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No sabemos nada de Diego Muñoz Torrero, excepto que es el nombre de alguna calle. Un desconocido que fue presidente de la comisión que redactó la Constitución de Cádiz que establecía la soberanía nacional y la separación de poderes. Un texto legal que ha sido inspiración para otros países y que fue muy avanzada para esa época. Fernando Rodríguez viene a presentarnos el documental "Los cuatro entierros de Muñoz Torrero" un sacerdote liberal e ilustrado que derogó la Inquisición y que, como otros liberales de la época, tuvieron en Fernando VII y los absolutistas sus enemigos que los reprimieron y casi borraron de la historia.
Los propietarios con seguro del hogar podrán deducirse más de 1.000 euros en la Renta 2025 y el Ayuntamiento de Zaragoza cobra una multa de más de 600 euros por cenar "a la fresca" en Torrero. Eva Soriano y Nacho García comentan la actualidad del martes 17 de febrero de 2026.
Los propietarios con seguro del hogar podrán deducirse más de 1.000 euros en la Renta 2025 y el Ayuntamiento de Zaragoza cobra una multa de más de 600 euros por cenar "a la fresca" en Torrero. Eva Soriano y Nacho García comentan la actualidad del martes 17 de febrero de 2026.
De centro de torturas, a plató de la televisión pública y ahora, un espacio con posibilidad para construir viviendas. La checa de Torrero, uno de los edificios con más historia de Zaragoza, se encuentra abandonado, a la espera de que la Diputación de Zaragoza -actual propietaria- y el Gobierno de Aragón puedan llegar a un acuerdo de cesión. Es un reportaje de Marcos Murcia
José Luis Carrera, presidente de la Fundación Adunare. Esta entidad celebró ayer el acto de celebración del 25 aniversario, continuando así con su calendario de eventos y actividades especiales para conmemorar este hito. Desde su creación en el año 2000, Adunare ha mantenido su esencia como una entidad comprometida con la justicia social y el desarrollo de la comunidad trabajando en los mismos lugares de donde todo comenzó: ocho barrios de la capital aragonesa en los que sus vecinos y vecinas reivindicaban mejoras para las familias, como el Oliver, Torrero o Delicias.
ASOCIACION VECINOS MONTES DE TORRERO Y AMPLIACION PARQUE ATRACCIONES (21/11/24)
Semblante Aragonés Martes 8 de octubre a las 20:30h En Hall centro comercial Baile y cante de jota aragonesa El grupo fue fundado en 1983 por los maestros Juan Carlos Serrano y Montserrat González e inició su actividad en los locales del Club Cultural y Recreativo Venecia, del barrio de Torrero. Desde entonces, no ha dejado de divulgar e investigar sobre el folclore aragonés. Tras haber participado en más de 70 festivales nacionales e internacionales, Semblante Aragonés sigue siendo capaz de sorprender al público con su variado repertorio, y gracias a un elenco de 50 artistas, actualmente dirigido por Eduardo Serrano.
Celebramos el 190º aniversario del recinto funerario más grande de Aragón en el que hoy descansan los restos de Joaquín Costa, Mariano Barbasán, Pilar Bayonaa o Miguel Fleta, entre otros. Descubrimos algunos de sus secretos con Maribel Estébanez, historiadora de Gozarte.
Analizamos la campaña de verano de la DGT con la investigadora Mercedes Castro y desayunamos con los integrantes de la Peña Los Marinos de Teruel, encargados de poner y quitar el pañuelo al torico este año. Además, celebramos los 190 años del cementerio de Torrero recordando algunas de sus historias y rendimos homenaje a los cines de verano.
A Lucana Radio el canal de cultura en tus oídos. Primer programa de Caja de Ritmos Remember que nosotros tenemos enlatado del año 2002. Concretamente, el perteneciente al 12 de enero de 2002 (año capicúa). Con este programa ya estamos, ahora sí que si enfilados en la recta final de esta aventura de programas que te traemos enlatados. Ahora sí que sí, se ve la meta, ya que este programa que estas apunto de escuchar es el penúltimo y con el de la próxima semana llegamos al final de esta andadura. Mezcla de añoranza, tristeza…. Pero las lágrimas las dejamos para la próxima entrega de Caja de Ritmos, la última de los enlatados del 98 al 2002. ¿y después qué? Lo dicho, en la próxima entrega lo hablamos ¿te parece? Ahora vamos a disfrutar de una horita y media de programa. En el programa que hoy te traemos, no hay nada que destacar, salvo las llamadas y dedicatorias de Fernando del barrio de Torrero, Carol del Actur, Daniel y Patricia del Arrabal y nuestro asiduo Antonio. Bueno, si algo tenemos que destacar es que este es un programa inacabado, o sea que llegamos al puesto número 2 de nuestra lista y hasta ahí Caja de Ritmos. Lo sentimos, nos quedamos con las ganas de saber cuál fue el número 1. En fin… Los grupos y temas que escuchamos en este Caja de Ritmos Remember son: TUKAN – Light a rainbow, TODO EXITOS, GIGI D´AGOSTINO – Un giorno credi, FRENCH AFFAIR – Sexy, XTM present ANNIA – Walk right back, ORION TOO – You & Me, KYLIE MINOGUE – Can´t get you out of my head, TRANSFER – Possession, DANCE NATION – Sunshine, EIFFEL 65 – 80 Star, NAU B-3 – El bosque de colores, MILANE FERNANDEZ – I miss you, DEE DEE – Forever, WOMAN DJ´S vol.2, MILK Inc,. – Wide Awake, GEORGE ACOSTA feat. SARAH SIMONS – Emotions, CASANDRA – Shout it out, , COMANOVA – Wishful thinking. Y dentro de los 5 puestos más importantes de la semana, salvo el nº1 que no está en la grabación…. En el puesto nº 5: PROJECT MEDUSA – Something is Wrong. En el puesto nº 4: LA FESTA – Amazing. En el puesto nº 3: LUNA PARK – Space Melody. El puesto nº 2 es para: DARUDE – Out of control Como te decimos el número 1 no está en la grabación y nos quedamos con las ganas de saberlo Y esto es todo por hoy. Envíanos tus notas de voz a Whasapt 654 93 42 41 Autor del programa: Fernando Cester y David Garcia https://www.facebook.com/cajaderitmosremember Caja de ritmos, el programa que te pone Dance.
Charlamos con Juanarete del cómic “Gatos de cementerio”, nacido en el cementerio de Torrero en Zaragoza. Conversamos con Silvia Peña y David Arbués, los dos aragoneses que están entre los mejores fotógrafos de boda del mundo. Conocemos un nuevo capítulo de la historia con Eloy Morera y recorremos la actividad social, cultural y festiva del día en Aragón.
Herramientas para concentrarse, la exposición de cultura Amazigh en Albarracín,el cambio de armario, y el centenario del campo de fútbol de Torrero.
Arturo Monteagudo, director de la compañía Peliaugudo Arte y Circo, organizadores del V Festival del Aragón Legendario que tendrá lugar el viernes 23 de junio en Laspaúles (Huesca) y el sábado 24 de junio en Zaragoza en el Centro Cívico Torrero. En esta quinta edición, la compañía Peliagudo Arte y Circo ha centrado el programa en el protector de los bosques, Bosnerau, y el ritual de las máscaras en los solsticios y los carnavales.
https://elcamarotedelosmarx.blogspot.com.es/ https://t.me/CamaroteMarx Programa de radio de "El Camarote de los Marx" grabado el 14 de mayo... ...en el que hablamos de tejer a cuatro agujas, de un manazas y una huérfana perpetua, de programas que desaparecen y enfermeras que se quejan, de televisión, populismo y demagogia, de un presidente suplente y un recuento de votos camarotero, de televoto, ciberseguridad y picaresca electoral, de Eurovisión, inteligencia artificial y un podcast hecho por ChatGPT, de un coche averiado, un taxista y un chaleco naranja, de lo difícil que es saltar una valla y hacer pis en el arcén, de un entierro accidentado y un pisito en Torrero, de un patinete eléctrico y que un caballo nunca falla, de una semana floja de estrenos y un monstruo que trabaja poco, de un western muy tópico y la estupenda trayectoria de Walter Hill, de un arranque atropellado y una peli que va como un tiro, de una historia disfrutona y una relación tóxica, de un actor con acento italiano y un exorcista con estrés, de mitología, religión y luchas de poder, de una tumba perdida y un rey odiado, de un gran director italiano y su reinterpretación del western, de un silo futurista en los suburbios y una turbulenta huelga minera, de vino embotellado y cortometrajes animados, de libros, fotos y dedicatorias. de brindar por una gran madre... y dedicar el programa a una gran amiga. Estrenos de los que hablamos: Book Club: ahora Italia, Love Again, Marlowe, Jeepers Creepers: el renacer, El cazador de recompensas. Críticas: El cazador de recompensas, Guardianes de la galaxia vol.3, Renfield, El exorcista del Papa, Irati, The Lost King, Sergio Leone: el italiano que inventó América. Series: Silo, Sherwood, Las gotas de Dios, Star Wars: Visions (2ª temporada).
Lorena Soler, de Biribu Teatro y Maribel Martínez e Inés Lozano, dos de las participantes en el taller sobre el que versa el documental "Ellas también cuentan", un proyecto que ha consistido en la realización de un taller de teatro con mujeres mayores de 60 años que llevaron a cabo en el C.C. Torrero que culminó con una muestra en la Sala Venecia y que el miércoles 22 de febrero a las 19 h. se proyectará en el Centro de Historias.
Miguel Ángel Torrero, socio director de Rated Power, nos desvela los orígenes de esta compañía pionera en el diseño de plantas solares que ha sido adquirida por el coloso Enverus por 60 millones de euros
Capital privado; balance de 2022 y perspectivas para 2023. En los Desayunos de Capital visita nuestros estudios Oriol Pinya, presidente de SpainCap. South Summit presentó la semana pasada su nueva imagen corporativa, con la que comienza una nueva etapa remarcando su posición como punto de encuentro de la innovación y eje vertebrador del ecosistema emprendedor global. En Empresas con Identidad entrevistamos a Nacho Mateo, Vicepresidente de South Summit. Además Miguel Ángel Torrero, socio director de Rated Power, nos desvela los orígenes de esta compañía pionera en el diseño de plantas solares que ha sido adquirida por el coloso Enverus por 60 millones de euros .
