos la lengua como si fuera un arma emponzoñada, con el fin de calumniar y difamar al prójimo, manchando así su reputación. Por eso dice el apóstol Santiago: «La lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!... La lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida.»1 Peor aun es cuando vamos más allá de hablar, y escribimos cartas o mensajes anónimos, porque la palabra escrita tiene mayor influencia y permanencia que la palabra hablada. Hay personas que se especializan en enviar mensajes hirientes, calumniosos, de doble sentido, que contienen palabras ambiguas que envenenan las relaciones entre amigos y parientes. Jesucristo, el divino Maestro, nos enseñó que «de la abundancia del corazón habla la boca».2 Es decir, de un corazón emponzoñado salen palabras llenas de veneno. Las palabras que pronunciamos vierten el contenido de nuestra alma, de modo que si en nuestra alma hay maldad, enojo, despecho y resentimiento, eso mismo verterán nuestras palabras. Menos mal que tenemos a nuestra disposición un desinfectante maravilloso, capaz de limpiar perfectamente nuestro corazón. Es la sangre de Jesucristo. Según el apóstol Juan, esa sangre que vertió Cristo por nosotros en la cruz del Calvario «nos limpia de todo pecado».3 Si la aplicamos a nuestro corazón, desinfectará y purificará toda palabra que salga de nuestra boca. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Stg 3:5,6 2 Mt 12:34 3 1Jn 1:7
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Me casé con un hombre que no es seguidor de Jesucristo.... Él a veces me acompaña a la iglesia, pero no le gusta que yo asista con frecuencia.... En realidad, creo que se debe a que él siempre quiere controlarme, porque tampoco le gusta que yo vaya a visitar a mis padres y salga con ellos. Últimamente, discutimos mucho por ese control que él quiere ejercer sobre mí. »Él quiere otro hijo, y yo también, pero me da miedo traer a otro hijo a este mundo a sufrir.... Ya tengo treinta y siete años, y siento que el tiempo se me acaba. No logro tomar la decisión de quedarme y esperar a que él cambie para tener otro bebé, o separarme y quedarme sola con mi hija.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Comprendemos por qué no está segura de qué decisión tomar. Cuando aceptó mantener un romance y luego casarse con un hombre que no es seguidor de Cristo, usted permitió que ese hombre la guiara en lugar de Cristo. Ahora se da cuenta de que puede ser imposible tener a su esposo como guía y tratar de seguir a Cristo al mismo tiempo. »Nos encantaría poder ayudarle y darle un consejo, pero lamentablemente no hay respuestas fáciles. Creemos más bien que usted necesita consultar a un consejero matrimonial a fin de obtener ayuda para resolver estos problemas. Un consejero profesional podría identificar el comportamiento controlador, y ayudarlos a los dos a tener una relación equilibrada. »Nos preocupa que su esposo esté tratando de aislarla de su familia como también de su iglesia. Sin embargo, no conocemos el punto de vista de él. Ese es otro asunto que un consejero podría ayudarle a resolver. »En cuanto a tener otro hijo, creemos que es prudente esperar. Algunas personas piensan que un nuevo bebé hará que la pareja tenga una relación más estrecha, pero lo cierto es que un nuevo hijo por lo general añade más estrés al matrimonio. Si ustedes acuden a un consejero y su relación conyugal mejora, ese sería el momento para considerar tener otro bebé. Sin embargo, si su esposo se niega a acompañarla a consultar a un consejero, entonces le recomendamos que vaya usted sola. »El apóstol Pedro enseñó que la esposa debe someterse a su esposo de modo que, si él no cree en la palabra de Dios, pueda convencerse, sin necesidad de palabras, por el comportamiento de ella.1 Si bien esta enseñanza puede ser difícil de seguir, da a entender que usted, como seguidora de Cristo, puede vivir de tal manera que su esposo vea a Cristo en usted. Sin embargo, no quiere decir que usted debe acatar los deseos de su esposo si él la maltrata de cualquier manera, incluso emocionalmente al aislarla de todos los demás.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 882. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 1P 3:1
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Hace cuatro años... tuve una relación sentimental con un hombre [mucho] mayor que yo.... Después de cinco meses de relación, descubrí... cosas impresionantes de él, entre ellas que había estado en la cárcel por tres años, le gustaba la mariguana, odiaba a su madre, era mujeriego, y tenía una relación muy unida con una [amante] anterior y sus hijos.... A la par, después de cinco meses resulté embarazada.... »Mi embarazo fue tristísimo: maltrato emocional y humillación. A pesar de eso, quería quedarme a su lado por mi hijita, que finalmente nació.... Cuando la niña tenía diez meses, él desapareció de la ciudad.... »Desde entonces nunca hemos hablado ni por correo electrónico, y mi hijita ya tiene tres años.... Me entristece porque leo mucho lo importante que es para un niño tener a su padre, y ella no lo tiene.... No sé si será bueno contactarlo a él....» Este es el consejo que le dimos: «Estimada amiga: »¡Hágale caso a sus instintos! Cuando usted dice que no quiere causar problemas ni para usted ni para su hija, a nosotros nos parece que estuviera diciendo: “Estoy tratando de protegerme y de proteger a mi hija del dolor físico y emocional latentes de parte del padre biológico de ella.” Eso proviene de su instinto de supervivencia, y es un mensaje al que debe hacerle caso. »Claro que sería mejor para su hija que tuviera un padre. Dios dispuso que la familia ideal estuviera formada por un padre y una madre que se comprometieran el uno con el otro de por vida en el sacramento del matrimonio, así como con los hijos que tuvieran.... Cuando optó por tener relaciones íntimas con un hombre con el que no estaba comprometida en matrimonio, en ese momento usted optó por tener a un hijo sin padre. »... Pero no es demasiado tarde, amiga. Usted puede decidir hoy mismo que nunca volverá a arriesgarse emocionalmente con ningún hombre antes de llegar a conocerlo bien. Usted puede decidir que la próxima vez que tenga relaciones íntimas será con el hombre con quien esté casada y comprometida por el resto de su vida.... »No hay duda de que usted ha tomado algunas malas decisiones.... Pero su Padre celestial está dispuesto a perdonarla por haber hecho caso omiso de sus mandamientos y desobedecerlos. Basta con que le pida a Él que la perdone en el nombre de Jesucristo su Hijo, quien al morir en la cruz pagó el castigo por todos los pecados que usted ha cometido. Luego pídale a su Padre celestial que la ayude a aprender y a obedecer los mandamientos que le ha dado para su protección. Recuerde cada día que Dios la acompañará en su empeño de ser modelo de conducta para su hija. Usted no está sola.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 144. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
En Valparaíso, república de Chile, un hombre de apenas veintiocho años de edad, debido al rechazo de parte de la mujer a la que amaba, decidió quitarse la vida. El hecho no hubiera sido notable de no haber sido por una oferta que hizo el hombre. «Quiero que mi muerte no sea en vano —anunció—. Quiero dar mi corazón a una enferma que lo necesite.» Había, por cierto, una mujer enferma del corazón que se encontraba en esos momentos al borde de la muerte, y un nuevo corazón podía haberle salvado la vida. Pero los médicos que la atendían rechazaron la oferta del decepcionado hombre y ordenaron que se le pusiera bajo vigilancia por tratarse de un posible suicida. El hombre le había ofrecido a su amada el corazón, como lo hace todo hombre enamorado, pero decepcionado al no ser correspondido, se lo había ofrecido luego a otra. La oferta que le había hecho a su amada era, por supuesto, simbólica. «Mi corazón es tuyo», le había dicho. Sin embargo, para la enferma desconocida la oferta del corazón era física y por lo tanto real. Es importante reconocer que este suceso fue noticia por la reacción desproporcionada del romántico hombre, ya que desde tiempos antiguos ha habido innumerables casos de rechazo por parte de una mujer hacia su enamorado. El hombre común y corriente, frente al rechazo de su amada, quiere mostrarle a ella que ha cometido un tremendo error. Pero en vez de determinar que será un hombre ejemplar de tanto éxito que ella, a la larga, se lamentará de haberlo rechazado, por lo general se deprime o se enoja y decide darle una lección. En casos excepcionales parecidos al del hombre de Valparaíso, el hombre rechazado se hiere él mismo, al extremo de procurar suicidarse. En el peor de los casos hiere física, verbal o emocionalmente a la mujer que no lo acepta, al extremo de querer matarla. Pero en la mayoría de los casos el hombre rechazado, al igual que el hombre de Valparaíso, busca a otra mujer para ofrecerle su corazón quebrantado en un acto físico y no simbólico, sólo que a diferencia de aquel hombre chileno, no busca a una mujer enferma en lo físico sino en lo moral. Y lo hace para que su amada se dé cuenta de cómo lo ha obligado a lanzarse a los brazos de una mujer mil veces menos digna de su amor que ella. Es precisamente a tal hombre al que le dirige la palabra el sabio maestro del libro de los Proverbios. «Dame, hijo mío, tu corazón y no pierdas de vista mis caminos —le aconseja—. Porque fosa profunda es la prostituta, y estrecho pozo, la mujer ajena.... No desvíes tu corazón hacia sus sendas, ni te extravíes por sus caminos, pues muchos han muerto por su causa; sus víctimas han sido innumerables. Su casa lleva derecho al sepulcro; ¡conduce al reino de la muerte!... Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.»1 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Pr 23:26‑27; 7:25‑27; 4:23
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Desde su juventud mi esposo ha tenido problemas con las drogas, la delincuencia y el alcohol.... Después de que nació nuestra hija, él se internó en un centro y dejó las drogas. Pero, cuando nació nuestro hijo, volvió a caer en las drogas y estuvo con otra mujer, con la que tuvo una hija.... Él volvió arrepentido, y lo perdoné. Hasta hace un tiempo estuvo bien, pero [luego cayó de nuevo en las drogas y, aunque] dijo que las iba a dejar, veo que no es así. »Ahora [estoy en] la casa de mi hermana porque no aguanto la situación.... Estoy pensando en separarme, pero... por mis hijos sigo adelante, siempre con ese miedo a que mi esposo caiga. ¡Es horrible vivir así!» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Al parecer, usted y su familia han estado sujetas a una montaña rusa emocional de la que no pueden bajarse. Su esposo mejora, y eso parece ser motivo para animarse, pero él luego empeora, y eso hace que usted caiga en el desánimo. Su familia ha tenido que seguir aguantando los altibajos de ese tren desenfrenado, y ahora usted quiere saber si debe bajarse con sus hijos y dejar atrás al padre y esposo. »Lo más prudente sería que consultara a un abogado. Usted necesita saber qué derechos paternos tendrá su esposo si decide separarse de él. ¿Podrá él llevarse a los hijos para una visita no supervisada a un hogar ajeno donde usted no podrá protegerlos de lo que pudieran presenciar o sufrir? ¿Se le exigirá a él que sustente a los hijos económicamente a pesar de que ya no vivan con él? Un abogado puede ayudarle a resolver esos asuntos importantes. »Debido a que su esposo le fue infiel, creemos que usted tiene una justificación bíblica para separarse de él.1 Además, la drogadicción de él constituye un pésimo ejemplo para sus hijos. Sin embargo, los estudios que se han hecho al respecto han demostrado repetidamente que a los niños les conviene más tener una relación estrecha con el padre. Por eso no hay manera alguna de que sepamos si sus hijos disfrutarían de mejor salud emocional con sus padres juntos o separados. »La voluntad perfecta de Dios para cada niño es que tenga padre y madre que sean sabios y amorosos, que estén felizmente casados y que no sean adictos a ninguna droga. Sin embargo, todos sabemos que muchos niños no gozan de las ventajas de vivir en un hogar intacto y estable. »Cualquiera que sea la decisión que tome, usted puede hacer que sean mínimos los efectos negativos que sufran sus hijos al no hablarles mal de su padre. No trate de convencerlos de que usted tiene razón y él no la tiene.... Tenga cuidado de que no le oigan hablar con nadie acerca de esta situación, y asegúrese de mantener en privado y en secreto las conversaciones con su esposo al respecto.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 762. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Mt 5:31-32; 19:9
«Eran inocentes porque eran chicos.... »Corrían, jugaban, y sus risas eran inconscientes vibraciones de vida en los jardines.... Sentábanse... sobre el rústico banco de la glorieta, y él contaba historias que le habían leído, mientras jugaba con los deditos de su compañera atenta. »Eran cuentos como todos los juegos infantiles, en que sucedían cosas fantásticas, en que había príncipes y princesitas que se amaban desesperadamente al través de un impedimento, hasta el episodio final, producido a tiempo para hacerlos felices, felices en un amor sin contrariedades.... »Ya tenía él el orgullo viril de ver colgada de sus palabras la atención de esa mujercita, digna de todos los altares. Y cuando su voz se empañaba de emoción al finalizar un cuento, se estrechaban cerca, muy cerca, en busca de felicidad.... »Estaban un día ajenos a todo. El cuento de la princesa rubia había puesto entre ellos la ascendencia de su fantasía. Ella se arrebujaba contra él desparramando en hilachas de oro sus bucles sobre el hombro amigo; él la había atraído lo más posible y besaba, como estampas sagradas, sus ojos, trémulos de promesas ignotas.»1 Así nos describe Ricardo Güiraldes, en su cuento titulado «Sexto», el primer amor con el que los más jóvenes sueñan y los menos jóvenes se identifican. ¡Qué bien logradas esas imágenes del muchacho que le cuenta historias a su atenta compañera «colgada de sus palabras» mientras juega con sus delicados dedos, y de «esa mujercita, digna de todos los altares», cuyos ojos él besa «como estampas sagradas»! No persiguen más que lo que parecen encontrar los protagonistas de sus cuentos fantásticos: el ser «felices en un amor sin contrariedades». Este es uno de una colección de cuentos que Güiraldes comenzó a escribir en su adolescencia, pero terminó en París, lejos de su patria argentina, entre 1911 y 1912.2 Unos mil ochocientos años antes, el apóstol Juan había abordado el mismo tema del primer amor al escribirle a la Iglesia de Éfeso, desde donde había sido desterrado a la isla de Patmos. Allí, en el Apocalipsis, le escribió: «Tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor».3 Sin embargo, a diferencia de Güiraldes, el primer amor al que se refería San Juan no era físico sino espiritual. Era el amor que al principio los efesios le habían manifestado a su Señor y Salvador Jesucristo. Al primer amor físico sólo podemos volver mediante remembranzas del ayer como las que evoca Güiraldes, porque en lo físico las dos partes han cambiado para siempre. En cambio, al primer amor espiritual sí podemos volver porque una de las dos partes, Dios, no ha cambiado en absoluto4 desde que primero lo amamos. Así como los efesios, sólo tenemos que arrepentirnos y amarlo como al principio.5 Dios nos espera con brazos abiertos, y quiere rodearnos estrechamente con los lazos de su amor eterno.6 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Ricardo Güiraldes, Cuentos de muerte y de sangre (Buenos Aires: Editorial Losada, 1978), pp. 111-112. 2 Ibíd., p. 11. 3 Ap 2:4 4 Stg 1:17 5 Ap 2:5 6 Jer 31:3