Beto Torrero is an IKO Level 2 Instructor and former CrossFit & USAW Trainer. He's also a versatile master in freestyle kettlebell juggling. ___Time Stamp 00:00 Beto's Background 15:00 Kettlebell Freestyle Juggling 28:00 How Culture Influences Training 57:00 Kettlebell Sport Isn't Glamorous 1:17:00 The Essence Of a Good Coach --- Send in a voice message: https://anchor.fm/lebe-stark/message
En el programa de hoy, noveno y último de la presente temporada, vamos a centrarnos en una breve aproximación a la historia de la actual plaza de España. Para los habituales del programa, seguro que os acordáis que hace un par de temporadas dedicamos un programa a las dos plazas de España que llegó a tener casi al mismo tiempo Zaragoza en 1937 y cómo se solucionó esa duplicidad. En esta ocasión, vamos a recordar la no muy larga pero intensa vida de este singular y moderno espacio ciudadano, tan cambiante como la historia de la que ha sido testigo desde hace poco más de doscientos años. Desde la Edad Media y hasta 1808 el espacio de la plaza era muchísimo más reducido, pues desde mediados del siglo XV estaba constreñida por el enorme hospital de Gracia y desde finales del siglo XIII por la iglesia y huerta del gran convento de San Francisco, que precisamente le daba nombre al pequeño espacio comprendido entre el Coso de Carabaceros y el de los Pelliceros, junto a la Puerta Cineja. En esta diminuta plaza de San Francisco destacaba al este y desde el siglo XV el monumento votivo denominado “Cruz del Coso”, que fue reedificado en 1632 y remodelado en su ornato en 1761. La plaza se abría hacia el sur a la estrecha calleja de Santa Engracia, que conducía a ese monasterio y a la puerta del mismo nombre, que por la escasa anchura y categoría de la citada calleja no era entrada principal a la ciudad desde el suroeste, en beneficio de la Puerta del Carmen. Todo cambió con los asedios franceses de principios del siglo XIX, que transformaron radicalmente esta zona de la ciudad por el impacto destructivo tanto en el hospital de Gracia como en el convento de San Francisco, de tal forma que la nueva administración ocupante proyectó aquí el primer ensanche contemporáneo mediante un nuevo paseo Imperial que abría la ciudad hacia el sur entre las ruinas de la antigua plaza de San Francisco y el monasterio de Santa Engracia. Desde entonces la ligazón de la plaza con el nuevo paseo fue absoluta, convirtiéndose desde entonces y de esta forma en el nuevo centro urbano. La salida francesa de la ciudad en 1813 supuso que la plaza conoció el primer cambio de nombre, al recibir el del “Deseado” monarca absoluto Fernando VII. La época isabelina le otorgó el nombre con el que desde 1837 sería conocida durante una centuria: plaza de la Constitución, y además conoció el lento despeje de las ruinas de la guerra y la progresiva urbanización de la nueva plaza, con algunos de sus referentes visuales que desde entonces la caracterizarían, destacando entre ellos la Fuente de la Princesa desde 1845, el palacio de la Diputación Provincial desde 1858 y el Gran Hotel de Europa desde 1861. El creciente prestigio social de la plaza fue creciendo en paralelo a la ubicación en ella y en sus aledaños de algunos de los mejores comercios y hoteles de la ciudad, amén de algunos de los más importantes cafés como el Suizo, el Gambrinus, la Perla, el Oriental y el Royalty. Esta plaza fue además epicentro de las líneas de tranvías que desde 1885 y con tracción a sangre vertebraron el transporte urbano: Bajo Aragón, Torrero, Arrabal, Madrid y Circunvalación. Desde 1902 los modernos tranvías eléctricos continuaron este hecho. La llegada del siglo XX trajo la primera gran transformación de la plaza, cuando la Fuente de la Princesa fue desmantelada en 1902 y sustituida por el monumento a los Mártires de la Religión y la Patria, de la misma forma que el monumento a Pignatelli era removido de la plaza de Aragón y sustituido por el del Justiciazgo. Este cambio se llevó por delante los tradicionales aguadores de la plaza e incluyó también la primera de las numerosas reformas de la isleta central que la rodeaba primero la fuente y luego el monumento, desde entonces cada vez más supeditada al creciente tráfico rodado conforme avanzaban las décadas del siglo. En los años veinte tuvo lugar otra reforma de la isleta central, la desaparición de los cuatro decimonónicos quioscos de la plaza, y el surgimiento de varios edificios de otras tantas entidades bancarias que desde entonces dieron nuevo significado a la plaza: primero había sido el pionero banco Hispano-Americano a mitad de los años diez (sustituido en los años cuarenta por un inmueble más moderno), luego el Zaragozano y también la compañía de seguros La Catalana a finales de los años veinte, y a principios de los años treinta la nueva sede del Banco de España, construido sobre el solar del Gran Hotel de Europa, e inaugurada en 1936. En esas primeras décadas del siglo XX la plaza se convirtió en escenario habitual de actos públicos generalmente de contenido religioso y militar, además de los protagonizados por la comparsa de Gigantes y Cabezudos. Como una de las consecuencias de la sublevación militar contra la Segunda República española en julio de 1936, la plaza fue cambiada de nombre por última vez hasta la fecha, de forma que desde 1937 es la plaza de España, aunque para ello hubiera que cambiarle el nombre a la plaza de España proyectada y trazada en el ensanche de Miralbueno, que desde entonces tiene el nombre de San Francisco. Otra reforma de la plaza esta vez en 1942 dibujó un escenario de transición que perduraría casi veinte años, hasta la gran reforma de 1961 que, vinculada a la sustitución del bulevar del paseo de la Independencia por una autopista urbana, convirtió la plaza de España en una rotonda automovilística reforzada por el programado desmantelamiento de las líneas de tranvía, sustituidas de forma progresiva por autobuses urbanos. Relacionado con esta intervención, a mediados de los años sesenta dio sus últimos coletazos el viejo proyecto de prolongar el paseo de la Independencia hasta la plaza del Pilar, derribando la parte del caserío del Casco Viejo correspondiente. Afortunadamente, este proyecto se quedó en eso, en un proyecto. Mientras tanto, el decimonónico edificio de la Diputación Provincial fue derribado y sustituido a mediados de los años cincuenta por el actual palacio proyectado por el arquitecto Teodoro Ríos Balaguer. La denominada “transición” política de mediados de los años setenta conoció una nueva intervención en la plaza, que desde esos años se convirtió también en epicentro de las crecientes movilizaciones y manifestaciones que caracterizaron esa época y la democracia recuperada. A principios del siglo XXI la plaza de España fue objeto de una intervención integral al hilo de la famosa reforma del paseo de la Independencia mediatizada por el descubrimiento de los restos arqueológicos del antiguo arrabal musulmán de Sinhaya, y en 2011 tuvo lugar la última gran reforma hasta la fecha, en esta ocasión provocada por la afortunada instalación del tendido de la línea 1del recuperado tranvía urbano. La actual plaza de España es un espacio urbano absolutamente referencial en la ciudad, si bien hace ya tiempo que no es el “centro” de la ciudad. Conocer su historia, por ello, es también entenderla mejor. Nos escuchamos y leemos el curso que viene. Un cordial saludo. -José María Ballestín Miguel-
¡Ya disponible el podcast de #DirectoMARCAZaragoza! Hoy con el último adiós al León de Torrero, entrevista a Emilio Larraz y la previa del #RealZaragozaAlcorcón
En el programa de hoy, séptimo de la presente temporada y cuando se cumple la séptima semana desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, os propongo hacer un recordatorio de cuando la guerra (como esta guerra, terrible e injustificable tal todas las otras guerras terribles e injustificables que siguen activas a lo largo y ancho de este mundo) decía de cuando la guerra no era televisada, y Zaragoza fue una plaza militar con sus murallas y sus cuarteles para la tropa y oficialidad. Hoy haremos, de esta forma, un breve repaso de diversos acuartelamientos que ha tenido la ciudad de Zaragoza, algunos incrustados en el mismo corazón de su casco urbano. Zaragoza contaba desde su fundación romana con un recinto amurallado de piedra de función militar defensiva que circunvalaba el actual Casco Histórico delimitado entre el Coso y el paseo de Echegaray y Caballero. La robusta fábrica de esta muralla hizo fracasar, entre otros, el famoso asedio merovingio en 542. Tras la conquista musulmana en 714 la ciudad fue prosperando y consolidando nuevas zonas urbanas extramuros hacia el este, el sur y el oeste que fueron protegidas por un nuevo recinto amurallado, en este caso de adobe y ladrillo, que desde las Tenerías llegaba hasta la actual plaza de Europa. Otro famoso asedio, el franco de 778, fracasó también ante las murallas de Saraqusta. En 1118 los cristianos conquistaron la ciudad, que vería pasar casi seiscientos años hasta verse afectada directamente por otra guerra. Fue a principios del siglo XVIII, cuando la disputa por la sucesión española al trono, que Zaragoza comenzó a poblarse de cuarteles. Aunque contaba con un “castillo” o “fuerte” (la Aljafería) su deplorable estado lo hacía impracticable como cuartel, y ante la ausencia de otras dependencias estables de infantería y caballería, la tropa y oficialidad se instaló en edificios civiles circunstancialmente reconvertidos como estancias cuarteleras. Así, la casa-palacio de los Urriés en la calle de los Predicadores, una cercana casa de la calle de la Hilarza, el mesón del Milagro y una casa inmediata en la calle de Predicadores hicieron las veces de cuarteles de infantería, y los mesones de San Ildefonso y de San Vicente, ambos en la calle del Carmen, fueron utilizados como cuarteles de caballería. Esta situación se prolongó durante casi medio siglo, incluyendo otras ubicaciones en casas alquiladas en la Puerta Quemada, el Coso, las plazas de la Magdalena y de Santa Marta, la Tripería, el Arrabal, los mesones de San Juan y de Santa Fe, etc. En la primavera de 1766, durante el denominado “motín de los broqueleros”, la carencia de cuarteles estables de caballería fue solventada con el habitual recurso al alojamiento improvisado, si bien pocos años después esta situación tomó un nuevo rumbo, cuando un cuartel de caballería permanente y de nueva planta fue diseñado y construido en la plaza del Portillo, y tras décadas de planes y proyectos sin concretar, luego de una destacada remodelación, la Aljafería fue convertida en cuartel permanente de infantería. Durante los terribles asedios franceses de 1808-1809 la ciudad fue militarizada y su cinturón de conventos reconvertido en fuertes armados: San Lázaro, Jesús, San Agustín, San José, Santa Engracia, Capuchinos, Carmen, Agustinos del Portillo..., como también lo fue el céntrico convento de San Francisco, siendo esa reconversión militarista la que hizo que resultaran destruidos o gravemente afectados por los combates. Fue precisamente ese temporal uso militar de los conventos el que, tras los procesos de exclaustramiento o desamortización a principios del siglo XIX, llevó a que varios de ellos encontraran desde entonces un definitivo acomodo castrense, al hilo de las varias guerras civiles o carlistas que en 1838 afectaron a Zaragoza directamente con el famoso episodio del cinco de marzo de 1838. De esta forma, tomaron carta de naturaleza los nuevos cuarteles de San Lázaro, San Agustín, Santa Engracia, el Carmen, Hernán Cortés (antiguo convento de Capuchinos), Trinitarios y La Victoria. El convento de San Ildefonso fue reconvertido en Hospital Militar, el de las Carmelitas Descalzas de San José en Parque de Ingenieros y luego Gobierno Militar, el Hospital de Convalecientes en el Cuartel de Ingenieros de Sangenis, una antigua salitrería militar en Parque de Artillería, y dentro del complejo portuario civil del Canal Imperial en Torrero se habilitó un gran cuartel de caballería del mismo nombre. El Castillo de la Aljafería y el Cuartel de caballería del Cid perduraron como dependencias militares, mientras que otro espacio militar, la Capitanía General, ocupó varias sedes provisionales hasta que a finales del siglo encontró su emplazamiento definitivo en la plaza de Aragón. A este proceso hay que añadir el que desde principios del siglo XX llevó a conformar el descomunal espacio militarizado que ocupa un tercio del término municipal de Zaragoza, conformado por el Campo de Maniobras de San Gregorio (originalmente de Alfonso XIII) con el pionero Cuartel del General Luque y el anexo recinto de la Academia General Militar de finales de los años 20. En esa década se construyó además el nuevo cuartel de artillería ligera de Palafox con su anexa pista de equitación y el Cuartel de Sanidad Militar en la carretera de Valencia. Además, el recinto del antiguo ferial de ganados junto al río Huerva fue reconvertido en Corral de Abastos de Intendencia, y el penal de San José en Cuartel también de Intendencia. Dentro de esta dinámica de constante aumento de cuarteles hay que reseñar la desmilitarización del cuartel de Santa Engracia, desmantelado poco antes de la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Ya antes habían sido derribadas las murallas, salvo unos pocos lienzos reaprovechados por las viviendas a ellos anexos. La Guerra Civil de 1936-1939 convirtió a Zaragoza en un gran cuartel, centro hospitalario y centro industrial con fines militares. A tal efecto se militarizaron numerosos espacios y edificios para albergar cuarteles, hospitales y centros de detención y de represión. Tras la victoria de los nacionalistas en 1939 aún habrían de surgir nuevos espacios militares en la ciudad, como el Cuartel de Automóviles en las Tenerías, el Cuartel de Sementales en la calle del Asalto, el Cuartel de Valdespartera construido sobre los vales en los que en la guerra se había fusilado a centenares de republicanos, el Cuartel de Casablanca resultado de la ampliación del Cuartel de Sanidad Militar, y un nuevo Hospital Militar. Además, en el interior de la ciudad surgieron otros espacios militares, como la nueva Jefatura del Aire en la plaza de José Antonio, la sede de diversos negociados del Ejército del Aire en el paseo de Calvo Sotelo, y la Farmacia Militar en el paseo de las Damas. Esta sobresaturación militar en la ciudad comenzó a ser revertida parcialmente cuando el Cuartel del Carmen fue desmilitarizado en los años 50, y sobre todo mediante la denominada “Operación Cuarteles” que en los años 70 y primeros 80 vio, previo pago de compensaciones económicas pactadas, el paso del ramo de la guerra a la sociedad civil de los cuarteles de Hernán Cortés, San José, Automovilismo, San Lázaro, Palafox, Aljafería, Sangenis, San Agustín, Parque de Artillería, Gobierno Militar, Sociedad Hípica, Corral de la Leña, Polvorines de Torrero y una pequeña parte del cuartel de Torrero. En los años 90, y a cambio de un sustancioso pellizco económico, le tocó al cuartel de Sementales. Ello no significa que la presencia militar en la ciudad haya desaparecido, ni mucho menos. Continúa como solía, si bien de forma menos explícita y más discreta. Como casualmente hoy se cumple el aniversario 91 de la proclamación de la Segunda República Española, vamos a terminar hoy de forma un poco más festiva que el contenido del programa que ahora finalizamos con el preceptivo y saludable ¡Salud y República! Nos escuchamos pronto. -José María Ballestín Miguel-
En el programa de hoy, sexto ya de la temporada, y cuando según el Ministerio de Sanidad ya se han superado los 100.000 fallecimientos por el COVID-19 en España, os propongo hacer un breve repaso de los diferentes lugares de enterramiento que ha tenido Zaragoza desde su fundación romana hace 2.037 años, que son bastantes, y alguno ciertamente sorprendente. Cuando en el año 15 antes de Nuestra Era tuvo lugar la fundación de la Colonia de Caesaraugusta, en Roma ya estaba asentada hacía tiempo la prohibición de enterrar cadáveres dentro del perímetro de la ciudad por razones de higiene y seguridad. Por ello, los enterramientos se realizaban a ambos lados de los principales caminos de acceso a la urbe. Así, en la Zaragoza romana hubo una necrópolis en la parte oriental de la periferia que, una vez cruzado el río Huerva, se extendía a ambos lados de la calzada que llevaba a la actual Gelsa, en lo que hoy es el barrio de Las Fuentes hasta la altura de la calle del Monasterio de Nuestra Señora del Pueyo. Otra necrópolis se extendía en la zona occidental de la ciudad, junto a la calzada que prolongaba el decumano máximo en dirección a la actual ciudad de Astorga, siguiendo la actual calle de los Predicadores. Se supone que había otra necrópolis junto a la calzada que salía de la ciudad hacia el sur, en lo que hoy sería el paseo de la Independencia y la plaza de Aragón, aunque en este caso y a diferencia de los dos anteriores, no se han encontrado restos arqueológicos que lo confirmen, como tampoco ha sucedido en el camino de salida hacia el norte por el Arrabal. Los primeros enterramientos cristianos continuaron la costumbre de realizarlos donde ya lo hacían los romanos, aportando algunos espacios propios, como el actual paseo de Echegaray y Caballero y el entorno de la plaza de Santa Engracia, donde encontraron descanso eterno los famosos dieciocho “Innumerables Mártires”. En la etapa visigoda comienza a generalizarse la práctica de enterrar en las iglesias parroquiales, si bien sólo en el caso de los sacerdotes y algunos seglares “virtuosos y meritorios”. Durante el dominio musulmán de Saraqusta, los muertos se enterraban en tres “almecoras” fuera de la ciudad, pero no muy lejos de las puertas de acceso. Las dos primeras, al oeste y al sur, se correspondían con las preexistentes zonas de enterramiento de romanos (calle de los Predicadores) y cristianos (plaza de santa Engracia), y la del este se extendía por el arrabal luego ocupado por el convento, primero de San Francisco y luego de San Agustín. La conquista cristiana de 1118 generó un espacio denominado “Barranco de la Muerte” en el monte de Torrero, donde supuestamente habría habido un encuentro armado y gran cantidad de moros habrían allí muerto. Ese año supuso también una auténtica revolución en lo que a las necrópolis se refiere, ya que se abandonó el enterramiento en la periferia de la ciudad para practicarlo bien junto a las iglesias intramuros, en una zona anexa a la iglesia denominada fosal o fosar, o bien en el interior mismo de los templos, como ya se empezó a practicar en tiempos de los visigodos. De esta forma, apareció una miríada de espacios de enterramiento, que incluía tanto las parroquias (nueve mayores: La Seo del Salvador, Santa María la Mayor, San Gil, Santiago o San Jaime, Santa María Magdalena, San Felipe, Santa Cruz, San Pablo y San Juan del Puente; seis menores: San Nicolás, San Lorenzo, San Andrés, San Pedro, San Juan el Viejo y San Miguel de los Navarros; y una dependiente de la diócesis de Huesca: Santa Engracia), los conventos mendicantes (el ya referido de los Franciscanos y luego Agustinos, Predicadores de Santo Domingo, Predicadoras de Santa Inés, frailes menores de Franciscanos, Santa Catalina, Jerusalén, Carmelitas), las órdenes militares (El Temple, San Juan, Santo Sepulcro), y también los espacios segregados de las religiones minoritarias (Fosal de los Moros y Fosal de la Judería, ambos posiblemente en el entorno de la puerta del Portillo, fuera del muro de rejola), e incluso un lazareto (San Lázaro, en el Arrabal de Altabás). Durante la Contrarreforma católica, a esta relación de conventos se sumaron otros doce cenobios masculinos y femeninos, y cada uno incluía su correspondiente y preceptivo camposanto. En total, Zaragoza llegó a contar a la vez con unos 40 cementerios.... Así fue hasta que las luces de la Ilustración comenzaron a alumbrar a finales del siglo XVIII una nueva etapa en el negociado de la muerte, cuando médicos y autoridades propugnaron acabar con las inhumaciones dentro de la ciudad y de los templos, tanto por razones sanitarias como estéticas. Efecto inmediato de la generalización de los cementerios extramuros (como en tiempo de los romanos), sería la liberación del codiciado suelo hasta entonces ocupado por los numerosos y céntricos fosales parroquiales, y que fue vendido al mejor postor y pronto edificado. Pero este paso de las musas al teatro en cuestiones mortuorias no se generalizaría hasta bien entrado el siglo XIX. De esta forma, el primer e ilustrado cementerio de Zaragoza fue el del Hospital de Gracia, proyectado en el camino de la Cartuja Baja para quienes morían en ese hospital y no tenían medios para ser sepultados en alguna de las parroquias de la ciudad. Tras la escabechina provocada por los asedios de 1808-1809, la nueva administración francesa intentó en vano que el de la Cartuja se convirtiera en el único cementerio de la ciudad. De esta forma, cuando los franceses dejaron la ciudad en 1813 las cosas mortuorias, como todas las demás, volvieron por donde solían. En 1832 se comenzó a construir por fin el primer recinto de un nuevo cementerio municipal permanente al sur del Canal Imperial, en las alturas del monte de Torrero, con proyecto de los arquitectos Joaquín Gironza Langarita y José Yarza Miñana. Pero en 1858 las parroquias comenzaron a construir un nuevo cementerio propio en el Término de Miralbueno, llamado del Terminillo o de la Casa Blanca, junto a la carretera de Valencia, al objeto de sustituir al municipal cementerio de Torrero y seguir ingresando de esta forma notables ingresos mediante la gestión del negociado de la muerte. Fue inaugurado en enero de 1864, pero su “vida útil” fue sólo de poco más de dos años, en los que se pobló con casi 3.500 “residentes”. Sólo en 1912 se exhumaron todos esos restos y se trasladaron a Torrero, siendo el solar resultante vendido en pública subasta y comprado por el arzobispo Soldevilla, que allí fundó la Escuela Asilo de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Mientras tanto, el cementerio de Torrero pasó por diversas fases hasta que se convirtió definitivamente en el cementerio de Zaragoza, conociendo desde entonces numerosas ampliaciones (1874, 1877, 1885, 1890, 1903, 1918, 1936, 1958, 1970, 1985…) que lo han consolidado como la auténtica ciudad de los muertos de Zaragoza. Quien esté interesado en este tema, hay una referencia bibliográfica absolutamente imprescindible, titulada “La ciudad y los muertos. La formación del cementerio de Torrero”, de Ramón Betrán Abadía. Un cordial saludo, y aunque los perros y las perras de la guerra pontifiquen que decir ahora NO A LA GUERRA Y NO A LA MUERTE EN UCRANIA, PARAR LA GUERRA, es algo“naif”, o lo mismo que “ponerse de perfil”, dejemos que sean otros los que proclamen el atávico ¡viva la muerte, viva la guerra! Y de los muertos de hoy, a los muertos de hace unos años, porque mañana viernes se cumple el aniversario dieciocho del horroroso 11-M del año 2004 en que aquél infame Gobierno de Aznar trató de mercadear sin ningún escrúpulo muertos por votos de forma repugnante y abyecta. Un recuerdo a las víctimas del terrorismo y a sus familiares. Cordiales saludos, y nos escuchamos pronto. -José María Ballestín Miguel-
En el programa de hoy, quinto ya de esta temporada y segundo del presente año 2022 que ya comienza su mes segundo, os propongo un recordatorio de las más que interesantes fotografías realizadas en Zaragoza por Ángel Cortés Gracia, alias Skogler, durante la Guerra Civil, todo un muestrario de la Zaragoza azul que se impuso por la fuerza de las armas un 19 de julio para darle la vuelta a lo que las urnas, por “error”, habían determinado en febrero de 1936 que tenía que ser de otra forma. A mediados del pasado año 2021, y con el impulso de la Diputación Provincial de Huesca, pudimos disfrutar del visionado de un buen puñado de fotografías inéditas de Zaragoza en la segunda mitad de los años 30, aunque para eso hubiera que desplazarse a ver su exposición… hasta Huesca. Con el título “Skogler-Ángel Cortés. El visor falangista de la Guerra Civil y la posguerra (1936-1948)”, se pudieron contemplar allí y de esta forma decenas de fotografías realizadas por el fotógrafo zaragozano Ángel Cortés Gracia, que fuera operario del gabinete fotográfico de Carlos Skogler Fredikson y que desde 1933 pasó a regentar su estudio ubicado en el nº 31 del Coso, ante la plaza de la Constitución, conservando la marca “Skogler” por el prestigio asociado a ella. Por su condición de “Camisa Vieja” es decir, afiliado a la Falange antes de la sublevación militar de julio de 1936 y sobre todo por su trabajo en el nuevo diario “Amanecer. Diario Nacional Sindicalista”, que comenzó a publicarse el 11 de agosto de 1936 donde hasta entonces estuvo el incautado “Diario de Aragón”, “Skogler” cubrió preferentemente desde entonces y hasta el final de la guerra numerosos actos protagonizados por la Falange en Zaragoza. De esta forma, el “fondo Skogler” ofreció una extensa galería de imágenes que desde el mes de julio de 1936 y hasta el año 1939 ilustran el panorama de la “nueva” Zaragoza impuesta a sangre y fuego. En su inmensa mayoría se trata de imágenes relacionadas directa o indirectamente con la guerra iniciada ante la fuerte resistencia de la República democrática. Así, por ejemplo, el cuartel de los Castillejos en Torrero se nos muestra como uno de los epicentros de la organización militar de los sublevados, incluyendo las visitas de altos mandos militares, como el general Millán Astray. De este cuartel parten numerosos desfiles hasta el centro de la ciudad que discurren por el paseo de Sagasta (luego del General Mola). El previsto colegio de San Agustín en el camino de los Torres fue durante esos años reconvertido en hospital y en cuartel de Falange, como testifican varias interesantes fotografías. Las prácticas de tiro protagonizan también varias fotos en escenarios de San Gregorio y otros cuarteles urbanos. El exitoso devenir de la guerra para los sublevados aporta la celebración callejera de cada una de las victorias militares, como por ejemplo, la toma de Bilbao, y la captura de material de guerra a los milicianos primero y al Ejército Popular después, conlleva su exhibición en la calle o en las inmediaciones del Pilar. Los desfiles militares inundan la ciudad, bien por parte de las fuerzas de la guarnición, o de las diferentes tropas de paso por la ciudad de camino o regreso de los frentes de guerra, como por ejemplo muestra la espectacular serie de fotos de la llegada de los defensores del Santuario del Pueyo. También de carácter militar son las numerosas conmemoraciones del nuevo régimen: aniversario de la fundación de Falange; aniversario del Decreto de Unificación de FET y JONS, con presencia del “caudillo” Francisco Franco en el impresionante marco escénico del “Campo de la Victoria”; los grandes homenajes al “Ausente” José Antonio Primo de Rivera en el parque de Buenavista y en la plaza de La Seo; una magna marcha nocturna con antorchas para conmemorar el aniversario del “Glorioso Alzamiento Nacional”; la celebración por todo lo alto del “Día del Caudillo”; los funerales en memoria del “protomártir” José Calvo Sotelo en Santa Engracia, etc., etc. En estas celebraciones de calle tiene una importante presencia la Sección Femenina, que además de desfilar marcialmente hasta el Pilar, también rinde homenajes a sus “caídas”, como el caso de Marina Moreno, y realiza un gran almuerzo en el restaurant Las Palmeras. La presencia femenina también protagoniza las cuestaciones callejeras, los quioscos de libros con novedades editoriales, las mesas de recogida de libros para los soldados del frente, y la atención de los comedores del Auxilio Social. Hasta Pilar Primo de Rivera, la jefa nacional de la Sección Femenina, visita Zaragoza. Otro capítulo importante son los homenajes a los “caídos por Dios y por España”, que en esos años tiene como escenario central el entorno de la Puerta del Carmen, además del cementerio católico de Torrero. Algún caso concreto, como el funeral del capitán Hernández Blasco de la Bandera Sanjurjo, permiten ofrecer insólitas imágenes del cortejo funerario por el tramo medio del Coso junto el edificio del antiguo Banco de España, reutilizado como sede de la Legión. Y unos coches fúnebres a las puertas del Hospital Militar ubicado junto a la iglesia de Santiago nos ofrecen una inédita vista de este espacio desaparecido. Los aliados italianos y alemanes de los sublevados muestran una destacada