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Soy una mujer divorciada desde hace diez años. Me quedé con tres niñas, a las que crie con mucha dedicación y esfuerzo, llevándolas a la iglesia desde pequeñas.... »Hace tres años mi hija mayor se ganó una beca de estudios en una ciudad lejos de mí. La he apoyado en todo, y en su carrera le ha ido muy bien. Hace tres meses me escribió y me contó que tiene un enamorado. Pero ahora me dice que se va a vivir con su novio, a quien no conozco.... Eso me ha dejado consternada y tan angustiada que no sé qué hacer. Me gustaría su sabio consejo.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Sentimos mucho la situación en que se encuentra. Comprendemos la angustia que siente debido a que su hija no está viviendo conforme a las normas bíblicas y morales que usted le ha enseñado desde su niñez. »Cuando los jóvenes adultos dejan su hogar para asistir a la universidad, tienen la oportunidad de poner a prueba lo que se les ha enseñado en casa. Si tienen duda alguna acerca de Dios, o curiosidad acerca de otros estilos de vida, esos años universitarios les proveen un entorno en el que pueden explorar sus propias creencias y aprender acerca de las creencias de los demás. Nosotros, como padres, quisiéramos protegerlos y guiarlos, pero ellos bien pudieran rechazar nuestra protección y guía. »Cuando los hijos adultos se mudan del hogar mientras asisten a la universidad, los padres tienen que enfrentar el hecho de que sus hijos ahora pueden... vivir conforme a sus propias creencias. Los hijos adultos ya saben lo que creen sus padres, así que de nada les sirve a los padres tratar de convencerlos de que están tomando decisiones incorrectas. Los padres que insisten en confrontar a sus hijos adultos en cada oportunidad que se presenta, pueden causar que sus hijos dejen de tener contacto con ellos. »Sin embargo, los padres no tienen que aprobar o aceptar lo que hacen sus hijos adultos. Deben reconocer más bien que esos hijos tienen el derecho y el poder de tomar sus propias decisiones. Y deben hallar la manera de amar y apoyar a sus hijos a la vez que aceptan estar en desacuerdo. »Su hija es una joven adulta que está viviendo por su propia cuenta y tomando sus propias decisiones. Ya que no hay ninguna manera de que usted la obligue o manipule para que viva conforme a las normas suyas, le recomendamos que se enfoque en mantener una relación positiva con ella a pesar de no aprobar esas decisiones. »Jesucristo es nuestro modelo de cómo mostrar amor sin aprobar un comportamiento pecaminoso. Cuando Él anduvo en esta tierra, tuvo encuentros frecuentes con pecadores, ofreciéndoles su amor sin insistir en echarles en cara sus pecados. Usted puede hacer lo mismo.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 881. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
Guaimaral, hijo del cacique llamado Mara que gobernaba por los lados del lago de Coquivacoa o Maracaibo, le pidió permiso a su padre para ir a Cúcuta. Allí el cacique Cúcuta le entregó en matrimonio a una de sus hijas. Trágicamente, al año murió la recién casada, pero el joven viudo decidió quedarse de todos modos a vivir en la región, y su ex suegro decidió a su vez adoptarlo como hijo. Tiempo después llegó a esas tierras el conquistador español Diego de Montes con la intención de arrasar con cuanta comunidad indígena encontrara. La tribu cercana de los Cíneras le hizo frente, pero eso dio como resultado que su cacique, Cínera, fuera ahorcado de un árbol, y que Zulia, la hija de Cínera, se dedicara ella misma a formar un ejército que luchara contra Diego de Montes. Una vez que organizó a los suyos, Zulia convocó a las tribus vecinas, y el cacique Cúcuta, por su parte, respondió enviando a sus guerreros bajo el mando de su hijo adoptivo Guaimaral. El ejército indígena tomó por sorpresa el campamento de Montes, y exterminó al español y a sus hombres. Después de la victoria, Guaimaral y Zulia quedaron perdidamente enamorados. Pero «aún estaban comiendo perdices cuando apareció otro Diego español, Diego de Parada, resuelto a vengar a su tocayo —relata el historiador colombiano Gustavo Gómez Ardila en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia)—. Los ejércitos indígenas habían regresado a sus respectivas tribus, por lo que los Cúcutas y los Cíneras debieron enfrentar en inferioridad de condiciones al invasor. »El desastre criollo fue total. Zulia murió en pleno combate, no sin antes haberle exigido a Guaimaral... que no volviera a casarse.... »—Júramelo —le dijo ella, con voz entrecortada. »Guaimaral [no] tuvo tiempo... para jurarle fidelidad eterna. El enemigo le pisaba los talones. Sabiéndose reviudo, huyó despavorido.... [y] regresó a Coquivacoa donde, a la muerte de Mara, [su padre,] heredó la corona. [Pero no sabemos si volvió a casarse.] »Queda demostrado —concluye Gómez Ardila— que los [conquistadores] españoles no sólo aniquilaron a los indígenas, despojándolos de su cultura y sus riquezas, sino que no los dejaron vivir sus historias de amor con final feliz.»1 Francamente, no parece justo que un cónyuge moribundo le pida al otro que no vuelva a casarse, y menos aún que se lo jure antes de tomar su último aliento. Tal vez pudiera justificar semejante petición pensando que su matrimonio ha sido insuperable, y que por lo tanto no quiere que el cónyuge se exponga a ser decepcionado la próxima vez. Pero por eso mismo pudiera razonarse que ese cónyuge reúne todos los requisitos necesarios para hacer feliz a otra persona, y que eso lo acredita para volver a casarse. Gracias a Dios, todo viudo y toda viuda pueden hallar cierto consuelo en el hecho de que Él diseñó el matrimonio precisamente porque determinó que «no es bueno que el hombre esté solo».2 Pero, si vuelven a casarse, será mucho menor el riesgo de ser decepcionados si cumplen con la condición de San Pablo de que los dos sean auténticos seguidores de Cristo.3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Gustavo Gómez Ardila, «Guaimaral y Zulia, ejemplo de integración colombo-venezolana», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) En línea 6 julio 2019. 2 Gn 2:18 3 1Co 7:39
Ciertos indígenas —dice una leyenda— habitaban otro planeta. Pero lo deforestaron a tal grado que su dios, preocupado por la vida futura de sus hijos, decidió mudarlos a otro planeta donde hubiera mejores condiciones de vida. El que más le llamó la atención fue el planeta Tierra, debido a que le pareció todo un paraíso de selvas y animales, y tenía agua de sobra. Para que pudieran bajar hasta la tierra, les ordenó que se cortaran (o, motilaran) su larga cabellera y que con ella tejieran una gran trenza que llegara hasta allá. Fue así como descendió la primera pareja y comenzó a habitar este planeta. Puestos los pies en una montaña, sin duda el Cerro Tasajero, el hombre y la mujer divisaron el valle, la vegetación, los ríos y los animales, y se quedaron tan encantados que tomaron la decisión de vivir allí y cultivar la tierra, pescar y procrear hijos. Con el paso del tiempo, ya poblado el valle, un joven y su novia se propusieron escapar de la tribu a fin de vivir juntos donde nadie pudiera entrometerse en su vida de pareja. Así que fueron en busca de aquel árbol al que estaba atado el extremo de la cuerda de cabellos por la que había bajado la primera pareja. ¡Qué alegría la que sintieron cuando lo hallaron! Pero su dios les había prohibido trepar por ese árbol. Así que, al verlos comenzar a hacerlo, se enojó mucho y los castigó por su desobediencia convirtiendo al hombre en Sol y a la mujer en Luna. Por eso en Cúcuta, Colombia, el sol alumbra con tanta intensidad. Es un guerrero «motilón», furioso porque su dios lo separó de su amante. Y por eso la luna llora con cada lágrima del rocío que cubre las flores al amanecer. Está afligida por haber sido separada del amor de su vida. El sol recorre el cielo cucuteño de día en busca de su amada, y la luna hace el mismo recorrido de noche, pero nunca se encuentran. Esa es, según el historiador santandereano Gustavo Gómez Ardila, en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia), una de las versiones del origen del nombre Motilón.1 A pesar de que es una leyenda y no una historia verídica, encierra dos moralejas valiosas. La primera es que, por lo general, no ganamos nada con tratar de alejarnos de la familia y de la comunidad en que nos hemos criado. Dios ha dispuesto que las dos nos sirvan de gran ayuda, y no de estorbo, en el hogar que formemos como adultos, ya sea casados o solteros. Por eso el apóstol Pedro nos enseña a la comunidad de seguidores de Cristo que no seamos entrometidos, sino que, sobre todo, nos amemos mucho unos a otros, porque el amor perdona las faltas ajenas.2 La segunda moraleja es que tampoco ganamos nada con tratar de volver a los viejos tiempos, convencidos de que «el pasto está más verde al otro lado de la cerca». Determinemos más bien, tal como el apóstol Pablo, aprender a estar satisfechos en cualquier situación en que nos encontremos.3 Sólo así podemos de veras ser felices. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Gustavo Gómez Ardila, «A motilar motilones», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) En línea 6 julio 2019. 2 1P 4:8, 15-16 3 Fil 4:11
A principios del siglo dieciocho las jóvenes de Quito acostumbraban asomarse de continuo al balcón para corresponder al saludo y disfrutar de la admiración de los amigos que pasaban por la calle. Era extraordinario el afecto que sentían por su balcón, pues lo consideraban testigo, confidente y cómplice de hermosas ilusiones. A los hombres también les encantaba el balcón de la novia. Cada pretendiente sabía que no había lugar como aquel espacio entre la calle y la ventana, sede de ese amor sentimental y romántico que disimulaba la timidez, temía ser sorprendido, y necesitaba de mayor esfuerzo y audacia en la conquista por expresarse desde abajo. El noviazgo tenía que oficializarse para que se les permitiera a los jóvenes quiteños entrar en la casa de las señoritas y visitarlas, en presencia de toda la familia, desde luego. De modo que el sitio preferido de visita era aquel escenario entre el balcón y la calle. Allí, cuando comenzaban a apagarse las luces del cielo, los príncipes azules encendían el corazón de sus princesas con el fuego de sus galanterías, y se fijaban citas que por lo general se realizaban en los templos o en casa de familiares. Esas citas pocas veces culminaban en relaciones sexuales debido a las trabas sociales que se interponían. Por lo tanto, cuando los enamorados lograban vencer esos obstáculos, se desbordaba la represa de su pasión. Y por eso el historiador ecuatoriano Alfonso Rumazo González comenta que «nunca ha habido tantos hijos ilegítimos como entonces, ni nunca los pecados de amor fueron más gentilmente perdonados y olvidados».1 ¡Qué triste es ese comentario de la sociedad colonial! No sólo procreó un sinnúmero de hijos ilegítimos, sino que creó un ambiente de tolerancia del pecado, en el que era fácil obtener la absolución social. La verdad es que se asemeja mucho a la sociedad actual. Al creciente índice de nacimientos ilegítimos se suma la desgracia de justificar una actitud tolerante frente al pecado pasional, a tal grado que a todo el que lo censura se le califica de intolerante. ¿Qué se logra con esa actitud? ¿Acaso menos niños que no conocen a su padre? ¿No será que la postura nuestra, la llamada «intolerante», contribuye a que haya más hogares con ambos padres presentes, mientras que la otra, la de excesiva «tolerancia», fomenta lo contrario y por eso sigue extendiéndose esa plaga familiar? ¡Cortemos de raíz este mal que nos está infestando! Cuando un balcón de la vida nos lleve a la impureza del pecado, acudamos a Dios en vez de escudarnos en la sociedad. No esperemos el perdón de la sociedad; más bien pidámosle a Dios perdón por la suciedad que hayamos cometido. Él es el único que trata tanto las causas como los efectos de la enfermedad que es nuestro pecado. Y está dispuesto no sólo a perdonar a quienes se lo pidamos, sino también a bendecir sin medida a quienes nos abstengamos de toda relación sexual fuera del matrimonio,2 que es la insuperable institución que Él estableció para que disfrutáramos del más satisfactorio placer humano.3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Alfonso Rumazo González, Manuela Sáenz: la Libertadora del Libertador, 6a ed. (Caracas: Ediciones EDIME, 1962), pp. 60-62. 2 Hch 15:29 3 Mt 19:4‑9
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Tengo cuarenta años. Hace casi tres años empecé a enfermar. Me vieron varios médicos y me hicieron muchos exámenes. Pero todos salieron normales, y nada cambió. Como resultado, caí en un estado de depresión y me sometí a un tratamiento horroroso con un psiquiatra. En mi gran desesperación, y por consejos de la gente, recurrí luego a un curandero o brujo. Pero no fue más que una estafa. Nada cambió tampoco. »He bajado mucho de peso, y sigo muy preocupado.... ¿Será posible que Dios me perdone por haber buscado ayuda en la brujería? ¿Será que algún día Dios me sanará?» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »¡Cuánto sentimos la enfermedad y todo lo demás que usted ha estado sufriendo! »Tal como lo ha reconocido, hizo mal cuando acudió a un curandero. Si bien algunos presuntos brujos son embusteros que estafan a sus clientes, otros se valen de verdaderos poderes de Satanás para atraer y engañar a sus víctimas. Y como el objetivo principal de Satanás es lograr que las personas se vuelvan en contra de Dios, las que consultan a los brujos corren el riesgo de perder toda la fe en Dios que pudieran alguna vez haber tenido. »Por eso, usted hizo algo malo y peligroso al consultar a un brujo, pero Dios está dispuesto a perdonar todo pecado. De hecho, “si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”.1 No hay pecado alguno que se excluya; “toda maldad” incluye todo pecado. Así que en vez de estar preocupado por lo que ha hecho, pídale a Dios en oración que lo limpie del pecado y de toda maldad. Una vez que se lo pida, Él lo perdonará y limpiará, y ya no tendrá que preocuparse por eso, entre otras cosas. »... La ciencia médica no deja de hacer nuevos descubrimientos acerca de cómo funciona nuestro cuerpo.... Uno de esos nuevos descubrimientos es cómo nuestro cerebro afecta todas las demás partes de nuestro cuerpo. Por ejemplo, en el caso suyo la depresión que usted atribuye a su incertidumbre en cuanto a su salud bien pudiera ser otro factor que lo afecta físicamente de manera negativa. El cerebro y el cuerpo están entrelazados a tal grado que es imposible saber con certeza si la enfermedad física causó la depresión, o si la depresión pudiera haber causado, al menos en parte, la enfermedad. »Usted nos pregunta si algún día Dios lo sanará. Sí, creemos que Dios a veces sana las enfermedades sobrenaturalmente, y por eso le pedimos que nos sane. Pero reconocemos que la mayor parte del tiempo Dios se vale de los médicos para darnos sabios consejos médicos y medicinas a fin de controlar infecciones y malestares.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 761. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 1Jn 1:9 (TLA)