presencia, como la bendición del gallardete del italiano “Fascio di Saragozza”, o las celebraciones nazis del cumpleaños del “Führer” en el Colegio Alemán y de la toma del poder en el Casino Mercantil, además de la habitual participación en los homenajes a los “caídos” o en la corrida de toros homenaje a la Aviación nacionalista. La legión Cóndor establecida en Zaragoza aporta varias imágenes donde aparece su gran jefe, Wolfram von Richthofen. Los efectos de los bombardeos republicanos protagonizan también importantes reportajes de denuncia, como los que tuvieron lugar en la calle Torrenueva y Don Jaime I. Los jerarcas locales de Falange, comenzando por su responsable provincial, Jesús Muro, protagonizan un buen número de imágenes, tanto asistiendo a actos oficiales, poniendo la primera piedra a una viviendas de la Central Obrera Nacional Sindicalista, asistiendo a la boda de un “camarada”, a algún bautizo, etc. De la misma forma, la sede provincial de Falange, de la Sección Femenina y el Hogar José Antonio, se nos muestran mediante varias fotos de sus diversas oficinas y dependencias. La íntima ligazón entre la iglesia católica y los sublevados en Zaragoza tiene numerosas muestras en esta exposición, en homenajes y celebraciones de cualquier tipo, como una curiosa foto de una misa en el cuartel de Falange establecido en el Frontón Cinema, o una misa que celebra la Inmaculada Concepción como patrona del arma de Infantería en Santa Engracia… Muy de cuando en cuando se cuela alguna que otra imagen que podría considerarse de la vida cotidiana, como una foto de la terraza del Café Gambrinus en la plaza de España, aunque casi todos los clientes que aparecen en ella son militares o paramilitares… Un partido de fútbol celebrado en el campo de Torrero se nos muestra en el momento en que ambos equipos saludan con el brazo en alto… Tal vez una de las imágenes más “normales” sea la que muestra la cabalgata de los Reyes Magos saliendo del Hospicio Provincial… En fin, una más que interesante exposición fotográfica que trasladada a su correspondiente catálogo nos muestra históricas imágenes de la Zaragoza de la segunda mitad de los años 30, durante la terrible Guerra Civil. Altamente recomendable, desde luego, para comprender mejor de dónde venimos, y a dónde no queremos volver ni por equivocación. Un cordial saludo, y no os equivoquéis tampoco al marcar las teclas en el cajero automático, aunque si os pasa, probad luego a denunciar ante el Tribunal Constitucional que se trata de un “error informático” o, ya puestos, de un “auténtico pucherazo bancario”. A ver el caso que os hacen. Nos escuchamos pronto. -José María Ballestín Miguel- https://www.flickr.com/photos/zaragozaantigua/51367473994/in/album-72157674752869356/
Es posible que usted que ahora nos escucha haya paseado, ocasional o habitualmente, por esa gran superficie comercial que se localiza al sureste de la ciudad, limitando con la Z-40, y haya llegado a una plaza donde se encuentra una placa que recuerda que en el año de 1710 por esos andurriales tuvo lugar la denominada “batalla de Zaragoza”. Si no tuvo tiempo de leer la leyenda de esta placa, no se preocupe, que ahora me voy a referir a ella. El 20 de agosto de 1710 y en el contexto de la Guerra de Sucesión española dos ejércitos se enfrentaron en los montes de Torrero para disputarse el control de Zaragoza: las tropas del rey Felipe V y las del archiduque Carlos de Austria. ¿Qué había pasado para llegar a esto? Nueve años antes, en mayo de 1701, el duque de Anjou había sido coronado rey de España como Felipe V en cumplimiento del testamento del fallecido rey Carlos II, y en septiembre vino a Zaragoza a jurar en la Seo los fueros y privilegios del reino, partiendo luego hacia Cataluña para cumplir el mismo ceremonial. En paralelo a esta normalidad institucional supuso el relevo de la Casa de Austria por la de los Borbones, se había formado una alianza entre Austria, Inglaterra y Holanda que declaró la guerra a las aliadas Francia y España. Múltiples intereses políticos y estratégicos motivaron que esta alianza promoviera al archiduque Carlos de Austria al trono español, aunque llamativamente esta Guerra de Sucesión española comenzó a disputarse… en las plazas españolas de Flandes e Italia, y en 1702 el archiduque Carlos fue coronado rey de España… en Viena. Este Carlos “III” desembarcó en Barcelona en 1705, donde estableció su corte. Este hecho, y sobre todo, la presencia del ejército anglo-austríaco-holandés que le acompañaba, desencadenó la guerra abierta en la península y con ella la toma de partido de las elites locales a favor de uno u otro bando, originando lo que Melchor Macanaz calificó de guerra supercivil. Como respuesta a la venida en carne mortal del pretendiente austríaco, en 1706 Felipe V y su ejército fueron a Barcelona para enfrentarlo. El fracaso en esta empresa hizo tambalearse la fidelidad borbónica de Zaragoza, sobre todo cuando el ejército archiducal se aproximó a ella. En junio la ciudad mudó su lealtad hacia el austria. En abril de 1707 y tras la derrota en la batalla de Almansa la causa archiducal se desplomó: tras la retirada de su ejército las ganancias territoriales se desvanecieron como lágrimas en la lluvia, y Zaragoza fue nuevamente borbónica. Como tras cada mudanza de fidelidad, sucedieron episodios de represión sobre las cabezas visibles de uno u otro bando, aunque en esta ocasión aconteció una novedad en forma de real decreto que implantó la Nueva Planta, aboliendo los fueros, privilegios y la tradicional planta política y administrativa del reino, en un proceso ralentizado por la guerra. En 1710 desembarcó en Barcelona un nuevo ejército archiducal, que tras derrotar en julio al ejército borbónico cerca de Lérida cruzó el río Ebro por Osera y se ubicó a dos tiros de cañón de Zaragoza. Entre este ejército y la ciudad se situaron las tropas borbónicas para dar la batalla, que comenzó la mañana del 20 de agosto en una amplia zona del sur de Zaragoza que al este se extendía desde el camino del Puente del Virrey hasta las inmediaciones del río Ebro, y que al oeste llegaba hasta los Pinares de Venecia y el trazado más sureño de la actual autovía Z-40. Ambos ejércitos sumaban unos 45.000 soldados, y entre ambos el Barranco de la Muerte delimitó el campo de batalla, por lo que ésta también suele denominarse de esa forma. El combate fue rápido y desastroso para Felipe V, que a duras penas escapó por el camino de Alagón hacia Madrid, mientras el archiduque entró por segunda vez en Zaragoza. Tras la batalla, unos 6.000 muertos escenificaron el carácter internacional del conflicto: alemanes, austríacos, españoles, franceses, holandeses, ingleses, irlandeses, italianos, valones… En enero de 1711 un nuevo ejército borbónico desbarató a los archiducales en Brihuega y Villaviciosa y Zaragoza mudó otra vez fidelidad a Felipe V. La Nueva Planta, reformada, fue ahora aplicada como castigo por la infidelidad de la cabeza del reino, de la misma forma que Navarra y Vizcaya conservaron sus fueros y privilegios por respaldar al borbón. Mientras tanto, y ante la muerte sin descendencia del emperador de Austria, este Carlos “III”, que era su hermano, se convirtió en Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus aliados ingleses y holandeses que luchaban contra la hegemonía franco-española, no vieron con buenos ojos una posible nueva hegemonía austro-española, ya que Carlos se negó a renunciar al trono de España. Por ello, abandonaron su causa y comenzaron a pactar una paz por separado. Con ello, y a efectos prácticos, la guerra estaba sentenciada a favor de Felipe V. Aparte de la cartografía de Zaragoza realizada por ingenieros militares, y los dibujos y grabados que que ilustran la batalla de Zaragoza (todos realizados por cierto al norte de los Pirineos), poca huella memorialista de esta guerra puede rastrearse en la ciudad. Apenas la arboleda de Macanaz, que recuerda el nombre del intendente de Zaragoza entre 1711-13 que promovió la plantación de esta pionera zona verde urbana, y una placa que desde 2010 recuerda esta batalla en la referida plaza de la gran superficie comercial construida donde el ejército archiducal situó su flanco izquierdo. Mientras que la batalla de Almansa de 1707, de esta misma guerra, figura en el nomenclátor local desde 1964, la de Zaragoza de 1710 no ha encontrado valedor para hacerse un hueco en él, tal vez por aquello de que quienes la ganaron… perdieron luego la guerra, y a la inversa. Terminamos. Espero que tras estas referencias, cuando ustedes vuelvan a pasar por esta zona comercial de los montes de Torrero, tengan un minuto para pensar que están caminando por un importante escenario de la historia de Zaragoza, ni más, ni menos. Un cordial saludo, y hasta la próxima.
Hacemos un viaje musical al centro de la galaxia friki, deleitándonos con músicas que nos llevan a los otros mundos pero en una clave diferente… Juntamos a tres músicos que se han acercado a las músicas de videojuegos, cine y animes desde un estilo distante en principio. Y el resultado nos encanta. Conectamos con Elesky , una pianista clásica de formación y que se ha especializado en hacer versiones, medleys y conciertos de los videojuegos, series y películas que más nos cautivan. Desde Asturias, se sube a la Nabucodonosor acompañada de su piano en directo. Desde Zaragoza, del barrio de Torrero, nos encontramos con el guitarrista flamenco Ernesto de Torrero, cuyas versiones flamencas arrasan en Tik Tok y otras redes sociales, como su Harry Potter por bulerías y que emocionó a la propia J.K. Rowling. Y en Málaga, conectamos con José Luís Amores, ex Tentacles, y que siempre ha volcado su pasión por el Jazz y la electrónica en sus composiciones. Desde el Planeta Segovia, os hablamos del músico ecléctico total: Mr. Hans Zimmer. Escuchar audio
Cuando parece confirmarse la reconversión del antiguo Cinema Elíseos en un punto de distribución de comida rápida, vamos a dedicar el programa de hoy a recordar someramente la fortuna de decenas de espacios que hasta hace no demasiado estaban dedicados a la exhibición cinematográfica en el mismo centro de la ciudad, antes de que se impusiera su cierre, mientras nuevas salas se abrían al público a varios kilómetros de distancia, integradas en grandes superficies donde el consumo es el rey. Suele considerarse que la primera gran crisis del sector de la distribución y exhibición de cine tuvo lugar a finales de los años 70 del pasado siglo, en parte por la intrusión del vídeo doméstico y en parte por la gran crisis económica, lo que desembocó en una brutal reconversión del sector. De esta forma, en 1979 ya cerraron los cines Avenida, Actualidades, Latino y Dux. El caso del cine Latino, sito en la calle de los Estébanes, fue pionero al iniciar la senda de la transformación de algunas salas de cine en el próspero negocio que hacía furor en la época: el fomento de la ludopatía mediante la proliferación de los bingos. La década de los 80 se inició con el cierre de los cines Dorado, Gran Vía y Oliver, siendo éste último otro indicio de lo que estaba por venir: el cierre de todos los denominados “cines de barrio” que, aunque de categoría inferior a los del centro, y con proyecciones de reestreno, al menos llevaba este espectáculo a buena parte de la periferia de la ciudad. En 1981 y de esta forma, fue cerrado el cine Norte; en 1982 el cine Coso, y en 1983 el cine Torrero. El icónico año 1984 fue coincidente con la clausura de los cines Venecia, Rialto, Pax, París y Madrid. En 1985 le tocó el turno a los cines Roxy y Victoria; en 1986 al Teatro Argensola, que desde 1945 era fundamentalmente cine; en 1987 al Arlequín, y en 1989 al Palacio. Esta catastrófica tendencia se ralentizó, por pura supervivencia del sector, en los años 90, cuando también vieron echar el cierre el Salamanca en 1990, y el Coliseo Equitativa y el desgraciado Teatro Fleta en 1999. Mientras tanto, este zarandeado sector apenas vio abrir nuevos cines, que desde entonces lo fueron agrupados en la modalidad de multisalas o multicines, como los pioneros Buñuel en 1978 y los Aragón en 1980. Esta tendencia perduró en los años 90, si bien inscrita como un atractivo más dentro de las grandes superficies comerciales que desde entonces caracterizan el modelo de ocio y consumo en Zaragoza: los cines del Centro Comercial Augusta en 1996, los Multicines Renoir y los Cines Warner Lusomundo en 1997, los Yelmo Cines Plaza Imperial en 2008, los Cines Aragonia en 2009, y los cines de Puerto Venecia en 2012. Pero esta proliferación de multisalas no ha sido un sumatorio, ya que mientras tanto se seguían cerrando cines “tradicionales”, como el Don Quijote en 2002; el Goya, el Mola y los Multicines Aragón en 2005; y algunas de las recientes multisalas, como los Buñuel en 2007, y los Renoir en 2012. En 2014, fue cerrado el cinema Elíseos, abierto en 1944 en los bajos del gran edificio del mismo nombre que mantuvo el recuerdo de un singular espacio de ocio que desde 1875 albergó un jardín de recreo, un teatro e incluso una pequeña plaza de toros, y luego un velódromo. Ahora, tras la licencia condedida por el ayuntamiento, aquí se podrá degustar comida rápida con denominación de origen norteamericano y burbujeantes refrescos no menos saludables. Eso sí, en la fachada se mantendrá el tradicional cartel que anunciaba “Cinema Elíseos”. -José María Ballestín Miguel-
Centros, asociaciones, entidades y agentes socioeducativos de Torrero y la Junta de Distrito Torrero- La Paz organizan el Carnaval de Torrero 2021: Superhéroes y superheroínas de mi barrio. Se celebrará el viernes 12. Hablaremos de ello con Andrea Brusel, voluntaria de la Asociación de Intervención Socioeductaiva El Trébol. https://vecinoslapaz.org/carnaval-detorrero- 2021-superheroes-y-superheroinas-de-mibarrio
La vida de 41 mujeres que dejaron un gran legado se puede descubrir en la ruta de las mujeres imborrables del cementerio de Torrero, en Zaragoza. …
Retrouvez les impostures de Jean-Yves Lafesse en podcasts avec Rire & Chansons
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Hablemos de 4 acciones que pueden limitar tus finanzas personales, escucha como al tomar conciencia de tus acciones te puede llevar a ser más asertivo y así impactar positivamente tus finanzas, con nuestra invitada Rocío Torrero.
Edson Torrero es Ingeniero en telecomunicaciones por la UNAM y especialista de Software en la empresa Cisco en Japón. En esta entrevista Edo nos platica cómo es que de Culiacán se fue a vivir a CDMX y tras aprender japonés más un par de visitas a Japón, le llegó una oportunidad para trabajar e irse a vivir para allá. Creo que varios se van a sentir identificados en la expectativa de profesional de Edson cuando era niño y, aunque la vida no es exactamente como la esperaba, ha llegado muy cerca y vive en donde quería estar. Además de hablarnos en japonés y contarnos un súper resumen de su historia, Edson da recomendaciones a cualquier persona que quiera desempeñarse profesionalmente en el extranjero. Nos dice, que en realidad no es complicado, sólo necesitan determinación y tomar las oportunidades que se les presentan.
Hablemos de que opciones de retiro tenemos en nuestra cuenta individual de AFORE, y que consecuencias traerá este retiro de recursos el día que llegue nuestro tiempo de jubilación, con nuestra invitada Rocío Torrero Beyer, asesor financiero. #pensiones #jubilacion #pension #retiro #finanzas #finanzaspersonales #asesor #asesorfinanciero #dinero #desempleo #crisis #ayuda #recursos #afore #ahorro #familia #buenasnoticias #cuentaindividual #mexico
Vamos a dedicar el programa de hoy a recordar al fotógrafo portugués António Passaporte, que en 1930 estuvo en Zaragoza para realizar fotografías artísticas y monumentales luego convertidas en postales por la firma “Colecciones Loty”. Perduran 304 de ellas en el fantástico archivo LOTY del Instituto del Patrimonio Cultural de España, de acceso público, universal y gratuito. No os lo perdáis. Primero haremos un recorrido por la Zaragoza retratada por Passaporte durante dos intensos días del mes de diciembre de hace 90 años. Desde la estación del ferrocarril de la línea Madrid-Zaragoza-Alicante que lo trajo desde Madrid, se encaminó hacia el centro y pasó por la Puerta del Carmen, el monumento a la Expo de 1908 en el paseo de Pamplona, el entorno de la Facultad de Medicina y Ciencias y luego el de la plaza de Aragón. Continuó por el paseo de la Independencia y se metió en la plaza de Santa Engracia hasta llegar a la plaza de Castelar, para retratar los edificios supervivientes de la Expo de 1908, entre ellos el habilitado como Museo Provincial. Siguió luego hasta la plaza de la Constitución, los inmediatos tramos del Coso Medio y Alto y la calle de Alfonso I, hasta llegar a la plaza del Pilar, con imágenes del entorno, interior del templo, y desde la altura de la torre de Santiago. Hizo lo propio en la plaza de La Seo, la calle del Sepulcro y la calle de Palafox. Regresó a la Lonja y cruzó el río Ebro por el puente de Piedra, dedicando varias fotos a las riberas. Pilló un tranvía de la línea del Gállego que lo llevó hasta la terminal junto a ese río para retratar la convivencia entre el antiguo puente colgante y el nuevo puente de hierro. Durante su segunda y última jornada, Passaporte inició recorrido en el entorno de la iglesia de San Juan de los Panetes y la plaza del Justicia. Se internó en el barrio de San Pablo para fotografiar la homónima iglesia, y de allí fue a la plaza de Santo Domingo, donde el Ayuntamiento, y los conventos de Santa Lucía y de las Fecetas, hasta llegar a La Aljafería. Fue luego a la plaza del Portillo y el Coso de la Misericordia, y regresó al “centro” pasando por la iglesia de Santiago y la Audiencia Territorial. “Saltó” hasta la plaza de San Miguel y luego las plazas de la Magdalena y de San Agustín. Regresó hasta la iglesia de San Gil Abad y pasó por la calle de Bayeu, donde el Arco de los Cartujos, hasta la plaza de San Felipe. Tras otro “salto” espacial salvado en un tranvía de la línea de Torrero, llegó hasta los Jardines de Pignatelli y la iglesia de San Fernando. Andando por el Canal Imperial (que no fotografió), llegó hasta el parque de Primo de Rivera, donde hizo fotos en el Cabezo de Buenavista, el Rincón de Goya y el puente del 13 de Septiembre sobre el río Huerva. Aparte del indudable valor de estas fotografías, cuyo visionado recomiendo, me gustaría destacar un par de eventos circunstanciales que, por pura fortuna coinciden con la visita de Passaporte, y aparecen reflejados en algunas de ellas. El primero es la riada del Ebro de diciembre de 1930, especialmente apreciable en las fotografías de la ribera tomadas en la arboleda de Macanaz. El segundo, la notable presencia de fuerzas del orden en varias fotografías del centro de la ciudad, consecuencia del levantamiento republicano de Jaca el 12 de diciembre de ese año. Destaca de forma especial una imagen de la plaza de la Constitución donde el protagonismo lo tiene un grupo de guardiaciviles a caballo, signo de los cruciales tiempos históricos pocos antes de la proclamación de la Segunda República Española. Terminamos así esta audición del programa “Zaragoza te habla”, que espero os haya resultado interesante, y os emplazo para una próxima edición. Salud y bien, y por favor, no dejéis que cualquiera os coma la oreja.
Vamos a dedicar el programa de hoy a recordar al fotógrafo portugués António Passaporte, que en 1930 estuvo en Zaragoza para realizar fotografías artísticas y monumentales luego convertidas en postales por la firma “Colecciones Loty”. Perduran 304 de ellas en el fantástico archivo LOTY del Instituto del Patrimonio Cultural de España, de acceso público, universal y gratuito. No os lo perdáis. Primero haremos un recorrido por la Zaragoza retratada por Passaporte durante dos intensos días del mes de diciembre de hace 90 años. Desde la estación del ferrocarril de la línea Madrid-Zaragoza-Alicante que lo trajo desde Madrid, se encaminó hacia el centro y pasó por la Puerta del Carmen, el monumento a la Expo de 1908 en el paseo de Pamplona, el entorno de la Facultad de Medicina y Ciencias y luego el de la plaza de Aragón. Continuó por el paseo de la Independencia y se metió en la plaza de Santa Engracia hasta llegar a la plaza de Castelar, para retratar los edificios supervivientes de la Expo de 1908, entre ellos el habilitado como Museo Provincial. Siguió luego hasta la plaza de la Constitución, los inmediatos tramos del Coso Medio y Alto y la calle de Alfonso I, hasta llegar a la plaza del Pilar, con imágenes del entorno, interior del templo, y desde la altura de la torre de Santiago. Hizo lo propio en la plaza de La Seo, la calle del Sepulcro y la calle de Palafox. Regresó a la Lonja y cruzó el río Ebro por el puente de Piedra, dedicando varias fotos a las riberas. Pilló un tranvía de la línea del Gállego que lo llevó hasta la terminal junto a ese río para retratar la convivencia entre el antiguo puente colgante y el nuevo puente de hierro. Durante su segunda y última jornada, Passaporte inició recorrido en el entorno de la iglesia de San Juan de los Panetes y la plaza del Justicia. Se internó en el barrio de San Pablo para fotografiar la homónima iglesia, y de allí fue a la plaza de Santo Domingo, donde el Ayuntamiento, y los conventos de Santa Lucía y de las Fecetas, hasta llegar a La Aljafería. Fue luego a la plaza del Portillo y el Coso de la Misericordia, y regresó al “centro” pasando por la iglesia de Santiago y la Audiencia Territorial. “Saltó” hasta la plaza de San Miguel y luego las plazas de la Magdalena y de San Agustín. Regresó hasta la iglesia de San Gil Abad y pasó por la calle de Bayeu, donde el Arco de los Cartujos, hasta la plaza de San Felipe. Tras otro “salto” espacial salvado en un tranvía de la línea de Torrero, llegó hasta los Jardines de Pignatelli y la iglesia de San Fernando. Andando por el Canal Imperial (que no fotografió), llegó hasta el parque de Primo de Rivera, donde hizo fotos en el Cabezo de Buenavista, el Rincón de Goya y el puente del 13 de Septiembre sobre el río Huerva. Aparte del indudable valor de estas fotografías, cuyo visionado recomiendo, me gustaría destacar un par de eventos circunstanciales que, por pura fortuna coinciden con la visita de Passaporte, y aparecen reflejados en algunas de ellas. El primero es la riada del Ebro de diciembre de 1930, especialmente apreciable en las fotografías de la ribera tomadas en la arboleda de Macanaz. El segundo, la notable presencia de fuerzas del orden en varias fotografías del centro de la ciudad, consecuencia del levantamiento republicano de Jaca el 12 de diciembre de ese año. Destaca de forma especial una imagen de la plaza de la Constitución donde el protagonismo lo tiene un grupo de guardiaciviles a caballo, signo de los cruciales tiempos históricos pocos antes de la proclamación de la Segunda República Española. Terminamos así esta audición del programa “Zaragoza te habla”, que espero os haya resultado interesante, y os emplazo para una próxima edición. Salud y bien, y por favor, no dejéis que cualquiera os coma la oreja.
20 de Enero de 1942. Se realiza la Conferencia de Wannsee. 21 de Enero de 1761. Nace Diego Muñoz-Torrero. 22 de Enero de 1592. Nace Pierre Gassendi. 23 de Enero de 1944. Muere Edvard Munch. 24 de Enero de 1977. Tiene lugar la Matanza de Atocha. 25 de Enero de 1882. Nace Virginia Woolf. 26 de Enero de 1641. Se libra la Batalla de Montjuic.
Hoy me gustaría compartir con la parroquia de este programa un ejemplo de la íntima relación entre las fotografías antiguas de la ciudad, y algunas historias que, de otro modo, quedarían sin reflejo visual por la carencia de imágenes directamente relacionadas. Se trata de un truculento asesinato que me he permitido titular de forma sensacionalista como “el crimen del sombrerero”, tal y como hubiera hecho seguramente el Caso si se hubiera producido en una época más reciente. Todo comenzó cuando me topé con una antigua fotografía de Zaragoza donde aparecía un edificio identificado como “Fábrica de sombreros al por mayor de Felipe Conesa”, en un entorno anónimo y sin identificar. Tras una necesaria investigación por la red de redes, me topé con una historia que no me resisto a compartir con vosotros. El frío 30 de diciembre de 1890, hacia las 8 de la noche, fue asesinado a puñaladas en el camino de San José Felipe Conesa, propietario de una fábrica de sombreros sita en el cercano camino de Torrero (actual paseo de Sagasta), posiblemente ubicada en la esquina con el camino de las Torres. Se trató en un crimen urdido entre su esposa, Carmen Martínez, y Antonio Aragonés, oficial de la fábrica de sombreros que durante los viajes de Felipe Conesa fuera de Zaragoza, quedaba al cargo de la fábrica y, además y extraorficialmente, de su esposa, pues intimaron y se convirtieron en amantes, y decidieron terminar con la vida de Conesa para allanar su fogosa relación. Primero intentaron envenenarlo mediante unos “polvos” adquiridos a una curandera, pero como no cumplieron su macabra función, decidieron comprar los servicios de un sicario de nombre Mariano Ballado que, por 50 duros, fue quien terminó con la vida de Conesa. Desde el momento de la comisión de este crimen, se convirtió en un mediático y popular evento muy seguido, como atestigua las abundantes reseñas periodísticas en medios de todo el país, muy descriptivas en detalles escabrosos. El juzgado del Distrito de San Pablo llevó las diligencias legales del caso, por ser el que correspondía a la entonces cárcel situada en la calle de los Predicadores, donde fueron encarcelados los sospechosos. El juicio tuvo lugar en la Audiencia Territorial, con numerosísimo público expectante de ver en vivo y en directo a los acusados. La sentencia fue durísima: pena de muerte para la esposa del asesinado, por parricidio, y para su amante y el asesino, por asesinato. Casi un año después, el Ministerio de Gracia y Justicia conmutó las penas de muerte por las de reclusión perpetua de los acusados. La influencia de este crimen, según Ernest Hemingway habría servido de referente a la novela "La piedra angular" que la escritora Emilia Pardo Bazán escribió poco después, donde reflexiona sobre la pena de muerte como “piedra angular” en la defensa del Estado ante “desórdenes de la mala vida” como los que caracterizan este tremendo crimen de un sombrerero en la Zaragoza en 1890.