(Antevíspera del Día Mundial del Matrimonio) «Arroz con leche, me quiero casar, con una señorita de San Nicolás. Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar. »Yo soy la viudita del barrio del rey. Me quiero casar y no sé con quién. Con esta sí, con esta no, con esta señorita me caso yo. »Capitán de buque me mandó un papel a ver si quería casarme con él. Yo le contesté, en otro papel, que hombre sin dinero no era menester. »De tanto andar el joven con ese papel, hasta mi mamita lo llegó a saber. —Ven acá, mi hijita, dime la verdad, si con ese joven te piensas casar. —No, no, mi mamita, no lo piense usted, que con ese joven no me casaré.»1 Estas populares rimas infantiles sobre los requisitos que debían cumplir los futuros cónyuges de niños y niñas fueron publicadas por Juan Alfonso Carrizo en su Cancionero de Catamarca en 1926 y en su Cancionero de Salta en 1933. Gracias a Dios, en el siglo veintiuno reconocemos mucho más que en los siglos anteriores los principios bíblicos que establecen la igualdad entre los hombres y las mujeres. «Juan Alfonso Carrizo fue un estudioso argentino que... se dedicó... a... la búsqueda y el hallazgo de los cantares tradicionales del pueblo.... [Logró] recorrer personalmente, palmo a palmo, cinco provincias [argentinas], recolectar cerca de treinta mil cantares y publicarlos anotados con la mayor erudición», escribe la eminente doctora e investigadora argentina Olga Fernández Latour de Botas en 1995 con motivo del centenario del nacimiento de Carrizo. «Recuerdo que mi padre, don Enrique Fernández Latour, decía haberlo conocido en las tardes en que, desde una mesa de la confitería más céntrica de la ciudad de San Miguel de Tucumán, recitaba a quien quisiera oírlo coplas y cantares que fluían de sus labios con toda la belleza, la gracia y la sabiduría de la tradición viva. Él los había descubierto, documentado y “salvado” del olvido.... »Con la Fe como guía iba buscando todo lo que las gentes dicen cantando, cuando cuentan, o ríen, o están llorando. »Me tocó a mí, por indicación [de Carrizo mismo] —alentada o tal vez inducida por mi maestro... el profesor [Bruno Cayetano] Jacovella... [que] ha sido el mejor biógrafo de Carrizo— proseguir con trabajos referidos al cancionero. »... Había en Carrizo un atavismo luminoso que... lo conducía por el sendero de la fidelidad al Evangelio y de la permanente manifestación de su gracia.... »“En esta vida emprestada el bien vivir es la llave. Aquel que se salva, sabe, y el que no, no sabe nada”. »Esta cuarteta anotó don Juan Alfonso Carrizo, y con esa llave abrió la puerta del paraíso.»2 Sólo nos queda aclarar que, según San Pablo, lo que sabe el que se salva es que la salvación no es por obras sino por la gracia de Dios, y que se obtiene mediante la fe como su regalo inmerecido.3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Juan Alfonso Carrizo, «Rimas infantiles», Antiguos cantos populares argentinos (Cancionero de Catamarca) (Buenos Aires: Impresores Silla Hermanos, 1926), pp. 235-36 En línea 15 agosto 2025; Juan Alfonso Carrizo, Cancionero popular de Salta (Buenos Aires: A. Baioco y Cia. Editores, 1933), p. 18 En línea 15 agosto 2025. 2 Olga Fernández Latour de Botas, «En el centenario de Juan Alfonso Carrizo», Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 545 (noviembre 1995), pp. 127-137 En línea 15 agosto 2025. 3 Ef 2:8-9
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Desde hace nueve años, he venido arrastrando un pecado oculto que me ha traído graves consecuencias en los últimos cuatro meses. He gastado 28 mil dólares en páginas pornográficas, y ahora tengo esa deuda.... Me he arrepentido muchas veces.... Me siento muy mal, y en verdad quiero dejar ese vicio y no pecar más.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »La enorme cantidad de dinero que ha gastado en pornografía pudiera parecerle la consecuencia más destructiva de su adicción. Sin embargo, aunque coincidimos en que es una asombrosa cantidad de dinero y de deuda, nosotros sostenemos que el daño producido en su cerebro es aún más grave. »La pornografía presenta imágenes aparentemente perfectas. Cuántas más imágenes perfectas usted vea, menos podrá apreciar la belleza en personas normales e imperfectas. De hecho, la mayor parte de las personas adictas a la pornografía, a fin de alimentar su vicio en privado, se alejan de personas normales, tales como amigos y familiares. Pudiera resultarles algo placentero pasar tiempo con personas normales, pero ese placer no puede competir con el placer que sienten al ver pornografía. Han condicionado su cerebro para anhelar el placer que produce la pornografía y hacer lo que sea para volver a experimentar ese placer. Son capaces de abandonar prácticamente a sus seres queridos y de malgastar todo el dinero que poseen, aun cuando eso signifique no poder pagar el alquiler de la casa.... »Le rogamos que ingrese a www.conciencia.net, pulse la pestaña que dice «Casos» y busque el Caso 7. En el consejo describimos los cambios que se producen en el cerebro cuando se consume pornografía repetidamente, y también presentamos una lista de los pasos a seguir si se quiere superar la adicción. »Sin embargo, el hecho de que usted sepa y comprenda esos pasos no es suficiente; es necesario que tome las medidas propuestas en la lista. Por ejemplo, si usted normalmente ve pornografía en su teléfono, cámbielo por un teléfono que no tenga acceso a la Internet. O, si generalmente ve pornografía en su computadora, compre e instale un software que bloquea sitios sólo para adultos.... »Jesucristo, el Hijo de Dios, les enseñó a sus seguidores acerca de la tentación. Con frecuencia empleó el recurso de la exageración en su enseñanza, y los oyentes de esa época comprendieron que era una figura retórica para hacer énfasis en algo en vez de ser una instrucción que debía interpretarse literalmente. Así que cuando Él enseñó: “Si tu ojo derecho te hace caer en pecado, es mejor que te lo saques y lo tires lejos”, ninguna de las personas que lo estaban escuchando pensó que debía en realidad sacarse su propio ojo y tirarlo lejos.1 Comprendieron más bien que Él les estaba enseñando que debían hacer todo cuanto fuera posible para apartarse de todo lo que les estaba impulsando a pecar. Ese es también nuestro consejo para usted.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 880. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Mt 5:29 (DHH/TLA)
A fines de 1996, un grupo de treinta y cuatro universitarios del estado de Washington en los Estados Unidos se internó en la selva amazónica del Ecuador donde los estaban esperando los Huaorani, conocidos también como los aucas. Éstos, por medio de su embajador extraoficial Esteban Saint, los habían invitado a que fueran a verlos para conocer su modo de vivir. Esteban mismo los acompañó hasta el fin del camino, y luego se los entregó a tres de los Huaorani para que les sirvieran de guías en plena selva. Antes de volver a encontrarse con Esteban, de quien dependían como intérprete, caminaron en un solo día trece horas continuas por un sendero marcado con señales que los indígenas reconocían. El día siguiente abordaron canoas río abajo hasta llegar a un campamento selvático. Para entonces ya habían pasado tres días y medio de andar juntos. A la puesta del sol estaban sentados a la orilla del río. La luna apenas comenzaba a asomarse sobre las copas de los árboles. Una de las jóvenes le dijo a Esteban: —Todo lo que hemos leído acerca de los Huaorani es que son una tribu extremadamente violenta. ¿Será que éstos que nos acompañan son parientes lejanos de aquéllos? —No, son estos mismos —le contestó Esteban—. ¿Por qué no le preguntas a uno de ellos dónde está su padre a ver qué te dice? La incrédula joven escogió a una de las mujeres de la tribu, y ésta, valiéndose de Esteban como intérprete, contestó que hacía mucho tiempo que su padre había muerto atravesado con una lanza. Acto seguido, una de las indígenas más apacibles señaló a un hombre al otro lado del círculo, y declaró: —Él mató a mi padre, a mi madre, a mi hermano mayor, y a otros más de mi familia. Por si eso fuera poco, Daua apuntó a Quimo, que estaba enfrente de ella, y reveló: —Él mató a mi padre y a mi madre, y a mis dos hermanos mayores. A mi mamá la atravesó con una lanza mientras ella amamantaba a mi hermanita en una hamaca. ¡Y siguió mencionando a otros hasta completar diecisiete miembros de su familia a los que él había matado! —¿Cómo es posible que ahora viva en paz con un hombre que mató a toda su familia? —inquirieron los jóvenes, pasmados. Finalmente Esteban tomó del brazo al mismo indígena, el que se llamaba Quimo, y anunció: —¡Él también mató a mi padre! Una de las jóvenes, alarmada, preguntó: —Señor Saint, ¿acaso no corremos peligro aquí? A fin de tranquilizarla, Esteban le dijo a Daua: —Esta joven quiere saber si después de dormirse, seguirá con vida. Daua y los demás Huaorani se rieron a carcajadas, y por fin Daua se puso seria y respondió: —Si nosotros no anduviéramos en el sendero de Dios, no volverías a despertar después de dormirte. Y añadió: —Ahora vivimos felizmente al andar en el sendero de Dios. —¿Cómo es que ahora vives felizmente y con paz, cuando antes vivías tan mal? —le preguntó Esteban. Durante las dos horas siguientes aquella analfabeta les echó un discurso a esos universitarios sobre el poder transformador de Dios. Al terminar, los miró como si fuera la abuela de cada uno, y les dijo: —Escúchenme bien. En esta vida hay muchas sendas, pero hay una sola en la que Dios ha dejado marcadas las señales que conducen a su hogar. Si ustedes salen de aquí sin seguir la senda de Dios, jamás nos volveremos a ver; pero si viven como deben y siguen esa senda, entonces estaremos juntos con Dios algún día.1 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Grabación en casete de Esteban Saint, orador en la Trigésima Reunión Plenaria de los Socios del Instituto Lingüístico de Verano, Lancaster, PA, EE.UU., 14 junio 1997.
La idea consistía en construir una aldea típica, a la antigua, para que aventureros del exterior llegaran a pasar algún tiempo en ella. Se albergarían en chozas con tejado de paja, dormirían en hamacas, cocinarían al aire libre sobre una fogata, y cazarían animales con lanzas, cerbatanas y dardos que tienen puntas venenosas. A Esteban Saint, embajador extraoficial de la tribu, le dijeron: «Anúnciele a la gente que venga a vernos, y nosotros les mostraremos cómo vivimos.» Fue como resultado de ese plan de turismo que, por primera vez en la historia, abrieron una cuenta corriente en un banco ecuatoriano los Huaorani, conocidos también como los aucas. A fines de 1996 un grupo de treinta y cuatro universitarios del estado de Washington, por medio de Esteban, hicieron los preparativos para internarse en la selva amazónica donde los indígenas los estaban esperando. Aquellos jóvenes extranjeros no se veían muy diferentes de los indígenas que serían sus guías y anfitriones, pues tenían tatuajes en todas partes del cuerpo, y aretes en las cejas, en la nariz y en la lengua, además de las orejas. Una de las jóvenes tenía un novio que se había jactado ante ella de haber desarrollado una nueva técnica de hacer agujeros en las orejas: estiraba el agujero a tal grado que la persona podía ponerse allí un tapón en vez de un simple arete. De todas partes del noroeste de los Estados Unidos la gente acudía a este ingenioso artista del tatuaje para que les hiciera tales agujeros en las orejas. Durante el viaje, cuando la novia les explicó la técnica a sus compañeros de turismo, se le acercó una de las mujeres de la tribu y le mostró su oreja con una perforación tan grande o mayor como las que ella acababa de describir. Ante esto, la ingenua gringa, decepcionada, exclamó: «¡Ese embustero de mi novio me dijo que fue él quien desarrolló esta técnica!»1 Esta anécdota nos lleva a hacer una pregunta común en ciertas adivinanzas: ¿En qué se parecen aquel joven artista del tatuaje y Don Quijote de la Mancha? En que tanto «el ingenioso hidalgo» de Miguel de Cervantes como el ingenioso artista de la anécdota eran a la vez ingenuos. Por una parte eran inventivos, y por la otra, inocentones. Eso mismo les ocurre a las personas que se ingenian su propia salvación mediante las buenas obras, las penitencias y el no hacerle mal a nadie. Todo eso es muy bueno, pero no es lo que nos salva sino lo que Dios espera de quienes ya hemos sido salvados. Lo que nos salva sucedió hace unos dos mil años: Son los agujeros en las manos, los pies y el costado que padeció Jesucristo al morir en la cruz por nuestros pecados. Dejemos, pues, de ser ingenuos al pensar que nos ha de salvar nuestra noble conducta. En vez de ingeniarnos los medios para nuestra salvación, menospreciando así lo que el Hijo de Dios ya hizo por nosotros, aceptemos con plena gratitud aquel sacrificio que le costó su vida misma. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Grabación en casete de Esteban Saint, orador en la Trigésima Reunión Plenaria de los Socios del Instituto Lingüístico de Verano, Lancaster, PA, EE.UU., 14 junio 1997.
(2o. domingo de febrero: Día Mundial del Matrimonio) «Adriana Moreno era hondureña de nacimiento. Sus padres eran hondureños también, pero que por caprichos de la suerte tuvieron que abandonar su patria y trasladarse a la vecina República de Guatemala, llevando a su hija.... »Poco tiempo después de haber llegado a Guatemala, los padres de Adriana murieron, y la joven quedó confiada [al cuidado del] padre de Julio, que hacía pocos años había dejado a Honduras para ir en busca de fortuna a la misma República.... »Un día, estando Adriana sola en el salón de la casa..., entró Julio y fue a sentarse en un sofá al lado de ella. »—Vive Dios, [Adriana], que siempre estás deslumbradora —le dijo. »—Y tú siempre galante.... »Julio la contemplaba en silencio, y aún se atrevió a tomar en las suyas la perfumada mano de la señorita Moreno, mano que la joven ni pensó en retirar.... »... Su amada... en aquel momento parecía ser la realización de un dulce sueño de amor: bella hasta el idealismo, casta y pura como la sonrisa de un ángel. Y Julio la miraba, y oprimía más y más la mano de [Adriana], hasta que [ella], como saliendo del arrobamiento en que estaba y volviendo a la realidad, la retiró bruscamente. »Julio la miró asombrado. “¿Qué es esto?”, se dijo. »Pues no, no era nada; capricho de mujer que quiere. Alguna justicia deben tener los hombres al decir que el corazón de la mujer es una cosa inexplicable. La mujer quiere, pero al mismo tiempo que daría su vida por el hombre al que ama, tiene no sé qué placer secreto en hacerlo padecer, siempre que en ello halla una nueva prueba de amor.... ... Juega con el hombre... como el gato con el ratón; ya lo [agarra], ya lo suelta, y por último, si el ratón no anda listo, concluye... por atraparlo de veras.... »Julio... se quedó asombrado del repentino cambio de la joven, e inclinándose hacia ella, le dijo: »—Adriana,... eres... la reina de mi corazón... a quien adoro. »Y había vuelto a acercarse a la joven, y su rostro casi la acariciaba. »—Te amo, Adriana —murmuró con el acento de la pasión más vehemente—.... ¿Me amas, Adriana?.... »Húmedos, llenos de amor, los ojos de la señorita Moreno se fijaron en los de Julio, prometiéndole un mundo de felicidad. »—¿Pero consientes en ser mi esposa? ¿Me amas?.... »—Sí. »—¡Oh, qué feliz me haces, mi adorada, mi prometida! —dijo Julio.... »Doce días después... celebrose el matrimonio de Adriana con Julio....»1 Así concluye la historia del romance entre Adriana y Julio en la obra titulada Adriana y Margarita, con la que la talentosa novelista hondureña Lucila Gamero de Medina se inicia en las letras. Reconocida como la primera novela hondureña, fue publicada en 1897, cuando Lucila Gamero Moncada tenía apenas dieciocho años. Ya a esa temprana edad, parece haber estado convencida de la verdad expresada en el proverbio del sabio Salomón que dice: «Quien halla esposa halla la felicidad.»2 De ahí que la joven Lucila se despidiera de sus lectores con el siguiente consejo: «Vosotros tenéis el mundo donde escoger, y culpa vuestra será si no sabéis encontrar una Adriana.... Pero yo os digo: Tened mucho cuidado; escoged bien. Ved que el matrimonio es cosa seria....»3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Lucila Gamero Moncada (de Medina), Adriana y Margarita (Tegucigalpa, Honduras: Editorial Universitaria [UNAH], 2007), pp. 102‑17. 2 Pr 18:22 3 Gamero Moncada (de Medina), p. 118-19.
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Hace unos meses mi madre falleció, y no estoy segura si guardé luto por ella. Desde entonces he notado un gran cambio en mi personalidad.... Mi carácter y mi conducta han cambiado para mal al extremo de faltarle el respeto a mi familia.... Tengo miedo, tristeza y furia porque no sé cómo cambiar o deshacerme de esto que me ha hecho perder todo lo bueno que me enseñó mi mamá.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Sentimos mucho que haya perdido a su mamá. Usted no pensó que la iba a afectar como nos ha contado, así que está preocupada de que esos cambios pudieran ser permanentes. »En primer lugar, queremos asegurarle que es muy común sentir enojo después de la pérdida de un ser querido. También es común manifestar ese enojo hacia personas que la aman y que forman parte de su círculo íntimo.... »Es obvio que eso daña las relaciones que tiene con los demás, y es posible que su familia se sienta herida emocionalmente, o esté enojada a su vez con usted, o tanto lo uno como lo otro. Usted ama a su familia y no quiere herirla, y eso hace que se sienta aún más frustrada consigo misma. »Nada de esto quiere decir que haya olvidado las lecciones que le enseñó su mamá, ni que se haya convertido en la clase de persona que no quiere ser. Es más bien una etapa temporal en la que está procesando emocionalmente lo que significa vivir sin que su mamá forme parte de su vida. »Lo que más le ayudará es pedir disculpas con humildad y de todo corazón. ¿Debe usted pedir perdón repetidamente cada vez que se deja llevar por el enojo? ¡En definitiva, sí! »Si no lo ha hecho ya, hable con los miembros de su familia en algún momento en que no esté usted enojada. Una opción pudiera ser que les prepare una comida y les informe que tiene algo que decirles durante la cena. Muéstrese transparente, dando a conocer que siente vergüenza por la manera en que los ha tratado. Admita que ha estado desahogando la pena que siente mediante el enojo que les ha mostrado, y que quiere dejar de hacerlo. »Si ellos responden emocionalmente, deje que le describan cómo los ha afectado ese enojo. No se defienda, ni justifique su conducta ni presente excusas. Reconozca que lo que ellos sienten es válido y que usted es responsable por lo que ha dicho. »Cuando el apóstol Pedro le preguntó a Jesucristo cuántas veces debemos estar dispuestos a perdonar a alguien, Jesús le respondió dándole a entender que debemos estar dispuestos a perdonar innumerables veces.1 Esperamos que los miembros de la familia de usted estén dispuestos a perdonarla una y otra vez a medida que se vale de maneras más saludables de afrontar el enojo que siente.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 760. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Mt 18:21-22
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Hace más de dos años estoy viviendo con mi pareja, después de casi cuatro años de relación. Y a pesar de que tenemos planes de... seguir compartiendo nuestra vida con nuestros hijos —uno de él y dos míos— no logro aceptar que sus compromisos con su exmujer y su hija... sean primero que con nosotros.... »Se lo he reclamado muchas veces, y ahora... él me oculta lo que hace por ellas para que yo no me enoje. Me entero buscando en su móvil.... ¡Me siento tan perdida! No me di cuenta de esto antes, y no sé cómo detenerlo o que cambie.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »... Lamentablemente, creemos que usted no debe continuar esa relación con su pareja. Los desacuerdos en cuanto a prioridades económicas debieran bastar para ponerle fin a la relación. Y si a eso le suma la falta de confianza, creemos que no hay manera alguna de que la relación perdure. Cuanto más pronto acepte usted ese hecho, mejor será para usted y sus hijos. Nos entristece mucho la situación de todos los niños que se ven forzados a vivir con semejante conflicto en su hogar. »Le rogamos que establezca un hogar para sus hijos en el que ellos puedan disfrutar de paz y estabilidad. Si usted se interesa de manera romántica por un hombre, el plan de Dios es que llegue a conocerlo bien antes de considerar una vida con él. ¿Cuáles son las prioridades económicas de él? ¿Cómo ayuda él a sus padres, a sus hermanos o a sus otros parientes? ¿Gasta dinero él en actividades y hábitos tales como juegos de azar o el trago, o en pasatiempos costosos? Las respuestas a esas preguntas deben ayudarle a saber si le conviene o no cultivar una relación con tal hombre. »Sin embargo, es igual de importante que usted pueda confiar en él. ¿A veces miente, aunque sea sólo un poco? ¿Le oculta cosas o justifica su mala conducta? ... Esos comportamientos son señales de alarma para mostrarle que él no es el hombre indicado para usted. »Por supuesto, cuando usted encuentre al hombre indicado, el plan de Dios es que espere hasta que se case con él para tener una relación física.1 La estabilidad que representa el matrimonio es lo que tanto usted como sus hijos necesitan. »Por último, tenemos que decirle que creemos que su pareja tiene razón al darle prioridad a las necesidades económicas de la hija de él, que vive con la exesposa. Esa hija la tuvo él antes de la relación con usted, y es honorable de su parte que no la abandone ni sea irresponsable con ella. Usted está equivocada al creer que usted y su familia debieran tener prioridad sobre esa niña.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 879. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Heb 13:4
En el año 1701, los indios chiriguanos, del pueblo guaraní, navegaron el río Pilcomayo hasta llegar a la frontera del imperio de los incas. En el Valle de Salinas divisaron, maravillados, las primeras alturas de los Andes, y decidieron sentar bases. Un día aparecieron en su comarca, también después de mucho andar, los frailes franciscanos de Chuquisaca. En sus alforjas llevaban objetos extraños y fascinantes. Afortunadamente, no se hicieron rogar los mensajeros de Dios antes de abrir y mostrarles aquellos objetos. Más bien, aprovecharon el visible interés que manifestaron para comunicarles, por medio de intérpretes, que eran libros sagrados. Como aquellos indígenas nunca antes habían visto el papel, ni se les había ocurrido que lo necesitaban, no tenían en su propio idioma ninguna palabra para llamarlo. Así que cuando se enteraron de que el papel servía para enviar mensajes a los amigos que estaban lejos, decidieron ponerle por nombre «piel de Dios».1 El hecho de que los chiriguanos relacionaran el papel con la piel no tiene mayor importancia, pues desde tiempos antiguos hasta hoy se escribe y se forran libros en pergamino, que procede precisamente de la piel de animales. Pero es muy significativo que esa piel fuera la de Dios, y que la razón fuera que el papel sirve para enviar mensajes a los amigos que están lejos. Porque lo cierto es que Dios el Padre, desde el cielo lejano, envió a la tierra a su Hijo Jesucristo como su mensaje encarnado, forrado con piel humana,2 a fin de dar la vida por nosotros y así identificarse como el amigo que más nos ama. Antes de morir, Cristo dijo que «nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos».3 Con eso nos dio a entender que su muerte serviría no sólo para salvarnos, sino también para demostrarnos que es nuestro mejor amigo. Lo que Dios espera de nosotros es que correspondamos al supremo amor de Cristo aceptando su oferta de amistad. No tenemos que hacer nada para merecerla, pero sí tenemos que aceptarla para que se haga realidad en nuestra vida. De nada nos sirve que Cristo haya dado la vida por nosotros si no le entregamos la nuestra a Él. ¿Por qué no le enviamos un mensaje de vuelta al que nos ofrece la mejor amistad del mundo? Digámosle: «Querido Señor Jesucristo, gracias por tu amor y tu amistad. Los acepto consciente de que no he hecho, ni jamás podré hacer, nada para merecerlos. Perdona todo pecado que he cometido y toda infidelidad pasada de la que sea culpable. Toma posesión completa de mi vida. Ayúdame a servirte de todo corazón y a ser fiel amigo tuyo hasta la muerte. Gracias porque, lejos de estar distante, has querido estar conmigo hasta el fin del mundo.4 Y gracias porque un día te limitaste a piel humana como la mía, para que la mía pueda un día ser glorificada como la tuya.» Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Eduardo Galeano, Memoria del fuego II: Las caras y las máscaras, 17a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1995), p. 4. 2 Jn 1:14 3 Jn 15:13 4 Mt 28:20
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Hace treinta y un años, mi madre nos abandonó, siendo maltratada por mi padre por sus celos.... Nuestro hogar era un infierno, ya que el maltrato también lo sufrimos los tres hermanos mayores. Hace seis meses, encontré a mi madre después de tantos años.... No he querido decírselo a mi padre, ya que siempre nos prohibió mencionar a nuestra madre. No siento que lo esté traicionando u ocultándole algo, sino que es algo que puedo hoy disfrutar, ya que siempre conocí la situación de mi madre y todo lo que padeció. Aunque mis hermanas menores dicen que le estoy mintiendo a mi padre, yo no lo considero así. ¿Ustedes qué opinan?» Este es el consejo que le dimos: «Estimado amigo: »... Aunque uno de los Diez Mandamientos es honrar al padre y a la madre, muchas personas están confundidas en cuanto a lo que significa en realidad. Durante los años en que el hijo está creciendo, significa obediencia a los padres y respeto a ellos. Pero una vez que el hijo llega a ser adulto, ya no tiene la obligación de obedecer a sus padres, aunque aún debe respetarlos. (Sin embargo, el hijo adulto que opte por vivir en casa con sus padres debe obedecer las reglas de la casa o mudarse si es que cree que las reglas son poco razonables.) »Cuando el padre trata de controlar al hijo adulto haciendo que se sienta culpable o manipulándolo, el que procede mal es el padre, y el hijo adulto debe buscar la forma de mostrar su desacuerdo sin faltarle el respeto. Si el hijo adulto siente que debe ocultar de sus padres cualquier conducta normal, legal, ética o moral, entonces esos padres están tratando de controlar a su hijo adulto de algún modo. Ese padre o esa madre ha creado una relación disfuncional en la que el hijo adulto no tiene la libertad de tomar decisiones ni de pensar por sí mismo.... »Le recomendamos que se siente a conversar con su padre de hombre a hombre. Dígale que le agradece el que los haya sustentado y que haya mantenido intacta a la familia, pero que, como hombre adulto, usted tiene el deseo de conocer a su mamá antes que sea demasiado tarde. Luego pídale que respete esa decisión que usted ha tomado. »Es probable que su padre se enoje. Al principio seguramente dirá cosas crueles, y luego se portará como si usted lo hubiera herido profundamente. Reconozca eso como lo que es: pura manipulación. Niéguese a discutir con él al respecto. Dígale, más bien, que lamenta que él no pueda aceptar el hecho de que usted es un hombre adulto y que tiene el derecho de cultivar una relación con cualquier persona que desee. Dígale además que nada ha cambiado en la relación entre ustedes dos y que quiere seguir como antes. Tal vez pasen semanas, meses o hasta años antes de que su padre llegue a respetarlo por haber adoptado esa postura, pero tarde o temprano ha de suceder. »Le deseamos lo mejor, »Linda y Carlos Rey.» El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar el enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego el enlace que dice: «Caso 143». Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
(Aniversario de la Muerte de José Ferrer) José Vicente Ferrer de Otero y Cintrón nació en Santurce, Puerto Rico, el 8 de enero de 1912. A los seis años se trasladó con su padre a la ciudad de Nueva York. De ahí que en 1934 obtuviera su Licenciatura en Humanidades de la Universidad de Princeton, donde se apasionó por el arte dramático, y que posteriormente estudiara literatura francesa en la Universidad de Columbia. En 1943, su interpretación de Yago en la obra «Otelo» lo lanzó a la fama en el mundo artístico. En 1947, cuando se otorgaron por primera vez los premios Tony, recibió el primero de cinco premios Tony de teatro por interpretar por primera vez el personaje Cyrano de Bergerac. Un año más tarde obtuvo la primera de tres nominaciones al Óscar por su actuación como el Delfín en la película «Juana de Arco» protagonizada por Íngrid Bergman. En 1950, José Ferrer recibió la prestigiosa estatuilla por la versión fílmica de «Cyrano de Bergerac», llegando a ser el primer actor en ganar un Óscar por la recreación de un papel teatral en una película. Ese codiciado Óscar lo donó al Teatro de la Universidad de Puerto Rico para que les sirviera de estímulo a los futuros aspirantes a carreras teatrales. Su tercera y última nominación la logró en 1952 por su actuación en la versión original de la película «Moulin Rouge». Entre las obras teatrales que hizo, se destaca «El hombre de la Mancha», en la que encarnó al célebre Don Quijote. Ese mismo año, la Organización de Estados Americanos le rindió homenaje por ser vínculo de excelencia entre la cultura latina y la anglosajona. En total, Ferrer actuó en setenta películas y dirigió trece producciones de Broadway y siete películas. Entre los muchos reconocimientos que recibió durante su carrera como actor, director, escritor, productor, cantante y compositor, se destacan su propia estrella en el Paseo de Estrellas de Hollywood, la primera Medalla Nacional de Arte en 1985 (que le otorgó el ex presidente Ronald Reagan), y su selección en 1981 al Paseo de la Fama del Teatro. Con sobrada razón se le dedicó, en 1990, el Festival de Teatro Latinoamericano. En lo personal, José Ferrer se casó cuatro veces y tuvo seis hijos, uno de ellos el también actor Miguel Ferrer. Quienes no saben que José Ferrer fue tío del actor George Clooney y suegro de la cantante Debby Boone, tal vez tampoco sepan que hablaba cinco idiomas —español, inglés, francés, italiano y alemán— y que los dominaba a tal grado que durante una conferencia de prensa se dirigió a todos los periodistas en sus respectivos idiomas.1 «Un autor puede escribir algo que perdure trescientos años después de su muerte —observó José Ferrer durante una entrevista en 1986—, pero cinco minutos después de mi muerte, ya no puedo actuar ni dirigir más.»2 Quiera Dios que esas palabras, que pronunció el reconocido actor unos seis años antes de su muerte el 26 de enero de 1992, nos lleven a reflexionar que, antes de afrontar nuestra propia muerte, debemos pedirle a Dios que desempeñe el papel de Director de la obra sin igual que es nuestra vida, en la que nosotros somos los actores principales. Porque una vez que muramos, ya será demasiado tarde. Y lo cierto es que cinco minutos después de nuestra muerte, Dios, que es el Guionista que inspiró la Biblia, que ha perdurado miles de años, será el único capacitado para dirigir nuestra actuación eterna. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Clarissa Santiago Toro, «José Ferrer», Biografías, Fundación Nacional para la Cultura Popular En línea 27 noviembre 2007; Constance Clark, En línea 28 julio 2008; «José Ferrer: Perfil», Puerto Rico Herald, 14 julio 1999 En línea 27 noviembre 2007; Wikipedia, s.v. «José Ferrer» En línea 14 noviembre 2007. 2 «José Ferrer: Perfil», Puerto Rico Herald.