Hoy me gustaría compartir con la parroquia de este programa un ejemplo de la íntima relación entre las fotografías antiguas de la ciudad, y algunas historias que, de otro modo, quedarían sin reflejo visual por la carencia de imágenes directamente relacionadas. Se trata de un truculento asesinato que me he permitido titular de forma sensacionalista como “el crimen del sombrerero”, tal y como hubiera hecho seguramente el Caso si se hubiera producido en una época más reciente. Todo comenzó cuando me topé con una antigua fotografía de Zaragoza donde aparecía un edificio identificado como “Fábrica de sombreros al por mayor de Felipe Conesa”, en un entorno anónimo y sin identificar. Tras una necesaria investigación por la red de redes, me topé con una historia que no me resisto a compartir con vosotros. El frío 30 de diciembre de 1890, hacia las 8 de la noche, fue asesinado a puñaladas en el camino de San José Felipe Conesa, propietario de una fábrica de sombreros sita en el cercano camino de Torrero (actual paseo de Sagasta), posiblemente ubicada en la esquina con el camino de las Torres. Se trató en un crimen urdido entre su esposa, Carmen Martínez, y Antonio Aragonés, oficial de la fábrica de sombreros que durante los viajes de Felipe Conesa fuera de Zaragoza, quedaba al cargo de la fábrica y, además y extraorficialmente, de su esposa, pues intimaron y se convirtieron en amantes, y decidieron terminar con la vida de Conesa para allanar su fogosa relación. Primero intentaron envenenarlo mediante unos “polvos” adquiridos a una curandera, pero como no cumplieron su macabra función, decidieron comprar los servicios de un sicario de nombre Mariano Ballado que, por 50 duros, fue quien terminó con la vida de Conesa. Desde el momento de la comisión de este crimen, se convirtió en un mediático y popular evento muy seguido, como atestigua las abundantes reseñas periodísticas en medios de todo el país, muy descriptivas en detalles escabrosos. El juzgado del Distrito de San Pablo llevó las diligencias legales del caso, por ser el que correspondía a la entonces cárcel situada en la calle de los Predicadores, donde fueron encarcelados los sospechosos. El juicio tuvo lugar en la Audiencia Territorial, con numerosísimo público expectante de ver en vivo y en directo a los acusados. La sentencia fue durísima: pena de muerte para la esposa del asesinado, por parricidio, y para su amante y el asesino, por asesinato. Casi un año después, el Ministerio de Gracia y Justicia conmutó las penas de muerte por las de reclusión perpetua de los acusados. La influencia de este crimen, según Ernest Hemingway habría servido de referente a la novela "La piedra angular" que la escritora Emilia Pardo Bazán escribió poco después, donde reflexiona sobre la pena de muerte como “piedra angular” en la defensa del Estado ante “desórdenes de la mala vida” como los que caracterizan este tremendo crimen de un sombrerero en la Zaragoza en 1890.
Retransmitiendo desde el momento en que todo se jorobó. Lo llaman literatura ¡¡¡oiga!!! Su nombre es Carlos Torrero. O el hombre que no es nadie. Que es lo mismo. Con ese pseudónimo ganó algunos concursos de literatura breve en su juventud y así comenzó su carrera como no escritor. La de lector comenzó mucho antes. Con El Barco de Vapor. Tras varias incursiones en la poesía , Hoy nos presenta Lejos del champange, su primer y delicioso libro de relatos. Descubramos al escritor Carlos Torrero. Esteban Galán
Ahead of the 2019 Women's World Cup in France, Chilean national team goalkeeper Ryann Torrero joins us to discuss what she's looking forward to most about this summer's games, how she made a return to soccer after a serious car accident forced her to take a year off, and how she's able to balance her demanding careers as a pro athlete and model.
En la sesión de hoy os propongo un recorrido por los antiguos y abundantes cuarteles y dependencias militares que hubo en el interior y entorno más inmediato de Zaragoza, y lo que de ellos ha sido en la actualidad. Comenzaremos en el siglo XVIII, cuando el principal recinto militar en la ciudad era el castillo o fuerte de la Aljafería, de forma que buena parte de las tropas de infantería y caballería que formaban parte de la guarnición estaban instaladas en edificios circunstancialmente habilitados como dependencias cuarteleras, como la antigua casa de José de Urriés en la calle de los Predicadores, o mesones como los del Milagro, los de San Ildefonso y de San Vicente, y los de San Juan y de Santa Fe. A finales del siglo XVIII la ciudad fue dotada de su primer cuartel propiamente dicho: el de Caballería junto a la iglesia del Portillo, luego denominado del Cid. Ya en el siglo XIX, y tras los procesos desamortizadores, la ciudad comenzó a dotarse de una importante nómina de cuarteles, pues en ese siglo no sólo hubo guerra contra el francés: las guerras carlistas fueron también guerras civiles, y Zaragoza fue convertida en importantísima plaza armada desde 1833 y hasta 1876. De esta forma, antiguos conventos desamortizados fueron reconvertidos en cuarteles: Hernán Cortés, Trinitarios, la Victoria, el Carmen, Santa Engracia, San Lázaro, y San Agustín. Otros conventos acogieron dependencias varias del Ramo de la Guerra: el convento de San Ildefonso sería Hospital Militar, y el de las Carmelitas Descalzas, Parque de Ingenieros. El antiguo Hospital de Convalecientes fue transformado en el Cuartel de Sangenis de Pontoneros, la antigua fábrica de salitre de la calle de Pignatelli fue convertida en Parque de Artillería, y las instalaciones del Canal Imperial en la playa de Torrero fueron convertidas en el homónimo cuartel. En el siglo XX la nómina aumentó cuando el antiguo convento de San José, entonces Presidio, dio paso al homónimo cuartel, y en 1926 fue construido de nueva planta el enorme cuartel de Palafox. Tras la guerra de 1936-39, en la calle del Asalto fue acotado el Corral de la Leña, consolidado el cercano Depósito de Sementales, y junto al puente de Hierro se estableció el Cuartel de Automóviles del Ejército. El ejército del aire tuvo su propio acuartelamiento en San Lamberto, y en la lejana Valdespartera se habilitó un homónimo y enorme cuartel. A finales de los años 60 y comienzo de los 70 del pasado siglo XX, el Ayuntamiento de Zaragoza dio los primeros pasos para lo que ha pasado a la historia como “Operación Cuarteles”, es decir, la adquisición al Ministerio del Ejército de hasta 16 instalaciones ubicadas en el centro de la ciudad, en terrenos susceptibles de ser liberados para provecho de la ciudadanía, sin descuidar el aspecto de la edificación “intensa”, es decir, de la construcción de grandes bloques de viviendas. En marzo de 1973 se refrendó el convenio suscrito entre ambas administraciones, que se tradujo en la compra de esas 16 instalaciones por 1.217 millones de las antiguas pesetas, a desarrollar en seis anualidades. En cada una de ellas os voy a comentar brevemente lo que, años después, nos encontramos en cada caso. El primer lote fue entregado en 1974, integrado por el Cuartel de San José, el Cuartel de Automóviles, una pequeña parte del Cuartel de Torrero y el Polvorín de Torrero. El Cuartel de San José permitió la prolongación del camino de las Torres hasta el nuevo puente sobre el Ebro, ampliar viarios y calles, y nuevas viviendas. El Cuartel de Automóviles habilitó espacio para viarios, el colegio Público Tenerías, el Pabellón Deportivo Municipal Tenerías, el Centro de Salud Rebolería, y algunas viviendas. La parte cedida del Cuartel de Torrero abrió al público la calle del Barón de La Linde y permitó la prolongación de la avenida de San José hasta el Canal Imperial. Y el Polvorín de Torrero serviría para ampliar el Cementerio. El segundo lote, en 1975, supuso la entrega del Cuartel de Sangenis y el Corral de la Leña. El Cuartel de Sangenis alberga dependencias municipales, y permitió abrir espacios y viales públicos. El Corral de la Leña sirvió para ampliar el Parque Bruil. El tercer lote, en 1976, significó la entrega del Parque de Artillería, en la calle de Pignatelli, cuyo solar permitió abrir y esponjar viales, y construir el actual IES Ramón y Cajal. El cuarto lote, en 1977, implicó la entrega del Cuartel de Hernán Cortés, sobre cuyo solar se construyó la Biblioteca de Aragón, un parquin subterráneo, un Centro de Mayores y equipamiento municipal, además de una plaza, dura, pero plaza al fín y al cabo. El quinto lote, en 1978, conllevó la entrega del Palacio de la Aljafería, y los cuarteles de San Lázaro y San Agustín. La Aljafería sería cedida luego por el Ayuntamiento para albergar la sede de las Cortes de Aragón. El Cuartel de San Lázaro dio paso a una zona verde y zona de aparcamiento hasta que, al albur de la Expo 2008 se realizaron obras para dignificar la ribera y se toparon con los restos del antiguo convento mercedario, lo que obligó a modificar el proyecto. El Cuartel de San Agustín daría paso a una biblioteca pública, una nueva plaza, y el Centro de Historias de Zaragoza. El sexto y último lote, en 1980, significó la entrega del antiguo Gobierno Militar, el complejo deportivo de la Hípica y el Cuartel de Palafox. El antiguo Gobierno Militar albergaría varias dependencias municipales. La Hípica sería convertida en el actual Centro Deportivo Municipal Gran Vía. Y en el Cuartel Palafox se habilitaría el Centro Cívico Universidad, la Escuela municipal de Teatro, el Parque de Bomberos nº 3, y dependencias de la Policía Local. En 1992 el Ministerio de Defensa abandonó el Cuartel de San Lamberto, y ya en el actual siglo XXI, año 2001, firmó un convenio con el Ayuntamiento para dar paso a la urbanización y construcción de nuevas viviendas y equipamientos en la zona. Ese mismo año, para terminar, el Cuartel de Valdespartera fue cedido por el Ministerio de Defensa al Ayuntamiento mediante convenio para la construcción de un nuevo y homónimo barrio con casi 10.000 viviendas, la mayoría de protección oficial.