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Hace poco más de un año, un hombre de sesenta y cinco años que ya conocía me invitó a un café, y pensé que era un gesto de amistad.... [Pero] cuando íbamos caminando hacia la cafetería, me tomó a la fuerza y me metió en su auto.... Me llevó a su casa..., donde me drogó y me violó.... Ante esta situación, lo denuncié.... Pero he recibido llamadas insultándome y diciendo que yo soy la culpable de todo. No sé qué hacer: si retirar la denuncia y perdonar a este hombre, o continuar con el procedimiento y esperar que se haga justicia.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »¡Cuánto sentimos lo que usted sufrió! Su caso es aterrador para toda mujer. Gracias a Dios, el violador no le quitó también la vida. »Él no la mató porque pensaba que usted no le iba a decir a nadie lo que le sucedió. Eso sin duda se debe a que muchas mujeres sienten tanta vergüenza por lo que les ocurrió que no lo denuncian. ¡Pero usted no tiene nada de que avergonzarse! Usted no hizo nada malo. Este fue un delito perpetrado en contra suya, ¡y usted no tiene la culpa! »Comprendemos que las llamadas telefónicas son perturbadoras. Y podemos ver por qué está atemorizada, considerando retirar la denuncia. ¡Pero le rogamos que no la retire! ¡No deje que este hombre salga impune luego de haberla violado! ... »Los sistemas judiciales de muchos países hacen que sea sumamente difícil que se ejerza justicia en los casos de víctimas de violación sexual. Muchas de las autoridades las tratan tan mal que las víctimas creen que no vale la pena denunciar al violador.... »La Biblia cuenta un caso de violación sexual que encierra lecciones para todos. La víctima de la violación era Tamar, la hija del rey David. En vez de ocultar lo que sufrió, ella se echó ceniza en la cabeza y se rasgó el vestido que llevaba puesto, llorando a gritos por todo el camino de vuelta a su casa. Esa fue su manera de demostrar que un terrible delito se había cometido contra ella. Fue tan obvio para su hermano que, cuando le pidió a ella que confirmara que el perpetrador había sido el hombre de quien él sospechaba, no hubo ninguna razón para que ella dejara de divulgarlo. Ella sabía que no era la culpable.1 »Nosotros creemos que lo que más le conviene a usted es contar su caso y nombrar al violador. En definitiva, usted hizo lo correcto con el primer paso de informar a las autoridades y denunciar al violador. Pero ahora, lo mismo que si hubiera sido víctima de cualquier otro tipo de delito, no lo mantenga en secreto. Cuantas más personas estén enteradas de su caso, mayor será la seguridad de la que disfruten usted y otras mujeres inocentes.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 759. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 2S 13:1-20
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Cometí el peor error de mi vida de ser infiel a mi amada esposa, no una sino varias veces, y ella me descubrió. Por eso, hace ya casi dos meses, estamos separados. En ese lapso de tiempo, busqué el perdón de Dios y encontré gracia en Él.... Ahora mi hijo de siete años está conmigo porque mi esposa lo empezó a descuidar por el dolor que le causó mi infidelidad.... »Recientemente tuve una charla con ella, y me dijo que nunca me había amado, que sólo se casó conmigo porque se embarazó de mí fuera del matrimonio. Eso me dolió.... Mi pregunta es la siguiente: ¿Dios quiere que luche por mi matrimonio o no? Yo quiero seguir luchando.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »Nos alegra que le haya pedido perdón a Dios y que haya hallado la gracia y el perdón que Él ofrece.... Será muy provechoso para usted y su hijo formar parte de una comunidad de seguidores de Cristo donde los dos puedan crecer en su compresión de la Biblia y del infinito amor que Dios les tiene. »Sin embargo, el hijo suyo debe de estar muy confundido como resultado de la crisis en su vida familiar. No se sorprenda si él comienza a desahogar esa confusión causando problemas en la escuela o manifestando rebeldía contra usted y su esposa. Es que, a causa de su corta edad, le es imposible comprender lo que está pasando en su vida, y él necesita que le reafirmen constantemente que los dos lo aman y que él no tiene la culpa de que ya no estén viviendo juntos. »En cuanto a la declaración de su esposa de que ella nunca lo ha amado a usted, tal vez sea verdad, pero pudiera también ser su manera de vengarse por su infidelidad. Usted la hirió, así que ahora ella bien pudiera estar tratando de herirlo igualmente. »Dice usted que su esposa está sufriendo mucho como resultado del engaño suyo.... Eso la ha herido profundamente, y le llevará mucho tiempo sanarse. No espere que ella sepa si alguna vez podrá volver a tenerle suficiente confianza como para reanudar el matrimonio. »Usted pregunta si Dios quiere que luche por su matrimonio. Nosotros creemos que la respuesta es sí debido a que Jesucristo enseñó que los lazos del matrimonio unen a un hombre y a una mujer de modo que los dos llegan a ser uno solo.1 A pesar de que la infidelidad suya rompió esos lazos en dos, usted de todos modos tiene la responsabilidad de tratar de repararlos. De ahí que usted deba renovar sus votos de fidelidad a su esposa y esforzarse por llegar a ser un hombre en quien ella pueda confiar. Si ella se divorciara de usted y volviera a casarse, entonces ya no habría razón para que usted siguiera intentándolo.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 878. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Mt 19:5
Alguien tocó a la puerta. La señora de la casa fue y vio que eran dos agentes del departamento de salud pública. Los hombres anunciaron que venían a inspeccionar el agua potable. Pero una vez adentro, sacaron una pistola, amarraron a la mujer, que estaba sola, y saquearon la casa. ¿Por qué les dio entrada a esos maleantes aquella mujer? Porque creyó que el uniforme garantizaba que eran agentes de la salud pública. Cuando ella abrió la puerta, le mostraron su tarjeta que los acreditaba como dichos funcionarios, así que los dejó entrar. ¡Por algo será que les enseñamos a nuestros hijos, desde que comienzan a tener uso de razón, a ser desconfiados! Todos sabemos que si nos descuidamos, tenemos la misma experiencia que el Chapulín Colorado, y tarde o temprano llega el momento en que bien podemos decir, como acostumbraba decir el popular humorista mexicano: «Se aprovechan de mi nobleza.» Lo que necesitamos es aprender de las experiencias de los demás a fin de evitar tales incidentes. Así podremos, también como el Chapulín, decir con sinceridad: «Lo sospeché desde un principio...» Y después de salir bien librados de la trampa que nos han tendido los tales cazadores de personas ingenuas, estaremos en condiciones de exclamar triunfantes: «¡No contaban con mi astucia!» Pasando del humor a la sabiduría popular que encierra el refrán que dice: «Hombre precavido vale por dos», entonces vale por cuatro el hombre que prevé dos peligros y no sólo uno. Ese es el caso del hombre que previene tanto el peligro físico como el espiritual. Si tal hombre vale por cuatro, es porque lamentablemente por lo general los demás aceptan que los dos peligros existen, pero no le dan la misma importancia al peligro espiritual que le dan al peligro físico. Ven lo físico como cercano y presente, y lo espiritual como lejano y futuro. Lo irónico es que le dan más importancia al peligro menor, que es físico, que al peligro mayor, que es espiritual, porque no reconocen que lo espiritual, a diferencia de lo físico, tiene consecuencias eternas. A los que se aprovechan de la credulidad del prójimo, en el Sermón del Monte Jesucristo los trata de lobos disfrazados de ovejas y los califica de falsos profetas. Después de advertirles a sus discípulos que «surgirá un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos»,1 y que por eso deben cuidarse de que nadie los engañe, Cristo les enseña cómo reconocer a esos lobos: por sus frutos. Esa es la prueba decisiva. «Por sus frutos los conocerán.»2 Así que la clave es no comprometernos con nadie ni poner toda nuestra confianza en nadie hasta ver sus frutos. Juzguemos con prudencia y hagamos preguntas. Hay que conocer a fondo a una persona para saber si es digna de confianza. Si no examinamos los frutos, nos arriesgamos a perder hasta el alma. Seamos, pues, sabios inspectores de frutos, no sea que nos devore uno de esos lobos disfrazados de ovejas. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Mt 24:4,11 2 Mt 7:16,20
En este mensaje tratamos el caso de una adolescente que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue: «¡Hola! Soy una quinceañera, y les pido que me den un consejo acerca de lo siguiente: Al parecer, mi padre prefiere estar trabajando en vez de pasar tiempo con su familia. Este problema ha existido siempre, según mi abuelita. Yo sé que tiene que trabajar, pero él es demasiado entregado a su trabajo. A veces ha trabajado el domingo sin necesidad de hacerlo. Mi punto es que actúa como si viviera únicamente para trabajar. Lo peor es que en varias ocasiones ha discutido con mi mamá por simples cosas, y en mi opinión es porque viene estresado del trabajo. »Hace algunos días se enojó tanto con mi hermano que lo golpeó con una correa tres veces y le dejó marcas. Yo sé que estuvo mal meterme en esa discusión, pero estaba tan enojada que le dije la verdad: que no pasa tiempo con su familia. Lamentablemente pienso que alimentando la mentira de “yo trabajo por mi familia” le hace creer que si trabaja más, más nos quiere. ¿Qué debo hacer?... Quiero tener un padre, no un hombre adulto que se hace llamar papá.» Este es el consejo que le dimos: «Estimada amiga: »... Tu papá es el producto de la cultura y del medio ambiente en que se crió. Tal vez él haya tenido pocas posesiones materiales desde la niñez. Es posible que se haya hecho el propósito de que, cuando fuera adulto, sus hijos no carecerían de esas cosas de las que careció él.... ¿Por qué no le muestras este consejo y le preguntas cuáles son sus razones? »Hay también una razón biológica detrás del comportamiento de tu papá. Es probable que él sea el tipo de persona que quiere alcanzar el éxito y ser respetado por lo bien que se gana el sustento para su familia. En realidad, la mayoría de los hombres son así, al igual que lo son también muchas mujeres. No tiene nada de malo el proponerse grandes metas. Sin embargo, es probable que a tu papá nadie le haya enseñado que es igual de importante pasar tiempo con sus hijos como lo es proveer para su sustento. Sin duda, el padre de él no pasó tiempo con él tampoco, de modo que realmente tu papá no comprende los beneficios que tiene el hacerlo. »Trata de ver la situación desde el punto de vista de tu papá. Es importante que le pidas que cambie su comportamiento sin que juzgues sus motivos o el amor que te tiene. Sé respetuosa con él cuando le hables acerca de este tema. Pídele que se pongan de acuerdo los dos y fijen determinada cantidad de tiempo para pasar juntos cada semana. Planea cada actividad por adelantado y anótala en un calendario muy visible para que él lo vea todos los días. Puede ser un paseo prolongado, o una excursión, o un juego familiar. Acepta el hecho de que él tal vez no cambie de la noche a la mañana, pero que, si eres paciente, él comenzará a comprender la importancia que tiene pasar tiempo con su familia. »Te deseamos lo mejor, »Linda y Carlos Rey.» El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace que dice: «Caso 142» dentro del enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos». Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
Bruno Ríos, de veintinueve años, y su esposa Silvia, de veinte, ambos uruguayos, estaban pasando la luna de miel en Nueva York. Acababan de casarse en su país y se habían dado el lujo de viajar a la llamada Gran Manzana para celebrar los primeros días de su vida como pareja. Silvia era una joven alegre, expresiva y entusiasta. Radiante de felicidad como estaba, se puso a dar brincos en la cama del hotel de cuatro estrellas en que estaban hospedados, en una habitación que se encontraba en el vigésimo piso. De pronto dio un salto demasiado alto, perdió el equilibrio, pasó por la ventana abierta y cayó en la calle desde una altura de sesenta metros. Allí, sobre el pavimento neoyorquino, su luna de miel se convirtió en luna de hiel: una luna de sangre, dolor, espanto y muerte. Pocos días antes, cuando sus familiares y amigos brindaban por ellos y les deseaban dicha eterna y una vida pletórica de amor, no se imaginaban que esa luna nueva que se vislumbraba en el cielo conyugal iba a menguar en un instante y a cubrirse de luto, como en un eclipse lunar. En realidad, nadie sabe lo que le espera a la vuelta de la esquina, porque nadie tiene el dominio de su seguridad. Los accidentes y los desastres ocurren cuando menos los esperamos. Podemos salir de mañana llenos de vida y de salud para realizar negocios prometedores, y por la noche encontrarnos tendidos en una funeraria. En cambio, lo que sí tiene dominio de nosotros es la inseguridad, y aun más si vivimos en una metrópoli nerviosa y atormentada, saturada de violencia y contaminada de maldad. Hoy más que nunca prevalecen las condiciones de vida que describió Moisés en el Pentateuco, cuando dijo: «Noche y día vivirás en constante zozobra, lleno de terror y nunca seguro de tu vida. Debido a las visiones que tendrás y al terror que se apoderará de ti, dirás en la mañana: “¡Si tan sólo fuera de noche!”, y en la noche: “¡Si tan sólo fuera de día!”»1 La incertidumbre no deja de ser la nota tónica de la vida. En este momento todo marcha a las mil maravillas; pero en un instante podemos despeñarnos por un precipicio, y despertar en el lugar donde hemos de pasar la eternidad. Por eso nos urge vivir con seguridad espiritual. Y esa seguridad la tenemos solamente en Jesucristo. Cuando Cristo llena nuestra vida, tenemos una noción de la eternidad, y todos los riesgos de la vida carecen de importancia. Así como al apóstol Pablo, nos da lo mismo vivir que morir,2 porque Cristo llega a ser nuestra Luna creciente que despeja todas las tinieblas, alumbra nuestro camino y nos guía hasta la Ciudad que Él mismo iluminará para siempre con su gloria.3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Dt 28:66-67 2 Fil 1:21 3 Ap 21:23; 22:5
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Soy un hombre casado desde hace siete años... pero me he sentido tentado muchas veces por otras mujeres... y me he vuelto adúltero. Por más que trato, no puedo desear sólo a mi esposa, [y eso me impide estar bien con Dios]. ¡Ayúdenme!» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »... Algunas personas creen que el adulterio es inevitable. Están convencidas de que es demasiado difícil serle fiel a un solo cónyuge. Los hombres en particular a veces se jactan del número de mujeres con las que tienen aventuras sexuales. Creen que esa actividad sexual prueba su hombría, o que es un tipo de competencia en la que pueden destacarse. »Sin embargo, esta manera de pensar corta los lazos entre el sexo y el amor. Cuando la palabra “amor” se emplea como una herramienta para seducir, el verdadero amor es sólo un concepto que no se valora. Por el contrario, el amor con compromiso, que es un tesoro incomparable, se pierde a cambio del placer físico pasajero producido por tener parejas sexuales en serie. »Cuando usted se entrega a la tentación y participa en una relación sexual fuera del matrimonio, su cerebro produce sustancias químicas que son adictivas. Por eso piensa que no puede dejar de hacerlo. Cuanto más cede, mayores son los deseos que siente. Puede compararse a la adicción a las drogas o al alcohol. La diferencia consiste en que, si bien nadie se jacta de ser adicto a esas sustancias dañinas, muchos se sienten orgullosos de sus hazañas sexuales. »La única manera de superar esta adicción es permitir que su esposa participe en todo aspecto de su vida. Muéstrele a ella sus contraseñas e invítela a que vea a diario lo que usted les está diciendo a otros en su computadora o en su teléfono móvil. Infórmele dónde estará cada momento del día, y hable con ella por teléfono en cada oportunidad que se presente, no dejando así de rendirle cuentas. Deje de mentirle a ella acerca de dónde y con quién se encuentra usted. E invítela a que lo acompañe en todas sus actividades de tiempo libre. »Estamos seguros de que esto le parecerá exagerado debido a que lo obligará a cambiar por completo la vida que ha estado llevando. ¿Puede usted hacerlo? ¡Claro que sí! Todo depende más bien de que de veras quiera cambiar. »Usted cree que sus aventuras le están impidiendo estar bien con Dios, y estamos de acuerdo. Los Diez Mandamientos expresamente prohíben el adulterio.1 Sin embargo, Dios está dispuesto a perdonar el adulterio al igual que cualquier otro pecado.2 Pero no basta con sólo decir que lo siente y pedir perdón. Si usted sigue quebrantando el mandamiento, las palabras “Lo siento” carecen de sentido alguno. Es fácil decir esas palabras, pero Dios sabe perfectamente si usted las dice en serio.»3 Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 758. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Éx 20:14 2 1Jn 1:9 3 1S 16:7; Sal 139:2,23-24; Pr 17:3; Lc 16:15; Ro 8:27
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Tengo una hermana que empezó a salir con un hombre que no comparte nuestra fe.... Ese hombre se ganó nuestra confianza, se presentó a mis padres y pidió la mano de mi hermana. Después nos enteramos de que estaba embarazada. »Tuvieron desacuerdos... y se suspendió la boda con las invitaciones ya entregadas. Siento rabia contra ese hombre. Nos engañó a todos. »Ahora mi hermana volvió con él como si nada hubiera pasado, y sigue viviendo con nosotros.... Ella sigue yendo a la iglesia, y por una extraña razón yo no quiero ir con ella.... No le digo nada a mi hermana porque terminaré gritándole, y no quiero afectar su embarazo.... Ayúdeme, por favor.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »¡El solo hecho de leer su caso nos hace sentir la agitación de emociones en conflicto que está experimentando! Usted quiere proteger a como dé lugar el honor de su familia y la integridad de la fe y las convicciones que valora. Al mismo tiempo, ama fervientemente a su hermana y al bebé, y les desea lo mejor a pesar de que su hermana sigue tomando decisiones con las que usted no está de acuerdo. Usted intuye que el compañero de ella representa una amenaza contra todo lo que usted valora, pero está frustrada y enojada porque no hay nada que puede hacer para librar a su familia de esa amenaza. »A pesar de sus altibajos emocionales, usted ama a su hermana y al bebé lo suficiente como para evitar hablarle con palabras hirientes de la manera en que quisiera hacerlo respecto a las decisiones pasadas y futuras de ella. Eso comprueba que, por encima de todo, le está dando prioridad a lo que más le conviene a ella y al bebé. Es usted una hermana amorosa y cariñosa que tiene las mejores intenciones a pesar del enojo y la frustración que siente.... »Gracias a Dios, es usted una seguidora de Cristo, así que tiene un recurso a su disposición que no tienen otras personas. Usted ha cultivado una estrecha relación con Aquel que comprende sus emociones en conflicto mejor que nadie. Se trata de Dios, nuestro Padre celestial, quien nos ama a todos y quiere protegernos de todo mal, pero que no interviene debido a que respeta nuestro libre albedrío. Él nos observa con tristeza cuando tomamos decisiones insensatas y luego sufrimos las consecuencias. »Pídale a Dios que la ayude a dejar de sentir la necesidad de proteger a su hermana, a su familia, y su fe. Entréguele todas sus preocupaciones y permita que sean sus manos divinas las que protejan lo que necesita protegerse. Pídale que le muestre su amor divino en cada circunstancia, y que le dé sabiduría para manejar sus emociones de manera saludable.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 877. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net
Aquel gusano del pueblo de los mosetenes apenas tenía el tamaño del dedo meñique cuando comenzó a comer corazones de pájaros. Si no hubiera sido porque era hijo del mejor cazador del pueblo, habría sido muy difícil satisfacer su hambre, porque cuantos más corazones comía, tantos más exigía. Y cada vez crecía más, hasta que tuvo el tamaño de un brazo. Su padre se pasaba días enteros en la selva cazando pájaros a fin de satisfacerlo. Llegó el día en que no quedó ni un solo pájaro vivo en la selva, de modo que el padre, Flecha Certera, comenzó a ofrecerle corazones de jaguar a esa serpiente suya que ya no cabía en la choza. La serpiente devoraba a los infortunados felinos y crecía más aún, hasta que acabó con todos los jaguares de la selva. —Quiero corazones humanos —le exigió a su padre. El diestro cazador no tuvo más remedio que ir matando a los habitantes de su aldea y de las comarcas vecinas hasta dejarlas sin gente. Pero un día, en una aldea lejana, lo sorprendieron en la rama de un árbol y lo mataron. La serpiente ya no soportaba el hambre y la nostalgia, así que salió a buscarlo. Cuando llegó a la aldea que había matado a su padre, enroscó el cuerpo en torno a todos los habitantes que quedaban para que nadie pudiera escapar. Los guerreros le ensartaron todas sus flechas a aquel anillo gigante que los había cercado, pero aun así la serpiente no dejaba de crecer. Nadie logró salvarse salvo la serpiente, que rescató el cuerpo de su padre y siguió creciendo hacia arriba. Ahora se ve, ondulante, erizada de flechas refulgentes, atravesando el cielo nocturno.1 Esta leyenda indoamericana sobre el origen de la Vía Láctea nos recuerda que los indígenas de aquellos remotos tiempos, que no disfrutaban del telescopio para poder divisar con mayor claridad la multitud de estrellas de la que está compuesta, eran geniales en el uso de su imaginación para llenar los vacíos de su conocimiento científico. Además evoca imágenes mentales de la serpiente bíblica que hizo caer a nuestros primeros padres en el huerto del Edén,2 que se describe como el lucero de la mañana en el libro del profeta Isaías,3 y que vuelve a manifestarse al final de los tiempos, según el Apocalipsis de San Juan. Pero lo que debiera preocuparnos a nosotros es lo que está haciendo en la actualidad «aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás»,4 como la identifica San Juan. Porque al igual que la serpiente de la leyenda de los mosetenes, nuestro enemigo el diablo no tiene mayor satisfacción que la de comer corazones humanos, y por eso día y noche anda buscando a quien devorar.5 Cristo, archienemigo y vencedor del diablo,6 está llamando a la puerta de nuestro corazón. Más vale que le demos entrada para que cene con nosotros, que es lo que desea,7 y no que le demos cabida a Satanás, de modo que nuestro corazón llegue a ser la entrada principal de su cena. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Eduardo Galeano, Memoria del fuego I: Los nacimientos, 18a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1991), pp. 11,12. 2 Gn 3:1‑23 3 Is 14:12 4 Ap 12:9 5 1P 5:8 6 Ap 12:7‑12 7 Ap 3:20
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Hace quince años tuve una [novia]... [durante el lapso de] siete años. Después de que terminé con ella, estando ya casado y teniendo mis dos hijos, yo sigo pensando en ella. Sueño [con ella] en las noches, a veces continuamente, y me deja un poco consternado y pensativo al día siguiente, y me [pregunto si] estaré siendo infiel en pensamiento con mi esposa a pesar de que la quiero con todo mi corazón.» Este es el consejo que le dimos: «Estimado amigo: »Es muy importante lo que usted se está preguntado. La respuesta consta de dos partes. Tenemos que separar lo que sucede en su mente cuando está durmiendo de lo que sucede cuando está despierto. Como seres humanos, no tenemos control alguno sobre lo que sucede en nuestros sueños, así que usted no tiene ninguna responsabilidad moral por nada de lo que sueña. Al dormirse cada noche, haga una lista mental de todo lo que le gusta de su esposa. Trate de repetir esa lista todas las noches, añadiendo algo más a la lista. Cuando usted concentra sus pensamientos en su esposa antes de dormirse, es menos probable que sueñe con la otra mujer. »Ahora bien, la situación es muy diferente con relación a los pensamientos que tiene cuando está despierto. Si de veras quiere hacerlo, usted puede controlar esos pensamientos, pero requiere disciplina. Por supuesto, al principio los pensamientos indeseados seguirán invadiendo su cerebro, sobre todo si soñó con la otra mujer la noche anterior. Si usted entonces se siente culpable por el sueño que tuvo y lo recrea mentalmente, la otra mujer seguirá en sus pensamientos. Acepte, más bien, el hecho de que usted no tiene la culpa de lo que sueña y resuelva no recrearlos. No hay razón alguna para preocuparse por lo que ha soñado. Tan pronto como se dé cuenta de que está pensando en el sueño o en la otra mujer, debe reemplazar ese pensamiento con otro que hará que cambie el tema en su mente. Pueda ser que comience a pensar en su equipo deportivo favorito, o posiblemente en algún problema que está afrontando en el trabajo. O tal vez tenga un pasatiempo o un proyecto que está pendiente, y pueda pensar en los pasos a seguir. »¿Dónde está usted y que está haciendo usted cuando lo invaden esos pensamientos? Cambie sus patrones de conducta y sus costumbres a fin de restarle al tiempo que tiene para pensar en lo que no debe. Mantenga la mente tan ocupada que no le quede tiempo para tener malos pensamientos. »Usted dijo que le preocupa que pudiera estar siéndole infiel a su esposa. Jesucristo sostuvo que lo que pensamos es tan importante como lo que hacemos, así que tiene usted razón al querer cambiar sus actuales patrones de pensamiento con relación a la otra mujer. Al enseñar acerca de este tema, Cristo dijo: “Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio.” Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.”1 »Le deseamos lo mejor, »Linda y Carlos Rey.» Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa el enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego el enlace que dice: «Caso 141». Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Mt 5:27-28
Había que deslumbrar a todos los invitados a la gran fiesta que iba a celebrarse en el lago Titicaca. ¿Acaso no era eso lo que esperaban de uno de la talla de él? Por eso, con bastante anticipación, se había puesto a tejer la fina trama de un manto digno de su posición social. Sería un manto tan elegante que los mantos de sus pobres rivales parecerían paños de cocina. El zorro lo vio trabajando y no pudo contener las ganas de entrometerse. —¿Estás de mal humor? —le preguntó. —No me distraigas —le contestó secamente—. Estoy ocupado. —¿Para qué es eso? —insistió el zorro. Así que le tocó explicárselo. —¡Ah! —dijo el zorro, regodeándose con las palabras—. ¿Para la fiesta de esta noche? —¿Cómo que esta noche? —respondió incrédulo, pues nunca había sido bueno para calcular el tiempo—. ¡Y yo con mi manto a medio hacer! Mientras el zorro reía entre dientes y se alejaba, el descorazonado sastre resolvió que, de una manera u otra, terminaría su manto antes de la fiesta de esa noche. No había tiempo que perder, así que abandonó su acostumbrada delicadeza y empleó hilos más gruesos, y la trama, a todo tejer, le quedó más extendida. A eso se debe que el armadillo tenga caparazón de urdimbre apretada en el cuello y abierta en la espalda.1 Afortunadamente, a los armadillos de los mitos indígenas como éste les perdonamos sus malos cálculos. En cambio, no somos tan caritativos con los seres humanos. «Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre — les contó Jesucristo a sus discípulos—. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir.”»2 Cristo empleó esa parábola para ilustrar lo que cuesta ser verdaderos discípulos suyos, pero también sirve para ilustrar la importancia de no descuidar a nuestros hijos. ¿Acaso no somos los padres de familia los responsables de la formación del carácter de ellos? ¿Y no son ellos nuestros bienes raíces más valiosos? ¿Cómo vamos a quedar si comenzamos esa formación y la malogramos «a medio hacer», como hizo el mitológico armadillo? Eso sucede cuando calculamos mal el tiempo que ellos requieren de nosotros para su buena formación. Si vamos a cumplir el encargo de San Pablo de criarlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor,3 tendremos que dedicarles el tiempo que se merecen. Eso nos obligará a darles más prioridad de la acostumbrada en nuestro calendario, no sea que nos salgan con un carácter apretado en el cuello y abierto en la espalda. A Dios gracias que Él, como Padre nuestro, sí les dedica tiempo a sus hijos, y que si es costoso ser discípulo en calidad de hijo, será porque es tan valioso ser hijo del Padre celestial. Para llegar a serlo, no tenemos que hacer más que recibirlo y creer en el poder que tiene para hacernos hijos suyos.4 No calculemos mal. Hagámoslo hoy mismo, antes de la fiesta eterna en el cielo. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Eduardo Galeano, Memoria del fuego I: Los nacimientos, 18a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1991), p. 27. 2 Lc 14:28-30 (NVI) 3 Ef 6:4 (DHH) 4 Jn 1:12
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Tengo una relación... con un hombre desde hace siete años. (Antes de estar con él, estuve casada.) Él es un buen hombre y buen padre... pero con frecuencia menciona mi pasado haciendo [insinuaciones de] acciones incorrectas que él supone que cometí.... Yo me siento ofendida y me defiendo; [pero él] dice que, si no es verdad, no debo ofenderme.... »Eso me hace preguntarme si realmente me estima, ama y respeta.... Aclaro que nada de lo que él insinúa que yo hice es verdad.... »¿Es sano estar en una relación así? ¿Puedo hacer algo para remediarla? Me siento irrespetada.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Es obvio que este hombre trata de hacer que usted se sienta mal a fin de sentirse mejor él mismo. Él se siente amenazado de alguna forma, y se vale de como un arma en contra suya para que también usted se sienta incómoda y pierda la calma. Cuando manipula sus sentimientos con esas insinuaciones, él siente que ejerce poder sobre usted, y ese poder oculta la inseguridad de él. »Estamos de acuerdo en que las palabras de él crean una dinámica que no es sana. Tal vez la ame, pero la manera como él manipula con crueldad los sentimientos de usted no es la forma de mostrar amor. Es posible que él justifique esa burla al creer que sólo está jugando con usted. Sin duda se convence de que usted se está dejando llevar por las emociones y que tal experiencia le enseñará a ser más resistente.... »Nosotros en realidad no comprendemos por qué elige vivir con un hombre a quien poco o nada le importa cómo se siente usted. El apóstol Pablo enseñó: “El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”1 »Dios diseñó la intimidad sentimental de modo que se disfrutara dentro de los límites de la seguridad y del compromiso del matrimonio. Cuando un hombre y una mujer toman la decisión de unirse en matrimonio, con eso protegen sus propios intereses al cuidarse y valorarse mutuamente. Ya no pueden herir al otro o a la otra sin herirse a sí mismos. »El hecho de que muchas personas no cumplen sus votos nupciales no debilita la intención o el plan de Dios. Y el hecho de que muchos matrimonios terminan en divorcio no hace dudar de la institución del matrimonio sino más bien de las dos personas que incumplieron sus votos. »Nosotros creemos que usted no debe vivir con ningún hombre con quien no esté casada. Por eso le aconsejamos que busque consejería profesional con la intención de resolver este problema para que pueda casarse o ponerle fin a la relación. No debe considerar el seguir adelante si nada cambia.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 757. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 1Co 13:6-7 (NVI)
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Yo servía a Dios con mucho anhelo desde muy pequeña, pero cuando ingresé a la universidad mi relación con Dios se fue acabando poco a poco. Entre otras cosas, cometí inmoralidad sexual. »Hace poco regresé a los caminos de Dios y le pedí perdón de corazón, pero lo que hice me persigue.... Siento una gran culpa y que no soy digna de ir a la iglesia o decir que soy seguidora de Cristo.... No sé qué hacer. Nunca he hablado de este tema con nadie. Espero que pueda darme un consejo.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Como usted probablemente sabe, muchos jóvenes toman decisiones imprudentes durante sus años de estudio universitario. Es una etapa en la que por fin han dejado de estar bajo la supervisión de sus padres y pueden tomar algunas decisiones por su propia cuenta. Sin embargo, también es la etapa en la que su cerebro no está completamente desarrollado, por lo que no están del todo preparados para considerar las consecuencias que resultarán de las decisiones que toman. »Los estudiantes universitarios que bien pudieron haber sido seguidores de Cristo por muchos años se ven confrontados... con diversas filosofías y estilos de vida.... Con frecuencia la enseñanza de los profesores consiste de sus propias opiniones y puntos de vista, incluso cuando éstos no forman parte de la materia. »El hecho de que usted se desvió del camino y dejó de seguir a Cristo es lamentable, pero lo cierto es que ¡regresó! ¡Estaba perdida, pero ahora está a salvo! El apóstol Pablo enseñó que “todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!”1 »Usted no es la misma joven que tomó ese desvío. Cuando pidió perdón en el nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, Él no sólo la perdonó sino que la limpió de todo pecado. Ha sido borrado tal como se borra lo escrito en una pizarra. »Todos somos pecadores. Ninguno de nosotros merece ser llamado seguidor o seguidora de Cristo. No hay ninguna diferencia entre usted y yo. ¡Ambos hemos sido perdonados! No malgaste ni un solo momento más tratando de examinar lo que estaba escrito pero luego fue borrado de la pizarra. »Cuando usted asista a la iglesia o se encuentre con otros seguidores de Cristo, no dude en reconocer que se desvió del camino por un tiempo. Lo que importa de su historia no es lo perdida que se encontraba, sino el hecho de que Dios la encontró, la perdonó y la convirtió en una persona nueva.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 876. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 2Co 5:17