En la sesión de hoy os propongo un recorrido por los antiguos y abundantes cuarteles y dependencias militares que hubo en el interior y entorno más inmediato de Zaragoza, y lo que de ellos ha sido en la actualidad. Comenzaremos en el siglo XVIII, cuando el principal recinto militar en la ciudad era el castillo o fuerte de la Aljafería, de forma que buena parte de las tropas de infantería y caballería que formaban parte de la guarnición estaban instaladas en edificios circunstancialmente habilitados como dependencias cuarteleras, como la antigua casa de José de Urriés en la calle de los Predicadores, o mesones como los del Milagro, los de San Ildefonso y de San Vicente, y los de San Juan y de Santa Fe. A finales del siglo XVIII la ciudad fue dotada de su primer cuartel propiamente dicho: el de Caballería junto a la iglesia del Portillo, luego denominado del Cid. Ya en el siglo XIX, y tras los procesos desamortizadores, la ciudad comenzó a dotarse de una importante nómina de cuarteles, pues en ese siglo no sólo hubo guerra contra el francés: las guerras carlistas fueron también guerras civiles, y Zaragoza fue convertida en importantísima plaza armada desde 1833 y hasta 1876. De esta forma, antiguos conventos desamortizados fueron reconvertidos en cuarteles: Hernán Cortés, Trinitarios, la Victoria, el Carmen, Santa Engracia, San Lázaro, y San Agustín. Otros conventos acogieron dependencias varias del Ramo de la Guerra: el convento de San Ildefonso sería Hospital Militar, y el de las Carmelitas Descalzas, Parque de Ingenieros. El antiguo Hospital de Convalecientes fue transformado en el Cuartel de Sangenis de Pontoneros, la antigua fábrica de salitre de la calle de Pignatelli fue convertida en Parque de Artillería, y las instalaciones del Canal Imperial en la playa de Torrero fueron convertidas en el homónimo cuartel. En el siglo XX la nómina aumentó cuando el antiguo convento de San José, entonces Presidio, dio paso al homónimo cuartel, y en 1926 fue construido de nueva planta el enorme cuartel de Palafox. Tras la guerra de 1936-39, en la calle del Asalto fue acotado el Corral de la Leña, consolidado el cercano Depósito de Sementales, y junto al puente de Hierro se estableció el Cuartel de Automóviles del Ejército. El ejército del aire tuvo su propio acuartelamiento en San Lamberto, y en la lejana Valdespartera se habilitó un homónimo y enorme cuartel. A finales de los años 60 y comienzo de los 70 del pasado siglo XX, el Ayuntamiento de Zaragoza dio los primeros pasos para lo que ha pasado a la historia como “Operación Cuarteles”, es decir, la adquisición al Ministerio del Ejército de hasta 16 instalaciones ubicadas en el centro de la ciudad, en terrenos susceptibles de ser liberados para provecho de la ciudadanía, sin descuidar el aspecto de la edificación “intensa”, es decir, de la construcción de grandes bloques de viviendas. En marzo de 1973 se refrendó el convenio suscrito entre ambas administraciones, que se tradujo en la compra de esas 16 instalaciones por 1.217 millones de las antiguas pesetas, a desarrollar en seis anualidades. En cada una de ellas os voy a comentar brevemente lo que, años después, nos encontramos en cada caso. El primer lote fue entregado en 1974, integrado por el Cuartel de San José, el Cuartel de Automóviles, una pequeña parte del Cuartel de Torrero y el Polvorín de Torrero. El Cuartel de San José permitió la prolongación del camino de las Torres hasta el nuevo puente sobre el Ebro, ampliar viarios y calles, y nuevas viviendas. El Cuartel de Automóviles habilitó espacio para viarios, el colegio Público Tenerías, el Pabellón Deportivo Municipal Tenerías, el Centro de Salud Rebolería, y algunas viviendas. La parte cedida del Cuartel de Torrero abrió al público la calle del Barón de La Linde y permitó la prolongación de la avenida de San José hasta el Canal Imperial. Y el Polvorín de Torrero serviría para ampliar el Cementerio. El segundo lote, en 1975, supuso la entrega del Cuartel de Sangenis y el Corral de la Leña. El Cuartel de Sangenis alberga dependencias municipales, y permitió abrir espacios y viales públicos. El Corral de la Leña sirvió para ampliar el Parque Bruil. El tercer lote, en 1976, significó la entrega del Parque de Artillería, en la calle de Pignatelli, cuyo solar permitió abrir y esponjar viales, y construir el actual IES Ramón y Cajal. El cuarto lote, en 1977, implicó la entrega del Cuartel de Hernán Cortés, sobre cuyo solar se construyó la Biblioteca de Aragón, un parquin subterráneo, un Centro de Mayores y equipamiento municipal, además de una plaza, dura, pero plaza al fín y al cabo. El quinto lote, en 1978, conllevó la entrega del Palacio de la Aljafería, y los cuarteles de San Lázaro y San Agustín. La Aljafería sería cedida luego por el Ayuntamiento para albergar la sede de las Cortes de Aragón. El Cuartel de San Lázaro dio paso a una zona verde y zona de aparcamiento hasta que, al albur de la Expo 2008 se realizaron obras para dignificar la ribera y se toparon con los restos del antiguo convento mercedario, lo que obligó a modificar el proyecto. El Cuartel de San Agustín daría paso a una biblioteca pública, una nueva plaza, y el Centro de Historias de Zaragoza. El sexto y último lote, en 1980, significó la entrega del antiguo Gobierno Militar, el complejo deportivo de la Hípica y el Cuartel de Palafox. El antiguo Gobierno Militar albergaría varias dependencias municipales. La Hípica sería convertida en el actual Centro Deportivo Municipal Gran Vía. Y en el Cuartel Palafox se habilitaría el Centro Cívico Universidad, la Escuela municipal de Teatro, el Parque de Bomberos nº 3, y dependencias de la Policía Local. En 1992 el Ministerio de Defensa abandonó el Cuartel de San Lamberto, y ya en el actual siglo XXI, año 2001, firmó un convenio con el Ayuntamiento para dar paso a la urbanización y construcción de nuevas viviendas y equipamientos en la zona. Ese mismo año, para terminar, el Cuartel de Valdespartera fue cedido por el Ministerio de Defensa al Ayuntamiento mediante convenio para la construcción de un nuevo y homónimo barrio con casi 10.000 viviendas, la mayoría de protección oficial.
En el programa de hoy os propongo acercarnos a las abruptas márgenes del Huerva, uno de los ríos más importantes de la historia de la ciudad, para iniciar un relato sobre el interesante proceso que supuso cubrir una buena parte de su trazado urbano. De esta forma, en este episodio narraremos lo sucedido hasta que en 1922 comenzó la obra de soterramiento. Desde antiguo, el aporte de agua por el río Huerva ha sido fundamental en la historia de Zaragoza. A pesar de su carácter marcadamente mediterráneo, y que en comparación con el caudaloso Ebro y aun el Gállego, hubo épocas en que su denominación fue de “arroyo”, este río era el fundamental aporte que nutría los riegos del sureste, sobre todo mediante las acequias de la Romareda y de las Adulas, muy reforzadas en su caudal cuando a finales del siglo XVIII fue construido el Canal Imperial de Aragón. Así fue hasta que a mediados del siglo XIX una serie de modernos proyectos se toparon con el río como obstáculo infranqueable. Sorprendentemente, el primer proyecto tuvo que ver con el ramo de la Guerra. España estaba sumida desde 1833 en una serie de guerras civiles que bajo la denominación de Guerras Carlistas, llevaron a declarar a Zaragoza como plaza de guerra de primer orden, lo que conllevó la redacción de un proyecto de fortificación que en 1859 tomó forma mediante la propuesta de reforzar la medieval muralla de la ciudad mediante una nueva línea de fuertes que se habrían de construir desde la Puerta de Sancho y hasta las Tenerías, a la distancia aproximadamente del monte de Torrero. En 1862 se propuso convertir esta línea de fuertes en una muralla compacta y continua, con su correspondiente foso, en principio seco. El Ayuntamiento propuso entonces desviar el curso del río Huerva para rellenar de agua ese foso y, de paso, poder así aprovechar el antigua cauce para dar paso al crecimiento y ensanche de la ciudad. Aunque este proyecto bien sabemos que no llegó a buen puerto, entre otras razones por el colosal presupuesto que precisaba, resulta interesante pararse a pensar siquiera un minuto sobre lo que ello hubiera supuesto para la configuración de la ciudad. En paralelo a este descomunal proyecto, y al comienzo de la década de 1860, la idea de desviar el tramo del río comprendido entre el puente de Santa Engracia y el de San José se asoció a la posibilidad de incorporar el antiguo cauce a la nueva zona edificable del ensanche sur. En 1880 esta propuesta ya cobró forma como cubrimiento del Huerva para poder urbanizar y ensanchar la ciudad hacia el mediodía. Era sintomático que el cubrimiento propuesto comenzara en el puente de Santa Engracia, pues entonces no se preveía que la ciudad fuera a crecer mucho más hacia el sur, y además el nuevo ensanche estaba aún vertebrado por el camino de Torrero, donde se estaban diseñando algunas de las más importantes viviendas unifamiliares proyectadas a ambos lados de este burgués ensanche. Fue la construcción de la monumental Facultad de Medicina y Ciencias, inaugurada en 1893, la que abrió la puerta a la posibilidad de cubrir el Huerva más allá de la Puerta de Santa Engracia. Fue entonces cuando el Huerva se convirtió en un río “inoportuno”, que fluía por donde no debía, que taponaba el desarrollo y modernización de Zaragoza, en una lógica que tantas veces se ha escuchado luego en esta ciudad cuando algo antiguo, aunque fuera natural, no se adaptaba a los intereses particulares de algún promotor o propietario. Porque en este caso de eso se trataba, de los intereses de negocio de los grandes propietarios de los terrenos situados a ambas márgenes del río, que calculaban con precisión los astronómicos beneficios de la operación. A esta presión se sumaron los habituales y populistas discursos que buscaban el respaldo popular a sus intereses mediante la apelación a las enormes mejoras que esta obra supondría para la moderna imagen de la ciudad, y para la higiene urbana, pues la mala calidad de sus aguas parece ser que amenazaban con contaminar a toda la urbe. Ante tal suma de voluntades y presiones políticas, en 1898 se anunció como ya hecho el acuerdo para cubrir el tramo del río junto a la Facultad de Medicina, de forma que el Gobierno se encargaría de las obras de encauzamiento y abovedamiento, mientras que el Ayuntamiento debería acometer la urbanización del espacio resultante. Sin embargo, este proyecto no pasó de las musas al teatro por el cambio de actitud del Gobierno en cuanto a asumir en solitario el costo del cubrimiento. Desde entonces, se sucedieron numerosos llamados retóricos a la necesidad del cubrimiento, sin que en todo ese tiempo se detectara miasma o efluvio maligno alguno que desde el río amenazara a la salud pública. En la década de los años diez del nuevo siglo XX se llevó a cabo la obra del realineamiento del paseo de Sagasta en su entronque con la glorieta formada por la confluencia del paseo de Pamplona y la plaza de Aragón. Ello supuso ensanchar el antiguo puente de Santa Engracia y realizar el primer y pequeño cubrimiento del río Huerva para conformar el despejado espacio triangular que poco después fue denominado plaza de basilio Paraíso. Ya al principio de la década de los años veinte, un par de modificaciones legislativas a nivel estatal permitieron al Ayuntamiento acometer proyectos de saneamiento, de forma que el arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro pudo presentar, entre otros, el proyecto de “cubrimiento del río Huerva para saneamiento y preparación de las obras de ensanche y parque de la ciudad”, en coherencia con el proyecto de ensanche hacia el sur por Miralbueno. En febrero de 1922 el Ayuntamiento aprobó un presupuesto de casi cinco millones de pesetas para acometer el cubrimiento, cuyo desarrollo veremos en un programa posterior.