(Natalicio de Alfredo Espino) «Alfredo Edgardo Espino Najarro nació... el ocho de enero de 1900... en Ahuachapán, ciudad del occidente salvadoreño, [donde] pasó su niñez e hizo sus estudios primarios en escuelas de la localidad.... [Su] obra poética..., [Jícaras tristes, publicada] por primera vez en 1936, ocho años después de [su] muerte [prematura... llegaría a ser] lectura necesaria para los escolares urbanos y rurales»,1 afirma el prologuista Francisco Andrés Escobar. «No hay escuelita en El Salvador donde no se declamen sus poemas con halagadora complacencia»,2 dijo el poeta José Luis Silva. He aquí uno de esos bellos poemas de Espino acerca del campo salvadoreño que tanto amaba: Un día —¡primero Dios!— Has de quererme un poquito. Yo levantaré el ranchito en que vivamos los dos. ¿Qué más pedir? Con tu amor, mi rancho, un árbol, un perro, y enfrente el cielo y el cerro y el cafetalito en flor... Y entre aroma de saúcos, un zenzontle que cantara y una poza que copiara pajaritos y bejucos. Lo que los pobres queremos, lo que los pobres amamos, eso que tanto adoramos porque es lo que no tenemos... Con sólo eso, vida mía; con sólo eso: con mi verso, con tu beso, lo demás nos sobraría... Porque no hay nada mejor que un monte, un rancho, un lucero, cuando se tiene un «te quiero» y huele a sendas en flor...3 «Cuando al final de [su] vida... [Alfredo Espino] quiso afirmarse con independencia en el plano del amor... perdió la partida. Se enamoró de Blanca Vanegas... una muchacha de condición humilde. La madre del poeta... se opuso resueltamente al noviazgo y al matrimonio... por razones de orden social —diferencia de clases— o de orden emocional —[estaba] dispuesta a organizar los máximos y los mínimos detalles en la vida del hijo—.... Esto golpeó con fuerza al poeta»,4 comenta Escobar. No es de extrañar que Alfredo haya sufrido una gran desilusión debido a eso: admiraba la sencillez de la vida del campo, y en poemas como este, titulado «Un rancho y un lucero», lograba de manera envidiable ponerse en el lugar del modesto campesino que no concibe nada mejor en esta vida que la felicidad que produce el amor sin pretensiones. Menos mal que, a diferencia de la madre de Espino, el Padre celestial no se opuso a que su Hijo Jesucristo viniera al mundo para establecer una relación estrecha con todo el que quisiera ser hijo de Dios, cualquiera que fuera su condición social. Más bien, Dios envió a su único Hijo al mundo precisamente con ese fin. Y lo hizo por la misma razón que movió a Alfredo Espino: un «te quiero». Fue un amor tan profundo que lo llevó hasta la cruz a morir por nuestros pecados, a resucitar al tercer día, y a ascender al cielo, donde nos ha preparado una vivienda como ninguna otra, con un jardín como el del Edén que «huele a sendas en flor», en el que algún día podamos participar en la cena de las bodas del Cordero y vivir eternamente con ese Cordero de Dios, Jesucristo mismo, que es el brillante lucero de la mañana.5 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Francisco Andrés Escobar, «Con el alma descalza»: Introducción a Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), pp. 8,9,13,41. 2 José Luis Silva, Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), contraportada. 3 Alfredo Espino, Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), p. 75. 4 Escobar, pp. 19,20. 5 Jn 1:12; 3:16; 14:2-3; 1Co 15:3-4; 2Co 11:2; Ap 19:7,9; 22:16
Cuentan que trabajaba en la oficina de correos, y le tocaba procesar las cartas en las que no era legible la dirección escrita en el sobre. Un día se topó con una carta escrita con mano temblorosa, y que iba dirigida a Dios, pero no tenía dirección alguna. Como esa carta no se habría de entregar a nadie, decidió abrirla para ver de qué trataba. «Querido Dios —decía—: Soy una viuda de ochenta y cuatro años que vive de una pequeña pensión. Ayer alguien robó mi bolsa, que tenía diez mil pesos. Era lo que me quedaba de la quincena, y ahora voy a tener que esperar hasta mi próximo cheque. No sé qué hacer. »El próximo domingo es Navidad. Por eso invité a dos amigas mías a cenar; pero sin dinero, no tendré qué ofrecerles. No tengo comida ni para mí misma, ni tampoco tengo familia. ¡Eres todo lo que tengo, mi única esperanza! »¿Podrías ayudarme? ¡Por favor! »Atentamente, María.» Fue tal el efecto que hizo la carta en aquel empleado del correo que decidió mostrársela a sus compañeros de trabajo. Todos quedaron sorprendidos, y comenzaron a donar de lo que tenían en sus bolsillos y carteras. Al final de la tarde, habían aportado entre todos ocho mil ochocientos pesos. Así que los pusieron en un sobre, forrados de papel aluminio, y los enviaron a la dirección de María, la remitente. Esa tarde todos los empleados que habían participado en la colecta sintieron un rico calorcito en el ambiente y una sensación de satisfacción que no habían experimentado hacía mucho tiempo, de sólo pensar en lo que habían hecho por María y sus amigas. Algunos días después de la Navidad, llegó a la misma oficina de correos otra carta de María. La reconocieron de inmediato por la escritura y porque iba dirigida a Dios. Así que la abrieron, y todos, con mucha curiosidad, escucharon lo que decía: «Querido Dios: Con lágrimas en los ojos y con toda la gratitud de mi corazón te escribo estas líneas para decirte que hemos pasado, mis amigas y yo, una de las mejores Navidades de la vida, y todo por tu maravilloso regalo. »Debes saber que siempre hemos sido fieles a tu Palabra y hemos seguido todos tus mandamientos. Tal vez esa sea la razón de tu benevolencia con nosotras y en especial conmigo. ¡Gracias, Señor! »Por cierto, faltaban mil doscientos pesos, nada importante; ¡seguramente se los robaron esos ladrones del correo!» ¡Qué graciosa y a la vez injusta suposición la de aquella anciana! ¡Es el colmo que se imaginara que el dinero faltante se lo hubieran robado precisamente las personas que con tanta generosidad se habían esforzado por suplir lo que ella necesitaba para pasar la Navidad! Así lo juzgamos todos los que escuchamos la historia, y sin embargo con frecuencia somos culpables de lo mismo, aunque a la inversa. ¿Acaso no es eso lo que hacemos cuando culpamos a Dios de darnos una vida insoportable, siendo que Él ha hecho todo lo contrario? Él dio a su Hijo Jesucristo, quien entregó su vida misma para que cada uno de nosotros pueda disfrutar de vida plena y eterna.1 Más vale que nos aseguremos de reconocer debidamente ese incomparable acto de caridad divina. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Jn 3:16; 10:10
(Día de los Reyes) Era el año 1902 y la ciencia no estaba tan avanzada como para que recibieran previo aviso. De repente los ensordeció un estallido pavoroso y quedaron sepultados bajo la lava del volcán. Sintieron que el mundo se les venía encima, pero no tuvieron tiempo para protegerse. La inmensa nube roja que la montaña Pelée escupió sobre la tierra aniquiló en un instante a los treinta y cuatro mil habitantes de Saint Pierre en la isla Martinica... a todos menos uno. El que sobrevivió se llamaba Ludger Sylbaris. Era el único preso de la ciudad, y las paredes de la cárcel en que estaba recluido habían sido construidas a prueba de fugas. De modo que el único que se salvó fue el condenado.1 Hay quienes, al oír un caso insólito como este, investigarían a ver si aquel preso nació de pie. Para ellos, eso explicaría su buena suerte porque, según la antigua superstición popular, los que nacen con los pies por delante, y no de cabeza, como es más habitual, tienen una vida mucho más afortunada que la de los demás.2 En el caso del preso, el hecho de salir con vida lo calificó de afortunado. Tal vez no le haya ido bien antes de ser encarcelado, pero en última instancia eso es lo de menos. Hay un refrán bastante conocido que es afín al modismo «nacer de pie». El refrán dice: «Unos nacen con estrella, y otros nacen estrellados.» Si bien a todos nos da a entender la distinta suerte de las personas, a muchos nos recuerda el nacimiento del niño Jesús, el Hijo de Dios. Pudiera pensarse que la estrella que guió a los reyes magos a Belén auguraba un futuro brillante para el niño. ¿Acaso no la seguían aquellos sabios del Oriente porque se trataba del futuro rey de los judíos?3 Pero ¿cómo podemos calificar de brillante el futuro del tal «afortunado» si lo que le aguardaba era malentendidos, traiciones y abandono por parte de sus amigos, y por parte suya, la abnegación, el sacrificio y la entrega total hasta la muerte más cruel en plena juventud?4 El destino de Jesucristo, desde el día en que nació, era morir clavado en una cruz por los pecados de todas las personas de todas las épocas.5 De modo que, en sentido figurado, Él no nació ni de pie ni con estrella ni estrellado, sino destinado a morir por nosotros, y eso no tiene nada que ver ni con la buena ni con la mala fortuna... a no ser la buena fortuna nuestra. Porque a raíz de su muerte premeditada, cada uno de nosotros puede ahora alcanzar su propio destino divino, que es llegar a ser transformados según la imagen de ese niño de Belén.6 Y lo irónico del caso es que, si nos proponemos lograrlo, en vez de ser como aquel condenado que, sin merecerlo, fue el único que se salvó cuando los demás murieron, seremos como el Único que murió, sin merecerlo, para que los demás podamos salvarnos. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Eduardo Galeano, Memoria del fuego III: El siglo del viento, 5a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1987), p. 8. 2 Gregorio Doval, Del hecho al dicho (Madrid: Ediciones del Prado, 1995), p. 145. 3 Mt 2:1-12 4 Lc 18:31-34 5 Mr 8:31 6 Ro 8:29
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Tengo veintiocho años de edad. Me enamoré de una mujer soltera... de cuarenta y siete años de edad. Nuestra relación ha sido muy firme. Hemos estado muy felices [y] nos hemos casado... Pero tengo un problema: Mi familia no lo sabe... porque pienso que sería tropiezo para nuestra relación. »Cada vez que hablo con mi familia, les miento y les digo que estoy solo. Pero mi conciencia no está tranquila.… ¿Qué hago?» Este es el consejo que le dimos: «Estimado amigo: »¡Lo felicitamos por su feliz matrimonio! Ojalá que más personas de nuestra audiencia tuvieran matrimonios felices. »Usted piensa que, si su familia se enterara, sería perjudicial para la relación que tienen. Al parecer, cree que miembros de su familia harían o dirían cosas que pudieran interponerse entre los dos. Como no nos dio más información al respecto, es evidente que usted piensa que su familia no aprobará la diferencia de edades entre usted y su esposa, y que en realidad tratarán de lograr que se separen. Tal vez tenga miedo de que lastimen a su esposa emocionalmente y de que ella lo culpe a usted por lo que digan ellos, o de que ella espere que usted esté de parte suya en contra de ellos, y usted no está seguro si tiene la fuerza de voluntad para hacerlo. Quizá sus padres aún lo traten a usted como un niño, a pesar de que ya tiene veintiocho años y vive a cierta distancia de donde viven ellos. »Cualquiera que sea la verdad acerca de la relación complicada que usted tiene con sus padres, eso no tiene tanta importancia como el reconocer que el mentir no sólo hará que le remuerda la conciencia, sino que también empeorará lo que sienten de parte y parte el día en que sus padres al fin se enteren de que está casado. Es probable que se sientan mucho más decepcionados por sus mentiras y su vida secreta que por la edad de su esposa. Cada día que usted siga mintiéndoles sólo contribuirá a empeorar la situación. »Tanto Jesucristo como el apóstol Pablo citaron el pasaje del libro de Génesis que dice que, cuando un hombre se casa, ha de dejar a su padre y a su madre y de unirse a su esposa.1 En este caso, el dejarlos indica no sólo distancia física sino también distanciamiento emocional. El momento en que un hombre toma a su esposa como tal, su mayor lealtad (que pudo haber antes reservado para sus padres) se la debe ahora a su esposa. Sigue amando a sus padres y los honra, pero para que tenga un matrimonio feliz, su esposa siempre tiene que ocupar el primer lugar. Cuando un hombre permite que su familia se interponga entre él y su esposa, desintegra la unidad matrimonial que Dios dispuso que experimentaran como pareja. El vínculo afectivo entre los dos se debilita, y casi siempre resultan otros problemas. Ya es hora de que usted muestre madurez emocional y acepte la responsabilidad de su propia vida, aunque sus padres no estén de acuerdo.... »Le deseamos lo mejor, »Linda y Carlos Rey.» El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego el enlace que dice: «Caso 140». Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Gn 2:24; Mt 19:5; Mr 10:7; Ef 5:31
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Vivo con mi esposa y mi hijo de cinco años.... Mi esposa está embarazada. También viven con nosotros tres niñas [a quienes sus padres abandonaron a su suerte]. Nosotros les damos posada y comida.... »Una de ellas salió embarazada, pero no ama ni conoce bien al muchacho [con quien concibió] al bebé. Ella no quiere darlo a luz, y él no se hace responsable [como padre biológico que es]. Nosotros le decimos que no lo aborte, sino que al nacer lo dé en adopción.... Yo no cuento con los recursos económicos para mantener a dos bebés.... A la niña le digo que yo no soy su padre, pero que sí la cuidaré como un padre, y que puede contar conmigo y con mi esposa. No la dejaré sola en este proceso tan duro.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »¡Es usted un hombre muy sabio! Y tanto usted como su esposa son compasivos, generosos y clementes. Sabemos que Dios los bendecirá por el cariño que les han mostrado a esas tres niñas. De hecho, Jesucristo mismo enseñó acerca de lo que ustedes están haciendo, al concluir una de sus parábolas como sigue: »“Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: ‘Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron....’ »”Y le contestarán los justos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos?’ ... El Rey les responderá: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.’”1 »Por medio de esta enseñanza, ¡Cristo dejó en claro que lo que usted está haciendo por esas niñas, amigo mío, es como si lo estuviera haciendo directamente por Él! Y como usted está siguiendo la enseñanza de Él, sabemos que Dios suplirá los fondos que necesite. Él no sólo le dará una recompensa cuando llegue al cielo, sino que también le proveerá de lo que necesite ahora.2 »... Lo felicitamos, junto con su esposa, por... haber hecho lo posible por salvar del aborto a la criatura no deseada. Un esposo y una esposa amorosos podrán así recibir con los brazos abiertos a esa criatura como sus padres adoptivos. »Este es el momento de buscar a Dios y permitir que Él intervenga para proveer los recursos económicos que usted necesita.... ¿Será usted el líder espiritual de toda su familia de modo que la lleve a seguir a Cristo y a depender de Él? Puede contar con que Él ha de cuidarlo a usted, tal como las tres niñas pueden contar con que usted ha de cuidarlas a ellas.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 756. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Mt 25:34-38,40 2 Fil 4:19
«No consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco —comenta el prolífico escritor uruguayo Eduardo Galeano—. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!... »Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida! ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.... »[En cambio, ahora] todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos cuarenta años que en toda la historia de la humanidad. »... No es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada tres años como máximo, porque si no, eres un arruinado.... [aunque el que tengas] esté en buen estado. ¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!... »Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. »Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre.... Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.... »Me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.... ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.... »... No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, [o] que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos.... »Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la “bruja” como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la “bruja” me gane de mano y sea yo el entregado.»1 Lo cierto es que, en este simpático artículo, Galeano da a entender que en su vida no ha hecho más que llevar a la práctica los refranes que dicen: «Por lo que hoy tiras, mañana suspiras»; así que: «Ten y retén, y vivirás bien».2 Y a nosotros no nos queda más que decir: «Gracias, don Eduardo, por abogar por los votos nupciales de permanecer con el cónyuge hasta que la muerte los separe, tal como dispuso Dios cuando estableció el matrimonio.3 Y gracias por expresar algo que confirma por qué el objetivo de Un Mensaje a la Conciencia es despertar la conciencia del pueblo hispano a fin de rescatar los valores morales y espirituales de nuestra sociedad. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Eduardo Galeano, «Me caí del mundo y no sé cómo se entra», El Nuevo Diario.com 7 mayo 2010 En línea 1 septiembre 2011. 2 Refranero general ideológico español, compilado por Luis Martínez Kleiser (Madrid: Editorial Hernando, 1989), pp. 219,174. 3 Mt 19:4-6; Mr 10:2-9
A fines del siglo dieciocho y principios del diecinueve hubo una costumbre muy curiosa que se popularizó en España a raíz de la lotería instaurada en 1763 por orden del rey Carlos III. Las personas que resultaban premiadas por la lotería tiraban por las ventanas todos sus muebles y enseres viejos. Con eso daban a entender que desde ese momento comenzaba para ellas una nueva vida de lujo y riqueza. La costumbre se fue extendiendo hasta penetrar en el reino de Nápoles, que en aquel entonces estaba bajo el dominio de los Borbones. Hoy se practica en muchos lugares del sur de Italia, donde en la noche de Fin de Año la gente arroja toda clase de objetos viejos como anuncio de fortuna y de bienestar para el nuevo año.1 Así tuvo su origen la frase «tirar la casa por la ventana». Entre los españoles se suponía que quienes la expresaban se habían ganado la lotería. En cambio, entre los napolitanos bastaba el solo deseo de ganarse la lotería o su equivalente en buena fortuna. Para ellos el acto de tirar objetos viejos por la ventana era como regar semillas de fe con la ferviente esperanza de que germinaran junto con el año que entraba y que les produjeran el año nuevo más próspero de su vida. Si bien estos dos pueblos latinos difieren en su manera de interpretar la frase, tienen en común la idea de despojarse de lo viejo a fin de revestirse de lo nuevo. Con ese simbolismo reflejan el deseo que todos tenemos de deshacernos de las cosas viejas y adquirir cosas nuevas en su lugar. Eso no tiene nada de extraño; es más, es común y corriente en la condición humana. Pero cuando lo enfocamos mal, nos salimos de los linderos establecidos por Dios para nuestro bienestar eterno. Eso es precisamente lo que sucede cuando queremos cambiar a nuestra esposa, fiel amante que es, por una nueva amante, o cuando nos vamos al extremo de perseguir a todo vapor el dinero, el poder y la fama, en lugar de buscar la paz interior, la satisfacción de ser buen esposo o buena esposa, buen padre o buena madre, buen hijo o buena hija, buen amigo o buena amiga. Si el año entrante de veras deseamos una nueva vida, no haremos más que perder tiempo si la buscamos en cosas externas como el lujo y la riqueza, porque éstas, a la larga, no satisfacen. Lo único que de veras satisface es una renovación interna. Por eso a los efesios San Pablo les escribió «con respecto a la vida que antes llevaban... que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza... y ponerse el... de la nueva, creada a imagen de Dios».2 ¿Por qué no tomamos la resolución de experimentar en carne propia esa misma renovación interna? De hacerlo así, cada nuevo año que pase podremos testificar que la vida nueva en Cristo, el Hijo de Dios, es la única lotería que tiene valor eterno. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Alberto Buitrago Jiménez, Dichos y frases hechas (Madrid: Espasa Calpe, 1997), pp. 402-03. 2 Ef 4:22‑24
El 5 de septiembre de 1938 se disputó en Veracruz un partido por el campeonato del circuito de verano de béisbol mexicano entre el Águila, el equipo local, y el Agrario del Distrito Federal, liderado por el legendario lanzador Satchel Paige. Esa tarde, Paige tuvo que ser relevado en la octava entrada, y el bateador de los Rojos del Águila, que tenía el mejor promedio en la liga —.387—, conectó un jonronazo con el que desempató el partido y le dio la victoria al lanzador de su equipo, quien terminó el partido con doce ponches. Ese lanzador terminaría la temporada como el mejor de la liga con el mayor número de ponches, el mejor récord y el promedio más bajo de carreras limpias permitidas, 0.92. ¡Pero lo más asombroso del caso es que aquel bateador campeón y aquel lanzador que obtuvo la Triple Corona era el mismo jugador cubano, Martín Dihigo, que con sobrada razón llegaría a ser conocido con los motes de «El Maestro» y «El Inmortal»!1 Once días después, Dihigo se convirtió en el primero en conectar 6 hits en 6 turnos al bate. El año anterior había sido el primero en lanzar un juego sin hits ni carreras, y el año siguiente, en ese mismo circuito, habría de imponer el récord de 34 ponches en dos juegos consecutivos. Sin embargo, lo que le dio la mayor fama fue su versatilidad en el terreno a lo largo de su carrera, que abarcó desde 1922 hasta 1953 como jugador y cómo mánager de diversos equipos de la Liga Profesional Cubana y de las Ligas Negras norteamericanas, además de las de México, Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico. Era capaz de jugar en todas las nueve posiciones, de correr como un venado, de batear con ambos brazos, de lanzar con precisión milimétrica, de tirar con brazo de cañón y de ganar campeonatos como mánager.2 Después de haber ingresado a los Salones de la Fama de Cuba en 1951 y de México en 1964, Martín Dihigo fue electo al Salón de la Fama de Cooperstown en Nueva York en 1977, siendo el primer jugador cubano en lograrlo, y a los Salones de la Fama en Venezuela y en República Dominicana en 2010, ¡convirtiéndose en él único elegido en cinco países en la historia del béisbol! En 1935, siendo mánager de los Cubanos de Nueva York, al darse cuenta de que su paisano exestrella de las Ligas Negras, Cristóbal Torriente, estaba sumido en el alcoholismo y la pobreza, Dihigo lo contrató como entrenador del equipo.3 A ese espíritu generoso se estaba refiriendo «El Cometa Cubano» Minnie Miñoso, quien se crio en la provincia de Matanzas al igual que su ídolo Dihigo, cuando lo describió como «un hombre grande, todo músculo sin una onza de grasa... pero grande en todos los sentidos: como jugador, como mánager, como maestro y como hombre».4 ¡Qué buen ejemplo nos dio aquel «Maestro Inmortal» del béisbol en cuanto a cómo poner en práctica la enseñanza del Maestro Divino, Jesucristo, de que para ser grande, hay que servir a los demás!5 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Enrique García Villarreal, «Dihigo vs. Paige: El duelo que cambió el béisbol», Primer Bat, 29 mayo 2025 En línea 4 julio 2025. 2 Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, «Semblanza para un Maestro Inmortal: Martín Dihigo», Periódico Cubadebate, 7 noviembre 2013 En línea 4 julio 2025; Peter C. Bjarkman, «Martin Dihigo», Society for American Baseball Research (SABR) [Sociedad para la Investigación del Béisbol] En línea 4 julio 2025; y Thomas Harrigan, «Martín Dihigo: Mr. Versatility» [Mr. Versatilidad], mlb.com, 27 septiembre 2023 En línea 4 julio 2025. 3 Bijan C. Bayne, «‘The Immortal’ Martin Dihigo may have been the best baseball player ever» [«El Inmortal» Martín Dihigo bien pudo haber sido el mejor jugador de béisbol de todos los tiempos], Andscape, 13 abril 2020 En línea 4 julio 2025. 4 Bjarkman y Harrigan. 5 Mt 20:25-28; Mr 10:42-45
«Si fuera posible que [Torriente y Méndez] jugaran conmigo en las Ligas Mayores, ganaríamos el gallardete a más tardar en el mes de julio y nos iríamos a pescar el resto de la temporada.» Esa fue la conclusión a la que llegó Babe «El Bambino» Ruth sobre Cristóbal Torriente, a quien enfrentó en La Habana en 1920.1 Nacido en Cienfuegos, Cristóbal Carlos Torriente fue un fornido bateador zurdo que no sólo conectaba jonrones sino también sencillos, dobles y triples hacia todas las zonas del terreno con elevados promedios, hasta por encima de .400. Junto con su extraordinario poder, Torriente, con asombrosa facilidad, conectaba las bolas malas que le lanzaban tanto derechos como zurdos, y se desplazaba por las bases vertiginosamente, robando y alcanzando bases extras. A la defensiva, fue un portentoso jardinero central, sumándole a su velocidad un brazo potente y certero que le sirvió para figurar también como lanzador. De ahí que su actuación fuera estelar en sus doce temporadas con la Liga Profesional Cubana entre 1913 y 1927, a la vez que lo era jugando en las Ligas Negras norteamericanas entre 1913 y 1928. En sus 17 temporadas con las Ligas Negras se destacó como líder en todas las categorías, incluso en bases alcanzadas y carreras impulsadas, y condujo a Los Gigantes Americanos de Chicago al campeonato de la Liga Nacional Negra en sus primeras tres temporadas entre 1920 y 1922.2 En 2006, sesenta y siete años después de su ingreso al Salón de la Fama del Béisbol Cubano, Cristóbal Torriente fue electo al Salón de la Fama de Cooperstown en Nueva York, a pesar de no haber podido jugar en las Grandes Ligas por el color de su piel. En la página web de su membresía se le recuerda por una serie histórica que se menciona en la placa y en el siguiente resumen de su carrera: «En 1920, Torriente se estableció como una de las figuras legendarias del béisbol cubano. Los Gigantes de Nueva York, que por entonces incluyeron en su nómina a Babe Ruth, visitaron la Cuba natal de Torriente para enfrentar en una serie de nueve partidos al equipo Almendares, por el que jugaba Torriente. En la serie, Torriente superó en promedio de bateo y en jonrones a Ruth, y el equipo de casa ganó la serie por un juego.»3 El tercero de esos partidos, jugado el 4 de noviembre, fue inolvidable. Esa tarde el humilde cienfueguero conectó tres jonrones e impulsó seis carreras en cinco veces al bate, mientras que «El Bambino» Babe Ruth, su legendario rival que acababa de imponer la marca de 54 cuadrangulares en una temporada, no conectó ni un solo hit.4 Trágicamente, lo que sí venció a Torriente fue su adicción al alcohol, culminando en su muerte como tuberculoso, en extrema pobreza, a los 43 años de edad.5 En él se cumplió el siguiente «dicho de los sabios» en el libro de los Proverbios: «¿De quién son los lamentos? ... ¡Del que no... deja de probar licores!»6 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Matt Monagan, «The Cuban star who outslugged the Babe» [La estrella cubana que pegó más jonrones que el Bambino], mlb.com, 5 noviembre 2024 En línea 2 julio 2025. 2 Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, «Cristóbal Torriente: El Bambino... de Cienfuegos», Periódico Cubadebate, 27 marzo 2014 En línea 2 julio 2025. 3 «About Cristóbal Torriente», National Baseball Hall of Fame, Cooperstown, N.Y. En línea 2 julio 2025. 4 Jorge S. Figueredo, «November 4, 1920: The Day Torriente Outclassed Ruth» [El día en que Torriente superó a Babe Ruth], 1982 Baseball Research Journal [Revista de la Investigación del Béisbol] En línea 2 julio 2025. 5 Martínez de Osaba 6 Pr 23:29-30 (NVI)
(Día del Béisbol Cubano) «En noviembre de 1908, [el pelotero cubano José Méndez] fue seleccionado para [lanzar] contra los Rojos de Cincinnati, de las Grandes Ligas, de visita en Cuba para una de las... Series Americanas, y [permitió un solo] hit, conectado en el noveno inning. ¡El negrito estuvo a un paso [de no conceder ningún hit o carrera] a un equipo de Las Mayores! Pero... no paró ahí.... Méndez... lanzó [también los dos juegos siguientes], colgándoles veinticinco [innings consecutivos sin permitir carreras], ¡una hazaña! ... »Él pudo ser el primer cubano en Grandes Ligas, pero lo impidió la discriminación racial [que marcó al béisbol desde su surgimiento... hasta fines de la primera mitad del siglo XX]. Cuentan que [la] hazaña [de Méndez] ante el Cincinnati hizo exclamar [a John McGraw, el] mánager de los Gigantes de Nueva York: “... Si me lo pintan con cal, me lo llevo a los Estados Unidos...” »[Fue] precisamente John McGraw [quien le dio] su seudónimo, pues al regresar a su país declaró: “He visto en Cuba un Diamante Negro”».1 El mismísimo Babe Ruth comentó sobre su visita a Cuba en 1920: «Si fuera posible que [Torriente y Méndez] jugaran conmigo en las Ligas Mayores, ganaríamos el gallardete a más tardar en el mes de julio y nos iríamos a pescar el resto de la temporada.»2 «[Entre sus grandes logros, Méndez] fue primero en porcentaje de [juegos] ganados y perdidos de la Liga Profesional Cubana después de 1902, [con un promedio de] .731... [y] encabezó [los juegos sin permitir carreras] en cinco [temporadas], [propinando] veinte [en total]. »[Muy merecidamente, José Méndez, El Diamante Negro,] fue seleccionado entre los Cien Mejores Atletas del Siglo XX en Cuba; en 1939... fue elevado al... Salón de la Fama del Béisbol Cubano...; ese mismo año engrosó el de las Ligas Negras; y también por sus méritos, a pesar de no jugar en las Grandes Ligas, en el 2006 fue electo al Salón de la Fama de Cooperstown en Nueva York.» Así reseña el cronista deportivo cubano Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga la extraordinaria carrera de José Méndez con relación al racismo en el béisbol profesional de la época.3 La sección «Sobre José Méndez» en la página web del Salón de la Fama de Cooperstown aborda el mismo tema al citar las memorias de la esposa de John McGraw, en las que ella «recuerda cómo John deploraba abiertamente el fracaso del béisbol —incluso su propio fracaso— al no desechar las normas culturales existentes o no escritas —o lo que fuera— y contratar a jugadores sin que importara su raza o su color».4 Gracias a Dios, el único color que nos acredita para formar parte del equipo de seguidores de su Hijo Jesucristo es el rojo, ya que es la sangre que Él vertió por nosotros en la cruz del Calvario lo que nos limpia de todo pecado, y que cuando le pedimos perdón por nuestros pecados, Él nos lo concede ¡sin que importe si esos pecados son como la púrpura o como el rojo más vivo!5 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, «Un Diamante... del más allá», Periódico Cubadebate, 27 junio 2013 En línea 30 junio 2025; Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, «Las raíces racistas del béisbol cubano prerrevolucionario», Periódico Cubadebate, 8 septiembre 2012 En línea 30 junio 2025. 2 Matt Monagan, «The Cuban star who outslugged the Babe» [La estrella cubana que pegó más jonrones que el Bambino], mlb.com, 5 noviembre 2024 En línea 30 junio 2025. 3 Martínez de Osaba, «Un Diamante... del más allá». 4 «About José Méndez», National Baseball Hall of Fame, Cooperstown, N.Y. En línea 30 junio 2025. 5 Is 1:18; 1Jn 1:7-9
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Hace tres años nació mi única hija.... Todo era felicidad hasta que la mamá decidió irse a vivir al exterior, diciéndome que eso no interrumpiría mi relación con la niña y que todo seguiría igual. »Pasados unos meses comenzaron los problemas. Ella siempre estaba ocupada y ya no me dejaba hablar con la niña.... Pero ella me decía que eso no importaba, pues me estaba enviando fotos y videos. Aun así, yo en ningún momento he desamparado a la niña en su manutención. Ahora la niña tiene tres años, y el dolor que me embarga es muy grande, ya que me he dado cuenta de que a veces me chantajea.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »¡Cuánto sentimos lo que usted ha perdido! No podemos imaginarnos el dolor que siente por tener a su hija fuera de su alcance y no poder hacer nada al respecto. »Si su hija hubiera nacido estando usted casado, el derecho legal de formar parte de la vida de ella le correspondería. Y si las leyes de su país lo permitían, usted también habría podido legalmente impedir que la mamá se la llevara. »Sin embargo, como no está casado con ella, ¿sabe si hizo que constara el nombre de usted como el padre biológico en el certificado de nacimiento de su hija? Si es así, entonces usted debe tener determinados derechos. Un abogado pudiera aconsejarle cómo proceder.... »Admiramos el que esté cumpliendo fielmente con la manutención de su hija a pesar de no poder verla. Debe asegurarse de guardar la constancia que prueba lo que usted está aportando a fin de que algún día, cuando su hija ya sea adulta, pueda mostrarle que usted siempre proveyó para su sustento. »También le recomendamos que le envíe a su hija una carta cada semana. De aquí hasta que sepa leer, las cartas pueden constar de dibujos que usted haga y de fotos de sí mismo. Prepare diez o veinte sobres por adelantado. Así cada semana estará listo para meter algo dentro del sobre y enviarlo. Tome una foto de lo que está enviando y guarde cada una. Algún día esas fotos comprobarán que usted estaba tratando de comunicarse con ella de la única manera que podía. »Tener que esperar quince años parece toda una eternidad, pero pasarán antes de lo que se imagina. Cuando llegue el momento, su hija será adulta y usted podrá mostrarle la prueba de todo lo que usted hizo. Entonces podrá reanudar la relación con ella, y esa relación puede durar varias décadas. »Pase lo que pase, pídale a Dios que le brinde su ayuda. Él puede darle paciencia y paz. Pídale que le dé sabiduría en el trato que tenga con la madre de su hija. Y no pierda la esperanza, sino haga más bien planes para el futuro.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 755. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net