En el programa de hoy os propongo acercarnos a las abruptas márgenes del Huerva, uno de los ríos más importantes de la historia de la ciudad, para iniciar un relato sobre el interesante proceso que supuso cubrir una buena parte de su trazado urbano. De esta forma, en este episodio narraremos lo sucedido hasta que en 1922 comenzó la obra de soterramiento. Desde antiguo, el aporte de agua por el río Huerva ha sido fundamental en la historia de Zaragoza. A pesar de su carácter marcadamente mediterráneo, y que en comparación con el caudaloso Ebro y aun el Gállego, hubo épocas en que su denominación fue de “arroyo”, este río era el fundamental aporte que nutría los riegos del sureste, sobre todo mediante las acequias de la Romareda y de las Adulas, muy reforzadas en su caudal cuando a finales del siglo XVIII fue construido el Canal Imperial de Aragón. Así fue hasta que a mediados del siglo XIX una serie de modernos proyectos se toparon con el río como obstáculo infranqueable. Sorprendentemente, el primer proyecto tuvo que ver con el ramo de la Guerra. España estaba sumida desde 1833 en una serie de guerras civiles que bajo la denominación de Guerras Carlistas, llevaron a declarar a Zaragoza como plaza de guerra de primer orden, lo que conllevó la redacción de un proyecto de fortificación que en 1859 tomó forma mediante la propuesta de reforzar la medieval muralla de la ciudad mediante una nueva línea de fuertes que se habrían de construir desde la Puerta de Sancho y hasta las Tenerías, a la distancia aproximadamente del monte de Torrero. En 1862 se propuso convertir esta línea de fuertes en una muralla compacta y continua, con su correspondiente foso, en principio seco. El Ayuntamiento propuso entonces desviar el curso del río Huerva para rellenar de agua ese foso y, de paso, poder así aprovechar el antigua cauce para dar paso al crecimiento y ensanche de la ciudad. Aunque este proyecto bien sabemos que no llegó a buen puerto, entre otras razones por el colosal presupuesto que precisaba, resulta interesante pararse a pensar siquiera un minuto sobre lo que ello hubiera supuesto para la configuración de la ciudad. En paralelo a este descomunal proyecto, y al comienzo de la década de 1860, la idea de desviar el tramo del río comprendido entre el puente de Santa Engracia y el de San José se asoció a la posibilidad de incorporar el antiguo cauce a la nueva zona edificable del ensanche sur. En 1880 esta propuesta ya cobró forma como cubrimiento del Huerva para poder urbanizar y ensanchar la ciudad hacia el mediodía. Era sintomático que el cubrimiento propuesto comenzara en el puente de Santa Engracia, pues entonces no se preveía que la ciudad fuera a crecer mucho más hacia el sur, y además el nuevo ensanche estaba aún vertebrado por el camino de Torrero, donde se estaban diseñando algunas de las más importantes viviendas unifamiliares proyectadas a ambos lados de este burgués ensanche. Fue la construcción de la monumental Facultad de Medicina y Ciencias, inaugurada en 1893, la que abrió la puerta a la posibilidad de cubrir el Huerva más allá de la Puerta de Santa Engracia. Fue entonces cuando el Huerva se convirtió en un río “inoportuno”, que fluía por donde no debía, que taponaba el desarrollo y modernización de Zaragoza, en una lógica que tantas veces se ha escuchado luego en esta ciudad cuando algo antiguo, aunque fuera natural, no se adaptaba a los intereses particulares de algún promotor o propietario. Porque en este caso de eso se trataba, de los intereses de negocio de los grandes propietarios de los terrenos situados a ambas márgenes del río, que calculaban con precisión los astronómicos beneficios de la operación. A esta presión se sumaron los habituales y populistas discursos que buscaban el respaldo popular a sus intereses mediante la apelación a las enormes mejoras que esta obra supondría para la moderna imagen de la ciudad, y para la higiene urbana, pues la mala calidad de sus aguas parece ser que amenazaban con contaminar a toda la urbe. Ante tal suma de voluntades y presiones políticas, en 1898 se anunció como ya hecho el acuerdo para cubrir el tramo del río junto a la Facultad de Medicina, de forma que el Gobierno se encargaría de las obras de encauzamiento y abovedamiento, mientras que el Ayuntamiento debería acometer la urbanización del espacio resultante. Sin embargo, este proyecto no pasó de las musas al teatro por el cambio de actitud del Gobierno en cuanto a asumir en solitario el costo del cubrimiento. Desde entonces, se sucedieron numerosos llamados retóricos a la necesidad del cubrimiento, sin que en todo ese tiempo se detectara miasma o efluvio maligno alguno que desde el río amenazara a la salud pública. En la década de los años diez del nuevo siglo XX se llevó a cabo la obra del realineamiento del paseo de Sagasta en su entronque con la glorieta formada por la confluencia del paseo de Pamplona y la plaza de Aragón. Ello supuso ensanchar el antiguo puente de Santa Engracia y realizar el primer y pequeño cubrimiento del río Huerva para conformar el despejado espacio triangular que poco después fue denominado plaza de basilio Paraíso. Ya al principio de la década de los años veinte, un par de modificaciones legislativas a nivel estatal permitieron al Ayuntamiento acometer proyectos de saneamiento, de forma que el arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro pudo presentar, entre otros, el proyecto de “cubrimiento del río Huerva para saneamiento y preparación de las obras de ensanche y parque de la ciudad”, en coherencia con el proyecto de ensanche hacia el sur por Miralbueno. En febrero de 1922 el Ayuntamiento aprobó un presupuesto de casi cinco millones de pesetas para acometer el cubrimiento, cuyo desarrollo veremos en un programa posterior.
Subordinación cultural y complejos. Entrevista a María Elvira Roca Barea. Demos/ (2019-02-05) En este programa tan interesante se analiza el tema de la llamada leyenda negra con la catedrática de Historia María Elvira Roca Barea, medalla de honor 2018 de San Telmo. Academia de Bellas Artes. "Imperiofobia y leyenda negra". Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. María Elvira Roca Barea. Biblioteca de Ensayo (Siruela) http://www.siruela.com/novedades.php?id_libro=3202&completa=N María Elvira Roca Barea menciona a D. Julián Juderías como artífice de sacar el cadáver del armario, y gracias a su grandioso mérito fue el primero en destapar el sucio tema de la llamada Leyenda Negra sobre España. María Elvira menciona también a Ricardo García Cárcel y su libro "La leyenda negra: Historia y opinión". - ¿El fenómeno de la leyenda negra afecta a España y beneficia lo que escribieron los hispanistas americanos?. - ¿Resulta humillante que los españoles hayamos sufrido racismo en Occidente? - ¿Tenemos desconocimiento culturalmente en España? - ¿Cuánta culpa ha tenido la Generación de 98 en el tema que nos ocupa? - ¿Qué anécdotas se destacan en el libro? Muchas. "Los indios hispanizados. Pasajes de Blas de Lezo. Indios buscando la independencia en Perú. Los curas guerrilleros, liberales y la Constitución española de 1812 la redactó un cura, Muñoz-Torrero que también era catedrático y político español". - Tema de La Constitución Española ¿Qué pasa en España? ¿Por qué se tolera por la Ley de partidos que se sienten en el Parlamento los enemigos de España?. LA LEYENDA NEGRA. JULIAN JUDERIAS , 2014. https://www.casadellibro.com/libro-la-leyenda-negra/9788490601006/2280817 Este libro, publicado por primera vez hace cien años, es el más plagiado en la historiografía española. - Han intervenido: D. José Papí. Economista y empresario tecnológico, D. Pedro Gallego. Ingeniero y Analista Político y Dª. María Elvira Roca Barea. Catedrática de Historia, Investigadora y Escritora. -Equipo Técnico: Equipo de Medios.
LA PERDIDA PLAZA DE ARAGÓN En el programa de hoy os propongo dar un paseo por la historia de la perdida plaza de Aragón, cuya ovalada figura perdura en nuestros días tal y como fue trazada allá por 1851, siendo este el único rastro de este antiguo espacio de la ciudad. Pero vamos a empezar un poco antes, a principios del siglo XVIII, cuando aquí comenzaba el arbolado paseo de Santa Engracia, delimitado entre el cauce del río Huerva y la muralla medieval de ladrillo de Zaragoza, paseo que conducía por el sur hasta el camino de Madrid, y por el oeste al paseo de San Jerónimo, que llevaba hasta la puerta del Carmen primero, y la del Portillo, después. En este punto se levantaba la frontera puerta de Santa Engracia que daba acceso a la ciudad, flanqueada a un lado por la Torre del Pino junto al convento de la carmelitas descalzas, y al otro por el Real Monasterio jerónimo de Santa Engracia. Durante los asedios bélicos de 1808 y 1809 esta zona se convirtió en uno de los escenarios de combate más fieros, de forma que, como ya comentamos en un programa anterior, las destrucciones producidas permitieron la apertura de un nuevo y gran vial que comenzaba en la Cruz del Coso, y que fue la génesis del Paseo Nuevo de San Francisco, actual paseo de la Independencia. Al final de este nuevo paseo, redenominado Salón de Santa Engracia, se erigió una nueva puerta para sustituir a la anterior destruida, y para embellecer al arrasado paseo se diseñó en 1840 una glorieta ajardinada que fue denominada Salón de la Glorieta, y al que en 1851 se le dio su característica forma ovalada. En ese momento, la glorieta quedaba extramuros, pues la ciudad conservaba sus murallas defensivas por encontrarse en el epicentro de las guerras civiles carlistas. Pocos años después, en el centro se ubicó el monumento a Pignatelli, por lo que el lugar fue redenominado Glorieta de Pignatelli. Al principio de la década de 1860 se planificó la urbanización de este entorno, de forma que la puerta de Santa Engracia fue trasladada un poco más hacia el sur, cerca del nuevo puente en piedra de Santa Engracia sobre el río Huerva que abría el camino hacia Torrero. El despegue urbano de la zona arrancó con motivo de la celebración de la I Exposición Aragonesa de 1868, cuyos pabellones temporales se ubicaron en el lado occidental de la glorieta, en la proximidad del Parque de Ingenieros instalado donde estuviera el antiguo convento de las carmelitas descalzas. Clausurada la exposición, en la siguiente década el Ayuntamiento procedió a la parcelación de los terrenos, resultando cuatro manzanas, dos por lado, con un total de 18 solares (finalmente 13) que hubo que subastar en cuatro ocasiones, hasta que el precio se ajustó a lo que los potentados compradores quisieron pagar. Comenzaron, entonces, a erigirse las primeras viviendas unifamiliares dentro de la tipología del hotelito: estructura residencial aislada y rodeada de jardines. Simultáneamente, al Ayuntamiento acordó sustituir el monumento de Pignatelli por otro dedicado al Justiciazgo, inaugurado en 1904, que además derivó en el último cambio, hasta la fecha, en la denominación de este lugar: plaza de Aragón. Las elites locales daban de esta forma otra muestra de su predilección por el pasado medieval revisitado de forma romántica, antes que por la etapa de la Ilustración, por muy limitada que hubiera sido. La disposición de la nueva plaza de Aragón hizo que las viviendas que se construyeron lo hicieran con su fachada principal mirado hacia la plaza, con una verja que limitaba la propiedad rodeada de jardines. Su diseño fue obra de algunos de los más ilustres arquitectos de la ciudad en ese momento, dentro de un estilo compartido, y al servicio de los gustos de sus privilegiados propietarios. El hotelito del nº 1 de la plaza, obra de Antonio Miranda junto a la calle de Juan Bruil, ha pasado a la historia porque entre 1911 y 1958 fue sede del Gobierno Civil, y porque tuvo el honor de ser el primero de la plaza en ser derribado en 1961 y sustituido por una torre de diez alturas, en una época en la que la corrupción política y la especulación inmobiliaria campaban bajo el “boom” del desarrollismo. Los hotelitos de los números 2, 3 y 4 fueron proyectados por Félix Navarro, y luego modificados en las primeras décadas del siglo XX. Los tres fueron derribados entre 1978 y 1979, ya en plena democracia recuperada, por sendos bloques que siguieron la senda de la verticalidad acusada. El hotelito del nº 5, recayente a la calle de Puigcerdá, desde 1936 de la falangista Agustina Simón, fue obra de Manuel Ruiz, y hasta finales de la década de los años noventa fue el último de los originales hotelitos que continuaba en pie, hasta su derribo y sustitución por la torre que le sustituyó. La casa del nº 6 fue proyectado por Eusebio Lidón y en los años 40 fue muy remodelado, cambiándole su ingreso desde el nuevo paseo de Marina Moreno. En los años ochenta fue derribado, dando paso a su correspondiente torre de diez plantas. El nº 7, obra de Fernando de Yarza, llamaba la atención por su singular aire francés, y fue derribado a finales de los años sesenta, dando paso a la segunda de las torres de la plaza. El nº 8, proyectado por Mariano López, aparece en numerosas fotografías y postales de esta zona, hasta que a finales de los años setenta fue derribado y sustituido por el actual bloque recayente a la plaza de Basilio Paraíso. Al otro lado de la plaza, el nº 9 se convirtió en la definitiva sede de la Capitanía General, por lo que el este edificio no responde a la tipología residencial, y por eso mismo no ha sido derribado y ha perdurado hasta nuestros días. El nº 10, recayente a la calle de Canfranc, fue diseñado por José Clemente de Osinalde, y fue objeto de varias reformas, hasta su derribo a finales de los años setenta y sustitución por una torre de diez alturas. El nº 11 fue proyectado por Eusebio Lidón, derribado a finales de los años sesenta, y sustituido por un bloque de diez alturas. El nº 12, aunque parece el único hotelito superviviente de la plaza, en realidad su actual traza es resultado de varias radicales reformas, que hacen que su actual aspecto tenga poco que ver con el proyectado por Antonio Miranda. En 1980 sus propietarios intentaron seguir la senda de la modernidad y derribar el inmueble, aunque la Delegación Provincial del Patrimonio Artístico del Ministerio de Cultura lo catalogó como edificio monumental, y perdura en nuestros días como restaurante de lujo. Finalmente, el nº 13, recayente a la calle de Albareda, fue el primero en construirse en la plaza, aunque luego fue bastante modificado. Su final llegó a finales de los años setenta, cuando fue derribado y sustituido por una moderna torre edilicia. A los románticos que focalizan tanto la rememoración de los desastres de la guerra de 1808-1809 para llorar con nostalgia, y con razón, las pérdidas patrimoniales allí acontecidas, con esta colaboración me sumo hoy como uno más de los modernos nostálgicos que lamentamos también las pérdidas patrimoniales achacables a los pacíficos derribos impulsados por los propios paisanos de esta inmortal ciudad, en fechas bastante más recientes. En el caso que nos ocupa hoy, resulta llamativa la coincidencia del inicio de los derribos de los antiguos hotelitos de la plaza de Aragón, con la drástica reforma realizada en 1961 en el eje viario entre la plaza de España y la plaza de Aragón, en beneficio del tránsito rodado. Las fotografías del antes y después de esta operación, hablan por sí solas, para comparar lo que era la plaza de Aragón hasta 1961, y en lo que luego se ha convertido.
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